Extremadura y las mujeres que sostuvieron el poder: 15.000 vidas reconstruyen mil años de linajes

La historia del poder en España se escribió entre guerras, decretos o tratados pero se tejió en matrimonios concertados, testamentos, dotes y estrategias familiares que consolidaron patrimonios durante siglos. Esa trama, a menudo dispersa en miles de legajos, empieza ahora a adquirir forma de mapa gracias al trabajo de Raúl Molina y Carlos Mejías, que desde el ámbito académico de la Universidad de Extremadura, han reunido a más de 15.000 personas en una base de datos que arranca en la Alta Edad Media y llega casi hasta el presente.

El proyecto, que comenzó con investigaciones doctorales independientes y hoy aspira a convertirse en un repositorio abierto, no se limita a reconstruir árboles genealógicos. Permite analizar cómo se configuraron las élites, cómo se concentró y fragmentó la propiedad de la tierra y qué papel desempeñaron las mujeres en la estabilidad de estas casas a lo largo del tiempo.

Un mapa relacional del poder

La colaboración entre Molina y Mejías nace de una relación académica previa. Molina dirigió la tesis doctoral de Mejías, centrada en el linaje de la Cueva dentro del Programa de Doctorado en Economía y Empresa de la Universidad de Extremadura. Por su parte, Molina había investigado años antes a los Fernández de Córdoba bajo la dirección de Enrique Soria Mesa.

De esa complementariedad surgió una idea más ambiciosa: integrar el trabajo acumulado para reconstruir de forma sistemática un número creciente de linajes y convertirlos en una base de datos relacional. “No queríamos quedarnos en el parentesco. Lo interesante era estudiar el poder, las alianzas familiares y la evolución social en la larga duración”, explican.

La herramienta permite observar patrones que antes solo podían intuirse a partir de estudios aislados: momentos de concentración de señoríos, crisis sucesorias que alteraron equilibrios regionales, estrategias matrimoniales diseñadas para asegurar bienes o influencia política, o etapas de movilidad ascendente en las que familias secundarias escalaron posiciones gracias a servicios militares o favores regios.

Al integrar partidas de bautismo, capitulaciones matrimoniales, inventarios de bienes o pleitos por mayorazgos, la base de datos ofrece una radiografía del funcionamiento interno de las élites desde la Edad Media hasta la desaparición del régimen señorial en el siglo XIX.

Extremadura como laboratorio histórico

Aunque el proyecto tiene alcance peninsular, Extremadura ocupa un lugar central. El estudio del linaje de la Cueva es uno de los puntos de partida, pero ambos investigadores subrayan que la región estuvo atravesada por numerosas casas de gran peso histórico que articularon el territorio durante siglos.

A través de sus señoríos, jurisdicciones y mayorazgos, estas familias ordenaron la vida económica, judicial y cultural de amplias zonas. Fundaron o repoblaron villas, impulsaron conventos y parroquias, levantaron palacios y articularon redes clientelares que marcaron la organización social.

La huella no es solo arquitectónica o toponímica. También se percibe en la distribución histórica de la propiedad, en las grandes explotaciones agroganaderas que configuraron el paisaje y en antiguas divisiones jurisdiccionales que todavía influyen en identidades locales. “Estudiar estos linajes es estudiar la propia evolución social de Extremadura”, sostienen.

Las mujeres, más que transmisoras

Uno de los aspectos más reveladores del proyecto es la centralidad de las mujeres en la continuidad real de las casas nobiliarias. Aunque el sistema de mayorazgo privilegiaba la herencia masculina, la documentación muestra una intervención femenina constante y estructural.

“No eran meros eslabones en la transmisión patrimonial”, subrayan. En capitulaciones matrimoniales, testamentos o pleitos aparecen como administradoras de bienes, negociadoras de alianzas y tutoras de herederos. Sin su actuación, muchas casas habrían sido mucho más frágiles.

El caso de Beatriz de la Cueva es paradigmático. Tras la muerte de su marido, fue nombrada gobernadora interina de Guatemala en un contexto de crisis, lo que evidencia que en situaciones excepcionales las mujeres podían asumir responsabilidades de primer nivel político.

En otro registro distinto, ya en el siglo XVIII, destaca la figura de María Ignacia Álvarez de Toledo y Gonzaga, activa en espacios de sociabilidad ilustrada, beneficencia y cultura. Su trayectoria muestra cómo determinadas mujeres de la élite participaron en la construcción del espacio público, desbordando el ideal estrictamente doméstico.

“Incorporar de forma sistemática a las mujeres en la reconstrucción genealógica cambia por completo la imagen del linaje. Si solo seguimos la línea masculina, entendemos la mitad del mecanismo”, advierten.

El acceso a documentación ha sido posible gracias a la combinación de archivos públicos y fondos familiares. Entre las instituciones clave figuran el Archivo Histórico de la Nobleza, el Archivo General de Indias, el Archivo Histórico Nacional y la Real Academia de la Historia, además de fundaciones y colecciones privadas que han abierto sus fondos a la investigación.

Para Molina y Mejías, esta colaboración refleja una conciencia histórica cada vez mayor entre las familias que conservan estos patrimonios documentales y una voluntad de preservarlos mediante investigación rigurosa.

Hacia un repositorio abierto

El siguiente paso es convertir la base de datos en un repositorio público estable. Para ello buscan apoyo institucional que permita crear una infraestructura digital capaz de almacenar, cruzar y actualizar miles de registros.

El impacto sería doble: Para la comunidad investigadora, supondría agilizar consultas y facilitar análisis comparativos a gran escala y para la ciudadanía, democratizaría el acceso a una parte esencial de la historia social española, permitiendo reconstruir genealogías locales, comprender la evolución de la propiedad o contextualizar el patrimonio de cada territorio.

“España no cuenta hoy con una herramienta sistematizada y accesible de estas características”, señalan. Convertir este trabajo en un servicio público significaría no solo ordenar siglos de documentación dispersa, sino abrir una conversación más amplia sobre cómo se construyó el poder y quiénes, también las mujeres, lo sostuvieron a lo largo del tiempo.

El proyecto apunta, en el fondo, a una carencia estructural: España carece de una herramienta pública que permita entender de forma sistemática cómo se construyó el poder a lo largo de los siglos. La base de datos que impulsan Molina y Mejías demuestra que esa reconstrucción es posible y que, cuando se ordena la documentación dispersa, emergen patrones que ayudan a explicar desde la configuración de las élites hasta la evolución de la propiedad o el papel real, y no simbólico, de las mujeres en la continuidad de los linajes. Convertir este trabajo en un repositorio abierto no sería solo un avance académico: permitiría a cualquier ciudadano rastrear la historia social de su territorio y devolvería al debate público una pregunta esencial y todavía vigente sobre quién ha sostenido el poder y cómo se ha transmitido.