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Elige tu propia aventura, Albert

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Rivera, en el desayuno informativo del Ritz.

Cuando nos despertamos, Jaime de Marichalar seguía allí. Allí, en el Ritz.

Bueno, no nos despertamos exactamente, más bien salimos del estado de criogenización al que nos ha sometido el aire acondicionado del hotel en el desayuno informativo en el Fórum Nueva Economía con Albert Rivera. El aire, como decía, está a la exacta temperatura para americana de lana de Hugo Boss y los periodistas, ya se sabe, somos más de clima lagarto-lagarto, así que nos salen estalactitas hasta del píloro.

Ahí estamos, desayunando, en el Ritz y junto a la Bolsa, y todo huele a mundo anglosajón: los sangüichitos recortados, las melenas lacias y los trajes chaquetas del look Ciudadanos para ellas, el rollo JFK de raya al lado y corbata azul para ellos, los hijos pródigos que heredarán la tierra y se saludan con un “qué pasa, campeón” y palmada en el hombro. Estamos donde la política es el mercado de valores y el zumo de naranja da energías para empezar un nuevo y brillante día, un nuevo futuro para España, un futuro optimista frente a un presente desolador.

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Pablo Motos es un indeciso, existe un Pedro Sánchez a lo loco y Albert Rivera es muy suspicaz

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Pedro Sánchez y Susana Griso durante el programa de ayer.

Si me hubiera tomado un bourbon por cada una de las veces que un directivo/ejecutivo/productor de televisión dijo en mi presencia que la política no interesaba, que no daba audiencia o que las entrevistas como género estaban muertas y que no funcionaban, hoy quizá sería alcohólica. Me acuerdo mucho de ellos desde que la tele puso el foco de nuevo en la política e intentó innovar, sorprender con nuevos formatos. Es verdad que lo hacen en su propio beneficio, ¿y qué?

El caso es que, con mayor o menor fortuna, la televisión ha conseguido que la política (que lo es todo) se haya colado en lugares, en salones de casas donde jamás había entrado antes. Y eso es bueno, así como concepto. Cada vez que me siento a ver un nuevo programa de televisión donde un candidato va a dejarse zarandear, mecer, acariciar o lo que sea por una estrella o por varias de la pequeña pantalla, me vuelvo a acordar de ellos.

En esta campaña eterna ha habido varias noches como la de anoche, en la que una cadena o varias dedican esfuerzos, horas, y programas especiales a la política, teniendo como protagonistas a alguno de nuestros candidatos. Una de las ventajas de que se haya acabado el bipartidismo es esa, que las teles tienen más material, más munición, más sangre nueva con la que alimentarnos a todos.

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Un minuto y 50 segundos

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Los candidatos, momentos antes del inicio del debate.

Se acabaron los debates bipartidistas. Era una buena noticia que, por fin, un debate de presidenciables fuera a cuatro. Los hombres españoles pueden estar satisfechos: los temas que se suelen abordar sistemáticamente en este tipo de debates estuvieron representados ideológicamente por más colores políticos que de costumbre. Economía, paro, independencia de Cataluña, autónomos… hasta lo que no les interesa en absoluto estuvo defendido y atacado por los cuatro presentes: Venezuela, Grecia y la beca de Errejón.

Por supuesto, los temas importantes también nos interesan a las mujeres. Sólo que, siendo mujeres, nos preocupan muchas otras cosas que nos afectan específicamente por nuestro género. Problemas como la violencia de género, el techo de cristal, la feminización de la pobreza, la violación de una de nosotras cada siete horas, los feminicidios, la brecha salarial…

Pero ni el formato estaba previsto para tener en cuenta al 50% de la población, ni los temas pactados se referían a las causas que fomentan la desigualdad de género. Además, y como guinda patriarcal, no sólo había cuatro hombres anoche: había seis, porque de los tres periodistas que hacían las preguntas, dos eran también hombres. Sólo Ana Blanco, entre Pedro Piqueras y Vicente Vallés, rompía un espacio claramente masculino. Y, casualmente, sólo ella fue la que pidió, repidió e insistió -literalmente rogando- en que, por favor, intentaran hablar menos para que diera tiempo, “si fuese posible, por favor”, a hablar un ratito de la violencia de género (del resto de temas nos olvidamos, no hay tiempo, ni ganas, ni mucha idea de qué se podría decir). Y se habla de violencia de género sólo porque, de todos los temas que nos afectan a las mujeres por serlo, es el único que acaba matándonos.

