¿Hay algún veterinario entre el público?
Es una tragedia griega. Resulta que vivo con dos gatos que se llaman Gaviria y Guichandut en honor a dos tenores. Son una mezcla entre persa y Maine Coon, son hermanos, llevan juntos desde que nacieron y tienen más pelo que mimos. Total, que hace unos días decidí que ya estaba bien de sufrir con tanto pelo molesto y de que ellos, pobres, sufrieran esa manta zamorana con el calor que se pasa en Madrid. Y les pedí hora en el peluquero felino para que les aliviase la melena.
Como además de peludos son bastante grandes, no se les puede llevar de un viaje, así que pedí hora para uno de ellos el miércoles y para el otro hoy viernes. Y anteayer le cortaron el pelo a Gaviria.
El gato está guapísimo, como siempre, y mucho más cómodo sin tanto calor. El problema es que ahora su hermano, que nunca fue muy listo, no le reconoce. Guichandut está angustiadísimo. No para de bufar y de gruñir a “ese gato nuevo que me habéis traído” y mira por el trasportín a ver si aparece su hermanito. Lo dicho, nunca fue muy listo.
Mi duda ahora es qué hacer con la cita del peluquero de Guichandut. Me angustia pensar que pueda pasar lo mismo, y que Gaviria –que, de momento, reacciona a los bufidos de Guichandut pasando del tema y sin enfadarse– tampoco reconozca a su hermano tras el peluquero y le empiece a atacar también.
Sé, por experiencia, que aunque fuese un gato nuevo que llega a casa, acabarían entendiéndose con el paso del tiempo. Pero no me digan que no sería entre trágico y ridículo que ambos gatitos añorasen a su hermano viviendo con él.
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