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Barbijaputa

La fiesta

A la fiesta de la democracia, elecciones tras elecciones, estamos siempre todos invitados. Y, como en todas las fiestas, hay gente que no va, hay otros que van por cumplir pero sabiendo que no se lo van a pasar bien y otros que van eufóricos y a darlo todo. Los hay que van con lo puesto y los hay que van sabiendo que su entrada vale por más copas que la tuya. Hay gente que va muy harta de fiestas que luego resultan ser pesadillas y dejan una resaca de mil demonios. Luego están (estamos) los que piensan (pensamos) que esa será la fiesta definitiva que marcará un antes y un después; una donde, después de mucho tiempo soportando que paguemos la cuenta los de siempre para que solo la disfruten unos pocos, nos vamos a poner de acuerdo para echarlos a empujones, a ellos y a sus reglas maquiavélicas según las cuales ahora son los propietarios de la fiesta, del edificio y hasta de los panchitos. Y creen (creemos) que ya verás qué fiesta, que lo primero que vamos a suprimir será la zona VIP y vamos a lograr, sí o sí, que todos los invitados puedan beber, comer y expresarse por igual. Y te creces, porque imaginas un sitio donde los que se han colado año tras año, y encima te han robado el bolso, van a empezar a pagar todas las entradas pasadas y, además, te van a devolver lo robado. Hombre, pues solo faltaba.

Pero luego llega, una vez más, la fiesta de la democracia –qué digo fiesta: FIESTÓN– y te pones tu mejor vestido, te invade de nuevo la ilusión y la esperanza, “esta sí será la buena”. Has hablado con todos tus amigos, tus familiares, en todas las redes sociales la gente clama al cielo, porque está cansada, no puede más, tu pueblo entero está ahogado de recortes y de corrupción, no merecemos eso, y tú misma dices que normal, que hasta tú tuviste que emigrar hace mucho para tener un trabajo digno. Y tu hermana. Y amigos a los que ya no ves. Y está claro, esta vez no va a ser como todas las anteriores porque el sentimiento de hartazgo se respira en el aire, casi lo puedes tocar. Quizás no vaya a ser un giro completo pero lo que está claro es que hoy sí que empieza el cambio.

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Andaluces, levantaos

¡Andaluces, levantaos! / ¡Pedid tierra y libertad! / Sea por Andalucía libre, / los pueblos y la humanidad.

Ya sé que nadie escarmienta en cabeza ajena. Y que Grecia ya pasara por donde estamos pasando nosotros no nos servirá. Pero tengámoslo presente: Grecia sucumbió al miedo que los medios le infundieron con bombardeos sistemáticos de escenarios catastróficos (¿nos suena de algo?) para que siguieran votando a los de siempre y no salieran del camino diseñado por el poder.

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El efecto mariposa podemita

Mi hermana pequeña me llamó el otro día: “Barbi, ¿qué opinas de Venezuela? ¿Sabes de algún documental que lo cuente de una forma objetiva? Cada vez que pongo algo en Facebook sobre Podemos me salen con Venezuela y me he dado cuenta de que soy una ignorante en ese tema. Me gustaría informarme bien para poder contestar a lo que me dicen”.

Mi hermana siempre me pregunta sobre política y cuando creo que sé la respuesta se la explico de la forma más neutral que puedo, además de recomendarle periodistas o autores para que ella misma se forme su opinión.

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Falacias 'ab machismum' (volumen I)

Las personas feministas siempre tienen que mantener los mismos debates sobre machismo con reaccionarios del movimiento. Con el primer volumen de este recopilatorio podemos abreviar el debate que nos salga en el futuro con este tipo de interlocutores cuando se escuden en excusas y simplismos de 1º de Machismo.

1. El feminismo es igual de malo que el machismo (Falacia absque RAE).

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Andalucía sólo hay una, y menos mal

¿Qué fue antes: la andaluzfobia o la vergüenza de ser andaluz? ¿El no-andaluz corrigiendo al andaluz o el andaluz impostando su acento? ¿Qué fue primero: el andaluz que aceptó que hablaba “mal” o el no-andaluz condescendiente porque ignoraba que parte de su vocabulario es herencia de Al-Andalus?

¿Qué fue antes: el agachar la cabeza de unos o el levantar la barbilla de otros?

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Querido Alfonso Rojo

Decía la detective superintendente Stella Gibson (Gillian Anderson) en 'The Fall', parafraseando a Margaret Atwood: “Men are afraid that women will laugh at them. Women are afraid that men will kill them”, lo que traducido al castellano viene a decir que los hombres tienen miedo de que una mujer se ría de ellos y lo que temen las mujeres es que un hombre las mate.

Querido Alfonso Rojo:

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Los hombres que odiaban a las mujeres

No sé cuál es el motivo por el que los traductores de la trilogía de Stieg Larsson, “Milenium”, tradujeron el título del primer libro como Los hombres que no amaban a las mujeres teniendo en cuenta que, como supimos poco después, el título original ('Män som hatar kvinnor') significa literalmente “los hombres que odiaban a las mujeres”. Quizás lo hicieron porque el público español, en su batiburrillo de judeocristianismo e hipocresía, rechazaría un libro con un título tan directo.

Hay una gran diferencia entre 'no amar' y 'odiar' pero no vamos bien de sutileza, dado que incluso historias como 50 sombras de Grey las compramos como historia de amor.

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50 sombras de Paqui

Las entradas se venden como churros, mujeres de todas las edades se agolpan en las colas de las salas donde se proyecta la película. Leo también en los periódicos que la recaudación del film no deja de aumentar de forma obscena.

Yo, haciendo de tripas corazón y riñéndome a mí misma por contemplar la escena de forma condescendiente, me digo que, oye, igual me sorprende la historia, que aún no la he visto; ¿que he leído críticas devastadoras?, sí, pero joder, ¿quién sabe?, no quiero cerrarme en banda, yo he venido aquí a abrirme, a que me den hostias en los prejuicios, a que el argumento me ate a la butaca. Le echo valor y me digo que sí, que allá voy.

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¡Eres libre, tonta!

Que la noche de la gala de los Goya fuera la más fría del año no iba a impedir que no se celebrara una costumbre tan sana como la de mujeres desfilando –con vestidos que las dejaban tiritando– para que el resto de la sociedad juzgara su aspecto.

Tuve la osadía de reconocer en Twitter que deseaba que algún día, por fin, fuera socialmente inaceptable que profesionales tuvieran que posar y exhibir su físico antes de entrar en un auditorio donde se premiaba su talento, como si su aspecto estuviera relacionado de alguna forma con su valía profesional, solo para que la sociedad las juzgara.

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Je suis @Barbijaputa!

Hace unos días me topé con un tuit de alguien llamado @isaacj (Isaac Jiménez, orgulloso miembro de HazteOír.org, Intereconomía y demás organizaciones en pro de las libertades en general), que decía lo siguiente:

El 60% de los infectados por hepatitis C es por consumir drogas vía intravenosa y el 15% por irse de put*s. Y tenemos que pagar.

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