A Philippe Sands le gusta descubrir historias y contarlas. Lo ha hecho durante décadas ante tribunales en Londres, Estrasburgo y La Haya, en sus libros sobre la guerra de Irak, el Holocausto, Pinochet y el colonialismo británico en el Índico, y en los cientos de clases y conferencias con las que ha conseguido explicar como nadie el origen legal y emocional del debate entre genocidio y crímenes contra la humanidad. La lucha por la justicia internacional, de Serbia a Liberia, de Chile a Chagos, de Irak a Ucrania, no se entiende sin Sands.
El abogado y escritor dice que su vida cambió cuando aceptó dar unas charlas en Lviv, en Ucrania, en 2010, y se puso a investigar la vida de sus abuelos maternos, Leon y Rita, judíos y originarios de lo que entonces era Polonia y que huyeron a París por la persecución nazi. En paralelo, Sands investigó la historia de otros dos supervivientes del Holocausto, que estudiaron en Lviv y revolucionaron como juristas el derecho internacional: Raphael Lemkin, que acuñó el término “genocidio” como el crimen contra una persona por ser miembro de un grupo definido por un rasgo común de nacionalidad, religión o etnia; y Herst Lauterpacht, que articuló el concepto de “crímenes contra la humanidad” que busca proteger al individuo y su valor intrínseco. “El ser humano… es la unidad última de la ley”, escribió Lauterpacht en 1943.
A partir de esta investigación, Sands publicó hace ahora diez años Calle Este-Oeste, que es parte de un cuarteto que culminará al final de esta década con un libro sobre Victoria Amelina, la novelista de Lviv asesinada en 2023 por un ataque ruso mientras cenaba en una pizzería en Kramatorsk, en el este de Ucrania. Amelina había empezado a documentar crímenes de guerra en su país inspirada por Sands. El libro también contará los esfuerzos, en los que él mismo participa, para crear un nuevo tribunal para perseguir el crimen de agresión contra Ucrania.
La aventura personal y profesional de esta investigación de Sands también ha pasado por la Patagonia. Su último libro es Calle Londres 38, sobre la detención de Augusto Pinochet tras la orden del juez Baltasar Garzón en 1998 –Sands también estuvo involucrado en el caso–, y la relación del dictador chileno con nazis huidos de Europa.
Sands cree que la justicia internacional es una carrera de fondo que no se ha parado y sigue ayudando a las personas. Sus batallas en los tribunales denotan afecto por algunas de las personas que representa, como Liseby Elysé, nacida en las islas Chagos, en el Índico, deportada a la fuerza por el Gobierno colonial británico en 1973 para establecer la base militar de Diego Garcia con Estados Unidos, y que sigue luchando por volver a su lugar de origen. Sands me enseña la que dice es su “foto favorita de 2025”, con el papa León XIV, a quien visitó con “Madame Elysé” y un grupo de nativos de Chagos para contarle su causa. También le regaló al papa sus libros, incluido Ruta de escape, que revela la complicidad de un obispo católico con los nazis que huían y el silencio del Vaticano.
Las batallas legales de Sands ya han tenido consecuencias, como el actual proceso de devolución de Chagos a Mauricio que el Reino Unido ha aceptado y está pendiente de firmar. También sigue viendo los efectos de sus libros publicados, y no sólo por los cientos de testimonios que suele recibir después. El descubrimiento del acuerdo entre el Reino Unido y Chile para devolver a casa a Pinochet y la documentación sobre la Caravana de la Muerte están ahora en los tribunales chilenos, donde han vuelto a acudir los descendientes de las víctimas por el pacto revelado por el libro de Sands.
Esta es parte de nuestra conversación, editada por claridad y extensión, en Perugia, durante el festival de periodismo anual en esta ciudad del centro de Italia.
