ESPECIAL La gran brecha

Las trampas del sistema fiscal: la declaración de la renta beneficia a los millonarios por sus ingresos del capital

El IRPF es el principal impuesto del Estado. Grava todas las rentas que obtienen las personas que residen fiscalmente en España.

Cada una de las personas que ves 🧍 representa un porcentaje de los contribuyentes según sus ingresos en la declaración de la renta de 2019, ordenados de más pobre a más rico.
El último de la derecha representa el 10% más rico de España. Es decir, los que declaran ingresar más de 50.000 euros en el IRPF.
La primera persona de la izquierda representa el 10% más pobre del país. Los que declaran ingresar menos de 12.000 euros al año.
¿Cuánto pagaron en impuestos? La barra azul muestra el tipo medio que pagó cada grupo en la declaración de la renta. Es decir, qué porcentaje de sus ingresos se dedicaron a pagar el IRPF.
El IRPF es la principal herramienta de un sistema fiscal progresivo. El tipo efectivo sube a medida que se escala en el nivel de ingresos: los que más ganan, más pagan. ¿Pero esto es siempre así?
Vamos a añadir un nuevo grupo. Esta nueva persona representa al 0,01% más rico de España 💰. Son 1.400 millonarios que ingresaron más de 2,6 millones de euros en 2019, antes de la pandemia.
Estos 1.400 españoles más ricos 💰 pagaron menos que el escalón inmediatamente anterior. Es decir, la declaración de la renta en España pierde la progresividad en el 0,01% más rico.
¿Cómo es posible esto? ¿Por qué los millonarios españoles (el 0,01% más rico) no son los que más impuestos pagan en la declaración de la renta?
La principal diferencia radica en el origen de los ingresos. La forma en la que los millonarios obtienen sus ingresos es muy distinta a la del 90% de la población que menos gana.

Lo que declara la mayoría de españoles proviene principalmente de las rentas del trabajo: tienen un sueldo, una pensión, cobran el paro o recibieron una beca.
Estas rentas tributan en la base imponible general y, en el tramo más alto del IRPF, pagaron un tipo impositivo del 45%.
El resto de ingresos son minoritarios para la mayoría: las rentas del capital, que incluyen los rendimientos de las inversiones (alquileres, dividendos, etc.) y las ganancias obtenidas tras la venta de patrimonio, y otros ingresos, que incluyen las rentas de actividades económicas.
La cosa es diferente para el 0,01% más rico de España. Estos 1.400 millonarios obtienen sus ingresos principalmente de las rentas del capital: dividendos, alquileres, ventas de acciones, fondos de inversión, etc.
Estos ingresos se incluyen en la base imponible del ahorro y pagaron, en su tramo más alto, un 23% de impuestos. La mitad que los ingresos del trabajo.
Un ejemplo: si un millonario español ingresa por su sueldo como directivo tres millones de euros en un año, pagaría aproximadamente 1,3 millones en impuestos en el IRPF. Si la misma persona hubiera obtenido todos sus ingresos del capital, la factura le saldría por cerca de 700.000€.
Esta doble escala del impuesto permite a los millonarios, que tienen un mayor peso de las rentas del capital en su volumen de ingresos, ser más favorecidos en la declaración de la renta.

Como vimos antes, el tipo medio en 2019 no subió entre el 0,01% más rico. ¿Una excepción?
Esta ruptura de la progresividad de la declaración de la renta para el 0,01% es una realidad desde hace al menos 20 años.
Hubo un tramo en que se suavizó en la primera legislatura de Rajoy, entre 2012 y 2014, tras aprobarse un recargo sobre las rentas del capital.
Desde entonces, la progresividad para el 0,01% más rico se ha vuelto a perder. ¿Cuáles son las razones de este beneficio fiscal a las rentas más altas?

Para comprender las causas de esto hay que acudir al diseño de este tributo, que en lugar de uno, en realidad son dos. Es lo que se conoce como sistema dual. Por un lado están las rentas generales, también conocidas como del trabajo, al ser la nómina el origen más habitual de ingresos. Esto incluye también prestaciones sociales, desempleo o pensiones. Por otro lado se encuentran las rentas de capital, aquellas que se obtienen por rendimientos de inversiones: intereses, dividendos o ganancias patrimoniales. 

