Jesús de Polanco, el presidente del Grupo PRISA, acaba de fallecer. El editor más poderoso de la historia de España murió esta mañana a los 77 años de edad, víctima de un cáncer. Hace unos meses, ya había designado a su hijo, Ignacio de Polanco, como su sucesor al frente de un conglomerado mediático que nació desde la fuerza de El País. Polanco, primer consejero delegado del diario, desplazó al resto de los accionistas minoritarios y a su fundador, José Ortega Spottorno, hasta hacerse con el control del medio de comunicación más influyente de la democracia. Tras el éxito de El País, después llegó la radio, la televisión y la expansión latinoamericana.
A Polanco lo hicieron popular sus enemigos, que exageraron su poder e influencia hasta extremos caricaturescos. Sí, claro que mandaba. Pero no tanto como algunos le han atribuido. El 27 de junio, hace unas semanas, Jesús de Polanco acudió a uno de sus últimos actos públicos: la entrega de premios de la Asociación de la Prensa de Madrid. Yo también estaba por allí y pude seguir su último discurso. Polanco acudió arropado por la plana mayor de su grupo, 35 personas entre directivos y periodistas. Se le veía enfermo, cansado. El desenlace de su enfermedad parecía ya inminente.
Polanco pasó gran parte de ese acto hablando con Esperanza Aguirre, que estaba sentada a su lado, y a la que luego dedicó desde la tribuna una crítica por el boicot informativo que puso en marcha el PP contra su grupo y su persona. Esperanza, más tarde, le devolvió el cumplido elogiando a todos los premiados salvo a él, al que despachó con un par de frases genéricas sobre el importante papel de los editores. ¡Y tanto que son importantes! Polanco, con sus luces y sus sombras, fue un gran editor. Tal vez el mejor de España, si la vara de medir es el éxito económico. También consiguió elevar el nivel de exigencia y de libertad de la prensa española en un momento difícil, arriesgado, como fue la Transición. El Grupo PRISA, en un presente complicado, le echará muchísimo de menos. Sus periodistas también.