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Armas para el ejército vasco. La batalla del Saibigain (II)

Ametralladora Hotchkiss de calibre 7x57 del Ejército vasco en el frente de Otxandio en manos de guardias de asalto de Bilbao (fondo de Bill Williamson, Librery and Archives Canada).

Ametralladora Hotchkiss de calibre 7x57 del Ejército vasco en el frente de Otxandio en manos de guardias de asalto de Bilbao (fondo de Bill Williamson, Librery and Archives Canada).

En el artículo anterior, tras la debacle del Ejército vasco en Otxandio, teníamos a las brigadas de Navarra en los puertos de Barazar, Zumelza (Dima) y Urkiola. En este último, el monte Saibigain había caído en poder del tercio de Navarra. Al anochecer del 6 de abril de 1937 llegaron el batallón Gordexola (PNV) y la 2ª Brigada Expedicionaria de Asturias, cuyos batallones n.º 208 Víctor y n.º 225 Lenin se prepararon para recuperar aquella cima pelada que se disputaría con enconamiento durante varios días, pagándose por ella un precio en vidas que solo se justificaba en la necesidad de mantener a las tropas rebeldes en la divisoria de los puertos de montaña e impedir que pudieran progresar hacia Bilbao por el valle de Durango. Cubrieron el despliegue de los asturianos en Urkiola los batallones Larrazabal y Amayur (PNV). El ataque se produciría al amanecer del día 7 y no tendría éxito, si bien los milicianos astures llegaron a ocupar el Saibi Txiki y tuvieron al alcance su objetivo, pero los gudaris del Gordexola no cumplieron su parte, quizás porque no pudieron al carecer de municiones, como veremos a continuación. Gracias a la documentación que se ha conservado de las brigadas asturianas sabemos que el Víctor tenía fusiles Berthier 07/15 en un número que se desconoce, dos FA Browning (BAR) polacos, dos ametralladoras Lewis y una ametralladora Hotchkiss calibre 7x57, mientras que el Lenin estaba casi a la par con sus fusiles Berthier 07/15, dos FA BAR polacos, dos Lewis y un mortero Valero de 50 mm. El Gordexola llegó, como tantos otros, sin armas al sector, siendo equipados con el ya generalizado fusil Berthier 07/15 en número de 450 y solo dos peines de munición por gudari además de algunas granadas de mano, según el testimonio de Víctor Uriarte, pero carecía de armas automáticas, por lo que poco después tendría que ser reforzado con dos ametralladoras Colt de la 4ª Compañía del UGT n.º 3. El FA Browning, más conocido por su acrónimo en inglés BAR (Browning Automatic Rifle), comenzó a distribuirse a la fuerza expedicionaria norteamericana en Francia en 1918, entrando en servicio durante la Primera Guerra Mundial, iniciando la historia de un arma que fue muy exitosa por su diseño y ligereza (pesaba 8 kg), pudiendo dar fuego de apoyo y seguir el movimiento del squad (escuadra), si bien su cargador de 20 cartuchos le limitaba bastante. La versión que llegó al norte de España fue la polaca, wz. 28, en calibre 7,92x57 con su característico pistolete del que carecía la norteamericana, además de otras diferencias: bípode, alza, etc. La adquisición de este fiable fusil ametrallador se produjo en el marco de las compras realizadas por la República a la agencia con cobertura gubernamental polaca SEPEWE (Syndicat Exporti Przemyski Wejennego). La ametralladora ligera Lewis, de 12 kg de peso, era igualmente de diseño norteamericano, pero su éxito llegó de la mano de gobierno británico, donde fue reglamentaria en sus fuerzas armadas hasta el final de la SGM, cuando ya hacía mucho tiempo que había dejado de usarse en unidades de primera línea. Accionada por gases con un peculiar cargador de tambor con los cartuchos orientados hacia el centro en modo radial y una característica cubierta de aluminio sobre el cañón para facilitar su refrigeración, fue fabricada durante la PGM por Birmingham Small Arms (BSA) y por la estadounidense Savage Arms. Las Lewis, en calibre 303 British (británico), llegaron al puerto de Bilbao en el vapor soviético Andreev. Finalmente, la ametralladora Hotchkiss no era sino la versión española del modelo 1914 francés, reglamentaria en el ejército de preguerra y recamarada al cartucho 7x57. Un arma pesada pero robusta y fiable accionada por gas y refrigerada por aire que presenta en su cañón unas características aletas circulares y se alimentaba por peines.

