Investigación

Daniel Lacalle obtuvo un doctorado 'cum laude' con una tesis plagada de “copia y pega” de textos ajenos y propios

Diego Larrouy

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Citas mal hechas. Textos ajenos traducidos e incorporados sin la correcta atribución. Gráficos asumidos como propios realizados décadas antes. Un trabajo de final de máster (TFM) incorporado de manera íntegra sin explicar que se trata de una publicación previa. Informes de otros compañeros de profesión calcados sin cumplir con las buenas prácticas de citado. Extractos de sus libros sin especificarlo o, incluso, de su blog. Todas estas son prácticas del economista Daniel Lacalle en su tesis doctoral y que fueron avaladas con la calificación Cum Laude en la Universidad Católica de Valencia.

Las primeras 70 páginas de la tesis de Daniel Lacalle están copiadas de otros autores

Saber más

El que fuera uno de los rostros económicos del PP de Pablo Casado defendió su tesis en diciembre de 2016. El trabajo lleva por título ‘Inflación, paro y productividad: el caso español y europeo’ y fue presentado y defendido en el citado centro educativo privado. Un año después fue publicado y editado por la Fundación Universitaria Española. Tanto la Universidad como la editorial son organismos vinculados a la Iglesia.

La ley marca que una tesis doctoral debe ser un “trabajo original de investigación”. Distintos catedráticos y expertos consultados por este medio coinciden en señalar numerosos errores en la tesis de Lacalle, especialmente en el método de incorporar estudios previos propios y ajenos sin la adecuada cita. Tildan al trabajo como un “corta y pega” o un “collage” de literatura que ya existía, lo que contrasta con la debida originalidad que exigen las normas.

El economista, actualmente trabajador de la gestora de inversiones Tressis, niega las dudas que existen sobre estos errores y asegura que la tesis pasó todos los filtros que estaban vigentes en aquel momento en la Universidad, sin que nadie advirtiera de ningún problema. Lacalle explica por teléfono a elDiario.es que todo está “completa y absolutamente referenciado”.

Sobre el uso de textos ajenos y propios previamente publicados, justifica que “no es una tesis de investigación”, sino que es “una tesis de divulgación”. “No es una tesis en la que investigue un problema, busque una formulación y concluya unas soluciones basadas en esa investigación”, añade.

“Es una tesis de divulgación donde informo de los resultados de la investigación de otras personas y las estoy referenciando”, insiste.

Los académicos consultados niegan que exista una categoría divulgativa en las tesis y señalan que eso corresponde a otro tipo de publicaciones.

Lacalle elaboró una tesis con cuatro partes: una introducción y tres capítulos. En la primera, un breve texto introduce media docena de títulos de trabajos académicos previos que va a exponer como un repaso a la literatura que existe sobre la problemática que aborda, la relación entre el mercado laboral y la inflación. Tras ello, en el primer capítulo, esos papers —nombre con el que se denominan los artículos científicos— aparecen encadenados, uno detrás de otro, sin especificarse dónde acaba la aportación de un autor y empieza la del siguiente. Tampoco aclara si lo que está desarrollando corresponde a su trabajo o al de estos economistas.

En este capítulo, que supone unas 70 de las 300 páginas del trabajo, aparecen traducidos del inglés estos artículos, intercalando resúmenes con párrafos literales extraídos de los textos originales. Esta incorporación de publicaciones ajenas incluye gráficos, tablas o fórmulas que no son referenciados en muchos casos al texto original. También son traducidas e incorporadas notas al pie de página. Expertos consultados constatan errores en la traducción y en la transcripción de algunas de estas fórmulas.

Existen una serie de nociones generales para este tipo de trabajos. Según los catedráticos consultados, de distintas universidades españolas, la manera correcta de haber incorporado estas referencias sería la del entrecomillado cuando se trata de textos literales, atribuyendo seguidamente al autor y la obra. Sin abusar de las mismas. Si este texto ya se hubiera referenciado o se parafraseara, se acudiría al método abreviado que menciona al autor y, entre paréntesis, el año de la publicación, para que pueda ser consultado. Además, se debe diferenciar con claridad lo que corresponde a otros autores y lo que corresponde al propio redactor de la tesis. 

