Lo que nos queda por ver

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“¿Qué va a pasar con el gobierno? ¿Se van a entender ya o tenemos nuevas elecciones?” Son las preguntas que la gente me hace estas semanas cuando me paran por la calle. Y es que el vodevil al que nos están condenando PP y Vox  hace tiempo que ya no le hace gracia a nadie. Por un lado, una extrema derecha que sólo piensa en su cálculo electoral estatal y sin pudor defiende que su objetivo es humillar a la señora Guardiola y, por otro lado, una presidenta en funciones cuyos continuos giros de timón la desacreditan y deslegitiman cada vez más. En medio, los intereses de una tierra que nunca ha estado en la hoja de ruta ni del PP ni de Vox y sólo es un juguete más con el que pelearse sin importarles si este juguete acaba roto. Guardiola ha decidido que no sólo va a pasar por el aro sino que va a arrastrarse por debajo de él. El último argumento de esta farsa ya lo conocen, el feminismo que Guardiola defiende es el feminismo de Vox.  

¿Y cuál es ese feminismo?, si es que lo tienen porque así a simple vista parecen términos antagónicos. Es el mismo feminismo de aquellos a los que en algún momento la señora Guardiola en campaña llamó “señoros”. El supuesto feminismo que prescinde de las políticas que protegen a centenares de mujeres en nuestra tierra de sus maltratadores y a sus hijos e hijas. El feminismo que critica la ley integral contra la Violencia de Género porque según ellos “no funciona, no protege a las mujeres, vulnera los derechos de la mitad de la población”, en palabras de Rocío Aguirre, diputada de Vox en el Congreso de los Diputados.  

Y todo esto en la misma semana en la que tres mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas, otra ha sido herida de gravedad y dos niños han sido asesinados en casos de violencia vicaria. Mujeres y niños con nombres propios y unas vidas que han sido arrebatadas por la violencia machista. Negarlo es negarles su historia.  

Es también el mismo feminismo que no va a hacer nada por atajar las enormes desigualdades que aún vivimos, como la brecha salarial que hace que las mujeres cobremos de media 3.000 euros menos al año que los hombres. Una brecha que como apuntan en el informe publicado esta semana por UGT en Extremadura, en nuestra región vuelve a crecer y es que la precariedad laboral sigue teniendo rostro de mujer. 

Y es también un feminismo que reconoce que volveremos a no ser dueñas de nuestro cuerpo y que nuestros derechos sexuales y reproductivos serán para quienes puedan irse a abortar a una clínica privada lejos de su casa volviendo a los tiempos en blanco y negro.  

¿Está segura Guardiola que es ese el feminismo que ella quiere asumir? Me gustaría recordarle que Vox sigue siendo el partido que ella misma rechazó porque negaba la violencia machista, deshumaniza a los inmigrantes o tiraba a la papelera la bandera LGTBI. Son y siguen siendo los mismos con los que ella por estos argumentos no iba a gobernar y gobernó, ahora ya no sólo los rechaza, sino que asume como propio su discurso.  

No me divierte el argumento ni la trama de este espectáculo, me entristece y me abochorna, como imagino que también les pasa a ustedes quienes saben de sobra que sus derechos están en juego. Y a ustedes, como a mí, no les gustará ver que nuestra política se ha convertido en carne de meme, que estamos en lo que parece un callejón sin salida en el que se abren, como en un videojuego, nuevas puertas y ventanas también sin salida.  

¿Qué nos queda por ver, señora Guardiola? Porque esta genuflexión ante el señor Abascal, de momento, nos parece además de lamentable, insuperable.