Ametralladoras Maxim de diferentes tipos con montaje Sokolov (con ruedas) sin escudos capturadas al Ejército vasco y almacenadas en el depósito de Bergara. La primera de ellas es una modelo 1910 rusa (Biblioteca Nacional).

Ametralladoras Maxim de diferentes tipos con montaje Sokolov (con ruedas) sin escudos capturadas al Ejército vasco y almacenadas en el depósito de Bergara. La primera de ellas es una modelo 1910 rusa (Biblioteca Nacional).

Perdido el puerto de Urkiola y las alturas de Saibigain y Urkiolamendi, Ibarrola decidió establecer una nueva línea más abajo que partiendo del monte Untzillatx atravesaba la carretera y llegaba hasta los caseríos de Urkuleta para luego subir por la ladera de Eskubaratz hasta las peñas de Artzate. Su defensa fue encomendada a los batallones MAOC n.º 2 Guipúzcoa —Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas, Partido Comunista de Euzkadi, PCE-, Larrazabal y Gordexola. Las tropas que atacarían el Saibigain en las jornadas siguientes partirían de Mañaria y atravesarían esta demarcación. El Guipúzcoa, un viejo conocido de los combates por la posesión de la carretera de Aramaiona en los bosques de Josenbaso, tenía de 307 a 314 fusiles, ocho FA (uno de ellos Maxim), cuatro ametralladoras y de 74 a 87 pistolas. Este batallón tenía la peculiaridad de tener munición antitanque de calibre 7,62x54 R diseñada para las ametralladoras Degtyarev DT que iban montadas en los blindados soviéticos, por lo que también es posible que tuviese alguna Maxim modelo 1910, que se vio en el norte con montaje Sokolov, armas que llegaron procedentes de la Unión Soviética, al igual que las Maxim alemanas e incluso alguna Vickers almacenadas como botín tras la PGM. Una locura de calibres que tuvo que provocar un verdadero problema logístico. La ametralladora Maxim modelo 1910 en calibre 7,62x54 R fue usada ampliamente por la Rusia zarista en la PGM y por los soviéticos en la SGM, además de en multitud de conflictos por todo el mundo, llegando a ser un verdadero icono en la simbología y propaganda del EPR. El Itxarkundia, tras reorganizarse y descansar en su cuartel de Bermeo, regresó al sector el día 9 de abril para relevar al Larrazabal en sus posiciones entre la carretera del puerto y el Untzillatx. Parece que tenía gran escasez de armas automáticas y tuvo que pedir al Guipúzcoa su FA Maxim refrigerado por agua calibre 7,92x57, que le fue prestado y pedido de vuelta el 15 de abril (1). Nos parece bastante extraño, ya que el 27 de enero de 1937 este batallón nacionalista tenía un total de 432 fusiles, dos FA y cinco ametralladoras; siendo muy posible que perdiese gran parte de ese material durante la complicada retirada hacia Urkiola desde la zona de Orixol-Olaeta. El FA Maxim al que hacen referencia es la MG 08/15, versión aligerada hasta los 18 kg de la confiable Maxim alemana, que llegaba a los 60 kg de peso con su trípode, un arma que, como hemos comentado, también aparece entre el material de las tropas vascas. 

La granada de mano polaca llegó a ser la más común en el Ejército vasco en sus dos variantes, ofensiva y defensiva. En esta fotografía tomada en el depósito de armamento de los rebeldes en Bermeo pueden verse ambas (Biblioteca Nacional).

La granada de mano polaca llegó a ser la más común en el Ejército vasco en sus dos variantes, ofensiva y defensiva. En esta fotografía tomada en el depósito de armamento de los rebeldes en Bermeo pueden verse ambas (Biblioteca Nacional).

