La portada de mañana
Acceder
El viaje de la prueba clave contra Zapatero: de EEUU a la Audiencia Nacional
¿Cuánto brilla tu pueblo de noche? El mapa de la contaminación lumínica
Opinión - La profecía de Thiel, por Enric González

ENTREVISTA Andrés Góngora

El líder de la organización agraria COAG: “Que los supermercados demuestren que no se forran subiendo precios”

“Soy almeriense y soy agricultor”. Así se define Andrés Góngora (49 años). “Mis raíces, desde muy niño, están vinculadas al sector agrario, porque soy la tercera generación de productores de hortalizas”. Actualmente, Góngora se dedica a la producción ecológica, sobre todo, de tomates y, desde finales de mayo, es secretario general de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), tomando el testigo de Miguel Padilla.

“Llevo participando en COAG desde que tengo uso de razón, porque mis padres ya pertenecían a la organización y yo recuerdo ir a asambleas siendo niño”, explica. Ha pasado por todos los escalones de la organización agraria, desde el nivel comarcal, hasta llegar a la Ejecutiva en 2021, y admite haber llegado al cargo “empujado” por sus compañeros. Asume que viajará más y estará menos tiempo con su familia y en su trabajo en Almería, en un momento donde el campo está pendiente de la futura Política Agrícola Común (PAC) de la UE, que apunta a un recorte presupuestario. Además, la situación bélica y la inestabilidad amenazan con nuevas subidas de precios. De ahí que reclame más transparencia a la gran distribución. 

¿Cuáles son sus objetivos como nuevo secretario general de COAG?

Uno de los objetivos es seguir fortaleciendo esta organización, que acaba de cumplir 50 años. COAG tiene una trayectoria, un legado, tenemos unos niveles de interlocución muy altos. Somos una federación de organizaciones con representación en todas las comunidades autónomas. No ha sido fácil. Tenemos que mantener esa capacidad de tomar partido. Hay otro aspecto que, como sector, tenemos que trabajar más, que es el reconocimiento social hacia nuestra agricultura y ganadería. Creo que como país, como Estado, la sociedad tiene que sentirse orgullosa. Hay avances porque el sector primario se ha desprendido del estereotipo de ser básico o anticuado, pero hay que seguir trabajando. 

También es fundamental la interlocución a todos los niveles, tanto con el Ministerio de Agricultura como con Sanidad, Transición Ecológica, con Empleo, porque somos un sector que genera muchos puestos de trabajo; o con Educación. Por ejemplo, en esta anterior etapa, hemos sacado adelante un proyecto para que en Primaria y en Secundaria se tenga un mejor concepto de la agricultura y la ganadería. 

El sector primario no suele estar en los primeros temas de la agenda política y mediática, salvo cuando hay protestas. ¿Qué tiene o debe hacer el sector para tener más presencia y más relevancia? 

Tenemos que salir de esa línea de “el sector es importante porque sale a protestar”. Debemos dar más información, que no esté vinculada a una situación de crisis, de protestas, porque a veces se nos vincula demasiado a problemas. Tenemos que explicar más, en un tono sosegado, quiénes somos, cómo gestionamos el territorio, cómo cuidamos del medio ambiente, cómo producimos alimentos. Podemos tener, no sé si más capacidad para influir en las políticas, pero sí más capacidad para influir en el día a día del ciudadano. Necesitamos que cuando una persona vaya a la compra visualice, con transparencia, que los agricultores somos el primer eslabón de lo que está comprando. No sé si eso va a llevar a cambios en la política, más en un escenario político como el actual, tan complejo. 

Que alguien se quiera atribuir desde la política la representación del campo, no nos gusta

En este clima de confrontación, sobre todo por parte de las derechas, se viene diciendo “al campo le representamos nosotros”. ¿Cómo lo veis? Como organización agraria y como agricultor.

En esta organización tenemos sensibilidades políticas de todo tipo y jamás pedimos el carnet de afiliación política. Es algo que yo llevo muy interiorizado y que, a lo mejor, no se acaba de entender mucho desde fuera. Las organizaciones agrarias somos absolutamente independientes. 