Mientras hablamos una tarde calurosa de abril en el patio de un restaurante en el centro, Sands toma un capuchino acompañado de unas aceitunas y unas cebollitas. “Es muy inglés”, explica ante el camarero italiano y la entrevistadora española, muy escépticos sobre su elección aunque la cocina esté cerrada. En realidad, Sands es también francés –su madre creció en París–, está casado con una estadounidense hija de una exiliada española de familia republicana, y sus raíces están por toda Europa.
¿Los casos que siguen abiertos en Chile son una señal de que el de Pinochet no fue del todo un caso de impunidad?
No es un caso de total impunidad. Pinochet se fue a casa por el acuerdo entre los británicos y los chilenos. La confirmación de que hubo un acuerdo es bastante significativa. Según el acuerdo, él regresa, se le quita la inmunidad y hay casos en su contra. Y es exactamente lo que pasó. Eso abrió la puerta a la justicia. Él regresa, pierde su inmunidad. Los tribunales chilenos deciden que puede ser juzgado y se presentan muchos casos en su contra. Es puesto bajo arresto domiciliario. Eso no es impunidad total.
¿Qué consecuencias quedan?
Algunas personas de la derecha están muy descontentas con esto, entre ellas Kast, ahora presidente de Chile. Él ha empezado el proceso de liberar de la cárcel a todas las personas mayores que cometieron estos crímenes. Me interesa mucho el caso de Miguel Krassnoff. Está cumpliendo una condena de mil años de prisión, tiene unos 90 años. Kast quiere liberarlo. Estoy muy atento a qué sucede con Krassnoff porque interrogó a mucha gente en Colombia. Era un torturador prominente. Creo que también estuvo involucrado en el asesinato de Carmelo Soria [diplomático español secuestrado y asesinado por la policía secreta chilena en 1976].
Una cosa sorprendente es que el caso Pinochet fue posible por un error intencionado o no del régimen franquista al adoptar la convención contra el genocidio y adaptar la definición del delito en el Código Penal de 1971 de manera más amplia, sin que incluyera tener que probar la intención.
Esto lo documentó uno de mis alumnos en Harvard, Aleix Pérez i Pitarch, que contraté como asistente de investigación y revisó toda la historia legal. El asunto sin aclarar es si alguien lo hizo a propósito o fue un accidente. Pero si esto no hubiera sucedido, todo habría sido completamente diferente.
¿Otros errores de regímenes actuales pueden abrir puertas a la justicia?
Una de las conclusiones, de hecho, de todos mis libros, es la importancia de los accidentes de la historia, de las coincidencias. Mi gran conclusión de los tres libros, y de este en particular, también es que los individuos marcan la diferencia. La vida no es mecánica. Los Estados no son todopoderosos. Siempre hay alguien como Carlos Castresana [el fiscal español y autor de la denuncia que dio lugar a la detención de Pinochet] o el diplomático británico que llamó por teléfono a Garzón. Si no le hubiera llamado para advertirle de que Pinochet se iba a marchar, Garzón solo habría enviado unas preguntas, Pinochet se habría marchado al día siguiente, y nada de esto habría ocurrido. Me encantan los accidentes de la historia. Y siempre es porque hay una persona que hace algo.
Los individuos marcan la diferencia. La vida no es mecánica. Los Estados no son todopoderosos. Siempre hay alguien como Carlos Castresana
Sin duda, ahora se repetirá. A su debido tiempo, conoceremos las historias sobre cómo Donald Trump decidió lanzar su guerra contra Irán. Alguien nos dirá qué conversación lo llevó a hacer esta cosa terrible y loca.
¿Y la presión del otro lado? ¿Quiénes son los castresana ahora, luchando en los tribunales o de otra manera?
Lleva tiempo saberlo. Pero Pinochet pensó que no tendría problemas. Milosevic lo pensó. Duterte lo pensó. Pero George W. Bush dejó de viajar al extranjero. Rumsfeld dejó de viajar al extranjero. No estoy diciendo que las cosas vayan a suceder. Pero existe la posibilidad de que sucedan y eso tiene efectos.