Estas dos rentas tributan de manera diferenciada. Las más habituales, las del trabajo, tienen una fiscalidad mayor que las del capital. Por seguir con el ejemplo de quienes más ingresan, pagan un 45% por el tramo mayor de ingresos de renta general, frente a un 23% en el caso de las rentas del capital. Así, quienes tienen un mayor porcentaje de ingresos procedentes de sus inversiones, se ven beneficiados en el tipo efectivo final.

Violeta Ruiz Almendral, profesora de Derecho Público en la Universidad Carlos III, apunta a que este es un modelo habitual entre los países de la Unión Europea y de la OCDE. “La justificación tradicional es que las rentas de capital mobiliario son más móviles y, o coordinas con otros estados, o se va la inversión”, explica. Se asume en el estudio de este impuesto que una elevada tributación de las rentas del capital, si no está acompañada por otros países puede llevar a que los inversores lleven su dinero fuera, lo que haría perder recaudación.

Las estadísticas de la Agencia Tributaria permiten analizar el origen de los ingresos de los distintos escalones de renta. Para la mayoría de los contribuyentes, el 90% del dinero que perciben es por rentas del trabajo, incluyendo pensiones o prestaciones sociales. Esto comienza a cambiar cuando el escalón que se analiza es el 10% más rico y especialmente notable entre las rentas más altas. El 76% de sus ingresos procede de rentas que tienen una tributación más baja.

Jorge Onrubia, profesor titular de Hacienda Pública en la Universidad Complutense de Madrid e investigador asociado en FEDEA, reconoce que se pierde progresividad “para rentas muy altas”. Lo explica de este modo: “para contribuyentes de renta altísima, si su renta del ahorro es una proporción muy alta de su renta gravada, como los tipos marginales de la tarifa del ahorro son menores que los de la tarifa general, pues es probable que el tipo medio efectivo que pague sea inferior que el de otro contribuyente con la misma renta, pero que procediese fundamentalmente del trabajo”. “Sin duda es una limitación de los IRPF de tipo dual”, añade.

Una manera muy clara de ver la diferencia es analizando cuánto pagan sobre la base imponible —cifra sobre la que se calcula el impuesto— quienes ingresan más de 600.000 euros. Si se analizan las rentas generales, el tipo efectivo se sitúa en el 43%. Si, por el contrario, son las rentas del capital, se paga casi la mitad, el 22%.


La dualidad de la declaración de la renta para los más ricos

Comparación de la cuota íntegra sobre la base general y sobre la base del ahorro en cada año para los declarantes con ingresos por encima de los 600.000€

Fuente: INE, Agencia Tributaria


Para este análisis se toman como referencia los datos de 2019. Los de 2020 muestran los efectos de la pandemia, que lastraron los ingresos de la población y, especialmente, a aquellos que más dependieron de aspectos como la evolución de los mercados.

Precisamente en 2019, los millonarios alcanzaron su mayor nivel de ingresos medios provenientes del capital: 6,2 millones de euros. Con ello, este colectivo ha logrado incrementar sus ingresos por primera vez por encima del punto álgido previo a la burbuja inmobiliaria, en 2006. El Gobierno implementó a partir de la declaración de 2021 la creación de un nuevo tramo del 47% para aquellos que declaran más de 300.000 euros por rentas del trabajo y del 26% para quienes ingresaron más de 200.000 euros por rentas del ahorro.


Los ingresos del capital de los millonarios ya superan los de la burbuja

Evolución de los ingresos medios provenientes de las rentas del capital en la declaración de la renta (IRPF) del 0,01% más rico de España

Fuente: INE, Agencia Tributaria


El incremento de los ingresos por rendimientos de capital de estos millonarios ha sido un punto importante en el incremento de la brecha que existe de desigualdad.  Los superricos españoles son el grupo que más ha subido su renta media desde la entrada de España en la zona euro. Entre 2010 y 2019 se multiplicaron por tres (+190%): de 2,9 millones al año a 8,5 millones. Para el resto de españoles, subieron apenas un 18% en el mismo periodo.


