Entrevista
Pedro Pastor, cantautor: “El fascismo ha encontrado en las redes un método de propaganda infalible y la izquierda no ha sabido reaccionar”
“Pensar no es de locos, pecar no es de tontos / Amar es de gente normal / Amo la libertad, amo a la gente normal”, entonó Pedro Pastor en 2014, en una de sus primeras canciones, Viva la libertad. Quedaba tiempo para que Isabel Díaz Ayuso convirtiera la libertad en su mantra y, quince años después, el cantautor continúa igualmente reivindicándola, en una defensa del término que considera obligatoria: “Entregar el significado de una palabra como libertad a quienes la tiran a la basura es error nuestro”.
Pastor está de gira por el décimo aniversario de su carrera, por el que también lanzó el disco 10 Locos Años Descalzos, versionando sus propios temas con colaboraciones como Silvio Rodríguez, Rozalén y el Kanka.
Usted es un artista que siempre se ha significado, ¿siente que es lo habitual o lo extraño dentro de la industria?
Creo que no hay un solo camino. Cada uno tiene que tomar las decisiones personales, artísticas y políticas que le hagan estar en paz consigo mismo. Yo para ello tengo que posicionarme ante causas sociales y políticas que considero justas o injustas, y tengo que usar mi altavoz. Todos los seres humanos tenemos una responsabilidad civil, pero a los artistas se nos amplifica muchísimo porque tenemos un auténtico megáfono. Cientos de miles de seguidores, cientos de miles de oyentes, ya no solo en nuestras canciones, sino en nuestros discursos, en nuestras redes sociales. Eso es muchísimo más que cualquier ciudadano de a pie. Entonces, lo mínimo es tener en cuenta esa responsabilidad. Y luego usarla en lo que a ti te haga sentir bien, porque hay artistas de diferentes corrientes ideológicas, cada vez más.
También hay quienes piensan que si se significan van a perder su público, que es respetable, aunque no cierto. Tenemos artistas absolutamente mainstream en nuestro país que lo han hecho y no han perdido su público, como Pablo Alborán o Manuel Carrasco, que ha cantado en sus conciertos una canción por Palestina y llenó igualmente cuatro días la Cartuja. Y luego por supuesto, Rosalía y Bad Bunny no se van a posicionar en la vida porque no pueden, porque viven en una división del lobby que hay un montón de inversores que no les van a permitir posicionarse jamás. Ya no es porque pierdan público, es porque hay una inversión de por medio. Eso es mucho más complejo.
Rosalía y Bad Bunny no se van a posicionar en la vida porque hay un montón de inversores que no se lo van a permitir
A Bad Bunny se le aplaudió su reivindicación de lo latino y Puerto Rico con su actuación en la Superbowl, pero también hubo quien planteó si deberíamos exigirle pronunciarse por otras causas, como haber incluido una bandera de Palestina en su show.
Pero es que nosotros no somos nadie para exigirle a ningún artista nada. Las redes sociales han generado que todos nos creamos con la potestad para exigirle a cualquier persona, artista, establecimiento, las cosas que debería o no hacer. Y no somos nadie para exigirle nada a Bad Bunny. Podemos defender o no su posicionamiento, asumir que jamás se ha pronunciado sobre el genocidio en Palestina y valorar que lo que hizo en la Superbowl es bueno para el debate político.
El año pasado hubo críticas a los artistas que no cancelaron sus actuaciones en festivales que contaban con el fondo de inversión con intereses en Israel KKR.
Siempre se pone el foco en el gremio equivocado. Creo que dentro de nuestras acciones, una es no tocar en los festivales en España que ha comprado este fondo que sabemos que está especulando con territorio ocupado. Es una opción, como deberíamos habernos plantado ante Spotify, y yo personalmente no lo he hecho porque no me lo puedo permitir. Si lo hiciera dejaría de tener los ingresos que me da y de tener el mayor altavoz que existe en la música por el que luego consigo vender entradas. Habrá artistas que tienen un contrato con un festival y que no se pueden permitir bajarse. Hay otro debate en quien una vez sabido todo esto, este año han aceptado estar, pero a lo mejor no se pueden permitir no cobrar ese caché. Es delicado y cada uno tiene que hacer lo que le dé la gana.