Por supuesto, hay personas que ahora intentan cerrar la puerta y deshacerse de las reglas sobre crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad, genocidio... Pero fracasarán. Estoy convencido de que el derecho internacional seguirá adelante, con su rumbo un tanto caótico.
Hay personas que ahora intentan cerrar la puerta y deshacerse de las reglas sobre crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad, genocidio... Pero fracasarán. Estoy convencido de que el derecho internacional seguirá adelante, con su rumbo un tanto caótico
¿De qué manera estos años tan difíciles han cambiado o pueden cambiar las reglas del derecho internacional y sus instituciones?
Son años difíciles. Ni por un momento creo que no lo sean. Pero decir, como hacen muchos, que este es el fin del derecho internacional en el mundo es un disparate total.
Hemos estado en circunstancias mucho peores. Si nos remontamos a la década de 1930, hubo destrucción y luego hubo un renacimiento. Tal vez haya destrucción de nuevo. Pero si hay destrucción, habrá un renacimiento porque estamos en este pequeño espacio y tenemos que encontrar formas de vivir juntos.
Suelo citar un discurso pronunciado por Aung San Suu Kyi en la Corte Internacional de Justicia en el caso del genocidio rohinyá que se está juzgando ahora mismo. Ella y yo dijimos que el derecho internacional es el único lenguaje que todos tenemos en común. El derecho internacional seguirá adelante. El hecho de que usted y yo hayamos podido viajar hasta aquí o que usted use su teléfono para enviar un artículo se basa en tratados internacionales.
Pero…
Decir que la legislación internacional está desapareciendo es una locura. Pero hay tres ámbitos en particular donde las reglas están siendo cuestionadas. En primer lugar, la protección de individuos y de grupos en tiempos de guerra y, relacionado con esto, la norma que dice debes distinguir entre objetivos militares y objetivos no militares, no puedes atacar actividades no militares. En segundo lugar, la adquisición de territorio. Y en tercer lugar, el sistema global de comercio y aranceles. Trump quiere desmantelar el sistema de normas multilaterales y sustituirlo por normas bilaterales, pero fracasará.
Decir, como hacen muchos, que éste es el fin del derecho internacional en el mundo es un disparate total. Hemos estado en circunstancias mucho peores. Si nos remontamos a la década de 1930, hubo destrucción y luego hubo un renacimiento. Tal vez haya destrucción de nuevo. Pero si hay destrucción, habrá un renacimiento porque tenemos que encontrar formas de vivir juntos
Vemos una fuerte reacción en contra de lo que está sucediendo en Irán. Y la reacción suele estar motivada, explicada o justificada con referencias al derecho internacional. El presidente español o el primer ministro británico dicen que Estados Unidos no puede usar sus bases porque tienen soberanía. Hay reglas que rigen el uso de sus bases. Y puede que a Estados Unidos no le guste, pero lo ha respetado, y eso es derecho internacional en acción. Cuando Pedro Sánchez dice que los aviones de Estados Unidos no pueden sobrevolar España, eso es derecho internacional, y los aviones no sobrevuelan España.
Por eso, la idea de que el derecho internacional está muerto es simplemente absurda. Está atravesando dificultades. Hay un ataque contra el orden establecido de 1945, pero hay muchas iniciativas en marcha sobre nuevas normas internacionales, por ejemplo, en materia de ecocidio o una nueva convención que se está negociando ahora sobre crímenes de lesa humanidad. Estaré en Nueva York en la próxima semana [esta pasada] hablando con asesores jurídicos, que, en esencia, están tomando el mensaje del primer ministro canadiense, Mark Carney: hay una ruptura, Estados Unidos no quiere participar, pero hay otros 180 países que van a seguir. Y ahí es donde estará la acción durante los próximos años.
