VI Foro Económico de elDiario.es
La necesidad de “regular bien” la Inteligencia Artificial para no “quedarse atrás”
La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en un elemento central del presente. Su impacto atraviesa ya la economía, la política y la vida cotidiana, y plantea interrogantes que van mucho más allá de lo tecnológico. Bajo esa premisa, el VI Foro Económico de elDiario.es dedicó una de sus mesas a abordar la soberanía digital y el control del dato, dos conceptos cada vez más ligados a la capacidad de los países para definir su propio desarrollo.
En el debate participaron Manuel de la Rocha, secretario de Estado de Asuntos Económicos; Maite Arcos, directora general de Fundación ESYS; Ignacio Martínez, director general de IndraMind; Gabriel Nebreda, CEO de Nostrum Group; y Sergio Sánchez, director de Operaciones, Red y TI de Telefónica España, moderados por el periodista Carlos del Castillo.
La primera cuestión fue aclarar de qué hablamos cuando hablamos de soberanía digital. “No es un sector más, es absolutamente transversal”, subrayó De la Rocha. Esa transversalidad implica que la dependencia tecnológica de terceros países no solo afecta a la economía, sino también a la seguridad y a la calidad democrática. El secretario de Estado sintetizó el concepto en tres dimensiones: “seguridad, competitividad y valores”.
Maite Arcos introdujo un matiz relevante: soberanía no es sinónimo de autarquía. “Es la capacidad de decidir”, explicó, defendiendo un modelo basado en la diversificación y en la combinación de regulación e inversión pública. En un mundo interdependiente, insistió, “el objetivo no debe ser producirlo todo, sino evitar dependencias excesivas de unos pocos proveedores”. Una lógica similar a la aplicada en el ámbito energético, donde España ha logrado reducir su vulnerabilidad mediante la diversificación de fuentes.
Ese cambio de enfoque responde también a una transformación reciente del contexto global. Ignacio Martínez recordó que, hasta hace pocos años, la lógica dominante era la eficiencia asociada a la globalización: cada país se especializaba en lo que hacía mejor y externalizaba el resto. “Pero desde la pandemia el paradigma ha cambiado totalmente”, afirmó. La crisis sanitaria y las tensiones geopolíticas han puesto de relieve la necesidad de controlar las cadenas de suministro, también en el ámbito digital.
En esa misma línea, Gabriel Nebreda defendió el concepto de “autonomía estratégica” como una forma más concreta de entender la soberanía digital. A su juicio, existen dos pilares fundamentales: el control normativo y la infraestructura física. “En momentos de crisis, tener el control de ambos permite ganar resiliencia”, señaló. No se trata de abarcarlo todo, añadió, sino de identificar los elementos verdaderamente estratégicos y concentrar ahí los esfuerzos.
Datos y regulación
La conversación descendió después al terreno práctico, con ejemplos de cómo esta soberanía afecta a ciudadanos y empresas. Sergio Sánchez insistió en la importancia de traducir estos conceptos en servicios concretos. “Ser dueños de nuestro futuro implica garantizar la soberanía del dato”, explicó, destacando la necesidad de infraestructuras que permitan gestionarlo con seguridad. Como ejemplo, mencionó proyectos basados en inteligencia artificial aplicados al transporte, capaces de analizar en tiempo real la ocupación de trenes o detectar objetos sospechosos mediante visión artificial.
Para las pymes, apuntó Nebreda, la cuestión clave pasa por asegurar la accesibilidad, la confidencialidad y la protección de sus datos, además de contar con soluciones eficientes y sostenibles desde el punto de vista energético. Todo ello, subrayó, dentro de un marco normativo claro. “La tecnología nunca debe estar ni por encima ni por delante de la ley”, afirmó, sintetizando una de las ideas centrales del debate.
España parte, según coincidieron los ponentes, de una posición favorable. De la Rocha destacó la calidad de las infraestructuras digitales, la amplia cobertura de banda ancha y la disponibilidad de talento, especialmente en perfiles técnicos vinculados a la inteligencia artificial. A ello se suma, señaló, un sector público activo y una estrategia que incluye desde la creación de instituciones específicas hasta el impulso de inversiones y el desarrollo de una hoja de ruta con medidas concretas en ámbitos como la ciberseguridad o los semiconductores.
Arcos añadió otros elementos diferenciales, como el liderazgo en conectividad (puesto de manifiesto durante la pandemia), el avance en identidad digital o la disponibilidad de energías renovables, clave para un desarrollo tecnológico sostenible. Martínez coincidió en el diagnóstico, aunque advirtió de la necesidad de mantener una visión a largo plazo y reforzar la coordinación a nivel europeo. “Los gaps tecnológicos se reducen muy rápido, y eso es una oportunidad”, apuntó.
Ese equilibrio entre regulación e innovación fue otro de los grandes ejes del debate. Frente a la idea de que una mayor regulación puede frenar el desarrollo tecnológico, los participantes defendieron la necesidad de encontrar un punto intermedio. “Regular sí, pero regular bien”, planteó Arcos, que abogó por simplificar procedimientos y evitar duplicidades administrativas. En esa misma línea, De la Rocha defendió la armonización normativa en el ámbito europeo como una vía para facilitar el desarrollo del mercado digital sin renunciar a la protección de los ciudadanos.
Una tecnología disruptiva
La percepción social de la inteligencia artificial también estuvo sobre la mesa. Los datos muestran una ciudadanía dividida entre el entusiasmo y la desconfianza, algo que los ponentes consideraron comprensible. “Es una tecnología disruptiva”, señaló De la Rocha, que advirtió tanto de sus riesgos, desde el impacto en el empleo hasta la desinformación, como de los peligros de quedarse al margen. “El riesgo de no adoptarla es quedarse fuera del desarrollo económico”, afirmó. En esa línea, Arcos relativizó la necesidad de un conocimiento técnico profundo por parte de los usuarios: “No hace falta entender cómo funciona, sino usarla de forma productiva”.
A medio plazo, el tono fue optimista. Los participantes coincidieron en que España tiene “los”mimbres necesarios“ para situarse en una posición de liderazgo en soberanía digital e inteligencia artificial de aquí a un lustro. Desde la atracción de infraestructuras hasta el desarrollo de capacidades propias, el objetivo es ganar peso en la gobernanza global de lo digital. ”Vamos a avanzar de forma muy significativa“, concluyó Sergio Sánchez. El reto, compartido por todos, será hacerlo con rapidez y equilibrio en un entorno que evoluciona a una velocidad de vértigo.