Europa queda varada en tierra de nadie ante la guerra de Irán
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán no tiene visos de terminar al cumplir un mes de los primeros bombardeos. Los constantes cambios de estrategia sobre la duración y el alcance de la guerra por parte de Donald Trump y el anuncio este viernes del ministro israelí de Defensa, Israel Katz, de que incrementarían sus ataques contra Irán han alejado una supuesta solución diplomática que el presidente de EEUU asegura que está negociando con Irán. Mientras, la Unión Europea mantiene una posición ambivalente oponiéndose a participar en la guerra, pero con una serie de países prestando un discreto apoyo a Estados Unidos. El papel de la UE como simple observador del conflicto refleja el escaso peso europeo en la escena internacional, cuando las consecuencias económicas del conflicto están golpeando fuertemente las economías de los países europeos por su dependencia de los combustibles fósiles.
Los 27 países de la UE han querido dejar claro, en un discurso liderado por Pedro Sánchez que ha ido de menos a más, que “esta no es la guerra de Europa”. Sin embargo, varios países europeos están prestando apoyo a las tropas estadounidenses en sus ataques contra Irán. En las últimas semanas, bombarderos, drones y buques estadounidenses han sido abastecidos de combustible, armados y desplegados desde bases del Reino Unido, Alemania, Portugal, Italia, Francia y Grecia, según ha revelado el periódico The Wall Street Journal.
Como ya anunció el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, España ha negado a EEUU utilizar las bases militares en territorio español para atacar a Irán. El Ejército estadounidense decidió enviar aviones ubicados en España a otras bases en Alemania, Francia o Italia.
En la base estadounidense de Ramstein, en Alemania, se realizan las operaciones de drones estadounidenses contra Irán, según confirmaron funcionarios de ambos países a The Wall Street Journal. Fuentes del gobierno alemán admitieron que EEUU utiliza la base de Ramstein y otras en suelo germano en su guerra contra Irán y que el gobierno de Frederich Merz no puede impedir estar operaciones de acuerdo con los tratados que firmaron ambos países sobre el uso de bases estadounidenses.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, admitió que las operaciones estadounidenses en bases italianas “no implican bombardeos”, aunque desde la base aérea de Aviano, en Italia, despegan aviones para el reabastecimiento en vuelo que facilitan misiones de bombardeo de largo alcance contra Irán. Estas aeronaves de reabastecimiento también se han utilizado en la base aérea portuguesa de Lajes, en la isla Terceira en las Azores, y en la base aérea francesa de Istres-Le Tubé, según el Ejército francés.
Hay una clara contradicción de discursos en el Gobierno de EEUU frente al papel de Europa en esta guerra. Por un lado, Trump no ha parado de insultar a los aliados de la Alianza Atlántica: “Las naciones de la OTAN no han hecho absolutamente nada para ayudar con la nación lunática —ahora militarmente diezmada— de Irán. EEUU no necesitan nada de la OTAN, ¡pero 'no olvidamos' este momento tan importante!”. Mientras que el general de la Fuerza Aérea de EEUU y máximo comandante militar de la OTAN, Alexus Grynkewich, declaró ante el Senado que la mayoría de los aliados europeos “han sido extremadamente solidarios”.
El estrecho de Ormuz y la OTAN
A la vez, un grupo numeroso de países europeos (Francia, Alemania, Italia, los Países Bajos, Dinamarca, Letonia, Eslovenia, Estonia, Noruega, Suecia, Finlandia, República Checa, Rumanía y Lituania) se han unido al grupo de naciones voluntarias que han manifestado su voluntad de contribuir a reabrir el estrecho de Ormuz, pero “una vez finalizada la fase más candente del conflicto”. Una propuesta que no ha provocado el entusiasmo de Trump, que exigía la participación ya de los países en la operación militar para asegurar el tráfico marítimo del Estrecho.
El tráfico ha caído un 90% desde el inicio de la guerra de Irán provocando una fuerte presión sobre los precios de los carburantes, ya que por esta zona pasa el 20% del crudo mundial. Las llamadas de Trump solo han tenido eco en el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que admitió en público que había conversaciones en el seno de la Alianza Atlántica sobre cómo abordar el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Estas declaraciones de Rutte provocaron mucho malestar en las capitales europeas, ya que llegó a decir que los aliados europeos acabarían “uniéndose” a la llamada de Trump para desplegar fuerzas navales en el estrecho de Ormuz. La defensa acérrima de las políticas de Trump y la falta de mención por parte del secretario general de la OTAN sobre los insultos del presidente de EEUU contra los aliados europeos está provocando una desafección general contra Rutte.
Los comentarios de Rutte están muy lejos de la posición de la jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas, quien aseguró que “Estados Unidos ha sido muy claro en que quiere dividir a Europa. No les gusta la Unión Europea” y puso abiertamente sobre la mesa que un antiguo aliado como EEUU utiliza tácticas usadas por “nuestros adversarios” contra Europa.
Kallas ha insistido en que “Rusia está ayudando a Irán con inteligencia para apuntar y matar a los estadounidenses. Rusia también está apoyando a Irán ahora con los drones para que puedan atacar a los países vecinos y también a las bases militares estadounidenses. Estas guerras están muy interrelacionadas. Si Estados Unidos quiere que cese la guerra en Oriente Próximo y que Irán deje de atacarles, también debe presionar a Rusia”. La UE ha mostrado su rechazo a la suspensión temporal del veto de comprar petróleo ruso que ha aprobado el Gobierno de Trump para rebajar el impacto en los precios del crudo, ya que permite a Rusia financiarse para mantener su invasión de Ucrania.
El conflicto en Oriente Próximo ha abierto una puerta a la UE para mejorar las relaciones con los países del Golfo. Más aún, cuando crece el escepticismo de los países de la zona las supuestas negociaciones de Trump con Irán para lograr un alto el fuego. Entre los países de Oriente Medio se acrecientan las sospechas de que las conversaciones de paz puedan ser un subterfugio para una escalada.
En este sentido, Cinzia Bianco, analista del European Council on Foreign Relations, apunta que los países del Golfo Pérsico “nunca habían experimentado directamente un nivel tan extremo de conflicto y tensiones. La guerra ha cambiado su cálculo de seguridad y su posicionamiento geopolítico y ahora están en busca de socios estables y confiables. Esto abre un espacio para asociaciones entre europeos y las monarquías del Golfo con el fin de estabilizar esta región de gran importancia para la economía global”.
Otra cuestión es si la UE tiene capacidad para ocupar ese espacio geopolítico. Katarzyna Sidło, investigadora del European Union Institute for Security Studies, recalca que “la guerra ha expuesto vulnerabilidades compartidas y ha creado una oportunidad poco común para una asociación más sustantiva entre la UE y el Golfo. Para aprovechar esta oportunidad, la UE necesitará ir más allá de las expresiones de preocupación y ofrecer a sus socios algo más tangible: un compromiso creíble en materia de seguridad, cooperación económica práctica y coherencia política. La cuestión ya no es si existe una apertura, sino si la UE está lista y es capaz de aprovecharla”.
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