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“La conciliación es una tomadura de pelo”

Contra la dictadura de los expertos y a favor de una 'resocialización' de la crianza de los hijos, Carolina del Olmo se abre paso en un ensayo personal pero también plural y documentado sobre la crisis de los cuidados.

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Carolina del Olmo, el 4 de octubre de 2013 en Madrid.

Carolina del Olmo es autora de '¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista'.

El embarazo es uno de los mejores momentos para leer que hay en la vida. Como ocurre con los trayectos en metro, cabría decir que no hay mucho más que hacer que sentarse y esperar. En la medida, claro está, que la responsabilidad laboral lo permita. La lectora puede rescatar esas viejas novelas que nunca encontraron su hueco, pero le cuesta mirar hacia otro lado y no caer, en un mes u otro, en la búsqueda de información sobre lo que se está viviendo y sobre lo que por primera vez está por llegar. 

Es la "voracidad lectora maternal", en palabras de Carolina del Olmo, que lleva a la embarazada a zamparse artículos y libros de expertos en temas de maternidad y crianza, especialmente cuando se trata del primer hijo. Pronto descubre que hay dos posiciones polarizadas: la de los adulto-céntricos y la de los niño-céntricos. Y dos  best-sellers que en España, respectivamente, las defienden:  Duérmete, niño, de Eduard Estivill; y  Bésame mucho, de Carlos González.

La futura madre lectora de ambos títulos se desorienta con facilidad y siente las náuseas matutinas aún más salvajes.  ¿Debo propiciar que mi hijo duerma en su habitación y adopte un horario de sueño cuanto antes? ¿Tengo que cogerlo en brazos cada vez que llora? ¿Es mejor llevarlo con solo unos meses a la guardería y proseguir con mi trabajo? ¿He de llevarlo conmigo a todas partes, dormir con él y dedicarme en cuerpo y alma a su crianza durante el mayor tiempo posible? Los expertos, y sus fans, en una y otra orientación parecen llevar razón y alertan de graves disfunciones en el futuro de los niños si no se siguen sus propuestas.

Carolina del Olmo ha escrito un libro titulado ¿Dónde está mi tribu? que ayuda a calmar los mareos de esas madres aturdidas y esos padres que no lo están menos. "La gente puede estar en contra o a favor de lo que digo en el libro, pero no creo que se puedan sentir ofendidos en el sentido en el que a mí me ofenden los expertos muchas veces", explica la autora, licenciada en filosofía y que dirige la programación cultural del Círculo de Bellas Artes. Del Olmo ha tejido su experiencia como madre de dos niños con una investigación de varios años basada en lecturas y entrevistas.

¿Cuáles son los efectos en las madres y los padres de la exposición excesiva a los libros o artículos de expertos y a la información publicada en internet que sustentan una u otra corriente sobre la crianza?

Aunque siempre sacas información práctica relevante, los efectos son bastante perniciosos, en mi opinión. En el caso de los libros me parece evidente que ese conocimiento que no tienes y que procede de un libro en lugar de tu entorno más cercano, hermanas, primas, vecinas, madres, suegras, tías, hace que sea inútil sólo por venirte en un libro. Porque para empezar el experto siempre es experto, te deja a ti en situación de ignorante, mera receptora pasiva de conocimiento. Luego, siempre hay experto y contraexperto en una corriente y otra, y eso genera ansiedad. Y por último, la forma del experto de transmitir su conocimiento suele ser dogmática, ciega o insensible a los diferentes contextos y a las circunstancias en las que tú crías a tu hijo. El balance que arroja el leer esos consejos tan desgajados de tu realidad hace que sientas culpa e inseguridad.

¿Hay una inhibición de la atención sobre las características de clase, socioeconómicas y culturales de las mujeres a la que se están dirigiendo?

