¿Tiene sentido plantearse un plan de pensiones con 30 años? La economista Olivia Feldman explica en qué casos sí
Tras pagar el alquiler y lograr llegar a fin de mes, ahorrar puede convertirse en todo un reto. Por eso, a los 30, para muchos pensar en la jubilación o en planes de pensiones puede parecer ciencia ficción. ¿Tiene sentido preocuparse cuanto antes o es mejor esperar a una mejor estabilidad económica?
“A los 30 años lo importante no es tener un plan de pensiones ‘por obligación’, sino entender para qué sirve y en qué casos encaja. Si una persona joven ya tiene cierto margen de ahorro y una situación laboral relativamente estable, empezar a planteárselo es razonable, no tanto por la urgencia de jubilarse como porque el tiempo juega claramente a su favor”, defiende Oliva Feldman, economista y cofundadora de HelpMyCash. “Un plan de pensiones está pensado para la constancia y el largo plazo: es dinero que queda inmovilizado durante años y no sirve para imprevistos”, advierte.
Para aquellos perfiles jóvenes que no tienen tanta capacidad de ahorro y llegan con poco margen a fin de mes, la experta no recomienda dar prioridad a un plan de pensiones, “sino a construir hábito de ahorro y ganar margen financiero”. “Las cuentas de ahorro son una buena opción para empezar, sobre todo para crear un fondo de emergencia, porque permiten disponer del dinero en cualquier momento y empezar con cantidades pequeñas”, apunta Feldman, que da más importancia a la constancia y fijar objetivos realistas que al producto concreto en este tipo de perfiles. “Una vez que ese colchón está cubierto, se pueden valorar depósitos a corto plazo, que ofrecen algo más de rentabilidad sin perder demasiada flexibilidad”, sugiere.
Antes de comprometerse a un plan de pensiones, Feldman cree fundamental contar con un colchón de emergencia y con unos ingresos relativamente estables, ya que el dinero permanecerá bloqueado, como mínimo, durante diez años. “Ese colchón debería cubrir idealmente entre tres y seis meses de gastos y estar en un producto líquido, como una cuenta remunerada o un fondo monetario; en cuanto a la estabilidad laboral, no hace falta un contrato indefinido, pero sí cierta previsibilidad”, afirma la experta.
Con el tiempo a favor
Si los planes de pensiones están pensados como inversión a largo plazo, la economista explica que “su principal atractivo con 30 años es que las aportaciones se hacen con dinero antes de impuestos, lo que reduce la base imponible y hace que parte del esfuerzo lo ‘cofinancie’ el Estado vía IRPF”. “Ahora bien, no es una decisión universal ni prioritaria para todo el mundo: solo encaja si se puede asumir esa falta de liquidez y si también se entiende que la ventaja fiscal se aprovecha bien cuando se planifica correctamente el rescate”, valora.
Sin duda, la gran ventaja de empezar un plan de pensiones siendo joven es el tiempo. “Empezar pronto permite que cada aportación tenga décadas para crecer, no solo se acumula el capital aportado, sino que los rendimientos se reinvierten año tras año”, aclara Feldman. “Un ejemplo sencillo lo ilustra bien: aportar 100 euros al mes durante 35 años supone 42.000 euros de esfuerzo real, pero con una rentabilidad anualizada del 8%, por ejemplo, el capital final puede situarse en torno a los 230.000 euros”, ejemplifica la experta. “Esa diferencia no la genera el dinero, la genera el tiempo. Quien empieza más tarde tiene que compensarlo con aportaciones mucho mayores para llegar a cifras similares”, matiza.
Desde el punto de vista fiscal, Feldman destaca que los planes de pensiones son más interesantes para rentas medias y altas: “Especialmente para quienes soportan una retención de IRPF elevada, porque cuanto mayor es el tipo impositivo, mayor es el beneficio de aportar dinero antes de impuestos. Es decir, cuanto más se paga a Hacienda, más valor tiene la ventaja fiscal del plan de pensiones”.
Pero subraya la importancia del rescate, porque al recuperar el dinero tributa como “renta de trabajo”. “En términos sencillos: no es que no pagues impuestos, es que los pospones”, explica Feldman. “Si retiras todo de golpe en un año, ese importe se suma a tus ingresos de ese ejercicio y puede disparar la base imponible, haciendo que pagues a un tipo más alto. De ahí que el plan tenga sentido cuando, además de aportar, se piensa con cabeza cuándo y cómo se va a recuperar ese dinero para no perder parte de la ventaja fiscal”, señala.