Los profesionales sanitarios reivindican una medicina más social: “A veces lo que querríamos recetar es un cambio de trabajo”
Todo el mundo lo tiene claro: la salud no es solo una cuestión de vivir mucho, sino también de vivir con calidad de vida hasta el final. La estrategia para alcanzar este objetivo ya es algo mucho más difícil de definir y, sobre todo, mucho más difícil de llevar a cabo. Lo es, explican los expertos, entre otras muchas cosas porque significa poner de acuerdo a profesionales sanitarios de distintas ramas y apostar por un sistema más robusto por estar mejor financiado y ser más efectivo. Todo, para que quienes cuidan de la salud de los demás tengan el tiempo y espacio suficiente para hacerlo.
Con esto en el horizonte, elDiario.es ha organizado este jueves en Madrid la V Jornada Salud, el código del bienestar, una jornada de debate y reflexión entre profesionales sanitarios sobre cómo vivir más y mejor. La primera mesa, moderada por Antonio Martínez Ron, jefe de Ciencia del periódico, ha contado con la participación de Pedro Gullón, director general de Salud Pública y Equidad en Salud del Ministerio de Sanidad; Cristina Avendaño, presidenta de la Federación de Asociaciones Científico Médicas de España (FACME), la doctora Isabel Abad Díez, jefa de Asesoría Médica de la Dirección General de Asisa, y Cristina Muñoz, consejera de Bidafarma en Madrid. Esta ha reivindicado un sistema integral capaz de coordinar a todos los profesionales, de anticiparse a los problemas y de ver la medicina como algo más que la cura inmediata de un síntoma por medio de una pastilla.
“Ya estamos en un escenario en el que hay mucha gente que vive muchos años. La pregunta es si llegamos con calidad de vida. Y la respuesta no viene siempre desde lo estrictamente sanitario y asistencial. Hay que ver qué condiciones de vida damos a las personas de más edad”, ha empezado explicando Gullón. La respuesta a su pregunta tiene cifras. El pasado verano, The Lancet publicó un macroestudio que calcula que entre 1990 y 2023 la esperanza de vida aumentó a nivel mundial de los 64,6 años a los 73,8. La vida con buena calidad y buena salud, sin embargo, apenas pasó de los 55,9 años a los 63,3. Entre ambas cifras, más de 10 años de diferencia que significan una década de achaques, visitas médicas y hospitalizaciones. Y una tendencia descorazonadora: a pesar de todos los avances médicos, en 1990 la gente vivía un 13,6% de su vida en malas condiciones. Hoy, esa cifra está en un 14,5%. Vivimos más, pero lo hacemos peor.
A esta realidad ha aludido precisamente Avendaño: “El reto es trabajar para que en ese aumento de esperanza de vida cambiemos el foco e invertir en llegar con buena salud. Se trata de invertir en actividades que aumenten la salud desde el principio de la vida. Sabemos, por ejemplo, que el alzhéimer tiene mucho que ver con la educación y con esa reserva cognitiva que generamos desde la infancia. Hay que invertir y organizar más”. Se ha mostrado de acuerdo Abad: “Vamos a vivir muchos años, pero hay que cuidar cómo vamos a llegar. Qué calidad tendremos, qué autonomía. Desde el sector privado creemos que la clave está en la prevención, en la educación sanitaria que llega desde el colegio y en acompañar al paciente en cada parte del proceso”.
Es una tendencia que debe encontrar correlato también desde el mundo farmacéutico, ha explicado Muñoz: “Desde la farmacia, debemos evolucionar a algo más asistencial, acompañando al paciente y educándolo, no solo dispensando medicamentos. También debemos conseguir que la asistencia llegue a todos con equidad, a todos los códigos postales”.
