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La austeridad vuelve a la Alemania de Olaf Scholz

Aldo Mas

Berín —

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Se podría haber pensado que, con un socialdemócrata como Olaf Scholz en la Cancillería Federal sustituyendo a la conservadora Angela Merkel, habría cambios en lo que respecta a la actitud de los líderes políticos alemanes con el dinero. Ahora bien, no parece que vaya a haber grandes cambios al fin y al cabo. Así, este viernes, el ministro de Hacienda de Scholz y líder de los liberales del FDP, Christian Lindner, parecía desempolvar en Berlín algunas de las formas de Wolfgang Schauble, quien fuera titular de esa cartera durante casi una década de la era Merkel.

La carrera alemana por la independencia del gas ruso se alargará hasta 2024

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Según el borrador de las cuentas presupuestarias para 2023 que presentaba Lindner este viernes, Alemania, después de tres años en los que el país aceptó endeudarse – dos ejercicios con Merkel en el poder y otro con Scholz de canciller –, volverá a respetar “el freno de la deuda”. Ese “freno” es el nombre de una disposición de la Carta Magna que había quedado en suspenso por culpa de los efectos de la COVID-19 y que exige que el déficit no esté por encima del 0,35 por ciento del PIB.

“El Gobierno ha decidido volver a actuar dentro del freno de la deuda. Con ello aseguramos la capacidad de actuación, aliviamos a los ciudadanos y a las empresas e invertimos en el futuro de nuestro país”, manifestaban en Ministerio de Hacienda a cuenta de las intenciones del Ejecutivo alemán presentadas por Lindner.

De resultas, para 2023, el Estado alemán tiene previsto endeudarse en únicamente 17.200 millones de euros, un montante que representa una mínima fracción de lo que Merkel primero, y Scholz después, aceptaron como deudas en 2020, 2021 y 2022.

Esos tres años, las deudas sumaron casi 490.000 millones de euros. 2021 fue el año de mayor endeudamiento, representando 215.400 millones de euros en deudas. En 2022, en el primer presupuesto que tiene aprobado Scholz, las deudas ascienden a 138.900 millones de euros.

La pandémica COVID-19, que obligó a apoyar a las empresas cuya actividad hubo que parar por motivos de salud pública, en algunos casos con paquetes de ayuda de miles de millones de euros, justifica buena parte de todo ese endeudamiento. Pero, pese a los efectos de la pandemia, en Alemania ni conservadores – el FDP es un partido liberal-conservador – ni socialdemócratas habían olvidado de verdad del “freno de la deuda”.

Celebrar la “normalidad política financiera”

De ahí que en uno de los más tempraneros editoriales publicados a cuenta del proyecto de presupuestos, aparecido en el diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung, se celebrara la labor del FDP en la vuelta a la “normalidad de la política financiera”. Según las cuentas de esa “normalidad”, en 2024 la idea es que el endeudamiento siga muy reducido, en unos 12.300 millones de euros, algo menos que en 2025 (12.800 millones de euros) y que en 2026 (13.800 millones de euros).

Lindner, al que se había visto estos días atrás “obsesionado con el freno de la deuda”, según los términos de Tim Szent-Ivanyi, periodista en Berlín para la Red de Redacciones de Alemania (RND, por sus siglas alemanas), también presentaba este viernes la voluntad del Gobierno de seguir manteniendo las inversiones a un “nivel alto”.

Así defienden Linder y compañía la idea de seguir lanzando inversiones públicas en unos 52.000 millones de euros anuales en los próximos tres años. Este nivel inversor es posible gracias a un gasto público que se mantendrá también en niveles muy altos, cercanos a los 450.000 millones de euros en 2023. En 2022 la cifra rondó los 500.000 millones de euros.

En su presentación, Lindner también tenía tiempo para apuntar que su país necesitaba descargas económicas “precisas” para combatir la pérdida de nivel adquisitivo que se está produciendo en el país debido a la inflación. En junio, el alza de los precios en Alemania se mantenía en niveles de récord, con un 7,6%, un porcentaje algo menor al atribuido a mayo (7,9%).

El Gobierno alemán ya ha empleado miles de millones de euros en tratar de paliar los efectos de esa inflación, con medidas como los billetes mensuales para el transporte público a nueve euros para este verano. Durante este verano precisamente puede que cuadren las cuentas acordadas por Lindner y compañía en la coalición de socialdemócratas, ecologistas y liberales que lidera Scholz. Pero no son pocos los observadores que apuntan que próximamente harán falta, por ejemplo, más medidas para luchar contra el alza de los precios.

Unas cuentas presupuestarias pendientes de muchas variables

En la propia coalición había voces escépticas ante ideas como la propia vuelta del “freno de la deuda”. “Hay muchas variables desconocidas de cara al otoño”, señalaba en unas declaraciones recogidas por el diario Süddeutsche Zeitung a cuenta del presupuesto para 2023 Dennis Rohde, el responsable de políticas presupuestarias de Grupo Parlamentario del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).