Nada de esto ocurre. En alguno de los textos utilizados, de hecho, no hay más cita que en la introducción, y no aparece ni al pie de página ni en la bibliografía. La falta de entrecomillados y atribuciones lleva al uso de tablas y gráficos atribuidos a una fuente gubernamental cuando, en realidad, obedece a uno de estos autores utilizados, quien sí acudió a esa estadística original. Otro de estos errores, por exponer algunos ejemplos, es el uso de expresiones en primera persona que aparecen en el texto original como “he sido deliberadamente todo lo neoclásico que se puede ser en mi análisis pero una parte de éste se difumina con la política”.

Los expertos añaden que la media docena de artículos utilizados durante la primera parte de la tesis son papers que han sido ampliamente citados en la literatura de estudios económicos, por lo que suelen darse por conocidos. Algunos de ellos, como el caso del economista Robert Solow, acumulan más de 30.000 citas. Dado el nivel de conocimiento de estos textos, apuntan los expertos, no precisarían de mayor cita que una breve alusión sin desarrollo del texto.

Lacalle sostiene que todo está referenciado “de acuerdo con los procedimientos y las referencias de aquella época”. “Puedo entender que haya catedráticos que opinen que podría haber referenciado mejor, pero son unos estándares que no eran los del momento”, concede.

El segundo capítulo aterriza en el impacto de la inflación en el mercado de trabajo en los casos de España y Europa. Una parte importante, otras más de 70 páginas, son una transcripción íntegra del Trabajo Final de Máster (TFM) correspondiente al posgrado que Lacalle cursó en la misma Universidad previo al doctorado. Este texto aparece transcrito en su práctica totalidad sin ninguna mención a que se trata de un trabajo previo.

Sobre este segundo aspecto, los expertos reconocen que, a menudo, los TFM suelen servir como el origen de una posterior tesis, por lo que no es excepcional encontrárselo. Sin embargo, apuntan que por una cuestión de “transparencia”, debería especificarse que se trata de un trabajo que no es original y que corresponde a una investigación para la obtención de otro título. Además, la existencia del primer capítulo, prácticamente cubierto en su conjunto por textos de otros autores, hace más delicado que este segundo apartado de la tesis esté compuesto en gran parte por un trabajo que ya había sido publicado, lo que se contradice con la obligada originalidad.

Otro de los aspectos que llama la atención de los expertos consultados es el uso de artículos realizados por otros economistas españoles. Ocurre con un documento publicado por Fedea, firmado por los economistas José Ignacio Conde-Ruiz, Florentino Felgueroso y José Ignacio García Pérez. Aunque aparece citado en el inicio de un apartado de la tesis, posteriormente aparecen durante las siguientes páginas párrafos transcritos de aquel texto. Una actuación similar se produce con otro artículo de Fedea, en este caso firmado por José Ignacio García Pérez, del que se incorporan párrafos literales.

Por último, Lacalle se sirve de su trayectoria previa a la realización de la tesis. Ya en 2014, cuando comienza su investigación, era un personaje público, con varios libros publicados y numerosas intervenciones mediáticas. Semanas antes de la defensa de su tesis, en 2016, había sido elegido por la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, para traer empresas de la city londinense a la capital tras el Brexit

De esa trayectoria previa a su doctorado, Lacalle utiliza extractos de sus títulos. En concreto, de tres de ellos, aunque solo uno aparece citado en la bibliografía de su trabajo académico. También se incluyen algunos pasajes de su propio blog. 

Los catedráticos consultados señalan que aunque sean libros propios se debe referenciar igualmente en la bibliografía, aunque con la única diferencia de que en este caso no sería necesario el entrecomillado. Lacalle justifica que el hecho de que “en una tesis doctoral se utilicen referencias de mi propio trabajo es normal” y que “parte de lo que se ha publicado en esos libros viene de artículos de mi página web”. 

La suma de todos estos factores lleva a los expertos consultados a concluir que se trata de una tesis de mala calidad y que no cumpliría con la exigencia de originalidad. Si bien, reconocen que desde aquel año se han incrementado los controles y los filtros para este tipo de trabajos académicos.

Uno de sus directores no participó

Otro de los aspectos peculiares de la tesis doctoral es que uno de los directores que aparece referenciado en la publicación, tal y como figura en el registro, señala que no participó en la misma. Se trata del economista Emilio Ontiveros quien, a consulta de este medio, reconoce que Lacalle, que había sido su alumno durante la carrera, le pidió que dirigiera su tesis doctoral. Sin embargo, enfatiza que tras ello no volvió a tener noticia por parte del alumno ni sobre los avances de la tesis ni para valorar el documento final. Señala que tampoco estuvo presente en la defensa de la tesis. Ontiveros enfatiza que no vio la tesis y que el propio Lacalle no se la envió.

