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ANÁLISIS

El escepticismo de los países del golfo Pérsico sobre las “intensas conversaciones” con Irán evidencia una desconfianza hacia Trump

Imagen de archivo. El portavoz del ministerio de Exteriores de Qatar, Majed Al Ansari (i), y el secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo, Jassim Al Budaiwi.
26 de marzo de 2026 21:56 h

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Poco después de que Donald Trump afirmara esta semana que EEUU estaba inmerso en “intensas conversaciones” para poner fin a la guerra con Irán, Qatar dio un paso inusual y se distanció de las supuestas negociaciones diplomáticas.

Qatar no participó en ningún intento de mediación, afirmó el portavoz del Gobierno, Majed al-Ansari, en una rueda de prensa el martes por la noche, antes de añadir, en un comentario revelador: “Si es que existen”.

Esto supuso una notable ruptura con la posición histórica y recurrente de Qatar como principal mediador en los conflictos de Oriente Medio y de la región en general. Ya fuera en las negociaciones entre Israel y Hamás, en las conversaciones entre Estados Unidos y los talibanes o en los intentos de negociar acuerdos de paz en Líbano y Sudán, una de las piedras angulares de la influencia internacional de este pequeño Estado del Golfo ha sido el organizar cumbres diplomáticas.

Esta vez, durante las últimas tres semanas, Qatar y otros países del golfo Pérsico se han visto, sin embargo, en primera línea de la guerra, después de que EEUU acabase rechazando sus esfuerzos de mediación para intentar evitar el conflicto.

EEUU ha atacado Irán en dos ocasiones durante las negociaciones para detener el programa nuclear iraní, que fueron impulsadas y lideradas por Omán. Las conversaciones del pasado mes de junio se interrumpieron cuando EEUU e Israel lanzaron ataques contra las instalaciones nucleares de Irán. Cuando se reanudaron, este mes de febrero, también quedaron rápidamente en nada cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, comenzó a bombardear Teherán junto con Israel antes de la ronda final de reuniones.

El alto precio y la sospecha

Desde el comienzo de la guerra, los Estados del Golfo se han visto obligados a gastar miles de millones para repeler una avalancha diaria de misiles y drones iraníes, que ha supuesto un golpe a sus economías y soberanía cada vez más sustancial.

Los Estados del Golfo desempeñaban antes un papel mediador útil, hasta que se dieron cuenta de que todo era en vano

Bilal Saab Director general sénior del grupo asesor Trends US

Los analistas afirman que la renuncia a apoyar los supuestos esfuerzos para un alto el fuego reflejan tanto el alto precio que siguen pagando por la guerra, como la sospecha persistente de que las conversaciones de paz de Trump pueden ser otra maniobra para la escalada, más que un intento verídico de atajar el conflicto.

“Han salido escaldados de su experiencia anterior”, dice Bilal Saab, director general sénior del grupo asesor Trends US y antiguo cargo del Pentágono en el primer Gobierno de Trump. “Antes pensaban que desempeñaban un papel mediador útil, hasta que se dieron cuenta de que todo era en vano. Por no mencionar que se han visto directamente implicados en la guerra y los iraníes los siguen atacando. Así que hay mucha frustración y decepción acumuladas que están afectando a su voluntad, y quizás incluso a su capacidad, para mediar en nada”.

La falta de claridad en torno a las supuestas negociaciones actuales entre EEUU e Irán, y la profunda desconfianza por el régimen de Trump, han hecho que los líderes del Golfo se muestren reacios a situarse en primera línea de las conversaciones por el momento, según los analistas.

Poca claridad

Aún no está claro exactamente con quién está hablando EEUU en Irán para presentar su propuesta de paz. Siguen sin resolverse cuestiones fundamentales sobre quién toma las decisiones en el régimen iraní, tras el asesinato de varias figuras de alto rango del régimen y habida cuenta de que el recién nombrado líder supremo Mojtaba Jamenei aún sigue oculto para el público.

El régimen iraní rechazó el miércoles el plan de 15 puntos de Trump para poner fin a la guerra presentado a Teherán a través de generales paquistaníes, que tildó de “extremadamente irrazonable” y al que replicó presentando su propia propuesta, notablemente diferente.

Una columna de humo se eleva sobre el aeropuerto de Dubái (Emiratos Árabes Unidos) tras un ataque de Irán el 16 de marzo.

También es un problema regional la preocupación por dar legitimidad a unas conversaciones si, en última instancia, se convierten en una tapadera para la escalada, o incluso para el asesinato de más líderes iraníes. A pesar de que Trump insistió en que se estaban logrando avances en las negociaciones, también estaba desplegando miles de soldados estadounidenses en Oriente Medio, y sigue existiendo un fuerte temor entre los Estados del Golfo de ser utilizados como peones en el juego de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio.

“Sigue existiendo una fuerte posibilidad de que esto sea una artimaña para preparar otra operación militar o de que EEUU quiera llevar a cabo negociaciones bajo la amenaza de una invasión terrestre”, advierte Saab.

