Condenan en Álava a un hombre por nueve delitos de agresión sexual, pornografía y prostitución de menores
La Audiencia de Álava ha condenado a un hombre por la comisión de nueve delitos que suman 46 años de prisión. Son dos delitos continuados de agresión sexual a menores, uno de agresión sexual a menores en grado de tentativa, dos continuados de hacer presenciar actos de carácter sexual, uno continuado de utilización de menores para elaboración de material pornográfico y tres de prostitución de menores. El condenado, nacido en 1998 y que podría llegar a cumplir un máximo de 25 años en prisión, se encuentra, según recoge la sentencia, en situación irregular en España. Además de abonar las costas, deberá indemnizar a las víctimas en concepto de responsabilidad civil con unas cantidades que suman 42.000 euros.
La sentencia, datada el 12 de febrero y firmada por los magistrados Jesús Poncela, Silvia Víñez y Ana Jesús Zulueta, que ha sido la ponente, recoge como hechos probados que el condenado estuvo, al menos desde enero de 2023, relacionándose con menores de edad en las inmediaciones del campo de fútbol de un colegio de Vitoria. “El procesado pretendía ganarse la confianza de algunos de los menores para poder mantener relacion sexuales con ellos”, señala. Los menores con los que con mayor asiduidad se veía tenían entonces 14, 11 y 10 años.
Se quedó con ellos a solas “con el propósito de obtener satisfacción sexual” y, además de practicarles tocamientos, los violó y utilizó a algunos de ellos para grabar los hechos. En un teléfono móvil incautado al procesado, se encontraron imágenes de los actos. El condenado engañaba también a los menores con subterfugios para que lo acompañasen a su domicilio, donde en alguna ocasión les ofreció dinero a cambio de actos sexuales. En una ocasión, uno de los menores se zafó y huyó hacia su casa, tras lo cual el procesado lo persiguió sin darle alcance. La madre del menor interpuso una denuncia por estos hechos.
La sentencia sostiene que el condenado “presenta un cuadro compatible con un trastorno parafílico (tastorno de pedofilia)”, si bien no ha sido “filiada ni diagnosticada al no haber solicitado seguimiento psicológico alguno en el pasado ni en la actualidad”. “Sus facultades cognitivas y volitivas en el momento de la comisión de los hechos se encontraban conservadas en grado suficiente como para entender y querer sus comportamientos, conociendo y comprendiendo la moralidad de los mismos”, matiza.