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Debatir con corbata, debatir sin corbata

Era la primera vez para todos. La primera vez que debatían los cuatro juntos en televisión; la primera vez que se jugaban tanto; la primera vez, para Rajoy y Sánchez, que no tenían de moderador a Campo Vidal; la primera vez que debatían tras un partido de la Eurocopa donde España había ganado uno a cero contra la República Checa (por cierto, el gol lo había marcado el catalán independentista, Piqué).

Cuatro cadenas de televisión (TVE, Tele 5, Antena 3 y La Sexta) les dedicaron la noche a los candidatos, no solo emitiendo el debate íntegro, sino adornándolo con teloneros y con epílogos. Total, que anoche no había ni un solo tertuliano en su casa, tranquilamente repantigado en el sofá. Todos estaban en los platós de televisión para analizar las previas, los durante y los después del debate.

El asunto, que reclamó tantísima atención mediática, arrancó con unos cuantos minutos de retraso por problemas menores de logística y se alargó más de dos horas. Sonó una música que sonaba a cualquier cosa menos a siglo XXI -en Twitter la calificaron de monárquica- y entonces apareció Ana Blanco diciendo "buenas noches" y presentando al resto de los moderadores: Vicente Vallés, tan eficaz como siempre, y Pedro Piqueras, que creo que no tuvo su mejor noche. El plano se abrió y vimos a los cuatro candidatos a presidente del Gobierno, cada uno detrás de su atril, y entonces pensé: pase lo que pase España no tendrá un presidente bajito (este es el comentario frívolo que no puedo dejar de colar, ya lo saben todos).

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Mariano no quiere que hablen de él

A Mariano lo soltaron a caminar rápido en Torrevieja y acabó en el Palacio de Congresos de Madrid. Venía sudado, con sus guacheras bucales de rigor y supongo que de tanto patear a buen ritmo ni se paró a saludar a los trabajadores de TVE que esperaban a los líderes políticos a la puerta del edificio. No se le vaya a joder una buena marca por culpa de cuatro liberados que te esperan para contarte sus putos problemas. En el mundo pony del presidente si un español no llega a fin de mes, sufre los recortes de Sanidad o es autónomo y anda jodido, es problema suyo: no será porque el PP no nos ha ayudado durante estos cuatro años. Por no existir, en su mundo teletubbie ni existen las cartas que él mismo mandó a Juncker declarándose su admirador, su esclavo, su siervo, su amigo.

Limpiadora en el debate a cuatro.

Limpiadora en el debate a cuatro.

Pero antes de que lleguen los candidatos todo se prepara en el Campo de las Naciones. Una señora de la limpieza impermeabiliza los atriles, supongo para que no les cale ese aburrimiento que llegaría más tarde. A los invitados VIP los meten en la sala ‘Caracas’, lo que demuestra que Venezuela sigue en campaña. Y un técnico prueba sonido con la siguiente frase: “Soy Pedro Piqueras ¡y estoy más calvo!”. Se oye bien y Piqueras está más calvo, o sea que el show empezará perfecto asumiendo que, tristemente, Dani Rovira se ha negado a presentarlo.

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Entrevista (falsa) a Alberto Garzón  

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Me cito con Alberto Garzón en la cafetería de un céntrico hotel madrileño de dos estrellas. Al llegar, descubrimos que los hoteles de dos estrellas no tienen cafetería, así que vamos a un Starbucks. Garzón pide un latte macchiato templado. Cuando el dependiente le pregunta su nombre para escribirlo en el vaso, Garzón rompe a llorar. Yo intento abrazarle, pero él me rechaza y dice: "Quita, que lloro más".

