Gentrificación o el arte de destruir la vida en los barrios

“Debería empezar contando cómo ocurrió. Es decir, contar cómo me sentía vagando durante meses por Nueva York, buscando un espacio para una obra con la misma escala de las que he hecho en otros sitios, aunque nunca en esta ciudad”, comentaba el artista, también arquitecto, Gordon Matta-Clark sobre la dificultad de encontrar en la Gran Manzana un lugar donde realizar sus famosas intervenciones sobre edificios.

“Según se avanza hacia el muelle, conduciendo por la autopista vacía, se divisa un increíble y animado conjunto de fachadas de épocas distintas y personalidad diversa. Quería intervenir en una de ellas y cortar la fachada. Las primeras que encontré se las habían apropiado los gays y sadomasos, ya se sabe, ese mundillo del sadomasoquismo del puerto...”. La historia que narra es un relato en primera persona de todo lo que allí sucedió en la década de los 70: la ocupación de la degradada isla de Manhattan, por parte de la escena artística.

Unas intervenciones inocentes que ayudaron a dotar de nuevos usos a espacios industriales abandonados y a que los barrios del lugar comenzaran a tener una nueva vida. Lo que Matta-Clark -un artista comprometido y con una fuerte implicación social- no se imaginaba, es que tras él vendrían los grupos de inversión, la regeneración urbanística y un largo proceso de cambio económico que transformó el lower east side en una de las zonas más caras del planeta.

De EEUU a España

First we take Manhattan. La destrucción creativa de las ciudades

First we take Manhattan. La destrucción creativa de las ciudades, escrito por el sociólogo Daniel Sorando y el urbanista Álvaro Ardura, se detiene en esta serie de cambios que comenzaron a gran escala con la reconversión de espacios industriales en el viejo Manhattan. En la portada, una obra del artista callejero El rey de la ruina. En el interior, Malasaña, Lavapiés, el SoHo, Belleville, el Bronx, Ruzafa, la Barceloneta o San Francisco, en Bilbao, serán los barrios que van a continuar este interminable conflicto entre abandono y transformación.

El texto recorre casos concretos de cada fase dentro de un proceso de gentrificación que muchas ciudades están sufriendo a día de hoy: abandono, estigma, regeneración, mercantilización y resistencia.  “Al principio, cuando los inversores privados ven un barrio muy devaluado, tienen temor de meter el dinero allí”, comenta el sociólogo sobre el papel clave que juegan estos grupos. “En el caso español se espera a que las administraciones públicas primero hagan una labor de pacificación del espacio, adecentándolo para los estándares de las clases medias”. Este tipo de reajustes hace que las primeras personas que lleguen, sean personas con un alto capital cultural, estudios universitarios y estilo de vida alternativo, pero con una cierta precariedad económica.

“En el comienzo se produce una mezcla social que resulta atractiva. Sin embargo, con su llegada comienza a cambiar el perfil del vecino del barrio y, de este modo, es menos arriesgado para un inversor jugarse el dinero”, relata Sorando. De esta manera comienza la transformación en los comercios y la subida de los alquileres. “En algunos lugares se están dado cuenta de que la llegada de esas primeras personas, conlleva un grave peligro para la población con menos recursos y están comenzando a tomar medidas”, sentencia.

Barberías, tiendas de ropa vintage, sitios de bocadillos vietnamitas, panaderías artesanas o comercios especializados en repostería para perros son sólo algunos signos de la gentrificación de un lugar. La profesora de sociología Sharon Zukin lo ha denominado la domesticación por el capuccino. Si cambiamos capuccino por cupcake, quizás lo entendamos mejor. En el momento en el que aparece un establecimiento de venta de este tipo de productos, sabemos que ese área está siendo gentrificada.

Colonización tras colonización

Para Sorando y Ardura la gentrificación acaba por matar a la gallina de los huevos de oro: “Ciertos lugares que son atractivos para determinadas clases medias, porque son diferentes, terminan haciéndose todos iguales en el proceso”. Esta colonización obliga a que los que llegaron primero, sean sustituidos por personas con más capital económico. Algo que también ocurre con los comercios, lo que antes eran locales con encanto, alternativos y modernos, son ocupados por franquicias. “Acaban convirtiéndose en no lugares. Espacios donde es fácil para cualquier persona manejarse, por que están completamente estandarizados”. Así son los centros de la mayoría de capitales a nivel mundial.

Los procesos de regeneración urbanística que muchos políticos han llevado a cabo a lo largo de estos años, permiten entender mejor lo que ha ocurrido. “La política debe intervenir en espacios para cambiar espacios, no personas”, aclara Sorando. “Una política de regeneración urbana cambia los indicadores sociales de un barrio, no porque las personas que allí vivían antes mejoren sus condiciones por esa intervención política, sino porque como resultado de la intervención cambian las personas que residen allí”. Al final, los problemas sociales no se resuelven, sino que se desplazan. “A eso se le llama regeneración. La propia palabra no es inocente, sino que es una manera de legitimar esa actuación”, continúa.

No resulta sencillo cambiar estas dinámicas. Ardura comenta el caso de la nueva gerencia de urbanismo de Barcelona, cuyos esfuerzos para crear vivienda social, uno de los puntos clave para evitar la subida de precios, están resultando muy complicados. “Es necesario realizar un marco normativo, estatal o autonómico. En el caso de los apartamentos turísticos hay una desregulación que veremos, si no vamos a acabar pagando”. En todo caso, concluye en que los nuevos partidos han traído “una intención de cambio. Hay una enorme diferencia con lo anterior”.

El libro termina poniendo la mirada en nuestros actos. Una llamada de atención a todos aquellos que residimos en barrios gentrificados. “Hay que ser conscientes de los procesos en los que estamos participando y entender cómo podemos contribuir en una dirección o en otra”, explica Sorando. “Se trata de comprender que antes de nosotros había otra gente y que sus problemas, también son nuestros problemas en el momento en el que empezamos a residir en el mismo lugar”.