Valoraremos las decisiones políticas en base a lo que necesita el sector agrario, independientemente de dónde vengan. Y estamos dispuestos a sentarnos, a tener esa interlocución independientemente de quién esté al frente de un Ministerio o de una Consejería. Que alguien se quiera atribuir desde la política la representación del campo, no nos gusta. No lo podemos evitar, pero no nos gusta. Los políticos tienen que desarrollar sus apoyos al sector agrario desde sus puestos de responsabilidad, no desde los medios de comunicación. Está muy bien que hablen de nosotros, pero lo importante es que se materialice en decisiones. Hacen falta menos mensajes y más hechos.

El cambio climático es una realidad, pero hay formaciones políticas que lo ponen en duda. En los últimos años, hemos vivido temperaturas extremas, incendios, lluvias torrenciales. ¿Se deben tomar medidas para que el campo sea más resiliente?

Desde luego que COAG no va a negar el cambio climático porque los agricultores y ganaderos lo vivimos en primera persona, somos los primeros en soportar las consecuencias. Quizá haya parte de la sociedad que no lo perciba. Hay que tomar decisiones políticas que tengan un carácter permanente, no coyuntural. A nosotros nos preocupa que en este tipo de asuntos se tomen decisiones cortoplacistas. Hay que tener una visión más a largo plazo.

Necesitamos medidas de apoyo para modernizarnos. Una explotación que incorpore tecnología puede soportar mejor condiciones adversas. Eso requiere planes de inversión para el sector, porque son tecnologías caras que no son accesibles para muchas explotaciones, sobre todo las pequeñas, que son la mayoría. Otro tema que requiere una visión a largo plazo es el agua. Este país tiene un problema de infraestructura de agua. Lo que reivindicamos es un plan hidrológico pactado con los sectores económicos, con el sector agrario, que tenga sensibilidad con las diferentes necesidades, porque evidentemente no se necesita lo mismo en Galicia que en Andalucía. Se necesitaría un pacto de Estado, aunque eso, ahora mismo... eso es un brindis al Sol. 

¿Cómo está afectando al campo la guerra en Oriente Medio? ¿Qué pasa con los fertilizantes?

Ha tenido un impacto muy fuerte. Demuestra que la rentabilidad de las explotaciones, su competitividad, está muy ligada a los insumos agrarios. Están los fertilizantes, pero también el precio del gasóleo, la alimentación animal, los plásticos agrícolas, por ejemplo. Si echamos la vista atrás, en los cinco o seis últimos años hemos ido encadenando crisis. Ahora tenemos una situación grave, sobre todo para determinados sectores, como pueden ser los cereales que tienen una dependencia muy alta de determinados fertilizantes y del gasóleo agrícola.

¿Hay alternativas o soluciones? 

Vemos con buenos ojos el paquete de ayudas, que es imprescindible, pero se queda corto. Debemos tener una visión más a medio y largo plazo. Eso lleva al concepto de soberanía alimentaria, hay que retomarlo, en cuanto a los medios de producción y en cuanto a los insumos agrarios. No se puede seguir teniendo la dependencia que tenemos, como país y como Unión Europea, a importar materias primas imprescindibles para la soberanía alimentaria. Por ejemplo, en la agricultura ecológica hay un montón de gente haciendo cosas para ahorrar insumos, para usar otro tipo de fertilizantes. Hablo de economía circular, de aprovechamiento, hay mucho por hacer y por descubrir. España tiene una ganadería muy potente, que genera recursos que, bien utilizados, son fertilizantes orgánicos. No confronto la agricultura convencional con la agricultura ecológica, tienen que trabajar de la mano, pero necesitamos que la Administración financie más proyectos de investigación, por ejemplo, de recuperación de suelo, de suelos fértiles, vivos, nivelar los aportes de materia orgánica. Hay un montón de trabajo por hacer, pero se necesita más apoyo.

¿Desde el punto de vista del consumidor deberíamos acostumbrarnos a pagar más por lo que compramos? 

No tienen por qué ser productos más caros. 

La agricultura ecológica no supone un incremento de precios para los consumidores tan disparatado como a veces observamos, que es una barbaridad

Pero lo ecológico, ahora mismo, en el punto de venta es más caro.