Entre esas variables que pueden modificar las cuentas presentadas por Lindner figura, en primera línea, más consecuencias económicas derivadas de la ilegal invasión de Rusia contra Ucrania, otra ola de infecciones de COVID-19 o una esperada subida de los tipos de interés a cargo del Banco Central Europeo.

Otro aspecto que levanta comentarios críticos en las cuentas de Lindner son las previsiones de crecimiento económico. Creen el Ministerio de Hacienda que Alemania crecerá un 2,2% este año y un 2,5% en 2023. A raíz de la guerra en Ucrania, sin embargo, las previsiones de crecimiento han ido revisándose muy a la baja. A principios de año, en el Gobierno alemán creían que la economía crecería un 3,6%.

Factores como ese pueden aún poner en entredicho el “cambio económico” que Lindner dice que está teniendo lugar en su país con los liberales en el Ejecutivo. “No sólo tenemos un cambio en términos de seguridad, sino también económicos”, ha dejado dicho Lindner recientemente al dominical Welt am Sonntag. Con ello aludía Lindner también al cambio de 180 grados operado por Scholz a raíz de la invasión rusa que aún sufre Ucrania.

Desde finales de febrero, Scholz aseguró que su país iba a dejar de ser dependiente de las fuentes de energía rusas y, entre otras cosas, que gastaría el 2% de su PIB en Defensa a partir de 2024 además de crear un fondo especial dotado de 100.000 millones de euros para rearmar al Ejército germano.

El “cambio económico” de Lindner llega con cuatro meses de retraso respecto al inicio de la guerra. Pero en vista de las variables de las que dependen sus cuentas, puede que Scholz, Lindner y compañía tengan que volver a coger la calculadora y echar cuentas presupuestarias más pronto que tarde.

Se podría haber pensado que, con un socialdemócrata como Olaf Scholz en la Cancillería Federal sustituyendo a la conservadora Angela Merkel, habría cambios en lo que respecta a la actitud de los líderes políticos alemanes con el dinero. Ahora bien, no parece que vaya a haber grandes cambios al fin y al cabo. Así, este viernes, el ministro de Hacienda de Scholz y líder de los liberales del FDP, Christian Lindner, parecía desempolvar en Berlín algunas de las formas de Wolfgang Schauble, quien fuera titular de esa cartera durante casi una década de la era Merkel.

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Según el borrador de las cuentas presupuestarias para 2023 que presentaba Lindner este viernes, Alemania, después de tres años en los que el país aceptó endeudarse – dos ejercicios con Merkel en el poder y otro con Scholz de canciller –, volverá a respetar “el freno de la deuda”. Ese “freno” es el nombre de una disposición de la Carta Magna que había quedado en suspenso por culpa de los efectos de la COVID-19 y que exige que el déficit no esté por encima del 0,35 por ciento del PIB.

“El Gobierno ha decidido volver a actuar dentro del freno de la deuda. Con ello aseguramos la capacidad de actuación, aliviamos a los ciudadanos y a las empresas e invertimos en el futuro de nuestro país”, manifestaban en Ministerio de Hacienda a cuenta de las intenciones del Ejecutivo alemán presentadas por Lindner.

De resultas, para 2023, el Estado alemán tiene previsto endeudarse en únicamente 17.200 millones de euros, un montante que representa una mínima fracción de lo que Merkel primero, y Scholz después, aceptaron como deudas en 2020, 2021 y 2022.

Esos tres años, las deudas sumaron casi 490.000 millones de euros. 2021 fue el año de mayor endeudamiento, representando 215.400 millones de euros en deudas. En 2022, en el primer presupuesto que tiene aprobado Scholz, las deudas ascienden a 138.900 millones de euros.

La pandémica COVID-19, que obligó a apoyar a las empresas cuya actividad hubo que parar por motivos de salud pública, en algunos casos con paquetes de ayuda de miles de millones de euros, justifica buena parte de todo ese endeudamiento. Pero, pese a los efectos de la pandemia, en Alemania ni conservadores – el FDP es un partido liberal-conservador – ni socialdemócratas habían olvidado de verdad del “freno de la deuda”.

Celebrar la “normalidad política financiera”

De ahí que en uno de los más tempraneros editoriales publicados a cuenta del proyecto de presupuestos, aparecido en el diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung, se celebrara la labor del FDP en la vuelta a la “normalidad de la política financiera”. Según las cuentas de esa “normalidad”, en 2024 la idea es que el endeudamiento siga muy reducido, en unos 12.300 millones de euros, algo menos que en 2025 (12.800 millones de euros) y que en 2026 (13.800 millones de euros).

