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Jose A. Pérez Ledo

Jose A. Perez es guionista, director de televisión y también, mira tú, escribe columnas de opinión en varios medios. A veces creen que es periodista, lo cual da una idea de cómo está el periodismo.

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Newton y los mojigatos

Cuando se ejerce una fuerza sobre un objeto, este devuelve otra idéntica en sentido opuesto. Así suele enunciarse el principio de acción y reacción, formulado por Isaac Newton en 1687.

A nadie se le escapa que nuestra sociedad globalizada está siendo objeto de una intensa fuerza. Opera de diversas maneras, en distintos frentes, siempre con un mismo objetivo: el exterminio del librepensamiento y de su principal manifestación, la libre expresión.

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No soy homófoba, pero los gays están enfermos

Me imagino a María Elósegui en Estrasburgo, tomando un café de máquina con sus compañeros del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Me gusta pensar que alguno de sus colegas es gay y que Elósegui, toda bondad ella, toda espíritu opusiano, le recomienda un buen terapeuta. La veo revolviendo su  latte macchiato y soltando, en perfecto inglés, que debería probar con el psicoanálisis y, si no funciona, porque el psicoanálisis ya se sabe, pasarse a los psicofármacos. El electroshock, por sus contraindicaciones, conviene dejarlo como última opción, solo para casos de obcecada desviación, de pertinaz mariconeo.

Elósegui no ve nada raro en defender los derechos humanos de los europeos y, al mismo tiempo, poner por escrito que la homosexualidad es una patología que deriva en depresión y suicidio. No siempre, claro. Ella no es una radical. Hay gays que no se tiran por la ventana pero que, a cambio, se pasan atribulados toda la vida porque, en fin, ¿cómo no vas a estar triste si desafías tu naturaleza biológica? ¿Cómo vas a estar bien de la cabeza si tus cromosomas van por un lado y tu corazón por otro?

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Lo que tu médico no te está contando

El fin de semana se celebró en Barcelona el Congreso Internacional Un Mundo Sin Cáncer, que llevaba por eslogan  Lo que tu médico no te está contando. Allí se habló, según varias crónicas fiables, de "sanación espiritual" y se culpó al paciente de sus enfermedades, algo habitual entre los adalides de las pseudociencias. Uno enferma porque calla, porque se lo busca, porque consciente o subconscientemente desea enfermar. Sonríe a la vida y te curarás. Busca la paz interior, hazte infusiones, pon aguamarinas en las repisas y saldrás adelante. Abraza un árbol. Sonríe. Lucha.

Tiene razón el eslogan del evento: tu médico no te cuenta eso. Afortunadamente, porque son majaderías que, en ciertos casos, pueden llegar a ser peligrosas. Pero hay otras cosas, estas ciertas, demostradas, que tampoco te cuenta tu médico y que tal vez convenga recordar.

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Un hombre es asesinado por su culpa

Los hechos ocurrieron el pasado día 28 de diciembre, cuando J.P., natural de Madrid, apareció muerto en plena calle con signos de violencia. Aunque la investigación permanece abierta, diversas fuentes aseguran que J.P. probablemente merecía que le pasase algo así. Varios vecinos confirman que no eran raros los miércoles que salía a tomar "una caña" y volvía más allá de las once de la noche. "Lo hacía incluso con lluvia", asegura un vecino que no duda en señalar esta conducta como la causante de su muerte.

Por si esto no fuese suficiente, J.P. salía con mujeres. A pesar de tener 35 años, no se le conoció pareja estable y muchos de sus conocidos aseguran que ni siquiera tenía un criterio estético definido. "Lo mismo le daban las rubias que las morenas", confiesa a eldiario.es un compañero de trabajo. Y añade: "Era cuestión de tiempo que acabase así".

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El país burbujeante

Cuando estalló la crisis, tal vez se acuerde, todo el mundo citaba a los chinos. "Una crisis es una oportunidad", decían. Eso nos aportó un neologismo, coach, que desembarcó en nuestro país con esa espiritualidad capitalista de la reinvención profesional. Quedarte en el paro, según esta filosofía, era una inmejorable coyuntura para hacer aquello que siempre habías soñado, desde plantar ajos en la terraza a montar una barbería con el dinero de tus padres.