Sobre este asunto, Lacalle reconoce que el director fue Juan Sapena, que fue quien hizo el seguimiento diario. Después, apunta que tanto Ontiveros como Adrián Ravier —quien no aparece en ningún registro oficial de la tesis— son “personas directoras y que han recibido el documento previo, intermedio y final”. También explica que se les invitó a la presentación de la tesis. Ontiveros niega que recibiera ninguna actualización del trabajo.

La Universidad Católica de Valencia, consultada por esta tesis, defiende que se trata de un trabajo que cumplió con la normativa entonces vigente. El proceso, explican a elDiario.es, conllevaba que cuando se presenta una tesis por parte de su doctorando y su director, se plantea una lista de seis expertos independientes a la Universidad de los que la comisión académica selecciona a dos para que hagan un análisis del texto. Niegan que ni en ese trámite ni en el proceso de audiencia pública, en la que otros académicos pueden consultarla, se apreciaran problemas con la atribución.

Sí reconocen que las normas cambiaron posteriormente y ahora es un procedimiento “más exhaustivo” que se realiza también por parte de la propia escuela del doctorado, quien se encarga de aplicar los filtros antiplagio. En el actual código de buenas prácticas de la UCV se remarca que “la referencia a trabajos de terceros debe ser suficientemente reconocedora del mérito de éstos”.

Juan Sapena, el “director principal”, en palabras de Lacalle, atendió a las preguntas de este medio por correo electrónico, señalando que no advirtió un “uso inadecuado de las fuentes”. “En aquella etapa, anterior a la verificación de programas de doctorado por parte de la ANECA —Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación—, las tesis eran sometidas a la evaluación por parte de revisores externos, que mostraron su parecer favorable al depósito de la Tesis”, añade.

Respecto al uso sin cita del TFM, reconoce que “quizá debiera haber sido mencionado como nota a pie de página”, aunque no considera que “eso deba ser considerado como improcedente”. Sapena defiende el uso de los textos ajenos al tratarse de una tesis realizada por un “profesional”, en las cuales “no se recurre tanto al uso de métodos econométricos de carácter puramente cuantitativo, sino más bien a una investigación con un objetivo y un desarrollo académico a partir de la literatura existente, con unas conclusiones novedosas y de interés académico o aplicado”.

Sapena señala que hizo el seguimiento telemático de la elaboración del trabajo y que no tuvo relación con Ontiveros, tampoco en la defensa de la tesis.

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Rectificación enviada por Daniel Lacalle

1) Mi tesis “Inflación, paro y productividad: el caso español y europeo”, que fue editada y publicada en 2016 y que mereció la calificación 'cum laude' por la Universidad Católica de Valencia, no tiene errores de ninguna clase y fue adecuadamente referenciada con 318 citas a pie de página. Todas las citas fueron revisadas por validadores independientes, el director de la tesis y el tribunal examinador, compuesto por doctores y catedráticos de prestigio.

2) La utilización del TFM (Trabajo Fin de Master) como punto de partida en la tesis no es inadecuada, sino habitual, al igual que el uso de textos propios publicados. En mi caso, la posibilidad de realizar la tesis surgió precisamente a raíz de aquel trabajo.

3) La tesis fue sometida a evaluación de contenido y forma por revisores externos, que no observaron ninguna irregularidad y se mostraron favorables a su depósito. Además, el análisis con el programa Turnitin no reflejó ninguna coincidencia relevante con documentos previos, propios a ajenos.

4) Todos los co-directores de la tesis recibieron los trabajos a medida que se fueron creando, y fueron invitados a la defensa y presentación de la tesis, que fue pública. El co-director Emilio Ontiveros acusó recibo del envío de la tesis en correo electrónico de 18 de noviembre de 2016, en el que excusó su presencia en la defensa debido a sus compromisos de trabajo.

Citas mal hechas. Textos ajenos traducidos e incorporados sin la correcta atribución. Gráficos asumidos como propios realizados décadas antes. Un trabajo de final de máster (TFM) incorporado de manera íntegra sin explicar que se trata de una publicación previa. Informes de otros compañeros de profesión calcados sin cumplir con las buenas prácticas de citado. Extractos de sus libros sin especificarlo o, incluso, de su blog. Todas estas son prácticas del economista Daniel Lacalle en su tesis doctoral y que fueron avaladas con la calificación Cum Laude en la Universidad Católica de Valencia.