¿Esto es algo sobre lo que hablan entre compañeros?
Entre los músicos falta totalmente ese espacio de debate, incluso entre los músicos más politizados o los artistas más alternativos o underground, o los cantautores que históricamente siempre han tenido esos espacios de encuentro. Cada uno tenemos nuestros amigos dentro de la música y sí que quedamos y debatimos, pero no tenemos un espacio real en el que lleguemos y digamos que algo está pasando y es inadmisible. No tenemos un sindicato férreo. Los músicos somos cada vez más individualistas y creo que la nueva era nos está llevando a esto. A solo querer defender y compartir nuestras gestas y logros, como que ya se nos hace hasta difícil encontrar espacios en nuestras stories para ponerle el disco al amigo, y eso es terrible.
Seguimos colaborando, sacando canciones juntos, seguimos yendo a cantar los unos a los otros, pero cada vez tenemos menos espacio para lo que no participamos nosotros mismos. Es una deriva.
Algo que también afecta a su público.
Sí. Tiene que ver con nuestros smartphones, las plataformas de streaming. Ahora salimos del trabajo y lo que queremos es ver Netflix, antes íbamos al bar, al parque, al cine o al teatro, pero desde hace diez años está todo en el móvil y nos está aislando.
En Los olvidados reivindicó a los silenciados durante la dictadura franquista. ¿Hasta qué punto estamos marcados por cómo se nos contó la Guerra Civil?
Somos hijas del pasado. Nuestras personalidades se construyen a través de lo que aprendemos en nuestras casas y colegios. Y no te hablo solo de las referencias a los asesinatos, las torturas o las desapariciones; sino también a nivel cotidiano, cómo se construye la personalidad de una persona que ni siquiera puede besarse en la vía pública, que tiene terror a nombrar cualquier injusticia por miedo a la represalia total, al encarcelamiento, al asesinato. O cómo se construyen las personalidades a través del silencio en nuestro país. Nosotros hemos sido educados por personas que han tenido que aceptar ese modelo como el único posible.
Parece que vamos abocados a que lo siguiente que gobierne en España sea la derecha, ¿puede empeorar más la situación?
Es una deriva moral. Países que ha hecho muy bien las cosas a nivel memorialístico como Alemania o Argentina, están bastante peor que nosotros si hablamos del avance del fascismo. Aquí, creo que por el miedo que teníamos de una experiencia tan larga y cercana, nos estábamos librando, pero esto no hay quien lo pare. Han encontrado un método de propaganda infalible y las izquierdas del mundo no han sabido entrar en la batalla cultural de las redes sociales. Han encontrado una mina y la han sabido explotar.
Entregar el significado de una palabra como libertad a quienes la tiran a la basura es error nuestro
¿Ha cambiado en algo su relación con la palabra libertad desde que compuso Viva la libertad?
Es un error que le entreguemos el significado de ciertas palabras, sobre todo tan poderosas como libertad, que le ha costado la vida a mucha gente a lo largo de la historia; a quienes la vapulean, manosean y tiran a la basura. Ciertos sectores políticos han usado esa baza, Ayuso, Milei, pero nuestro deber también es defender el significado de palabras que pertenecen históricamente a los vencidos. Para mí la libertad sigue significando lo mismo 15 años después.
La canción habla de la gente normal, que para mí es la que tiene presente los afectos, que cuida a quienes tiene alrededor, y para quien tiene la empatía y la solidaridad como valores cotidianos y comunes. Así que viva la gente que se permite hacer las cosas que quiere hacer y no se rige por ciertos estándares. De repente hay nuevos paradigmas humanos y nos comportamos de manera distinta, somos más individualistas y fríos. Los afectos han pasado a un segundo plano y puesto primero otros que no me interesan, la pelea, el éxito, el dinero. Por supuesto que todos queremos tener éxito y dinero, pero me interesa más tener un círculo de gente fuerte y poderoso en el que apoyarme, al que poder cuidar y ser cuidado cuando no me funcionen mi éxito y mi dinero.