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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

El origen de los incendios

Un hidroavión descarga agua en Betxí en el frente del incendio en la Vall d'Uixó

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No les vengo a contar si los incendios los provoca algún malnacido intencionadamente, o algún pirómano con su correspondiente problema de salud mental, o algún irresponsable autónomo cosechando su cereal por necesidad, o algún urbanita 'sobrao' que dejó su 'six' de cervezas en el monte o algún rayo de una tormenta eléctrica. No tengo porcentajes al respecto. Lo que sí vengo a contarles es lo que ya sabemos hacer para que a cualquiera de los anteriores perfiles o eventos citados se les hiciera mucho más difícil generar y expandir un incendio. De eso se trata la prevención.

Llevamos años viendo cierres de torres de vigilancia de incendios, recortes en retenes y brigadas forestales, bomberos en pésimas condiciones laborales..., algo muy irresponsable ante la peligrosa inercia del clima. Todos estos trabajos, ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLES (discúlpenme la estridencia), aportan empleo a habitantes rurales en lugares donde es difícil encontrar algún empleo con un contrato que te ampare. A esto le acompaña una política económica forestal demasiado centrada en el monocultivo industrial de especies como pino o eucalipto, que es algo similar a plantar cerillas en el monte. Esta es buena parte de nuestra realidad forestal. Aunque no toda, por suerte.

El origen de los incendios masivos se gesta décadas atrás, mediante factores que influyen directamente en la situación actual. Hablaré sobre los dos que considero más importantes, ambos previos a los grandes impactos del cambio climático.

Despoblación rural. Comienza en los movimientos migratorios internos entre mediados y finales del siglo pasado, migraciones fruto de la industrialización de la economía a base de carbón, petróleo y gas. Los tres materiales base de las emisiones de CO2 han generado un cambio climático antropogénico (provocado por las actividades industriales humanas). El resultado hoy presenta pueblos vaciados o esquilmados de habitantes que, en su gran mayoría, hace mucho que merecidamente se jubilaron. Hagamos un ejercicio de sentido común y matemáticas para infantes. A menos personas en los pueblos más falta de vigilancia y atención. Es más fácil que alguien de entre los 100 habitantes de un pueblo vea una columna de humo que alguien en un pueblo con 5 habitantes la vea. Convengamos que 100 habitantes mejor que 5, pues cuanto antes se ve una columna de humo antes se avisa y cuanto antes se avisa antes comienza la extinción. Fácil, ¿no? En el actual escenario climático los incendios se propagan con más virulencia y velocidad como consecuencia de altas temperaturas, mayor irradiación solar, sequías más largas y vientos más frecuentes e intensos. Estas variables hacen que todo territorio sea más propenso a arder y cada vez con más virulencia. Necesitamos relevo generacional en el terreno, la repoblación rural mediante agricultores y pastores es hoy más importante que nunca. Relevo que, por cierto, anda cojeando de una pierna teniendo la otra ya amputada. Un relevo sin un plan estatal aterrizado que requiere, al igual que estos eventos meteorológicos, pactos de estado a 40-50 años vista. Ya se habla ahora de ellos. Más vale tarde que nunca.

Cambio de modelo productivo agroganadero y forestal. El cambio en el modelo productivo del sector primario ha sido tan grande en los últimos 50 años que ya no cumple las funciones preventivas (ni económicas, ni ecológicas, ni socioculturales) que antes cumplía.

La hoy llamada ganadería extensiva incluye modelos productivos dispares y prácticamente ha perdido la profesión de pastor. Un pastor que vive de y con su rebaño es una persona al frente de un equipo de desbroce rumiante que dirige al rebaño a los lugares donde más vegetación se acumula. El rebaño ingiere dicha vegetación mientras abona la tierra, mejorándola, consiguiendo que retenga más agua. Suelo húmedo = prevención ante incendios. La ganadería extensiva sin pastores no dirige rebaños, los sigue, algo muy distinto. Un rebaño de herbívoros no planifica ni gestiona las zonas a pastar, el rebaño simplemente pasta, donde más le apetece, que no es igual a donde más se necesita. Sin humano que los dirija no hay plan de pastoreo eficiente para prevención de incendios. Ni que decir tiene que los herbívoros salvajes tampoco planifican ni gestionan.

La agricultura producida en los perímetros de los pueblos conseguía crear anillos de producción agrícola que separaban el fuego de las viviendas. En las zonas más lejanas al pueblo se realizaban cultivos de cereales/leguminosas junto con fincas de pastos para pastoreo y siega. Estas superficies agroganaderas creaban diseños en mosaico: superficies con muy bajo potencial de inflamación que separaban unas zonas boscosas de otras.

Es muy interesante observar de cerca la virulencia y velocidad del fuego en un pinar y cómo ese mismo fuego disminuye y se ralentiza al entrar en contacto con un robledal. Más tiempo = mayor posibilidad de extinción. Así que tenemos aquí dos modelos a elegir: un modelo económico forestal de dinero fácil y rápido (que arde fácil y rápido) versus un modelo económico forestal de dinero fácil y lento (que arde lento y nada fácil).

Los expertos, científicos e investigadores multidisciplinares de primer nivel mundial, llevan décadas avisándonos. Los trabajadores del campo que recurrimos a sus investigaciones corroboramos muchas de sus hipótesis en el día a día desde hace años. Pregúntenle a cualquier agricultor por sus cosechas, a cualquier ganadero por sus pastos, a cualquier trabajador forestal sobre montes y ríos, a cualquier biólogo especializado en biodiversidad o a cualquier bombero forestal… todos hemos notado la frecuencia y gravedad de estos cambios.

La repoblación rural y la producción primaria ya eran objetivos que requerían pactos de estado, pues su capacidad para influir positivamente en la economía es enorme para cualquier país que aspire a algún tipo de estabilidad económica, máxime en un escenario geopolítico en el que a diario se ven nuevas alianzas, nuevas desavenencias y cambios de piezas en el tablero. A esto hay que añadirle algo que está pasando por encima a toda la clase política, especialmente a la negacionista: el cambio climático ha llegado para quedarse.

No sabemos ni cuánto tiempo se quedará, ni cuántos kilómetros cuadrados quemará, ni cuántas viviendas inundará, ni cuántas cosechas destrozará. Lo que sí sabemos es que ya está aquí y que su capacidad de destrucción es tan grande que ni las más avanzadas tecnologías se ven capaces de frenarlo como pensábamos. Es por esto que necesitamos cambios estructurales en las políticas de repoblación rural y en el modelo del sector primario. Necesitamos altas inversiones en personal/medios para extinción y prevención (de incendios y otros eventos meteorológicos) y un plan interdisciplinar para poder afrontar esta nueva realidad.

Me despido con una fórmula de prevención de incendios que espero no olviden de aquí en adelante. Le llaman la regla del 30:

Si más de 30 grados de temperatura

si más de 30 km/hora de viento

si menos de 30% de humedad

estén atentos, como ven, es muy peligroso.

Gracias por su atención.

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