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OPINIÓN | Osadía antidemocrática, por Elisa Beni

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Barbijaputa es el seudónimo de la articulista que encontrarás bajo estas líneas. Si decides seguir leyendo darás con artículos y podcasts sobre el único feminismo sensato que existe: el radical.

"Sale más barato pegarle dos tiros"

Una madre con su hijo.

El otro día una compañera nos contaba que en su lugar de trabajo (y delante de ella), un trabajador le decía a otro que desde que se había separado tenía que vivir con sus padres y, además, pagarle a su mujer la manutención de sus hijos. Acababa la reflexión con un: "sale más barato darle dos tiros. Te bebes una botella de whiskey, le pegas dos tiros y luego dices que ibas borracho".

Me recordó a cuando hace unos años, escuché a un conocido con el que tomaba café decir algo similar. Él no estaba ni divorciado ni tenía hijos, pero lo dijo tal cual. Algo como "entiendo a los hombres que están asfixiados económicamente por culpa del divorcio y deciden matar a sus mujeres, porque se quitan el problema de en medio. Pasan unos años en la cárcel, pero es que ya viven en una cárcel". No recuerdo las palabras exactas pero la idea concreta era esa.

En aquel momento, y con más gente delante, intenté rebatirle en vez de levantarme e irme. Si podía quitarle de la cabeza a los demás presentes que aquella reflexión tenía sentido alguno, merecería la pena permanecer sentada. Uno de los hombres rio, otro sonrió incómodo y la chica, que sí era amiga mía y también feminista, me miró con los ojos muy abiertos... parecía más asustada por mi posible reacción que por lo que acababa de soltar su colega. "Estoy acostumbrada", me dijo luego encogiéndose de hombros cuando le pregunté qué hacía quedando con gente así.

No deja de horrorizarme que podamos acostumbrarnos a algo así después de haber abierto los ojos a nuestra realidad como mujeres.

La fantasía de matar a mujeres se cuela como la solución a algo en conversaciones de cafeterías o lugares de trabajo. La compañera que nos contaba en el podcast su experiencia observó cómo su alrededor rio las gracias al que había hablado de matar a su mujer, y ella fue la única que había problematizado la reflexión de su compañero.

Como decía, yo misma en aquel café, nerviosa y violentada, me sorprendí a mí misma ridiculizando a aquel tipo, centrándome en que matar a una mujer no solucionaría la deuda económica de nadie, sino que la multiplicaría, ya que las condenas económicas por matar a una persona son muy altas. Desmontarle su estrategia hizo que me mirara con la mirada perdida, en la que se leía un, "vaya por dios, entonces no hay forma de librarse de los problemas en los que te mete una mujer". Ni siquiera piensan en dejar a sus hijas o hijos huérfanos, en el hecho terrible de arrebatarle la vida a una persona, y mucho menos en el pequeño detalle de que la manutención de las criaturas no es un sueldo para su madre, sino el dinero que cuesta tener descendencia.

Esta idea de que matar mujeres es la solución a un sinfín de problemas de los hombres (causado por ellas, claro, que son las malas víboras) está más arraigada de lo que parece. Salimos a la calle cada 8 de marzo, hacemos activismo feminista allí donde vamos. Modificamos nuestras conductas y actitudes para con nosotras mismas y las demás. Estamos haciendo todo lo que buenamente podemos, de forma individual y colectiva, pero luchamos contra gigantes que ya no sólo son peligrosos por sí mismos, sino que tienen un partido al que votar y una representación en el Congreso. La frase que nos contaba la compañera: "me bebo una botella y digo que estaba borracho" no es ninguna tontería. Vox ya propuso "clasificar" los asesinatos de mujeres dependiendo de si el asesino había bebido o no. Como si el hecho de haber bebido te convirtiera en un asesino. Como si nosotras al beber fuéramos asesinando o violando a hombres también. Como si beber demostrara que un asesino no era machista, sólo alcohólico. Negar, negar y negar la naturaleza de la violencia machista como sea y cuando sea.

No sé cuánto durará esta legislatura, no sé cuánto tiempo se sostendrá el pacto entre Unidas Podemos y PSOE, pero no debemos dejar esta lucha en manos de nadie. Ya ocurrió con el 15M, que se terminó de escurrir con la formación de Podemos.

No podemos delegar nuestros derechos, nuestras luchas y nuestras exigencias en nadie, mucho menos en partidos políticos. Debemos seguir peleando, saliendo a la calle, reuniéndonos y organizándonos, convenciendo a más y más personas... básicamente porque mañana Vox puede tener aún más respaldo social (después de la conformación del Gobierno, los resultados de las encuestas son poco esperanzadoras), y todo lo que hemos ido consiguiendo por la liberación de las mujeres puede irse por el desagüe de forma fulminante.

Somos nosotras quienes lideramos, quienes peleamos, quienes conseguimos metas, ningún partido lo hace por nosotras, la clase política es nuestra servidora pública, y su deber es limitarse a cumplir con las exigencias de quienes pelean. Ya sabemos que hay partidos con más vocación de servicio público que otros, y que los que tenemos ahora dan un poco de esperanza, pero eso no significa que podamos relajarnos ni confiar a ciegas. Ahí fuera sigue habiendo hombres planeando matar a sus parejas, muchos ya lo han hecho, otros lo están haciendo ahora... el mañana depende de que no deleguemos, no cedamos, no dejemos de ser críticas y no paremos nunca de pelear.

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Publicado el
21 de enero de 2020 - 21:16 h

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