La madrugada del 11 de abril, los batallones asturianos Víctor y Lenin atacaron de nuevo el Saibigain, pero tuvieron muy mala suerte y algunas compañías se despistaron con lo que el mando dispuso que se abortase la operación, aunque llegaron a entrar en acción con la consiguiente pérdida de vidas y heridos. Pero al día siguiente los asturianos repitieron ataque con total éxito. Se trataba de la gran operación del Ejército vasco para rectificar a su favor la línea de los puertos de montaña, siendo los objetivos Saibigain, Altun y peñas de Arralde. Se acumularon todos los medios artilleros de los que se disponía: en Dima o en Oba se colocaron dos piezas de cañones Armstrong Vickers de 127 mm, dos obuses Schneider de 155 mm y dos obuses Schneider de 105 mm, cuyo objetivo era el monte Altun, mientras que para la operación del Saibigain se emplazaron en las proximidades de Mañaria 3 obuses Schneider de 105 mm y dos baterías (ocho piezas) de cañones Krupp Ansaldo de 75 mm. Finalmente, en Mendiola, con objetivos en Saibigain y Urkiola, cuatro cañones Krupp de 77 mm y dos obuses Schneider de 155 mm. A las tropas se les proporcionó 300 cartuchos y una ración en frío para poder alimentarse en las posiciones conquistadas. El Víctor, que lideraría el ataque al Saibigain junto a dos compañías del Lenin, recibió un total de 1.152 granadas del tipo piña (polacas). Era la primera vez que la brigada de Mateo Antoñanzas operaba al completo, desplazándose hasta la línea de fuego su tercer batallón, el n.º 243 Sotrondio, que no participaría directamente en la acción, limitándose a cubrir el avance de los otros dos. Los asturianos atacaron a las 21.00 horas, conquistando la posición al 3º Batallón de San Marcial cuando ya había caído la noche. Allí cogieron al enemigo, entre otro material, 92 fusiles Mauser (de ellos 42 del modelo polaco wz. 29 y el resto españoles en calibre 7x57, que muchos aprovecharon para deshacerse de sus Berthier) y dos ametralladoras Bergman mg 15. Esta última era una modificación para aligerar un modelo alemán refrigerado por aire de principios del siglo XX que no había conseguido ser reglamentario en el ejército de aquel país, pero que obtuvo cierto éxito a partir de 1916 al ser usado por la infantería germana como arma ligera (pesaba sobre los 13 kg), si bien lo hizo en cantidad muy inferior y limitada con respecto a los modelos Maxim. Al día siguiente, 13 de abril, la posición fue de nuevo ocupada por los rebeldes tras barrer de ella a los defensores asturianos (que perdieron armamento en la cima, incluyendo una ametralladora del Víctor) con los extraordinarios cañones antiaéreos Krupp de 88 mm y el concurso de los bombarderos Junkers Ju 52, material alemán ante el que no se podía hacer nada por falta de medios. El coste en bajas fue de 33 muertos, 18 desaparecidos y 73 heridos, siendo la evacuación de la posición tan apresurada que muchos cadáveres quedaron sin recoger, sumándose a los de unos y otros en medio de un paisaje de desolación roturado por los cráteres de las explosiones en la que era ya la cota más disputada de toda la campaña vasca, y aún faltaba el último ataque, el del Arana Goiri y el Disciplinario. La 2ª Brigada Expedicionaria de Asturias, tras una semana en el sector, fue retirada del frente para descansar y reorganizarse. Hemos dejado para el final al batallón Sotrondio, pues su actuación carece de relevancia en estas operaciones. Tenía fusiles Berthier 07/15 y algunos Mauser en calibre 7x57, una ametralladora y 213 granadas de piña (polacas).

La imagen del miliciano asturiano moviéndose ágilmente por caminos embarrados con sus madreñas de madera llamó poderosamente la atención de los combatientes vascos. La primera brigada asturiana en llegar a este frente, bajo el mando de Mateo Antoñanzas, protagonizó hasta tres ataques sobre el Saibigain (fondo Constantino Suárez, Muséu del Pueblu d’Asturies).