Hay un ataque contra el orden establecido de 1945, pero hay muchas iniciativas en marcha sobre nuevas normas internacionales, por ejemplo, en materia de ecocidio o una nueva convención que se está negociando ahora sobre crímenes de lesa humanidad
¿No sigue haciendo falta la participación en Estados Unidos? En todos los vaivenes de la cooperación internacional del último medio siglo usted describe en sus libros que ha sido una fuerza positiva en ocasiones clave…
Está por ver. Carney tiene razón en que hay una ruptura. Lo que se ha roto es el vínculo de confianza. Y, como en las relaciones personales o las relaciones comerciales, una vez que la confianza se pierde, es muy difícil reconstruirla. Se puede, pero lleva tiempo. Incluso si Trump se va y llega un nuevo presidente, sea republicano o demócrata, todos saben que no se puede confiar en Estados Unidos, y eso significa que Europa tiene que seguir adelante sola.
En mi opinión, esto es algo positivo de Trump. Y en esto España se equivoca: tenemos que reconstruir nuestras fuerzas armadas porque hay una amenaza muy real por parte de Rusia. Esto es existencial para Europa. En este sentido, Trump ha sido positivo porque ha hecho que los europeos se den cuenta de que están solos. Están atrapados entre los chinos y los estadounidenses mientras los rusos crean problemas. El sur global está decidiendo quiénes son sus socios. Esta es una oportunidad para que Europa defienda sus valores y se reconstruya a sí misma. Hemos empezado a ver otros aspectos positivos. Esto ha hecho que los británicos se acerquen de nuevo a la Unión Europea. La mayoría de la gente en el Reino Unido quiere que eso suceda porque ha visto que Estados Unidos no es de fiar. No pierdo la fe en Estados Unidos, pero están pasando por un mal momento.
Incluso si Trump se va, e incluso si llega un nuevo presidente, sea republicano o demócrata, todos saben que no se puede confiar en Estados Unidos, y eso significa que Europa tiene que seguir adelante sola
Los más críticos con Estados Unidos aseguran que no hay tanta diferencia entre Trump o Biden o que EEUU tiene un largo historial de injerencia en Oriente Próximo, Latinoamérica o Vietnam. ¿Ve usted una diferencia sustancial?
Algunas personas verán lo que está sucediendo ahora como una continuación de lo que realmente es Estados Unidos. Pero es un país muy complicado. Tenemos que agradecer a Estados Unidos el acuerdo de 1945. Estoy eternamente agradecido a Estados Unidos por la Carta del Atlántico, la Carta de Naciones Unidas y el Tribunal de Núremberg. El problema para Estados Unidos es que a veces no les gusta que las normas se les apliquen a ellos.
Pero, ¿sería el mundo un lugar mejor sin estos avances? ¿Sin derechos para individuos, derechos colectivos, de autodeterminación o un sistema de comercio global? Algunas personas dirán que sí, pero no estoy de acuerdo. Ha traído algunas cosas negativas para otras partes del mundo, pero en general estos son valores decentes y deberíamos honrarlos y construir sobre ellos. No son perfectos.
Tenemos que agradecer a Estados Unidos el acuerdo de 1945. Estoy eternamente agradecido a Estados Unidos por la Carta del Atlántico, la Carta de Naciones Unidas y el Tribunal de Núremberg. El problema para Estados Unidos es que a veces no les gusta que las normas se les apliquen a ellos.
No soy un idealista del derecho internacional, pero, en general, Estados Unidos ha sido más una fuerza para el bien que para el mal... Esperemos que lo hayamos perdido para siempre. Una cosa que está sucediendo y que es desastrosa para Estados Unidos y para Europa es el fortalecimiento de China, que parece mucho más razonable en comparación con Estados Unidos ahora mismo: apoya un sistema multilateral, no secuestra presidentes, no invade países. Curiosamente, los chinos incluso se han puesto en contacto conmigo.
¿Para qué?
