Otras familias son posibles (también en la ficción)

En uno de los ensayos más interesantes este año, ¿Dónde está mi tribu?, Carolina del Olmo nos pone en alerta sobre la férrea mirada a la que nos hemos acostumbrado en temas de crianza. ¿Por qué nos sentimos solos al criar a los hijos? ¿Por qué, además, en los espacios que hay de socialización y puesta en común sobre la maternidad también en muchas ocasiones se nos culpabiliza?

Estas preguntas, curiosamente, parecen estar dándose también fuera del ensayo contemporáneo. En estos últimos meses hay algunos libros que, desde la ficción, parecen dialogar con estas (y otras) preguntas que plantea Del Olmo.

Sin ir más lejos, Blackie Books publica este mes The Stud Book (El libro del semental), que versa sobre cuatro mujeres residentes en Portland y sus diferentes posiciones frente a la maternidad. El que esté afilando el colmillo para atacar un panfleto moderno banal, que aguante la bilis. The Stud Book es una novela divertida y con ritmo sobre unas mujeres y sus recursos vitales ante la idea de ser madres: está Susan, que quiere tener hijos, no se queda embarazada y aún así, tiene que enfrentarse diariamente a la frustración de investigar sobre el apareamiento de animales en el zoo.

Está también Georgie, una académica que acaba de tener un bebé con su pareja y no parece encontrar las claves en su relación para poder llevar mínimamente adelante la crianza. Está Nyla, que fue madre muy joven y ahora tiene que lidiar con los nuevos problemas que le acarrea tener una hija adolescente que, en sus propias palabras parece vivir “en un mal anuncio de prevención contra las drogas”, y, por último, está Dulcet, maniquí viviente que informa sobre sexualidad en institutos y jamás ha tenido ningún deseo de ser madre y en la vida lo tendrá.

El humor mamá

¿Cual es la novedad de esta aproximación a la familia y la maternidad? Para empezar, el sentido del humor. Ante la reiterada polarización de lo maternal como una carga insalvable o el bien más preciado del universo, resulta refrescante comprobar que, también en la ficción, se pueden tratar a través de la variedad de personajes los temas que preocupan a seres humanos en edad de procrear sin convertirlos en estereotipos inmediatos. Así, nos encontramos a unas mujeres con aristas que afirman, dudan, titubean y vuelven a empezar sin ser, necesariamente “La Soltera”, “La Madre Joven” o “La Hija Adolescente Problemática”.

Tampoco en la narración se les juzga convencionalmente: en la presentación de Georgie como madre, ella está tan pasada de vueltas por no dormir que, por accidente, su bebé casi ingiere un somnífero. Acto seguido, junto a sus alarmadas amigas, aparece la policía en la puerta, posiblemente alertados por los servicios sociales. Encontramos entonces la primera dicotomía: ante el escrutinio público, está la red de amigas. Ahí aparece lo verdaderamente importante e interesante del libro: ninguna de ellas está sola. Frente a las dudas y las dificultades, se plantea la importancia de la amistad y los vínculos entre esas mujeres para atravesar el día a día. Y esto no se hace exclusivamente desde lo maternal: Dulcet, que no es madre, puede comparar el apoyo que presenta al resto de sus amigas con el que ellas le ofrecieron ante la muerte de su propio padre. “Al fin y al cabo, todas nos tomamos juntas esos somníferos para tirar adelante”, reflexiona. “La diferencia es que yo no me los dejé de tomar”, apunta, con humor inesperado.

Algo de esto cumple también Tricot, de Ainhoa Rebolledo, publicado por El Principal de los Libros. La novela de iniciación de esta joven autora plantea la posibilidad de una Liga de las Mujeres Extraordinarias surgida a partir del despecho. Tras varias rupturas y algunos dramas emocionales, tres chicas que alcanzan la treintena se plantean, más allá de la amargura, una utopía a realizar: “conseguir un edificio donde pudiéramos vivir todas las MUJERES que formábamos parte de la Liga de las Mujeres Extraordinarias de forma tranquila, sin hombres pero con reproductor de DVD, conexión a Internet de banda ancha y un proyector para ver películas, con visitas esporádicas —una especie de vis-à-vis libre y aleatorio—, con una buena biblioteca y con varios hijos.”

Así, Rebolledo propone un modelo de crianza en clave práctica hilarante: ante la realidad -de la novela y fuera de ella- de que ninguna relación es para siempre y el posible fruto de las separaciones es una familia desestructurada, ¿por qué no criar los hijos entre amigas?

Evidentemente, ambas novelas dejan de lado algo importante: ¿qué hay de los padres? Tricot lo hace voluntariamente -si el hombre no está ahora en tu vida, ¿por qué va a cambiar eso más tarde?- , mientras The Stud Book simplemente decide no centrarse en ello. Uno podría apuntar que tampoco se ocupan del papel del estado, de los servicios sociales, de los manuales de crianza, ni la antropología social. Se trata de ficción, ni más ni menos. Lo cual tampoco está nada mal.