La imagen del miliciano asturiano moviéndose ágilmente por caminos embarrados con sus madreñas de madera llamó poderosamente la atención de los combatientes vascos. La primera brigada asturiana en llegar a este frente, bajo el mando de Mateo Antoñanzas, protagonizó hasta tres ataques sobre el Saibigain (fondo Constantino Suárez, Muséu del Pueblu d’Asturies).

El batallón más emblemático del PNV, el Arana Goiri, llegó a Mañaria la tarde del 13 de abril tras ser relevado de sus posiciones en el frente de Lekeitio. Sus hombres también estaban equipados con el fusil francés Berthier 07/15, pero tenían, como la mayoría de las unidades jeltzales, muy pocas armas automáticas, solo dos FA, de los que uno estaba estropeado, por lo que solicitaron al jefe del sector que se las pidiese prestadas al batallón Perezagua (PCE), pero no quiso interceder, como relató Primi Abad en sus memorias (2). El Perezagua, que estaba de reserva, era uno de los batallones vascos más castigados, acumulando unas 400 bajas tras su regreso apresurado de Asturias y su entrada en combate en la zona de Barazar. Las cifras de armamento que se conocen de esta unidad, que no llegó a intervenir en estas operaciones, son de cuando se estaban formando las plantillas de las brigadas para la ofensiva sobre Oviedo y eran de 337 fusiles de acción Mauser en calibre 7,92x57, cuatro FA, tres ametralladoras y 12 morteros calibre 50; desde luego, bastante más potencia de fuego que el Arana Goiri. También llegaron al sector tres compañías de la unidad de castigo del Ejército vasco, el Cuerpo Disciplinario de Euzkadi, que venía de combatir en la zona de Barazar, donde había tenido sus primeras bajas, pero se desconoce el armamento que pudieron traer, aunque lo más lógico es que fuesen igualmente equipados con los fusiles Berthier 07/15. Entre los batallones recién llegados también se encontraban el UGT n.º14 Guillermo Torrijos y el Muñatones (PNV); el primero fue enviado a defender la línea del frente en las peñas de Artzate, teniendo como armamento 392 fusiles de acción Mauser en calibre 7,92x57, dos FA BAR, dos ametralladoras Hotchkiss en calibre 7 mm, dos morteros de 81 mm, 140 pistolas Astra o Star del calibre 9x23 (9 largo) y siete revólveres, también de fabricación local, del calibre 32, mientras que el segundo, que debía estar a su derecha en peñas de Otxa, tenía 403 fusiles de acción Mauser en calibre 7,92x57 y cinco Lewis calibre 303 British.

Felipe Bediaga Aramburu, comandante del batallón Arana Goiri, tuvo un duro enfrentamiento con Juan Ibarrola y su jefe de EM Valeriano Marquina al cuestionar la conveniencia de atacar el Saibigain bajo pésimas condiciones climatológicas. Hombre de valor extraordinario y fuerte carácter, perdió la vida al frente de sus gudaris en uno de los combates más recordados de la Guerra Civil en Euskadi (Fondo Bidasoa/Sancho de Beurko, AHE).

Felipe Bediaga Aramburu, comandante del batallón Arana Goiri, tuvo un duro enfrentamiento con Juan Ibarrola y su jefe de EM Valeriano Marquina al cuestionar la conveniencia de atacar el Saibigain bajo pésimas condiciones climatológicas. Hombre de valor extraordinario y fuerte carácter, perdió la vida al frente de sus gudaris en uno de los combates más recordados de la Guerra Civil en Euskadi (Fondo Bidasoa/Sancho de Beurko, AHE).

