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¿Bajar los impuestos?

València es la gran ciudad española que menos recursos tiene per cápita para satisfacer las necesidades de sus habitantes y también la ciudad que tiene una "presión fiscal municipal" menor

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Ayuntamiento de Valencia.

Ayuntamiento de Valencia. JESÚS CÍSCAR

Bajar impuestos es, sin duda, uno de los mantras preferidos por la derecha y donde PP y Ciudadanos se ponen siempre de acuerdo (cómo no podía ser de otro modo).

Los impuestos, tasas y sanciones de adscripción municipal son una parte fundamental de los ingresos de los Ayuntamientos en España. Hay otra parte importante, que son las transferencias del Estado provenientes de la redistribución de los tributos estatales recaudados en cada municipio (básicamente el IRPF, el IVA y los impuestos especiales), y finalmente, en menor medida, las transferencias de las Comunidades Autónomas y las aportaciones de la Unión Europea por asuntos muy concretos.

¿Para qué sirven los impuestos? Está claro que para financiar todos los servicios públicos de una ciudad: seguridad, transporte público, atención social, jardines, recogida de residuos, limpieza, desarrollo urbano… entre otros. Sin estos servicios una ciudad no podría funcionar. Pero los impuestos tienen también una vertiente muy importante: la redistributiva. Son fundamentales para dotar a la ciudad de los recursos necesarios que permiten a València, por ejemplo, evitar que a ninguna familia se le corte la luz ni el agua por no poder pagar su recibo a final de mes, o ayudar en el pago del alquiler, o para el comedor escolar, etc. Así pues, la fortaleza de los servicios sociales depende de unos impuestos suficientes para cubrir las necesidades de nuestros vecinos y vecinas. No en vano los ayuntamientos somos la institución más cercana a la ciudadanía.

València, como otras ciudades en España, se encuentra en una situación preocupante que los representantes públicos debemos afrontar con valentía. El último informe de Cáritas, por ejemplo, nos dice que se pueden considerar pobres seis de cada diez personas paradas, y cuatro de cada diez personas con un contrato temporal, llegando a un nivel global que se acerca a una de cada cuatro personas en situación de pobreza en la sociedad valenciana.

Ante esta situación, cabe preguntarnos: ¿tiene València unos impuestos altos como dice la derecha encarnada por el bipartito PP-Ciudadanos? Los números nos indican claramente lo contrario si comparamos València con el resto de ciudades españolas de más de medio millón de habitantes.

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Podemos analizarlo también a partir de los ingresos municipales directos, es decir, aquello que paga de media cada habitante de las grandes ciudades españolas:

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El resultado es muy claro: València es la gran ciudad española que menos recursos tiene per cápita para satisfacer las necesidades de sus habitantes y también la ciudad que tiene una "presión fiscal municipal" menor de todas las grandes ciudades españolas.

Entonces, ¿qué quiere la derecha cuando sus representantes, PP y Ciudadanos, piden una rebaja lineal del 3% de todos los impuestos municipales? Lo dijeron en el pasado pleno de nuestro Ayuntamiento. Había que rebajar todos los recibos del IBI en un 3%, es decir, a quien paga 300€ de una vivienda de 70 metros cuadrados de IBI se le rebajaría 9€, pero a quien paga 40.000 por un local comercial de 800 metros cuadrados se le rebajarían 1.200€, sin tener en cuenta el uso del inmueble, ni si es una vivienda o un negocio, su superficie o localización.

La derecha quiere que se rebaje el IBI a todas las familias numerosas sin tener en cuenta el valor catastral de su vivienda y las necesidades de cada familia. Que se rebaje el impuesto de vehículos en igual porcentaje, tanto a los coches de alta cilindrada, que no acostumbran a estar en manos de la clase media ni, por supuesto, baja, como a los coches híbridos o eléctricos, que por cierto tienen actualmente una bonificación del 70% en València por su contribución contra la contaminación. Las derechas (la nueva y la vieja) también quieren que se rebaje un 3% el recibo del Impuesto de Actividades Económicas (IAE), que sólo tributan las empresas que facturan más de un millón de euros… un impuesto que, curiosamente, en València se dejó de inspeccionar desde el año 2004, hasta que el actual gobierno municipal reactivó su inspección.

Sin duda, estas medidas de tabula rasa benefician a los más poderosos y se quedan en rebajas simbólicas para la gran mayoría de la población. Perjudicando, esto sí, de forma muy seria las políticas municipales destinadas a la mayoría de la población y, especialmente, a la gente que más lo necesita.

Como alcalde, tengo muy claro que los impuestos son imprescindibles y tienen un efecto de equidad para toda la población. Por eso gobiernos municipales como el de València trabajamos para que los vecinos contribuyan según sus posibilidades. Por tanto, quien más tiene, más tendrá que aportar; al contrario de lo antes ocurría en esta misma ciudad, cuando a los más poderosos se les facilitaba huir de sus obligaciones gracias a la falta sistemática de control por parte del Ayuntamiento. Un escenario, el del pasado, que se parece demasiado al ansiado paraíso fiscal, que es el verdadero sueño de esa vieja derecha que encarna el PP, y de la otra nueva derecha que es Ciudadanos.

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