Casi siempre están dirigidos a mujeres de clase media, burguesa. Carlos González, que dentro de la corriente de apego me parece el más sensato, dice que lo que necesitan nuestros hijos es tiempo: dadles tiempo, como si dependiera de nuestra elección el tener tiempo, como si no tuviéramos que trabajar las horas que nos marcan y nos obligan. Quizás está dirigiéndose a ese sector minoritario que podría tener un horario de trabajo de ocho horas y elige uno de doce para trepar, digamos, en un bufete de abogados hipercompetitivo; personas con la que yo, al menos ideológicamente, no comparto nada. Pero no lo dice. No dice 'eh, yuppies del mundo, esto va para vosotros'. Él se dirige a la sociedad en general. En cambio, el tema del dinero y el trabajo es absolutamente central y no aparece, no está por ningún lado. Y si sale, siempre es para decirte que no te importe. Que si tienes que volver al trabajo después de 16 semanas y trabajar un montón, bueno, pues que no te agobies: sacaleches, teta a demanda por la noche, colecho (que el niño duerma en la cama de los padres) y mucho cariño mientras estás en casa. Lo siento, al menos hay que ofrecer una herramienta que te invite a pensar que es intolerable que tengas que volver al trabajo después de 16 semanas y que tengas que vivir atada a un sacaleches. No sé comprende cómo un experto que te da consejos obvia estos detalles, porque de alguna forma deberían quedar reflejados.

Parece que están llamando a la mansedumbre.

Esa es la sensación que yo tengo. Hay un texto de Chesterton que habla del problema de los piojos en los suburbios en Inglaterra, donde se promulgó una ley que obligaba a rapar las cabezas de los niños pobres por la epidemia de piojos. Chesterton decía que a los amos del mundo lo único que se les ocurre es rapar cabezas en lugar de acabar con los piojos, pero lo que hace falta es darnos cuenta de que hay que cortar las cabezas a los de arriba para no tener que cortar el pelo a los de abajo. Y a mí es la perspectiva que me falta en la crianza, no la del todo está bien, estas son las condiciones y apáñate poniendo parchecitos. Por ejemplo, cada vez leo más opiniones en contra de las guarderías con ciertos argumentos con los que me puedo sentir identificada y te dices, bueno, están en contra de las guarderías... Pero que reivindiquen también unas bajas maternales y paternales más largas, que se haga algo. Al final, muchas veces la única opción es dejar a tu hijo en la guardería y además te sientes culpable por ello.

¿Crees que estamos a falta de una corriente de crianza crítica?

Lo que nos falta es una corriente socializadora para resocializar la maternidad. Una lucha contra la individualización del problema. El problema no es tuyo, no es de cada una de las madres o de cada uno de los padres que está en casa agobiado con su bebé, el problema es de todos. Es social y hace falta una perspectiva que tenga en cuenta todo el marco y que no te psicologice ni te biologice el problema, ni te hable de hormonas, ni te hable de apego y crianza segura encerrada en tu casa.

¿Y a falta de expertos en políticas sociales?

Eso también en un desastre porque ¿qué hacen algunas feministas o gente bienintencionada que quiere mejorar los temas de conciliación? Pues poner los ojos en Suecia. Pero el nivel adquisitivo de Suecia y sus jornadas laborales son cosas que nadie te cuenta. Miran hacia Suecia y se les ocurre que necesitamos un permiso paternal igual de extenso que el maternal, e intransferible, que ahora parece que se recomienda en un informe de conciliación que ha elaborado el Congreso. A lo mejor tiene algún sentido, pero estamos hablando de un permiso de 16 semanas y en Suecia están hablando de permisos de un año. Quizás no sea eso lo que necesitamos, a lo mejor es otra cosa.

Lo que me fastidia de las políticas sectoriales de conciliación y maternidad es que no tienen en cuenta el trabajo que llevan a cabo las políticas no sectoriales, toda las políticas económicas, sociales y laborales que no son ni de género ni de conciliación ni de maternidad y que tienen muchísima más influencia sobre nuestro género, nuestra maternidad y nuestra crianza que las pocas políticas sectoriales que andan poniendo en marcha por ahí. Y a veces las políticas sectoriales mejor intencionadas se convierten en una mierda por culpa de esas otras políticas generales. Incluso a mí me fastidia hablar de conciliación porque creo que hace mucho más daño la jubilación a los 70. Incluso en las empresas lo ves, hay ventajas para padres y madres de niños pequeños y, a veces, las personas sin hijos no comprenden por qué esos padres y madres deberían salir antes o contar con la opción de elegir horario. Aparte de que la gente sea egoísta y sinvergüenza, es que no tiene sentido: necesitamos una política para todos. Nadie debería estar en un trabajo a las 20:30, ni siquiera el soltero más empedernido que de allí se vaya a tomar un gin-tonic. Y hasta que no estemos todos en casa a las cuatro, o a la hora que acordemos, no tiene sentido andar haciendo otras políticas.

¿Crees que debería dejar de usarse la palabra 'conciliación'?