Deberías preguntar a los que venden ecológico, porque te puedo asegurar que la diferencia en origen, entre ecológico y convencional, es mínima. A veces hablamos de unos pocos céntimos. Te pongo un ejemplo personal. Ahora mismo la sandía ecológica está rondando los 60 o 65 céntimos por kilo; la sandía convencional está en 55 o 56 céntimos. Seguramente esa diferencia, cuando llega al consumidor pasa de céntimos a euros. 

La agricultura ecológica no supone un incremento de precios para los consumidores tan disparatado como a veces observamos, que es una barbaridad. España está a la cola en consumo de productos ecológicos y es porque los canales de distribución no están haciendo bien su trabajo.

No es tan fácil encontrar una sandía ecológica en un supermercado convencional.

Es que no la encuentras. España es el país más exportador en frutas y hortalizas con mucha diferencia y, en producción ecológica, exportamos casi todo. Mi cooperativa: el 100% de lo que producimos va a Suiza. Entre Suiza y Alemania se están repartiendo casi todos los tomates ecológicos que producimos en España. Ahí nos queda un camino por recorrer como consumidores. 

En esa relación con la distribución, la patronal de Mercadona, Dia y Lidl negaba hace unos días que los supermercados “se forren” con las subidas de precios. ¿Estáis de acuerdo?

Desde el otro lado, tenemos muchas ganas de que demuestren que no se están forrando. Igual que se desgranan los costes de producción que tenemos los agricultores, sería deseable que todo ese proceso de transparencia, que nos pide el Ministerio, llegue también a la distribución, para que de verdad puedan demostrar cómo se forman los precios desde el origen o desde que le pagan a una cooperativa o a un agricultor, hasta que al final lo ponen en un supermercado. Que lo expliquen, que sean transparentes. Y nos llevaríamos seguramente bastantes sorpresas, en cómo se imputan determinados costes a un producto o a una mercancía. El Ministerio debería emplearse más en un Observatorio de costes de la cadena [alimentaria] que llevamos reclamando desde hace mucho tiempo, precisamente, para dar transparencia a los precios.

COAG publica el Índice de Precios en Origen y Destino, el IPOD, que iniciamos porque se escuchaba un ruido: “Los precios suben, los agricultores están contentos” y los socios de COAG nos decían: “Esto es indignante, me están pagando el brócoli a 30 céntimos y lo venden a dos euros”. Si consiguen demostrar cómo forman los precios, pues bienvenido sea. Nosotros hemos demostrado que hay unos intermediarios, sea un establecimiento, una cadena de supermercados, que encarecen los precios de forma que no está justificada. Porque si hablamos de un producto que hay que transformar, vale; pero si hablamos de una sandía, no hay nada que transformar.

La distribución menciona los costes intermedios, por ejemplo, del transporte. 

La mayoría de gente no lo sabe, pero cuando los productos salen de una cooperativa, ya están listos. La tarrina de tomates cherry, por ejemplo; el brócoli, ya sale con su plástico, con la etiqueta de los gramos. En origen ya ponemos la etiqueta de la marca de la distribución. Sale tal cual se vende. Incluso a veces el transporte corre a nuestro cargo. Te dicen que lo tienes que llevar a determinado centro logístico. Es decir, al supermercado o a la distribución se le da todo el trabajo absolutamente hecho.

Con las promociones, las campañas de la segunda unidad al 70% de descuento o un '3 unidades al precio de 2', eso se nos exigen también a los proveedores. Es decir, dicen: “Mandas tres camiones y te voy a pagar dos”. No somos contrarios a las promociones, porque a veces son necesarias para estimular el consumo, pero sí decimos que tienen que estar pactadas con el sector.

Habláis de falta de transparencia y ahí la Ley de la Cadena es una herramienta, pero habéis criticado en muchas ocasiones que se ha quedado corta, en capacidad de inspección o de sanciones.

