El apostolado del nuevo ministro del Interior
1997 fue el año en que el Señor dijo: “Hasta aquí hemos llegado. O caixa o faixa”. Pero mi camino de retorno empezó en 1991. Seis años antes. -Ya he dicho que mi conversión fue más agustiniana que paulina, que me hice mucho de rogar. ¿Qué pasó en 1991? -Me encontraba de viaje oficial en Estados Unidos, invitado por el Departamento de Estado. Un fin de semana nos llevaron a Las Vegas. Allí, por medio de un gran amigo, que sin duda fue un instrumento de la providencia de Dios, Él salió manifiestamente a mi encuentro. Lo recuerdo y pienso en san Pablo: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia”. ¿Lo dice por usted o lo dice por Las Vegas? -Lo digo por mí y lo digo por Las Vegas. ¿Es fácil tener presente a Dios en el Congreso de los Diputados? -Aunque parezca que le hayamos cerrado la puerta, aunque a veces no lo queramos ver o escuchar, tengo la íntima convicción de que Dios está muy presente en el Congreso. Las Cortes son el órgano legislativo del Estado y Dios, el gran legislador del universo. ¿Cómo vive la política? -Como un magnífico campo para el apostolado, la santificación y el servicio a los demás, como mi vocación personal y específica, el lugar donde Dios quiere que esté. Para un católico, dedicarse a la política, aquí y ahora, es un reto apasionante.
Jorge Fernández, nuevo ministro del Interior, en una reveladora entrevista con el director del semanario Alba, del Grupo Intereconomía.
// Fernández, en otra entrevista con Salomé García en El Periódico, en 2002: “Reencontrar a Dios ha dado un nuevo sentido a mi vida”