También se dijo que la crisis podría tener una cara positiva: los españoles aprenderíamos, por la vía de la frustración, a valorar las cosas pequeñas, a no dejarnos arrastrar por los espejismos del capital, a ser financieramente responsables. Que las calles se llenasen de gente rebuscando en la basura, que decenas de miles de personas tuviesen que acudir a la caridad era una excelente noticia para nuestra conciencia como sociedad, porque eso nos demostraba que se puede tirar un rato más con el iPhone 6.

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España distópica

Tienen que estar de los nervios los autores de distopías. De un tiempo a esta parte, no hay manera de que la ciencia ficción pesimista coja una distancia razonable con la realidad. Si la cosa sigue así, en unos años habrá que colocar a Huxley y a Orwell al lado de Larra, en la balda de "Costumbrismos de ayer y de hoy".

Basta con echar un vistazo a los informativos (o, en su defecto, al Telediario) para comprobar que se nos está poniendo el país de un ciberpunk angustioso. Ahí están, por ejemplo, los policías municipales nazis imputados por una conversación privada. O eso creíamos, que era privada, hasta que, en un sorprendente giro de los acontecimientos, se nos ha explicado que privado ya no hay nada.

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Independentismo mágico

Cuando se ama o se desea mucho, la realidad puede llegar a convertirse en un estorbo. Les ocurre a los padres de niños feos, incapaces de valorar en su justa medida los escasos dones de sus retoños, y les pasa a los enamorados. También a quienes, de puro patriotismo, se acaban enamorando del terruño donde viven.

Desde el inicio de la crisis catalana, algunos nacionalistas han ido cultivando una suerte de independentismo mágico que, al igual que el movimiento literario del que bebe, trata de dotar de verosimilitud y coherencia las meras fantasías. Lo hacen, como aquellos escritores de boom, porque consideran que lo irreal es la mejor manera de explicar según qué realidades.

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El imperativo hormonal

Existe la teoría de que, si las mujeres copasen los puestos de poder, el mundo sería un lugar menos jodido. Es una afirmación indemostrable, y, por tanto, útil tan solo para entretenerse una noche de cervezas. Ahora bien, que la política adolece de un exceso de testosterona resulta algo evidente.

Desde su mismo principio, eso que algunos llaman el desafío catalán y otros el proceso de independencia ha estado cargado de tics testiculares. Un centenar de columnistas, tirando por lo bajo, lo ilustraron con la metáfora del juego de la gallina (ya sabe, lo de "Rebelde sin causa": un macho en cada coche, los vehículos enfrentados, quien se aparta, pierde).

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A favor de tirar España abajo

Seamos sinceros: nadie en su sano juicio querría ser español. Lo somos porque nos ha tocado, porque no hay más remedio. La españolidad se lleva igual que la cojera, la calvicie o la presbicia: con aguante y resignación. Te levantas de la cama, te miras al espejo y ahí tienes un español. Qué le vas a hacer, es lo que hay.

Cualquier persona cuerda, sensata y cultivada preferiría ser de algún sitio con una historia, si no menos negra, sí un poco menos necia. Francia, Canadá, Reino Unido. Todos esos países tienen sus traumas y sus problemas, qué duda cabe, pero, al menos, pueden levantar edificios sin miedo a que, en plena excavación, aparezcan los abuelos de medio pueblo allí enterrados. No me parece un detalle menor.

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Divertimento freudiano

Si aceptamos que somos primates y damos por buenos los experimentos con monos como fuente de autoconocimiento, resulta que todo lo que hacemos en la vida tiene solo dos propósitos: la supervivencia y la cópula. Desde madrugar a pintar la Gioconda, desde comprar el pan a desentrañar la estructura del ADN, cada una de las acciones de nuestra vida responden, en última instancia, a uno de esos dos objetivos: tirar para adelante o dormir acompañado.

A veces me da por aplicar este paradigma a la política solo por ver adónde me lleva. Me abstraigo de todo (ideologías, partidos, contextos) y trato de reducir a los políticos a la mera pulsión, a las motivaciones ocultas, al trauma infante, al Eros y al Tánatos.

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