Soy persona non grata en China porque fui abogado de Filipinas en el caso del Mar de China Meridional hace unas semanas. Pero se pusieron en contacto conmigo y me dijeron que habían leído mis libros, habían seguido mi trabajo, y les gustaría tener una conversación sobre el multilateralismo y el estado de derecho internacional.
Netanyahu también leyó Calle Este-Oeste, pero tal vez no lo entendió…
Es un momento complejo. Lo que diría es que, a corto plazo, soy bastante pesimista sobre la semana que viene, el mes que viene, el año que viene. Pero a largo plazo, soy bastante optimista respecto a un sistema basado en reglas para valores decentes y seres humanos decentes.
Para cambiar, más allá de la política, ¿hace falta una victoria en los tribunales en uno de los grandes casos, por ejemplo contra Putin o Netanyahu?
El primer caso del que tendremos un fallo, que será este otoño, será Gambia contra Myanmar en la Corte Internacional de Justicia (CIJ). Eso va a ser muy interesante.
El caso en el que usted está trabajando como abogado de Gambia…
Argumentamos el caso en enero. Y la corte se enfrenta a la posibilidad, por primera vez en su historia, de declarar que un Estado es responsable de genocidio. Nunca se ha declarado a un Estado responsable de genocidio. El tribunal no consideró a Serbia responsable de genocidio: dijo que hubo un genocidio en Srebrenica, pero que fue cometido por grupos paramilitares. Así que la responsabilidad de Serbia no fue haber cometido un genocidio, sino no haberlo prevenido. Y esa es una distinción importante.
Ahora, el elefante en la habitación durante las audiencias era el caso que se avecina, Sudáfrica contra Israel. Tendremos que leer muy cuidadosamente la sentencia en Gambia contra Myanmar para hacernos una idea de que hará el tribunal en el caso de Sudáfrica contra Israel.
Y mientras tanto, hay otros casos. La Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) no ha acusado ni a Hamás ni a Netanyahu de genocidio. El caso es por crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. Presumiblemente, los jueces lo tendrán en cuenta y podrían preguntarse por qué no ha sido por genocidio. ¿Ha sido por motivos políticos? ¿O legales?
Tendremos que leer muy cuidadosamente la sentencia en Gambia contra Myanmar para hacernos una idea de que hará el tribunal en el caso de Sudáfrica contra Israel
Fue surrealista estar en La Haya en enero mientras la gente decía que era el fin del derecho internacional. Allí estábamos en la Corte Internacional de Justicia, en el Gran Salón del tribunal. Myanmar compareció y argumentó el caso ante 16 jueces. Gambia presentó sus argumentos. Myanmar presentó su defensa. Habrá una sentencia y se basará en el derecho internacional. No es un juego. No es una ilusión.
En un proceso a puerta cerrada, hubo testimonios de lo ocurrido en el norte del estado de Rakhine. Esos tres días de audiencias fueron extenuantes, muy dolorosos. Pero las personas tuvieron la oportunidad de contar sus historias ante un tribunal. Eso no es poca cosa.
A principios de mayo, tengo otra audiencia en el caso de Guyana contra Venezuela. Y en unos días tengo la reunión preparatoria para las negociaciones de una nueva convención sobre crímenes contra la humanidad.
Ahora hay incluso más foco en la palabra “genocidio”, que es más difícil de aplicar porque hay que probar la intención, en lugar de “crímenes contra la humanidad” que cuando usted escribió Calle Este-Oeste. ¿Por qué cree que es así y por qué en particular con Gaza?
Es una pregunta compleja. Hay que volver a Lemkin y examinar sus escritos. Para Lemkin, el genocidio no era algo excepcional. En sus papeles, recogía miles de genocidios, números pequeños de personas asesinadas en pogromos. Y eso era genocidio. No se trataba de grandes cifras. Él tenía su definición, con un umbral bajo.
