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Merz busca imponer su política de tierra quemada con el presupuesto europeo frente a la alianza de España e Italia

Rodrigo Ponce de León

Corresponsal en Bruselas —
19 de junio de 2026 21:33 h

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“Estamos en una fase ruda, táctica”. Estas son las palabras de un diplomático europeo para definir las duras negociaciones que se están llevando a cabo alrededor del próximo presupuesto de la Unión Europea correspondiente al periodo 2028-2034. Nadie aparenta tener prisa pero el presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha recordado este viernes que “es necesario un acuerdo global antes de final de este año”, tras el cierre de la cumbre de los 27 que se ha celebrado en Bruselas sin que se haya logrado llegar al mínimo acuerdo sobre cantidades ni nuevos recursos para lograr más ingresos.

El canciller alemán, Friedrich Merz, ha optado por una política de tierra quemada tras avisar de que la propuesta presupuestaria de la presidencia chipriota es “inasequible y desequilibrada” y pidió a Irlanda que cuando asuma la presidencia dela UE en julio haga “una propuesta aceptable”, que resume en un presupuesto más reducido. Mientras que España e Italia encabezan a las naciones enmarcadas como amigos de la Cohesión, que piden ampliar el presupuesto para cubrir las necesidades de gasto en políticas de cohesión o la agricultura además de los nuevos retos económicos y de defensa.

Chipre planteó un presupuesto europeo que recortaba en un 2% el borrador que planteó la Comisión Europea el pasado verano, con lo que ascendía a unos 1,8 billones de euros, pero Alemania y el resto de países frugales insisten en que es demasiado elevado.

No es solo una cuestión de cantidad, los países frugales están buscando un nuevo marco de discusión en el que tratan de establecer que las prioridades de gasto de los anteriores presupuestos plurianuales están desfasados. El primer ministro neerlandés, Rob Jetten, ha reclamado que las preferencias de gasto deberían ser en defensa y competitividad frente a la PAC o la Cohesión: “Si queremos construir una economía para las próximas décadas, no podemos hacerlo con el presupuesto de los años noventa”.

Esta división, que también es geográfica entre los países del Norte y Sur de Europa, ha contribuido a hacer extraños aliados, como es el caso del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la primera ministra italiana, Georgia Meloni. Sánchez mantuvo una reunión previa este jueves con Meloni para “avanzar hacia un presupuesto más ambicioso y hacia el refuerzo de las políticas tradicionales de cohesión y PAC”.

En las antípodas de Merz, Sánchez ha explicado que “no es razonable pedirle a Europa que haga más con menos recursos económicos. Necesitamos más recursos económicos propios. Necesitamos también continuar con el lanzamiento de deuda mancomunadas para financiar bienes públicos europeos”. Sin embargo, más deuda europea se ha convertido en un anatema para los frugales, que rechazan cualquier posibilidad de financiación con este instrumento.

Sin acuerdo sobre las nuevas fuentes de ingresos

Irlanda también tiene el encargo de buscar nuevas fuentes de ingresos para financiar las necesidades presupuestarias de Europa para los próximos años. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ha reclamado que la UE necesita un “sistema sólido y estable de ingresos propios” y pidió a los países que aceleren para conseguir un consenso sobre fuentes de financiación antes de la próxima cumbre de octubre.

Entre las nuevas fuentes de ingresos que podría tener el presupuesto europeo, la Eurocámara elaboró un informe en el que detallaba impuestos a las criptomonedas, a las apuestas en internet o sobre los gigantes digitales que podrían suponer ingresos de hasta 11.000 millones anuales. Estas propuestas se enfrentan a dos obstáculos: por un lado, los países no quieren impuestos que le detraigan recursos de sus ingresos y, por otro lado, hay estados miembros como Países Bajos o Alemania que no ven con buenos ojos más imposiciones fiscales sobre las empresas.

La Comisión Europea ya había propuesto que nuevos ingresos a través del régimen europeo de comercio de derechos de emisión (conocido como ETS), el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono o nuevas tasas los residuos electrónicos no recogidos o el tabaco, pero no habían sido bien acogidas en general por los países. .

Sánchez ha defendido que Europa “no podrá reforzar su competitividad si no refuerza al tiempo la cohesión social y territorial”, por lo que ha reiterado que “la continuidad y fortalecimiento de las políticas tradicionales”, en referencia a los fondos de cohesión y la PAC, son “la garantía de que el desarrollo y crecimiento económicos lleguen a todas las regiones de Europa”.