Se trata, en opinión de Gullón, de algo fundamental: cómo conseguir que no solo vivan bien quienes tienen mucho dinero y tiempo para cuidarse. “No es algo que podamos solucionar desde la consulta. Hay que trabajar intersectorialmente. Si una persona sufre mentalmente porque no puede pagar su vivienda, desde una clínica no podremos solucionar nada porque su problema es la vivienda”. Un ejemplo claro, ha expuesto el director general de Salud Pública, de esta capacidad de involucrar a profesionales de muchos ámbitos es el Comité intersectorial para el impulso del Plan Estratégico Nacional contra la obesidad infantil, en el que hay 18 departamentos ministeriales trabajando. “Si dejamos que solo el mercado coloque los recursos, las desigualdades llegan”.
Avendaño ha ahondado en la necesidad de una medicina más humana: “Los médicos estamos frustrados porque seguimos recomendando ejercicio y no hacer vida sedentaria cuando la realidad es que esto no va a poder resolver nada cuando el paciente refiere problemas de salud mental. Hoy hay mucha desproporción entre lo que creemos que sería una solución para el paciente y lo que como médicos podemos ofrecer. La solución a veces no es un antidepresivo, sino que el paciente cambie de trabajo, pero por desgracia eso no lo podemos recetar”. Su reflexión viene con un reclamo: “Quien decide dónde invertir en el sistema sanitario debería contar más con las sociedades científica médico para ver dónde hacerlo”.
Telemedicina, teatros y clubes de lectura como receta
La renuncia laboral como receta tardará en llegar, pero hay alternativas que ya están aquí. Gullón ha mencionado una: el acuerdo alcanzado hace un año por los Ministerios de Sanidad y Cultura para intentar integrar las artes en la salud mental y la atención sanitaria. Es decir, los teatros y los clubes de lectura como prescripción médica. Lejos de verlo como una propuesta extravagante, Avendaño ha ofrecido la explicación médica: “No es algo hippie, sino ciencia. Sabemos que el deterioro cognitivo y el alzhéimer con discapacidad están relacionados con la falta de ocio intelectualmente activo y con el aislamiento social”.
Desde un punto de vista más global, Abad ha planteado que la idea es evolucionar hacia un sistema más integral: “En Asisa tenemos un programa de esperanza de vida plena que agrupa nutrición, ejercicio, sueño, relaciones y salud mental. Hay mucho contenido que el paciente puede consultar desde casa si quiere. Por ejemplo, qué alimentos incluir en la dieta, qué ejercicio se puede hacer desde casa por la noche. Queremos llegar a todos pero también que sea personalizado. Queremos adelantarnos con esa prevención y que la detección de la dolencia sea precoz”. Ahí entra, ha expuesto la doctora, un elemento más: la tecnología. En concreto, una posible evolución hacia la telemedicina que podría permitir una primera labor de cribado más rápida. Esto, ha matizado la doctora, partiendo siempre de la base de que una pantalla no puede sustituir a un médico: “La propuesta es un modelo híbrido: ahorrar consultas que pueden ser automatizables”.
Es una labor en la que, de nuevo, pueden apoyar las farmacias: “En mitad de la vorágine informativa el paciente tiene la necesidad de hacer consultas, pero para eso estamos también los profesionales sanitarios. En las farmacias también hacemos un poco esa labor de cribado que Atención Primaria y la administración necesita. Por eso somos muy partidarias del modelo farmacéutico que tenemos, que remite a una labor de cercanía y a una función diaria de seguimiento del paciente, de observación y de educación sanitaria”.
Pero todo esto puede caer en saco roto si se sigue recortando la financiación de una de las principales patas del sistema: la Atención Primaria. Lo ha recordado Avendaño: “Esa complementariedad de la farmacia tiene que añadirse a la preservación de la Atención Primaria, que está en crisis. Hay una desmotivación que tiene que ver no solo con las condiciones laborales. Necesitamos ayuda para que las cosas funcionen mejor. No puede ser que el médico tenga que dar siete clics para tramitar una baja porque es tiempo en el que no puede atender al paciente. Eso es capital”.