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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

La energía, rehén de la geopolítica: hacia un cambio de modelo

José Ignacio Asensio, en la puesta en marcha de la Oficina de Transformación Energética

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El tablero geopolítico mundial vive en continua tensión. Guerras que no terminan, conflictos que se solapan y efectos que se extienden mucho más allá de las fronteras donde estallan.

Lo primero y más importante, por supuesto, son siempre las vidas humanas. Millones de personas sufren las consecuencias directas de guerras que nunca eligen. Guerras que no sólo se cobran víctimas en los territorios en conflicto. También tienen impactos profundos en la economía global y, en consecuencia, en la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo.

Lo estamos viendo de nuevo estos días. El encarecimiento del petróleo y de la energía vuelve a trasladarse a los hogares, a las empresas y al conjunto de la economía. Cada escalada bélica se traduce en más incertidumbre, volatilidad de precios y una sensación creciente de vulnerabilidad. Es lo que ha provocado la guerra de Donald Trump y Benjamín Netanyahu. 

Y lo más importante, cada crisis internacional vuelve a poner de manifiesto una realidad: eue Europa sigue siendo altamente dependiente de mercados energéticos externos. Nuestra autonomía estratégica es limitada. Dependemos de decisiones y acontecimientos que se producen a miles de kilómetros, pero que condicionan directamente nuestro bienestar y nuestra competitividad. Nuestra capacidad de desarrollo.

Y ante esta situación, urge actuar. Así lo ha vuelto a hacer el Gobierno de España. Con un paquete de medidas para amortiguar el impacto inmediato de la guerra sobre la ciudadanía, que incluyen la rebaja del IVA de los carburantes, la electricidad y el gas. Ayudas que protegen a los consumidores más vulnerables, garantizando el acceso a suministros básicos en un contexto de fuerte presión sobre los precios.

Medidas necesarias y oportunas. Pero la experiencia acumulada en los últimos años nos demuestra que las respuestas coyunturales, siendo imprescindibles, no son suficientes. Cada crisis internacional vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de abordar cambios estructurales en nuestro modelo energético.

Porque la transición energética no es solo una cuestión ambiental. Es también una cuestión económica, social, y estratégica. Avanzar hacia un sistema más autónomo, resiliente y justo es una necesidad inaplazable.

En Gipuzkoa lo entendimos hace tiempo. En un territorio con escasez de materias primas y una dependencia energética cercana al 90%, apostar por un cambio de modelo energético no es una opción, es una obligación.

Así lo entendimos y así lo hicimos. Ese cambio se está materializando en una nueva cultura que sitúa a las personas en el centro del sistema energético. Un modelo de autoconsumo compartido basado en la producción y gestión compartida de energía renovable que se articula a través de comunidades energéticas locales.

Lo que, en 2020, en plena pandemia, no era más que una idea innovadora, hoy es una política pública consolidada, que se traduce en 67 comunidades energéticas activas en el territorio, 6 de ellas de carácter industrial. Entre todas generan más de 13,4 millones de Kwh al año, y gracias a este modelo, más de 10.000 familias y decenas de pequeñas y medianas empresas guipuzcoanas están viendo reducida su factura eléctrica en un 30%.

No se trata sólo de producir energía limpia. Se trata de democratizar el acceso a la energía, de reducir vulnerabilidades y de construir una economía más resistente frente a los vaivenes del contexto internacional. 

Actualmente, siete de cada diez municipios guipuzcoanos cuentan con al menos una comunidad energética. Nuestro objetivo es alcanzar la totalidad del territorio en 2027. Para lograrlo, el departamento de Sostenibilidad de la Diputación Foral de Gipuzkoa financia hasta el 75% de la creación y puesta en marcha de estos proyectos, apoyo que llega al 100% en los municipios más pequeños. 

Ya hemos destinado más de 6 millones de euros a desplegar esta red y hemos puesto en marcha la Oficina de Transformación Energética de Gipuzkoa. Una herramienta pública y gratuita que acompaña a ciudadanía, empresas y ayuntamientos durante todo el proceso, ofreciendo asesoramiento técnico, jurídico y financiero.

El cambio de modelo está en marcha en Gipuzkoa. Un cambio de cultura energética que no tiene vuelta atrás. En un contexto internacional marcado por la incertidumbre, apostar por la autonomía energética local es apostar por la estabilidad económica y la justicia social. 

Necesitamos sistemas más próximos, más participativos y sostenibles, y el ejemplo son las comunidades energéticas.

Porque como decía al principio, la transición energética no es sólo una respuesta al cambio climático. Es también una estrategia para construir territorios más resilientes y menos dependientes de crisis que no controlamos. Y en ese camino, Gipuzkoa no espera. Actúa.

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