Las primeras 70 páginas de la tesis de Daniel Lacalle están copiadas de otros autores

Saber más

El que fuera uno de los rostros económicos del PP de Pablo Casado defendió su tesis en diciembre de 2016. El trabajo lleva por título ‘Inflación, paro y productividad: el caso español y europeo’ y fue presentado y defendido en el citado centro educativo privado. Un año después fue publicado y editado por la Fundación Universitaria Española. Tanto la Universidad como la editorial son organismos vinculados a la Iglesia.

La ley marca que una tesis doctoral debe ser un “trabajo original de investigación”. Distintos catedráticos y expertos consultados por este medio coinciden en señalar numerosos errores en la tesis de Lacalle, especialmente en el método de incorporar estudios previos propios y ajenos sin la adecuada cita. Tildan al trabajo como un “corta y pega” o un “collage” de literatura que ya existía, lo que contrasta con la debida originalidad que exigen las normas.

El economista, actualmente trabajador de la gestora de inversiones Tressis, niega las dudas que existen sobre estos errores y asegura que la tesis pasó todos los filtros que estaban vigentes en aquel momento en la Universidad, sin que nadie advirtiera de ningún problema. Lacalle explica por teléfono a elDiario.es que todo está “completa y absolutamente referenciado”.

Sobre el uso de textos ajenos y propios previamente publicados, justifica que “no es una tesis de investigación”, sino que es “una tesis de divulgación”. “No es una tesis en la que investigue un problema, busque una formulación y concluya unas soluciones basadas en esa investigación”, añade.

“Es una tesis de divulgación donde informo de los resultados de la investigación de otras personas y las estoy referenciando”, insiste.

Los académicos consultados niegan que exista una categoría divulgativa en las tesis y señalan que eso corresponde a otro tipo de publicaciones.

Lacalle elaboró una tesis con cuatro partes: una introducción y tres capítulos. En la primera, un breve texto introduce media docena de títulos de trabajos académicos previos que va a exponer como un repaso a la literatura que existe sobre la problemática que aborda, la relación entre el mercado laboral y la inflación. Tras ello, en el primer capítulo, esos papers —nombre con el que se denominan los artículos científicos— aparecen encadenados, uno detrás de otro, sin especificarse dónde acaba la aportación de un autor y empieza la del siguiente. Tampoco aclara si lo que está desarrollando corresponde a su trabajo o al de estos economistas.

En este capítulo, que supone unas 70 de las 300 páginas del trabajo, aparecen traducidos del inglés estos artículos, intercalando resúmenes con párrafos literales extraídos de los textos originales. Esta incorporación de publicaciones ajenas incluye gráficos, tablas o fórmulas que no son referenciados en muchos casos al texto original. También son traducidas e incorporadas notas al pie de página. Expertos consultados constatan errores en la traducción y en la transcripción de algunas de estas fórmulas.

Existen una serie de nociones generales para este tipo de trabajos. Según los catedráticos consultados, de distintas universidades españolas, la manera correcta de haber incorporado estas referencias sería la del entrecomillado cuando se trata de textos literales, atribuyendo seguidamente al autor y la obra. Sin abusar de las mismas. Si este texto ya se hubiera referenciado o se parafraseara, se acudiría al método abreviado que menciona al autor y, entre paréntesis, el año de la publicación, para que pueda ser consultado. Además, se debe diferenciar con claridad lo que corresponde a otros autores y lo que corresponde al propio redactor de la tesis. 

Nada de esto ocurre. En alguno de los textos utilizados, de hecho, no hay más cita que en la introducción, y no aparece ni al pie de página ni en la bibliografía. La falta de entrecomillados y atribuciones lleva al uso de tablas y gráficos atribuidos a una fuente gubernamental cuando, en realidad, obedece a uno de estos autores utilizados, quien sí acudió a esa estadística original. Otro de estos errores, por exponer algunos ejemplos, es el uso de expresiones en primera persona que aparecen en el texto original como “he sido deliberadamente todo lo neoclásico que se puede ser en mi análisis pero una parte de éste se difumina con la política”.

Los expertos añaden que la media docena de artículos utilizados durante la primera parte de la tesis son papers que han sido ampliamente citados en la literatura de estudios económicos, por lo que suelen darse por conocidos. Algunos de ellos, como el caso del economista Robert Solow, acumulan más de 30.000 citas. Dado el nivel de conocimiento de estos textos, apuntan los expertos, no precisarían de mayor cita que una breve alusión sin desarrollo del texto.

