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Sin Juan Carlos Nieto en el SEPE de Mérida: más vigilancia en la puerta y el mismo laberinto para lograr cita

Juan Carlos Nieto, hablando con un usuario de la oficina del SEPE, al que aún ayuda
7 de octubre de 2026 23:24 h

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Juan Carlos Nieto arrastra desde hace meses una situación que lo desbordó: el expediente abierto por atender a personas sin cita previa, la presión creciente en su puesto y la sensación de que su manera de trabajar —escuchar, resolver, no dejar a nadie fuera por un trámite digital— chocaba con un sistema cada vez más rígido. La tensión interna se volvió insoportable y pidió un traslado; hoy ejerce en la comisaría de la Policía Nacional de Mérida mientras espera una resolución del Ministerio de Trabajo que nadie le ha comunicado. Su caso, que trascendió a los medios y convirtió su nombre en símbolo de una forma de atención que ya apenas existe, sirve para entender lo que ocurre ahora en la oficina del SEPE de Mérida: un problema que se repite en toda España, el de quienes llegan con un trámite urgente, sin cita disponible y sin capacidad —o sin herramientas— para completar la gestión por internet.

Nieto defendía que los huecos libres entre citas podían utilizarse para atender urgencias: personas que llegaban con plazos a punto de vencer y sin posibilidad de esperar semanas. Su expediente disciplinario llegó al Defensor del Pueblo, que pidió información sobre tiempos de espera, normas de atención presencial y dificultades para conseguir cita en Mérida. Cuando elDiario.es Extremadura publicó que había sido sancionado por atender sin cita previa, la oficina vivió unos días excepcionales: la directora salió a la puerta para asesorar a quienes llegaban sin hueco en el sistema, como ocurrió con José, atendido el 5 de julio en la misma entrada. Dos días después, ya con cita, volvió a ser recibido en el despacho de la directora.

Pero aquella apertura duró poco. Según numerosos testimonios, atender en la misma puerta sin cita hizo que más personas acudieran sin estar registradas en el sistema. La oficina reaccionó cerrando de nuevo el acceso y reforzó la entrada con un segundo vigilante de seguridad. Según varias versiones, ese nuevo efectivo actúa como una barrera física entre la ciudadanía y el funcionariado y marcó el final de los días en los que era posible ser escuchado y ayudado sin cita previa. La situación de Mérida es conocida por la personalidad y la entrega de Nieto y porque su caso trascendió a los medios, pero el patrón se repite en oficinas de todo el país.

Mientras tanto, las historias y los nervios para conseguir cita continúan. D. A. necesitaba realizar una gestión a principios de agosto y explica que intentó obtenerla por vía presencial y telefónica, pero las fechas disponibles se iban hasta finales de mes. No podía esperar tanto y decidió intentarlo por internet. El SEPE dispone de sede electrónica —que exige certificado digital, DNI electrónico o Cl@ve— y de un sistema de presolicitud que permite iniciar algunos procedimientos sin firma electrónica. Pero para la mayoría la vía digital tampoco resulta sencilla.

Es lo que le ocurrió a Gonzalo M. N. cuando intentó solicitar una prestación contributiva. Primero buscó cita presencial o telefónica, pero las fechas disponibles llegaban demasiado tarde. Decidió hacerlo por internet. Rellenó los datos, aportó información personal, personas a su cargo, declaración de la renta y la última nómina. El proceso avanzó hasta el momento de la identificación electrónica. Ahí comenzaron las dudas: “Con los vídeos que ponen no se entera nadie. Una persona que no se maneja muy bien con las redes no se enteraría”, afirma. Su primera solicitud no llegó a tramitarse correctamente. Nadie le avisó. Solo en un segundo intento consiguió la prestación, pero con el riesgo de perderla si hubiera tardado un poco más.

El problema de los plazos se agrava en casos como el de una usuaria que trabaja de forma intermitente y debe reanudar su subsidio cada mes. Explica que dispone de quince días para hacerlo: primero debe darse de alta como demandante de empleo en el SEXPE y después solicitar la reanudación en el SEPE. En su último intento acudió a una trabajadora administrativa de otra oficina para pedir ayuda porque su certificado digital estaba caducado y no tenía ordenador en casa. Rellenaron los datos, esperaron, pero la cita no llegó a formalizarse. “A ella le parecía como vacío, no me llegó el código que me tenía que llegar”, relata. Por la tarde volvió a intentarlo: no había citas en Mérida. El sistema le ofrecía Guareña, pero no podía desplazarse. Solo al tercer o cuarto día apareció un hueco para el 17 de septiembre. “Tenemos mucho miedo de que se nos venza el plazo y de que el SEPE nos quite el subsidio de 470 euros”, explica.

Su experiencia contrasta con la etapa en la que acudía a Nieto cuando no encontraba cita. “Juan Carlos, mira, que me pasa esto, que no encuentro cita, que me la abre en Guareña… Él te miraba el DNI y en tres minutos te lo hacía”, recuerda. Para ella, el sistema actual añade dificultades a una gestión que antes podía resolverse directamente en la oficina.

Fuera de Mérida, el escenario es similar. Un trabajador de origen africano residente en Cáceres explica a este periódico que, al no encontrar cita en su ciudad, comenzó a buscar en Trujillo, Valencia de Alcántara o Miajadas. La búsqueda se convierte en un recorrido por distintas oficinas hasta encontrar un hueco. Su problema añadido es que no dispone de coche y no puede desplazarse fácilmente.

Los testimonios desembocan en la misma pregunta: qué ocurre cuando coinciden tres circunstancias —una prestación que solicitar o reanudar, un plazo que cumplir y una cita que no llega a tiempo— y la vía telemática no resulta accesible para todas las personas. La puerta de la oficina de Mérida, reforzada ahora con un segundo vigilante, permanece cerrada para quienes no consiguen cita previa. Y esa imagen resume el problema de fondo: un sistema que exige cumplir plazos estrictos sin garantizar que la persona pueda acceder a la atención necesaria para hacerlo. Hubo un tiempo en que allí estaba Juan Carlos y la gente estaba tranquila, pero aquello, parece ser, fue solo un espejismo.

La redacción de elDiario.es en Extremadura ha intentado contactar con la directora de la oficina para conocer cómo se va a proceder a partir de ahora, sin éxito.

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