Así ha aumentado la desigualdad entre el 0,01% más rico y el 90% restante

Variación porcentual de los ingresos de cada decil de renta sobre los que declararon en el IRPF de 2010


Ruiz Almendral reconoce que “hay muchas voces críticas”, entre las que se incluye, que plantean repensar algunos aspectos del impuesto. Si bien, asume que los principales estudios académicos que existen sobre este modelo dual apuntan a los problemas de elevar o igualar los tipos marginales de las rentas del ahorro con las del trabajo. 

El libro blanco para la reforma fiscal que realizó el comité de expertos elegidos por el Ministerio de Hacienda, en el que se encontraba Ruiz Almendral, se defendía buscar vías para ensanchar la base imponible eliminando beneficios fiscales no justificados. Si bien, apostaba por mantener el sistema dual, aunque se abriese a elevar los tipos para las rentas del capital. “Hay margen para subirlas”, apunta.

Diego Martínez López, profesor en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, explica la disyuntiva que existe en el debate sobre si deberían tributar de manera igual unas rentas y otras, que “sin duda” beneficia a las rentas más altas. A favor, apunta, se sitúan los argumentos que señalan una “mejora de la equidad” ya que el origen de la renta “no debe determinar su tributación”.

Además, habría una “mejora de eficiencia” porque el tratamiento fiscal favorable puede incentivar que se “maquillen” rentas del trabajo o mixtas (como la de los autónomos), como rentas del capital. En contra, sin embargo, remarca que “sin una armonización efectiva a escala internacional, si no hay tratamiento fiscal favorable, devendría en una huida de bases imponibles y, por tanto, un deterioro de la capacidad recaudatoria”.

Onrubia recuerda además que mover capitales dentro de la UE es algo “muy poco costoso” ya que basta con un ordenador con conexión a internet. Por ello, apela a medir con cautela cualquier reforma que pueda hacerse de este impuesto. “Las apuestas tanto de la UE como de la OCDE es establecer regímenes fiscales que combinen transparencia plena con una imposición ”mínima“ que evite la desfiscalización”, apunta.

Las diferencias de tributación de estas rentas es un capítulo más de un debate más amplio que engloba a toda la tributación de los ricos, tanto en España como a nivel internacional. La pandemia de COVID-19 y la necesidad de financiar mayores gastos públicos ha abierto brechas en el debate en organismos internacionales que han llegado a plantear recuperar figuras que graven las grandes fortunas o las multinacionales.

De hecho, en este sentido, Onrubia plantea que para “compensar” el menor gravamen efectivo de las rentas de capital financiero “se pueden aplicar otros impuestos personales, distintos del IRPF, que inciden sobre el ahorro, como el Impuesto sobre el Patrimonio o el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones”.

Ambas figuras han sido ampliamente contestadas por la derecha, que ha reclamado en repetidas ocasiones su eliminación y, en determinadas comunidades ya se bonifican. En los últimos días se ha confirmado este rechazo frontal después de que la Junta de Andalucía, gobernada por el PP, haya anunciado la bonificación del 100% del impuesto sobre Patrimonio. La medida, que ya se aplica desde hace años en la Comunidad de Madrid, ha sido ampliamente respaldada por el PP, quien ha hecho bandera de las rebajas de impuestos a los ricos.

Las estadísticas del impuesto sobre Patrimonio señalan cómo ha crecido la riqueza de los contribuyentes más ricos sin que apenas haya crecido la tributación. Las 120 personas más ricas de España por propiedades declaradas, pasaron de declarar 13.200 millones de euros en 2011 a más de 21.300 millones en 2018. Al mismo tiempo, los impuestos que pagaron esos superricos por Patrimonio apenas variaron: 54 millones de euros en 2011 y 68 millones en 2018.

El citado comité de expertos se posicionó a favor de la creación de un “mínimo gravamen efectivo” para toda España para evitar la “nociva” batalla territorial en las rebajas de impuestos. El Gobierno ha esquivado retomar esta propuesta que sí ha defendido en el pasado, aunque ha abierto la puerta a crear un impuesto a las grandes fortunas. “Seguimos explorando esa capacidad de mayor aportación a la gran riqueza de nuestro país o a las grandes fortunas”, señaló la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. Esta propuesta ya la avanzó hace meses Podemos, quien buscaba un impuesto específico para los patrimonios de más de 10 millones que fuera único en toda España.

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