Agustín Alberro Picavea, el tesorero del PNV que ejecutó la compra del palacete de París y evacuó patrimonio al estallar la guerra
Agustín Alberro Picavea (1899-1967) fue asesor técnico del Departamento de Hacienda. Nacido en Donostia, estudió en la Escuela Superior de Comercio de la ciudad y obtuvo plaza en la Caja de Ahorros, trabajo que compaginó con las asignaturas que impartía en la Escuela Profesional de Comercio. Afiliado al PNV y a Solidaridad de Obreros Vascos desde 1916, fue designado tesorero del partido en octubre de 1936 en sustitución de Heliodoro de la Torre, que ocupó el cargo de consejero de Hacienda del Gobierno de Euzkadi. El propio Alberro obtuvo otro cargo, el de asesor técnico de ese mismo departamento, apenas cuatro días después.
Como tesorero del partido, Alberro fue instrumental en la compra del lujoso palacete del número 11 de la avenida Marceau de París, que volvió a estar de actualidad en enero del pasado año después de que un informe del Estado corroborase que la titularidad histórica del inmueble correspondía al PNV. El edificio, que luego sería sede de la autonomía vasca en el exilio, se adquirió mediante testaferros al poco de estallar la Guerra Civil. La propiedad se transfirió a la mercantil Finances et Entreprises S.A., que mostraba “un alto grado de coordinación y vinculación con otras dos entidades que, igualmente, [eran] sociedades instrumentales usadas por el PNV para amparar legalmente su actividad en el exilio” y no tenía más fin que el de adquirir el palacete. “Todo converge en la figura de [Agustín] Alberro Picabea, el tesorero del PNV, como el verdadero gestor en la sombra de las actividades de la sociedad de Finances et Entreprises S.A.”, reza el informe esbozado el año pasado.
Cuando aún ocupaba el cargo en Hacienda, en plena contienda, los franquistas se cebaron con él y lograron que fuera destituido de su otro puesto, el que aún preservaba en la Escuela Profesional de Comercio. Su labor como custodio de obras de arte y fondos públicos le valió el calificativo de “guardián de las llaves”: cargó buques con rumbo a Francia y, más adelante, salvaguardó documentos cuando los nazis tomaron París. Siguió ligado al Gobierno vasco ya en el exilio, desempeñándose como secretario general del Departamento de Hacienda entre 1940 y 1944.
Siempre pendiente de hacer cuadrar los números, se carteó con infinidad de personas y mantuvo al tanto al lehendakari, José Antonio de Aguirre, de las cuentas del Gobierno vasco. Y las cuentas no eran por entonces boyantes. “[... No] se puede hacer trabajo útil, eficaz ni sereno con la angustia al cuello. Y el nuestro está lleno de cicatrices ocasionadas por el peligro, permanente hace ya años, de no poder hacer frente a obligaciones”, escribía en una carta dirigida a la dirección del partido para solicitar fondos. “No se puede vivir con dificultades insuperables muchas veces, ni dejar morir a Jaurlaritza, cuando el patriotismo, afortunadamente, vive, palpita y es nervioso en Euzkadi”, lamentaba. Falleció, todavía exiliado en París, en 1967.
Sobre este blog
Este espacio recoge las biografías de los pioneros que, en plena Guerra Civil, conformaron el primer Gobierno vasco. Está basado en el libro 'El nacimiento de un Gobierno a través de sus protagonistas. El Gobierno provisional vasco (1936-1937)', coordinado por Mikel Urquijo.
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