El batallón Arana Goiri bajo el mando de su comandante Felipe Bediaga atacó el Saibigain —defendido con ardor por la unidad más emblemática de Camilo Alonso Vega desde el comienzo de la guerra, el Flandes n.º 5- al atardecer del 14 de abril teniendo por todo apoyo al Disciplinario. Tenemos constancia de que se le entregó para el combate 660 granadas de mano y “tres paineles para señales con la aviación”. Justo antes del ataque, en la txabola que servía de puesto de mando al Torrijos en peñas de Artzate, se vivieron momentos de gran tensión entre Bediaga y Marquina, que había subido hasta allí siguiendo instrucciones de Ibarrola para supervisar el ataque, ya que las condiciones climatológicas eran muy adversas, en medio de un temporal de agua y nieve, y el jefe del Arana Goiri pedía que la operación se retrasase un día más, pues ni siquiera se veía el objetivo, cubierto por una espesa niebla. En aquellas operaciones fallecieron unos 50 gudaris del Arana Goiri y 61 heridos ingresados en el hospital de Izurza, mientras que el Disciplinario registró en su documentación 12 muertos, 28 desaparecidos y 65 heridos, la mayoría de los cuales fueron baja en el Saibigain. De madrugada llegaron a la cima el batallón Salsamendi y una compañía del Garellano —sin que sepamos que armamento traían-, pero no pudieron resistir el contrataque de la mañana y la posición cambió de manos de nuevo, perdiéndose más vidas. El frente quedó definitivamente estabilizado y ya no habría más lucha en aquella cumbre porfiada hasta la extenuación, pues ambos bandos quedaron agotados y sin reservas. José Arteche, que estuvo allí el 16 de abril con el tercio de San Ignacio, se inspiró en aquel panorama dantesco de muerte y desolación para escribir su hermoso y trágico texto sobre el abrazo de los muertos:

"Por todas partes, cadáveres y más cadáveres; sus bocas desmesuradamente abiertas parecen aspirar con ansia la lluvia que cae implacable. Desperdigados aquí y allá, mulos y caballos muertos de vientres hinchados. Hay también piernas, brazos y miembros humanos sueltos. Y según se sube, muchos más cadáveres todavía, gudaris y soldados en montones confusos y con los brazos en cruz. Los cadáveres no se acometen, se abrazan. Los hombres no se reconcilian sino en la muerte" (3).

“Las ametralladoras antiaéreas luchan tenazmente contra los pajarracos negros. Y con resultado positivo” decía el periódico comunista Erri poniendo como ejemplo esta fotografía de propaganda del Ejército vasco en la que una Lewis simula disparar contra los aviones rebeldes sin elementos de puntería antiaéreos y emplazada sobre una especie de afuste de fortuna. Con cosas como estas se pretendía levantar la moral de los combatientes, que estaban a merced de la aviación rebelde (Erri).

“Las ametralladoras antiaéreas luchan tenazmente contra los pajarracos negros. Y con resultado positivo” decía el periódico comunista Erri poniendo como ejemplo esta fotografía de propaganda del Ejército vasco en la que una Lewis simula disparar contra los aviones rebeldes sin elementos de puntería antiaéreos y emplazada sobre una especie de afuste de fortuna. Con cosas como estas se pretendía levantar la moral de los combatientes, que estaban a merced de la aviación rebelde (Erri).

Si quieres colaborar con “Ecos de dos guerras” envíanos un artículo original sobre cualquier aspecto de la SGM o la Guerra Civil y la participación vasca o navarra al siguiente email: sanchobeurko@gmail.com 

Los artículos seleccionados para su publicación recibirán una copia firmada de  “Combatientes vascos en la Segunda Guerra Mundial”.

(1) Queremos resaltar con este detalle la escasez, cuando no la falta, de armas automáticas en los batallones nacionalistas, lo mismo ocurre en el Gordexola, cuyo jefe Luis Urkullu no dejó de pedirlas al jefe del sector, y en el Arana Goiri; únicamente el Muñatones con sus cinco Lewis parece un poco mejor equipado.

(2) Citado en Guillermo Tabernilla y Julen Lezamiz. (2002). Saibigain el monte de la sangre. Asociación Sancho de Beurko: Bilbao.

(3) José Arteche. (1970). El abrazo de los muertos. Icharopena: Zarautz. P. 95.

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