Señor Garzón, muchas gracias por aceptar esta entrevista. 

Bueno, no es que tenga mucho que hacer, ¿sabes? Había pensado echar una Magic con mi cuñado, pero me da fuera de cobertura desde hace un par de meses.

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Cómo pasar a Pablo Iglesias por el Arco del Triunfo

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El líder de Unidos Podemos, Pablo Iglesias, posa junto a Edu Galán

Cuando llegué al mitin de ‘Unidos Podemos’ allí no había nadie. La gente caminaba de sábado por el barrio de Gracia como si fuese domingo, entre sucursales bancarias, un mercado y una franquicia de Rodilla que escogí, convenientemente, para ir a cagar. "¿Eres un okupa?", me pregunta un señor a la puerta del número 181 de Travessera de Gracia. Hostia. Con la emoción de que me pegase la policía y sin leer la convocatoria de prensa, me he ido al banco expropiado en lugar del Arco del Triunfo, donde se celebraba el mitin. Pico a la puerta de la sucursal por si me pueden poner una birra para la caminata. Hace mucho calor y no hay nadie. Nadie de nadie, nada. En tiza se ha escrito un horario de protestas. Pienso que el quejarme a mí me sale aleatoriamente, cuando la fabada está mal o cuando no funciona la ducha, pero en el momento que somos más ya me aburre. Por eso es muy respetable organizarse con tiza: los vecinos del barrio la respetan religiosamente, como con los precios de la pescadería o el bar.

Edu Galán

Edu Galán

Me dice un señor de Gracia: "Yo les traía ropa a los okupas porque el domingo la revendían para pagar su local". Genial, por lo menos no solo el Ayuntamiento soltaba pasta. Pienso en estafar al tipo: decirle que formo parte del movimiento okupa de Barcelona y revender su ropa, muy de paisano, muy de dar servicio, el domingo en el Rastro de La Latina madrileña. Me niego porque me recuerda a mi tío Juan aunque de izquierdas. Asumo mi, de fábrica, parte miserable y corro hacia el Arco del Triunfo. Mientras voy hacia allá pienso en dos mensajes sobre las planchas de hierro que cubren el local: "¿Violencia? Violencia son los minerales de nuestros móviles". Y otra me crea aún más desazón: "Me dejé la bufanda dentro, ¿y ahora qué hago?". Dos contras de la sociedad de consumo: el cáncer de tanto mirar Tinder y el frío en invierno.

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Debate de mujeres

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El periodista Vicente Vallés, posa con Margarita Robles (PSOE), Carolina Bescansa (Unidos Podemos), Inés Arrimadas (Ciudadanos) y Andrea Levy (PP) en el primer debate a cuatro de la campaña electoral, en Antena 3.

No iba a ver el debate de mujeres de Antena 3. Me lo prometí muy fuerte. De hecho, me fui de fiesta para no caer en la tentación. Por la mañana, con una resaca monumental, entro en Twitter y empiezo a ver tuits y memes del debate en cuestión. "Sé fuerte, Barbi", me digo. Pero no sirvió de nada. Me pudieron las ganas de criticar y cuando me quise dar cuenta estaba en Google tecleando: "Debate mujeres Antena 3".

Es importante entender por qué se hizo un debate de mujeres (que no de candidatas, como el de ellos). El único motivo es que vivimos imbuidos en una sociedad tan machista que nos parece normal organizar un evento donde el único denominador común es el género de las presentes, sin que importe que sólo dos de ellas (Bescansa y Robles) eran realmente candidatas y las otras dos (Arrimadas y Levy) estuvieran allí en calidad de mujeres, así, mujeres en general. ¿Se imaginan un debate así el 13J? Claro que no. Porque los hombres no van a debates por el hecho de ser hombres sino que necesitan más credenciales o no tendría sentido. Y es que realmente no lo tendría. Como no lo tuvo ayer.