En Núremberg, la sentencia no hizo ninguna referencia al genocidio. Después los países adoptaron la convención sobre el genocidio en 1948, y el umbral subió. Empiezo a pensar que eso fue un error. Subieron el listón porque no querían exponerse a acusaciones de genocidio y crearon la exigencia especial de probar la intención de destruir a un grupo.
Durante 50 años, no ocurrió nada. Y entonces llegó Ruanda. Llegaron también el tribunal para la ex Yugoslavia, el tribunal para Ruanda, la Corte Penal Internacional, y se elevó aún más el umbral. Así que ahora el listón está tan alto, es tan raro y tan excepcional, que en la opinión pública se percibe como el “crimen de los crímenes”. Pero no lo es. Para mí, genocidio, crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra están al mismo nivel. Matar a 10.000 personas es igual de grave ya sea un crimen de guerra, un crimen contra la humanidad o un genocidio. Pero en la conciencia popular ha subido de categoría.
Puede que se deba, en un sentido más literario, el poder de la palabra: “crímenes de lesa humanidad” o “crímenes de guerra” suenan a expresiones más técnicas. Lo que hizo Lemkin fue inventar una palabra que describe para la gente común lo que significa el horror. Y, como está asociado al Holocausto, tiene una carga de horror muy fuerte.
¿Y ahora?
En el caso de Gaza, muchas personas bien intencionadas creen genuinamente que es un genocidio, y muchas personas bien intencionadas creen que no lo es. También hay otras personas que no tendrían reparo en etiquetar como genocidas al Estado de Israel y a los judíos por razones evidentes que no están motivadas por buenas intenciones.
Pero el término está ahí. Sudáfrica tiene derecho a presentar un caso. Israel tiene derecho a defenderse y decir que no es genocidio, sino legítima defensa. Es el mismo argumento de Myanmar y tendremos que esperar a ver qué pasa. Pero hay una brecha entre la definición legal de genocidio y lo que la gente común entiende por genocidio.
En el caso de Gaza, muchas personas bien intencionadas creen genuinamente que es un genocidio, y muchas personas bien intencionadas creen que no lo es. También hay otras personas que no tendrían reparo en etiquetar como genocidas al Estado de Israel y a los judíos por razones evidentes que no están motivadas por buenas intenciones
Hay un problema cuando existe una desconexión tan grande entre la definición legal de genocidio y lo que la gente normal e inteligente entiende por genocidio. Mi propia solución a ese problema sería volver a la definición de Lemkin y bajar el listón, de modo que haya cientos de casos que se puedan considerar genocidios y no sea algo tan excepcional.
Después de los debates sobre su uso estos años, ¿sigue sin elegir entre Lemkin y Lauterpacht?
Intelectualmente, me inclino más por Lauterpacht, pero emocional e instintivamente, entiendo totalmente a Lemkin. Es decir, en un mundo ideal, habría un solo delito en el que se mezclaran ambos.
Quizá tenga usted que inventar una palabra nueva...
No creo que pase. Tenemos los dos crímenes. Entiendo los dos. La mayoría de la gente tendría un instinto visceral si uno de los grupos a los que pertenece es atacado por cuestiones de nacionalidad, etnia, religión. Esto es comprensible. Y Lemkin tenía razón al reconocerlo. Por otro lado, Lauterpacht tenía razón en que realmente no importa. Se trata de la humanidad. Soy intelectualmente más de Lauterpacht, pero los entiendo a los dos.
Lo milagroso para mí es cómo se entiende la distinción en todo el mundo. He hecho cientos de eventos en muchos países, y cualquiera entiende que la relación entre el individuo y el grupo afecta a cada persona. Cada persona ahora mismo en este patio en Perugia lo entenderá: soy un individuo, pero también soy miembro de un grupo. ¿Cómo me defino a mí mismo? ¿Cómo quiero que la ley me proteja? Dondequiera que vayas, en Bangladés, México, Sudáfrica, Mauricio, España, Inglaterra, Estados Unidos, todos lo entienden.
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