Lacalle sostiene que todo está referenciado “de acuerdo con los procedimientos y las referencias de aquella época”. “Puedo entender que haya catedráticos que opinen que podría haber referenciado mejor, pero son unos estándares que no eran los del momento”, concede.

El segundo capítulo aterriza en el impacto de la inflación en el mercado de trabajo en los casos de España y Europa. Una parte importante, otras más de 70 páginas, son una transcripción íntegra del Trabajo Final de Máster (TFM) correspondiente al posgrado que Lacalle cursó en la misma Universidad previo al doctorado. Este texto aparece transcrito en su práctica totalidad sin ninguna mención a que se trata de un trabajo previo.

Sobre este segundo aspecto, los expertos reconocen que, a menudo, los TFM suelen servir como el origen de una posterior tesis, por lo que no es excepcional encontrárselo. Sin embargo, apuntan que por una cuestión de “transparencia”, debería especificarse que se trata de un trabajo que no es original y que corresponde a una investigación para la obtención de otro título. Además, la existencia del primer capítulo, prácticamente cubierto en su conjunto por textos de otros autores, hace más delicado que este segundo apartado de la tesis esté compuesto en gran parte por un trabajo que ya había sido publicado, lo que se contradice con la obligada originalidad.

Otro de los aspectos que llama la atención de los expertos consultados es el uso de artículos realizados por otros economistas españoles. Ocurre con un documento publicado por Fedea, firmado por los economistas José Ignacio Conde-Ruiz, Florentino Felgueroso y José Ignacio García Pérez. Aunque aparece citado en el inicio de un apartado de la tesis, posteriormente aparecen durante las siguientes páginas párrafos transcritos de aquel texto. Una actuación similar se produce con otro artículo de Fedea, en este caso firmado por José Ignacio García Pérez, del que se incorporan párrafos literales.

Por último, Lacalle se sirve de su trayectoria previa a la realización de la tesis. Ya en 2014, cuando comienza su investigación, era un personaje público, con varios libros publicados y numerosas intervenciones mediáticas. Semanas antes de la defensa de su tesis, en 2016, había sido elegido por la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, para traer empresas de la city londinense a la capital tras el Brexit

De esa trayectoria previa a su doctorado, Lacalle utiliza extractos de sus títulos. En concreto, de tres de ellos, aunque solo uno aparece citado en la bibliografía de su trabajo académico. También se incluyen algunos pasajes de su propio blog. 

Los catedráticos consultados señalan que aunque sean libros propios se debe referenciar igualmente en la bibliografía, aunque con la única diferencia de que en este caso no sería necesario el entrecomillado. Lacalle justifica que el hecho de que “en una tesis doctoral se utilicen referencias de mi propio trabajo es normal” y que “parte de lo que se ha publicado en esos libros viene de artículos de mi página web”. 

La suma de todos estos factores lleva a los expertos consultados a concluir que se trata de una tesis de mala calidad y que no cumpliría con la exigencia de originalidad. Si bien, reconocen que desde aquel año se han incrementado los controles y los filtros para este tipo de trabajos académicos.

Uno de sus directores no participó

Otro de los aspectos peculiares de la tesis doctoral es que uno de los directores que aparece referenciado en la publicación, tal y como figura en el registro, señala que no participó en la misma. Se trata del economista Emilio Ontiveros quien, a consulta de este medio, reconoce que Lacalle, que había sido su alumno durante la carrera, le pidió que dirigiera su tesis doctoral. Sin embargo, enfatiza que tras ello no volvió a tener noticia por parte del alumno ni sobre los avances de la tesis ni para valorar el documento final. Señala que tampoco estuvo presente en la defensa de la tesis. Ontiveros enfatiza que no vio la tesis y que el propio Lacalle no se la envió.

Sobre este asunto, Lacalle reconoce que el director fue Juan Sapena, que fue quien hizo el seguimiento diario. Después, apunta que tanto Ontiveros como Adrián Ravier —quien no aparece en ningún registro oficial de la tesis— son “personas directoras y que han recibido el documento previo, intermedio y final”. También explica que se les invitó a la presentación de la tesis. Ontiveros niega que recibiera ninguna actualización del trabajo.