PP y Ciudadanos no enviaron a candidatas para que asistieran a un debate de... atención: campaña electoral. Pero, bueno, como tenían a otras mujeres, les pareció una buena idea presentar a Andrea Levy y a Inés Arrimadas -que no se presentan el 26J- para que debatieran con las que sí se presentan. “¿No son todas mujeres? Pues adelante”, habrán pensado en Antena 3, que habían pedido a Levy y Arrimadas para el debate. Lo importante aquí es parecer progresistas, llamamos al debate con un condescendiente "las mujeres primero", y así maquillamos la realidad: el ninguneo a las políticas, que todos sabemos que por ahí andan pero a las que nadie escucha nunca.

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Cuatro mujeres de pie que no serán presidentas

Os creíais que no, pero la campaña de verdad arrancó anoche. ¿Qué ha estado pasando pues todos estos meses?, os preguntaréis. Bueno, cosas necesarias, calentamientos. No os pongáis tiquismiquis, que bien que habéis visto especiales varios con todos los candidatos. Anoche hubo otros dos hitos, y dos TT (no me cansaré de repetir lo tuiteras que están siendo todas las apariciones televisivas de los políticos en campaña), unas horas antes de que diera comienzo lo que aún se llama pegada de carteles. Que mucha innovación en videos y en formatos de programas, etc., pero ahí siguen, como en las primeras elecciones democráticas, con sus escobitas untadas de pegamento y venga, a las muros de la ciudad.

Primer hito, Pedro Piqueras entrevista a Mariano Rajoy en Telecinco al acabar el informativo. En la mesa. Modo convencional. Sentados. Una entrevista más. Rajoy no dice nada que no sepamos. Eso sí, pronunció una de las frases más ingeniosas que le había oído nunca. ¿Era sobre corrupción? No. Era sobre ese catálogo de Podemos customizado como el de Ikea. Dijo: “Podemos pretende ser sueco pero encubre la realidad griega”. Bueno, vale, tampoco es para tanto, pero es que pensad que el día anterior lo vi con los niños de Ana Rosa Quintana y dijo que “Murcia es una ciudad muy bonita. Yo he estado en muchos pueblos de Murcia”. Así que permitidme que vea esta frase ingeniosa.

Ya está. Fin de mi análisis sobre este primer hito.

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Sorpasso es lo que yo te diga y a ti te encontré en la calle

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Una cosa es que confluir sea una idea y otra muy distinta que se trate de un elemento físico, tangible. Una cosa es tomar la plaza y otra muy distinta, ir a una plaza y empezar un no-mitin. A las nueve de la noche todavía no es oficial, así que nos encontramos con una no-confluencia, con no-corazones, no-mitines, esto es el centro de Madrid y aquí no hay unas elecciones generales que ganar.

Bienvenidos al centro de los símbolos de la campaña electoral para Izquierda Unida: estamos en Lavapiés, a 32 grados a la sombra y suena una versión acústica del Ojalá de Silvio Rodríguez que muta, sorpresivamente, en Get Back de Paul McCartney. McCartney es el único Beatle vivo, pienso (todo el mundo sabe que Ringo Starr NO CUENTA). Corazones, pienso. Un cantautor cubano que dice "con los ojos cerrados se divisan infinitos", escucho. La segunda campaña electoral en seis meses y sus capitales semióticos va a acabar con nosotros.

Los reporteros buscan señales por todas partes de nueva política y lo que encuentran es una app de corazones para customizar la cara de Alberto Garzón -también disponible en tazas pro-cambio y carteles que son los mismos que los de hace seis meses porque sí, hace seis meses tuvimos unas elecciones y esto es Garzón redux, IU redux, Lavapiés a 32 grados a la sombra y más de uno se juega el voto al primer latero que aparezca. La lucha será cervecera o no será.

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