Veníamos del vacío más absoluto, por lo tanto, bienvenida sea. Es que no teníamos ni una sola norma. Por lo tanto, la ley de la cadena la vamos a defender porque es imprescindible. Nosotros abogamos por un mercado con normas, por una relación comercial que tenga normas establecidas. ¿Lo que tenemos es suficiente? No, hay que avanzar, también con las comunidades autónomas y las consejerías, para trabajar más en las denuncias. Creemos que la relación contractual es imprescindible. No os podéis imaginar la cantidad de agricultores que nos dicen “no me han pagado lo que hablamos y se han llevado el producto” o “se lo han llevado y ahora me quieren hacer una rebaja del 50%”. 

¿Y cómo hay que mejorar la Ley?

Hay que avanzar. También, en un marco europeo. No podemos olvidar que gran parte de nuestro producto se exporta; y buena parte de la relación comercial que tenemos es con cadenas que no son cadenas españolas. Y ahí hay fórmulas para hacer trampas. Hablamos de empresas que tienen su sede en Francia o en Alemania y que pueden eludir la Ley de la cadena. Por eso nosotros abogábamos por un reglamento europeo. Salió una Directiva, pero su aplicación en los diferentes Estados miembros deja bastante que desear y seguimos reclamando un reglamento europeo contra las prácticas abusivas.

La PAC cumple 40 años. ¿Qué creéis que ha aportado esta política común y cómo habría que mejorarla?

La PAC ha transformado la agricultura española, no reconocerlo es no ver la realidad, la ha transformado para mejor. Nuestra capacidad para exportar, para vender a otros países de la Unión Europea es fundamental. No son solo ayudas directas. Ha mejorado nuestra forma de producir y de comercializar. Sin ella las explotaciones familiares, profesionales, pero con poca base territorial, estaríamos en una situación de mucha más indefensión. 

Para nosotros es fundamental que las ayudas de la PAC estén vinculadas a la producción. Ahora también se habla de que se quieren desvincular las ayudas de las hectáreas. Para nosotros lo más importante es que el presupuesto de la PAC se mantenga. España no puede permitir que se reduzca el presupuesto de la PAC, porque es imprescindible. 

La PAC no puede perder recursos, tiene que estar al servicio de la soberanía alimentaria y ayudar a combatir procesos como la desertificación

Pero también se habla de reducirlo a nivel europeo y compensarlo con parches nacionales.

Rechazamos los parches nacionales porque generan una distorsión, por cómo va a interpretar cada Estado miembro su apoyo, a qué agricultura o a qué ganadería. Por lo tanto, nosotros abogamos por el mantenimiento de una PAC construida desde una concepción europea. Lo decimos claro: la PAC no puede perder recursos y tiene que estar al servicio de la soberanía alimentaria y tiene que ayudar a combatir procesos como la desertificación y fomentar el cuidado del medio ambiente. 

Una de las leyes que quedan pendientes es la de la agricultura familiar. ¿Os preocupa el relevo generacional? ¿Y cómo se puede aumentar la presencia de mujeres en la agricultura y en la ganadería?

El otro día vi un dato, que es de Almería, pero es significativo: en el proceso de incorporación de jóvenes se ha equiparado la proporción de hombres y de mujeres. Es un dato muy concreto, pero es positivo. Hay jóvenes que quieren formar parte de este sector porque ven que es más moderno, que no tiene una percepción peyorativa, pero necesita cambios. Se vincula demasiado el hecho de incorporarse al sector a una ayuda inicial. Eso no es suficiente. Cualquier persona que quiera entrar en este sector necesita estabilidad, certidumbre. Esa es la clave. Todos queremos pensar a largo plazo, que te puedes dedicar a esto, a vivir de ello, a poder estar con tu pareja, a vivir de forma estable, con una renta adecuada. Como hablábamos antes, se necesita una política de Estado. 

También tiene que llevar aparejado un plan para que nuestros pueblos sean sitios en los que apetezca vivir. Se puede tener esa concepción idílica de vivir en el medio rural, pero luego la realidad también es muy dura, que el pueblo está muy bien para ir un domingo por la mañana, pero un martes por la tarde es bastante duro. Quien entra en este sector quiere un proyecto de vida, una red de apoyo a esos jóvenes, en esos ámbitos, que en el pueblo haya médicos, colegios, servicios adecuados. Se tiene que trabajar mucho en eso.