Curar a las personas sin enfermar al planeta: el reto de la sanidad ante su propia huella de carbono

Desde hace unos años la salud se ha convertido en un tema transversal en las cumbres del clima y se ha demostrado que hay un vínculo directo entre la salud de las personas y el planeta. Desde la Cumbre del Clima (COP26), en Glasgow, ha cobrado impulso entre gobiernos y organismos internacionales alinear el desarrollo del sector de salud con la ambición del Acuerdo de París. Se contribuyó a asegurar el compromiso para desarrollar sistemas de salud resilientes, sostenibles y con bajas emisiones de carbono a través del Programa de Salud de la COP26. Uno de los objetivos es que la temperatura global de la tierra no aumente más de 1,5ºC respecto a los niveles preindustriales a finales del siglo.

Una muestra de cómo se puede traducir este compromiso en iniciativas concretas y tangibles son los Premios Sanidad #PorElClima, que cuentan con el apoyo de la compañía biofarmacéutica GSK y que reconocen el compromiso y la ambición de los centros y servicios de salud españoles que ya están actuando en esta dirección. Uno de los premiados ha sido la iniciativa Neumología Verde Marañón: Respirando Futuro, del Hospital Universitario Gregorio Marañón

Cambio climático y salud humana

El cambio climático, además de una crisis ambiental, también es un problema creciente para la salud humana. Es considerado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la mayor amenaza para la salud pública en el siglo XXI. Según datos del Ministerio de Sanidad, se calcula que el sistema sanitario global tiene una huella de carbono equivalente al 4-5% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Es clave, por tanto, promover un enfoque audaz y sistémico para minimizar el impacto climático derivado de la estructura que sustenta la sanidad y alinear la acción climática con los resultados en salud, situando la salud en el centro de la acción climática. 

Y en ello trabaja la plataforma Sanidad #PorElClima, cuyo objetivo es catalizar un cambio sistémico transformador que ejecute una función simultánea: la de reducir las emisiones y fomentar la resiliencia climática y la de fortalecer las bases de la salud y el bienestar de las personas. 

Sanidad comprometida contra el cambio climático

Neumología Verde Marañón: Respirando Futuro transforma la práctica clínica a favor de la acción climática, promueve el uso racional de recursos, la gestión eficiente de residuos y la reducción de gases de efecto invernadero. “Se trata de una iniciativa conjunta de los Servicios de Neumología y Gestión Ambiental del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, que nace en el marco del Plan Azul Marañón, el proyecto de descarbonización y que se encuentra alineada con la estrategia DeCerca del Hospital”, afirma el doctor Javier de Miguel, jefe de Sección de Neumología del citado hospital. El objetivo para 2030 es reducir en un 50% las emisiones y lograr que, para el año 2050, se haya consolidado el objetivo de emisiones netas cero. 

Para conseguirlo, “el proyecto Neumología Verde Marañón: Respirando Futuro integra la sostenibilidad ambiental en la práctica diaria clínica, con el fin de reducir la huella de carbono asociada a la atención de los pacientes con enfermedades respiratorias, sin comprometer en ningún momento su seguridad ni la calidad asistencial”, reconoce De Miguel. A este objetivo se le suma otra meta: mejorar el control de las enfermedades respiratorias, como la EPOC, disminuir las exacerbaciones y las hospitalizaciones evitables, así como promover una prescripción más responsable. “Queremos demostrar que sostenibilidad y excelencia clínica no solo son compatibles, sino que se potencian mutuamente”, reconoce Julia Rodríguez, jefa de Sección de Gestión Ambiental del Hospital Gregorio Marañón.

¿Cómo se trabaja para conseguir este objetivo? En palabras de Rodríguez, la iniciativa analiza de manera organizada “el impacto ambiental de los principales procesos clínicos neumológicos -el uso de inhaladores, la educación sanitaria, la prevención de exacerbaciones y la organización asistencial- para alinear la atención a los pacientes con enfermedades respiratorias con los principios de salud ambiental y acción climática en el ámbito sanitario”.

Desde el hospital se trabaja en varias direcciones. Una de ellas es la prescripción “más consciente de inhaladores, priorizando alternativas con menor huella de carbono si son clínicamente equivalentes, la prevención de exacerbaciones con un mejor control y la formación de profesionales y pacientes en el uso correcto de los tratamientos y del reciclaje de los mismos”, afirma De Miguel. En este último paso cobra especial importancia explicar a los pacientes cuál es el uso correcto de reciclado de los residuos (Punto SIGRE).

Otra de las acciones clave para hacer frente al cambio climático es fomentar la digitalización y la telemedicina con el fin de evitar desplazamientos innecesarios. “Impulsamos la digitalización de procesos, la reducción del consumo de papel, agua y energía, la optimización de recursos y la sensibilización del equipo en aspectos medioambientales”, afirma Rodríguez. La finalidad es incrementar en un 20% el número de pacientes respiratorios que acceden a consultas virtuales y hospitalización domiciliaria.

Descarbonización segura y centrada en el paciente

Las enfermedades respiratorias crónicas, incluyendo el asma y la EPOC, son enfermedades prevalentes complejas, difíciles de tratar y, en ocasiones, mal controladas, lo que se asocia con una mayor huella de carbono debido a los ingresos hospitalarios motivados por las exacerbaciones. De ahí que el paciente deba tener “un papel activo y esencial”, afirma De Miguel. ¿Cómo se consigue el equilibrio entre garantizar que los pacientes reciban los tratamientos que necesitan sin enfrentarlos a la elección entre su salud y la del planeta?

Para De Miguel, lo más importante es “su correcta adherencia al tratamiento, el uso adecuado de inhaladores y su reciclaje, la prevención de exacerbaciones, la simplificación de la posología y la adopción de hábitos saludables”, así como revisar de manera periódica al paciente y modificar el tratamiento solo si es necesario. Se trata de aspectos que influyen tanto en la salud del paciente como en la reducción del impacto ambiental que supone su atención. 

Para reducir el impacto climático es necesario un cambio amplio: además de lograr un diagnóstico preciso y temprano de las enfermedades, es importante también mejorar la educación y la formación del paciente que le permita “comprender pequeñas decisiones cotidianas, como usar correctamente la medicación o evitar ingresos innecesarios”, afirma De Miguel. Todo ello no solo mejora su calidad de vida, sino que, además, contribuye a disminuir la huella de carbono en todo el proceso asistencial. El objetivo marcado de la iniciativa es que el 90% de los pacientes ingresados con tratamiento inhalado reciban formación sobre uso y reciclaje. 

Un proyecto transversal y replicable

Una de las grandes ventajas de esta iniciativa es que sus acciones son transversales y replicables a otros hospitales porque las metodologías usadas en formación, análisis de impacto ambiental, protocolos clínicos, educación a pacientes, formación a profesionales “pueden adaptarse fácilmente a otros servicios clínicos y áreas asistenciales”, afirma Rodríguez.

Esta iniciativa, concebida como un proyecto piloto, demuestra que incluir la sostenibilidad en la práctica asistencial “es posible y eficaz y puede servir de modelo para avanzar hacia un hospital más eficaz, resiliente y comprometido con la salud ambiental”, concluye Rodríguez, según la cual “la optimización de recursos y la reducción de impactos innecesarios fortalecen la sostenibilidad del sistema sanitario y nos permiten avanzar hacia un modelo asistencial más seguro, eficiente y preparado ante futuros retos”.

Para más información, consulte a su profesional sanitario 

NP-ES-RS-JRNA-260001 v1 (02/2026)