Tal y como se usa ahora en bocas de políticos a mí me repatea profundamente porque conciliar significa equilibrar, juntar dos cosas, hacer que se lleven bien. Pero lo que dicen es que los calendarios escolares se adapten a los laborales, que la vacaciones de los niños se adapten a las de los padres... Eso no es conciliar, eso es someter la vida de los niños a la vida de los adultos. Someter la vida familiar a la vida laboral. Es una tomadura de pelo.

¿Qué podemos hacer con el trabajo de cuidados que se están invisibilizado?

Todas las ideas que han tenido las corrientes de feminismo de monetarizarlo son problemáticas. La idea de contabilizarlo me parece básica. Los ejercicios que dicen que, si se monetarizara todo el trabajo de cuidados, el PIB subiría un 53 por ciento son fundamentales. Pero dar el paso adicional de salarizar es mucho más complicado porque dejas que entre el mercado a un lugar donde no estaba. Donde no estaba en cierto modo, porque sí que está en la economía en negro e informal. Pero hay que hacerlo visible. La cantidad de pisos que hay en Madrid donde vive un anciano y un inmigrante debe de ser brutal, es totalmente descabellado. Y eso está muy invisibilizado porque es economía informal a cargo de inmigrantes sin papeles en muchos casos; a ver cómo visibilizas eso.

Forma parte de la crisis de los cuidados.

Vivimos de espaldas a la realidad de los cuidados, al hecho de que todos hemos sido niños, todos hemos estado o estaremos enfermos alguna vez y todos vamos a ser viejitos. Parece que fingiéramos que durante todo el tiempo y durante toda la vida somos individuos autónomos, sanos e independientes. Todo nuestro marco ideológico está pensado para asumirlo así, y, por otro lado, estamos de espaldas a la carga del trabajo que implica todo eso: quién la asume, el número de amas de casa de mediana o avanzada edad que se responsabilizan de una carga infinita de cuidados; a sus padres ancianísimos, al marido pachucho, a sus nietos... Esto va a seguir reventando y reventando y va a llegar a un punto en el que la crisis de la cuidados no puede más que agudizarse, porque la generación de 'marujas' se está acabando y el ejército de trabajadores low cost semiesclavos que vienen aquí a apañar las cosas también se resiente con la crisis económica y ya no hay tantos. La gente está en paro y puede cuidarse un poco, pero es un desastre de un gran calibre y no somos conscientes.

Si ahora te viniera un gobernante a pedirte ideas, a preguntarte ahora qué hacemos, ¿tú qué le dirías?

En función de la capacidad de negociación de este señor, yo le diría que pusiera la Renta Básica, y punto. Todas las reflexiones cuando más macro son me conducen a una revolución en profundidad de nuestra estructura económica y social, a poner coto al imperio del mercado no sólo en ciertos aspectos de nuestras vidas sino en todos. Me interesa la Renta Básica porque proporciona un poder de negociación tremendo para luego hablar de horarios laborales, de condiciones, de qué queremos hacer de nuestro tiempo, y también para desvincular totalmente los derechos sociales del salario, que en estos momentos, con los niveles de paro que tenemos, resulta irrisorio que sigan vinculados.

Y si quien me pregunta es alguien más bien de la junta de distrito de un ayuntamiento, que no va a poder instaurar la revolución ni la Renta Básica, pues iría a intentar ofrecer espacios de encuentro que no sean comerciales. Si te fijas en un día de lluvia en el que las madres van con sus hijos en el carrito (a un centro comercial, por ejemplo), es deprimente del todo... ¿A dónde ir? La zona infantil de las bibliotecas no abre por las mañanas porque los niños salen del cole a las cuatro. No hay espacios de encuentro adonde acudir.

Por último, hay otras cosas que deberíamos hacer todos a nivel ideológico, como luchar contra la individualización y psicologización de todos nuestros problemas. Darnos cuenta de que incluso los numerosos grupos de apoyo de crianza y de lactancia, o la sensación de comunidad que produce internet mediante el intercambio de experiencias y demás, están muy volcados a la indagación en nuestro interior, al psicoanálisis constante. Ese de 'a ver cómo te criaron a ti y, si tú le gritas a tu niño, es porque estás sacando a la luz traumas interiores y no te dieron todo el amor que necesitaste de pequeño'. A mí me espanta esa generalización (si le gritas a tu hijo, quizás es porque tu jefe te ha gritado esta mañana y estás de mal humor). Hay que ir un poco hacia fuera y a mirar tu alrededor, no mirar hacia dentro de nosotros.

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