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Más allá de la ciudad: turismo responsable en clave local

À. Monreal

Barcelona —

Mar y montaña, ciudad y campo, tradición y modernidad, urbe y micropueblo o religión y laicidad en 7.700 Km2 —el 24 % del total de la superficie de Cataluña—. Así, diversa y plural, se presenta la provincia de Barcelona. Formada por 311 municipios repartidos entre 14 comarcas que suman 5,7 millones de personas —el 74 % del total de la población catalana—, esta demarcación no es solo un motor económico, agroecológico y cultural, sino también un paradero por descubrir más allá de su capital, la ciudad de Barcelona. Paisajes, centros de culto, termalismo, viñedos o playas son algunas de las propuestas para pasar las vacaciones o hacer una escapada, fomentando así un turismo más sostenible y de proximidad.

Accesible por tierra, mar y aire —las infraestructuras son otro de sus puntos fuertes—, la provincia de Barcelona ofrece un conjunto de actividades y servicios de calidad para satisfacer a todos los visitantes. A los amantes del patrimonio les aguardan cuatro poblados íberos —La montaña de Olèrdola, L'Esquerda, El Cogulló y Ca n'Oliver—; joyas del románico como la Seu d’Ègara, en Terrassa, con las iglesias de Santa Maria, Sant Miquel y Sant Pere, el Monasterio de Sant Cugat, con uno de los claustros románicos más importantes de Europa, con 144 capiteles, o el castillo y la colegiata de Sant Vicenç de Cardona; colonias industriales junto a los ríos Ter y Llobregat, o la eclosión modernista desde Sitges hasta Canet de Mar —con edificios de Lluís Domènech i Montaner—, pasando por Santa Coloma de Cervelló —con la cripta de Antoni Gaudí en la Colonia Güell— o Vilafranca del Penedès.

Uno de los puntales de la zona y centro neurálgico de la cultura catalana, el monasterio y la abadía de Montserrat, que justo este año celebra el milenario de su fundación, emerge en medio de uno de los parajes naturales más peculiares. Las agujas que dibujan el perfil de la montaña de Montserrat no han pasado desapercibidas a lo largo de la historia, hecho que le otorga un carácter simbólico, mágico e incluso esotérico. El macizo esconde más de un centenar de cuevas, entre las que destacan las del Salnitre, un paseo subterráneo de 400 metros de longitud adaptado a las visitas turísticas.

14 parques naturales por explorar

Otro monasterio, en este caso budista, se agazapa en el Garraf. Este entorno montañoso de vegetación peculiar forma parte de la red de 14 parques naturales de la Diputación de Barcelona lugares de alto valor paisajístico, ecológico y cultural que abarcan 102.772,5 hectáreas. Espacios protegidos con centros de información y documentación, itinerarios señalizados y rutas guiadas, museos y exposiciones temporales, equipamientos pedagógicos y culturales, albergues, alojamientos rurales, áreas de esparcimiento y de acampada, publicaciones y audiovisuales, además de cursos, talleres y estancias ambientales para la ciudadanía. El Parc Natural del Montseny, el mayor de todos —50.166 hectáreas—, también es Reserva de la Biosfera desde 1978. Se trata de un mosaico de paisajes mediterráneos y centroeuropeos situado al lado de grandes conurbaciones metropolitanas que, además de albergar una biodiversidad extraordinaria y centenares de senderos, se puede recorrer en bicicleta.

El cicloturismo, el senderismo y la escalada tienen en el Pedraforca uno de sus mayores retos. Esta montaña de 2.506,4 metros, en el Prepirineo catalán, es una buena representante de las cimas alpinas que, además, acoge una gran diversidad de fauna y especies raras en Cataluña.

Para quienes prefieran la playa, la costa barcelonesa abarca 107 espacios a lo largo de 61,6 kilómetros, desde El Garraf hasta El Maresme. Zonas de ocio y bienestar saludables, sostenibles, seguras, libres de humo y con chiringuitos y restaurantes donde saborear la rica gastronomía catalana. Gamba roja de Vilanova i la Geltrú, dorada, salmonete, merluza, pulpo, mero o palometa son algunas de las piezas que los pescadores traen a las lonjas municipales cada semana, entre las que destaca la de Montgat, por ser la única subasta tradicional, cantada, que queda en todo el litoral catalán.

Placeres para disfrutar de la vida

La huerta de El Maresme y, sobre todo, la de El Baix Llobregat alimentan a la población barcelonesa, que también se provee de carnes de Osona y de El Berguedà. Alimentos de temporada y de proximidad que nutren e inspiran a los 24 restaurantes con estrella Michelin que reúne la demarcación. Y sin olvidar los viñedos de las tres denominaciones de origen (D.O.) autóctonas —D.O. Penedès, D.O. Alella y D.O. Pla de Bages—, que además de acompañar los ágapes ofrecen visitas a sus bodegas y actividades de cata o de maridaje.

Finalmente, quienes busquen unos días de descanso y desconexión o quienes quieran combinar las excursiones con actividades más relajantes, Caldes de Montbui, La Garriga, Arenys de Mar y Caldes d’Estrac destacan por sus aguas termales, utilizadas antaño por los romanos.