La Universidad Católica de Valencia, consultada por esta tesis, defiende que se trata de un trabajo que cumplió con la normativa entonces vigente. El proceso, explican a elDiario.es, conllevaba que cuando se presenta una tesis por parte de su doctorando y su director, se plantea una lista de seis expertos independientes a la Universidad de los que la comisión académica selecciona a dos para que hagan un análisis del texto. Niegan que ni en ese trámite ni en el proceso de audiencia pública, en la que otros académicos pueden consultarla, se apreciaran problemas con la atribución.

Sí reconocen que las normas cambiaron posteriormente y ahora es un procedimiento “más exhaustivo” que se realiza también por parte de la propia escuela del doctorado, quien se encarga de aplicar los filtros antiplagio. En el actual código de buenas prácticas de la UCV se remarca que “la referencia a trabajos de terceros debe ser suficientemente reconocedora del mérito de éstos”.

Juan Sapena, el “director principal”, en palabras de Lacalle, atendió a las preguntas de este medio por correo electrónico, señalando que no advirtió un “uso inadecuado de las fuentes”. “En aquella etapa, anterior a la verificación de programas de doctorado por parte de la ANECA —Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación—, las tesis eran sometidas a la evaluación por parte de revisores externos, que mostraron su parecer favorable al depósito de la Tesis”, añade.

Respecto al uso sin cita del TFM, reconoce que “quizá debiera haber sido mencionado como nota a pie de página”, aunque no considera que “eso deba ser considerado como improcedente”. Sapena defiende el uso de los textos ajenos al tratarse de una tesis realizada por un “profesional”, en las cuales “no se recurre tanto al uso de métodos econométricos de carácter puramente cuantitativo, sino más bien a una investigación con un objetivo y un desarrollo académico a partir de la literatura existente, con unas conclusiones novedosas y de interés académico o aplicado”.

Sapena señala que hizo el seguimiento telemático de la elaboración del trabajo y que no tuvo relación con Ontiveros, tampoco en la defensa de la tesis.

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Rectificación enviada por Daniel Lacalle

1) Mi tesis “Inflación, paro y productividad: el caso español y europeo”, que fue editada y publicada en 2016 y que mereció la calificación 'cum laude' por la Universidad Católica de Valencia, no tiene errores de ninguna clase y fue adecuadamente referenciada con 318 citas a pie de página. Todas las citas fueron revisadas por validadores independientes, el director de la tesis y el tribunal examinador, compuesto por doctores y catedráticos de prestigio.

2) La utilización del TFM (Trabajo Fin de Master) como punto de partida en la tesis no es inadecuada, sino habitual, al igual que el uso de textos propios publicados. En mi caso, la posibilidad de realizar la tesis surgió precisamente a raíz de aquel trabajo.

3) La tesis fue sometida a evaluación de contenido y forma por revisores externos, que no observaron ninguna irregularidad y se mostraron favorables a su depósito. Además, el análisis con el programa Turnitin no reflejó ninguna coincidencia relevante con documentos previos, propios a ajenos.

4) Todos los co-directores de la tesis recibieron los trabajos a medida que se fueron creando, y fueron invitados a la defensa y presentación de la tesis, que fue pública. El co-director Emilio Ontiveros acusó recibo del envío de la tesis en correo electrónico de 18 de noviembre de 2016, en el que excusó su presencia en la defensa debido a sus compromisos de trabajo.

Citas mal hechas. Textos ajenos traducidos e incorporados sin la correcta atribución. Gráficos asumidos como propios realizados décadas antes. Un trabajo de final de máster (TFM) incorporado de manera íntegra sin explicar que se trata de una publicación previa. Informes de otros compañeros de profesión calcados sin cumplir con las buenas prácticas de citado. Extractos de sus libros sin especificarlo o, incluso, de su blog. Todas estas son prácticas del economista Daniel Lacalle en su tesis doctoral y que fueron avaladas con la calificación Cum Laude en la Universidad Católica de Valencia.

Las primeras 70 páginas de la tesis de Daniel Lacalle están copiadas de otros autores

Saber más

El que fuera uno de los rostros económicos del PP de Pablo Casado defendió su tesis en diciembre de 2016. El trabajo lleva por título ‘Inflación, paro y productividad: el caso español y europeo’ y fue presentado y defendido en el citado centro educativo privado. Un año después fue publicado y editado por la Fundación Universitaria Española. Tanto la Universidad como la editorial son organismos vinculados a la Iglesia.