Lindner, al que se había visto estos días atrás “obsesionado con el freno de la deuda”, según los términos de Tim Szent-Ivanyi, periodista en Berlín para la Red de Redacciones de Alemania (RND, por sus siglas alemanas), también presentaba este viernes la voluntad del Gobierno de seguir manteniendo las inversiones a un “nivel alto”.

Así defienden Linder y compañía la idea de seguir lanzando inversiones públicas en unos 52.000 millones de euros anuales en los próximos tres años. Este nivel inversor es posible gracias a un gasto público que se mantendrá también en niveles muy altos, cercanos a los 450.000 millones de euros en 2023. En 2022 la cifra rondó los 500.000 millones de euros.

En su presentación, Lindner también tenía tiempo para apuntar que su país necesitaba descargas económicas “precisas” para combatir la pérdida de nivel adquisitivo que se está produciendo en el país debido a la inflación. En junio, el alza de los precios en Alemania se mantenía en niveles de récord, con un 7,6%, un porcentaje algo menor al atribuido a mayo (7,9%).

El Gobierno alemán ya ha empleado miles de millones de euros en tratar de paliar los efectos de esa inflación, con medidas como los billetes mensuales para el transporte público a nueve euros para este verano. Durante este verano precisamente puede que cuadren las cuentas acordadas por Lindner y compañía en la coalición de socialdemócratas, ecologistas y liberales que lidera Scholz. Pero no son pocos los observadores que apuntan que próximamente harán falta, por ejemplo, más medidas para luchar contra el alza de los precios.

Unas cuentas presupuestarias pendientes de muchas variables

En la propia coalición había voces escépticas ante ideas como la propia vuelta del “freno de la deuda”. “Hay muchas variables desconocidas de cara al otoño”, señalaba en unas declaraciones recogidas por el diario Süddeutsche Zeitung a cuenta del presupuesto para 2023 Dennis Rohde, el responsable de políticas presupuestarias de Grupo Parlamentario del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).

Entre esas variables que pueden modificar las cuentas presentadas por Lindner figura, en primera línea, más consecuencias económicas derivadas de la ilegal invasión de Rusia contra Ucrania, otra ola de infecciones de COVID-19 o una esperada subida de los tipos de interés a cargo del Banco Central Europeo.

Otro aspecto que levanta comentarios críticos en las cuentas de Lindner son las previsiones de crecimiento económico. Creen el Ministerio de Hacienda que Alemania crecerá un 2,2% este año y un 2,5% en 2023. A raíz de la guerra en Ucrania, sin embargo, las previsiones de crecimiento han ido revisándose muy a la baja. A principios de año, en el Gobierno alemán creían que la economía crecería un 3,6%.

Factores como ese pueden aún poner en entredicho el “cambio económico” que Lindner dice que está teniendo lugar en su país con los liberales en el Ejecutivo. “No sólo tenemos un cambio en términos de seguridad, sino también económicos”, ha dejado dicho Lindner recientemente al dominical Welt am Sonntag. Con ello aludía Lindner también al cambio de 180 grados operado por Scholz a raíz de la invasión rusa que aún sufre Ucrania.

Desde finales de febrero, Scholz aseguró que su país iba a dejar de ser dependiente de las fuentes de energía rusas y, entre otras cosas, que gastaría el 2% de su PIB en Defensa a partir de 2024 además de crear un fondo especial dotado de 100.000 millones de euros para rearmar al Ejército germano.

El “cambio económico” de Lindner llega con cuatro meses de retraso respecto al inicio de la guerra. Pero en vista de las variables de las que dependen sus cuentas, puede que Scholz, Lindner y compañía tengan que volver a coger la calculadora y echar cuentas presupuestarias más pronto que tarde.

Se podría haber pensado que, con un socialdemócrata como Olaf Scholz en la Cancillería Federal sustituyendo a la conservadora Angela Merkel, habría cambios en lo que respecta a la actitud de los líderes políticos alemanes con el dinero. Ahora bien, no parece que vaya a haber grandes cambios al fin y al cabo. Así, este viernes, el ministro de Hacienda de Scholz y líder de los liberales del FDP, Christian Lindner, parecía desempolvar en Berlín algunas de las formas de Wolfgang Schauble, quien fuera titular de esa cartera durante casi una década de la era Merkel.

La carrera alemana por la independencia del gas ruso se alargará hasta 2024

Saber más

Según el borrador de las cuentas presupuestarias para 2023 que presentaba Lindner este viernes, Alemania, después de tres años en los que el país aceptó endeudarse – dos ejercicios con Merkel en el poder y otro con Scholz de canciller –, volverá a respetar “el freno de la deuda”. Ese “freno” es el nombre de una disposición de la Carta Magna que había quedado en suspenso por culpa de los efectos de la COVID-19 y que exige que el déficit no esté por encima del 0,35 por ciento del PIB.