Fuentes diplomáticas iraníes expresan temores similares. Una fuente afirma que “existe un alto grado de escepticismo” sobre el potencial de unas conversaciones de paz. “Como vimos en negociaciones anteriores que mantuvimos con EEUU, las utilizaron para atacar y asesinar a nuestros líderes. La desconfianza es muy alta”, dice.

¿Participar en las negociaciones?

Bader Al Saif, profesor de la Universidad de Kuwait y miembro del grupo de expertos Chatham House, dice que a los Estados del Golfo les resulta difícil ignorar que “cada vez que la Administración Trump utilizaba la palabra negociación” el resultado final es “la guerra”. “Trump tiene un concepto amplio y vago de lo que significa negociar”, dice. “En este momento, la situación sigue siendo muy volátil. Creo que los Estados del Golfo se sumarán a las negociaciones cuando sientan que hay algo real que pueden ofrecer”.

Sin embargo, destaca que la renuencia a verse envueltos en una posible farsa trumpiana se ve contrarrestada por la importancia crítica que tendría dar forma e influir en cualquier negociación de paz realista en la que se dirima el futuro del Golfo.

La situación sigue siendo muy volátil. Los Estados del Golfo se sumarán a las negociaciones cuando sientan que hay algo real que pueden ofrecer

Bader Al Saif Profesor de la Universidad de Kuwait y miembro del grupo de expertos Chatham House

Situadas en algún caso a menos de 160 kilómetros de Irán, las capitales del Golfo ven como una amenaza existencial a sus ambiciones económicas de futuro que Trump pueda poner fin a la guerra sin que el régimen de Irán haya caído. Si sobrevive, es posible que lo haga con ansias de venganza y conociendo ya el daño que sus misiles y drones pueden causar a sus infraestructuras e industrias multimillonarias. Tampoco hay aún una solución clara sobre cómo evitar que Irán siga controlando el estrecho de Ormuz, a través del cual se exporta al mundo la mayor parte del petróleo y el gas del Golfo, lo que sigue siendo una espada de Damocles sobre la región.

Pero si la guerra de EEUU se prolonga, con el objetivo esquivo de un cambio de régimen, las economías del Golfo correrían peligro de desangrarse y poner en peligro sus infraestructuras vitales de suministro de energía y agua, lo que tendría un alto coste civil. También persistiría la posibilidad de que Teherán activara sus células durmientes y facciones armadas leales en países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar o Kuwait, que podrían desencadenar una desestabilizadora guerra proxy interna.

Al Saif afirma que no solo es vital que los Estados del Golfo estén presentes en cualquier mesa de negociaciones de paz si estas llegan a celebrarse, sino que insta a los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) —la agrupación política de los Estados del Golfo— a iniciar sus propias negociaciones por separado con Irán, para garantizar la protección de sus intereses a largo plazo.

Un carguero en el Estrecho de Ormuz.

“No deberían contar únicamente con EEUU para llevar a cabo la negociación”, afirma el profesor. “Deberían llegar a un acuerdo con Irán por su cuenta. Esta no era nuestra guerra, y si podemos protegernos de sufrir más repercusiones, deberíamos hacerlo para salvaguardar nuestros propios intereses nacionales”, plantea.

“A Trump no le importan demasiado los Estados del Golfo”

La sugerencia de Pakistán —un país musulmán que tiene un pacto de defensa con Arabia Saudí y estrechos vínculos con otros países del CCG— como sede más probable para acoger y orquestar las conversaciones de paz es relativamente favorable para los Estados del Golfo, sostiene Al Saif. Sin embargo, otros cuestionan que Islamabad tenga la misma influencia económica y peso sobre Irán que países del Golfo como Qatar y Emiratos Árabes Unidos, que guardan miles de millones de dólares de fondos iraníes en sus bancos.

Una vez que cesen los combates, los Estados del Golfo tendrán que decidir: '¿hay formas de empujar a este régimen en otra dirección?'

Alex Vatanka Investigador principal del 'think tank' estadounidense Middle East Institute

Alex Vatanka, investigador principal del think tank estadounidense Middle East Institute, destaca que, más allá de garantizar el flujo comercial a través del estrecho de Ormuz y desmantelar el programa nuclear, no hay motivos para esperar que Trump dé prioridad a las necesidades del Golfo en una negociación con Irán, a pesar del acuerdo de seguridad que desde hace décadas tiene con los países de la región.

Es asimismo muy improbable que Irán acepte, a su vez, renunciar a los misiles que tanto daño han causado a los Estados del Golfo y que podrían resultar una herramienta eficaz para ejercer influencia más adelante.

“Trump podría volver a sacrificar fácilmente a los Estados del Golfo; no le importan demasiado más allá de que sean fuentes de oportunidades comerciales personales”, opina Vatanka.

Aunque destaca que se necesitarán hazañas diplomáticas de primera magnitud para reconstruir la confianza entre Irán y los Estados del Golfo, Vatanka espera en última instancia, tracen su propio camino con Teherán, tal y como habían hecho antes de que estallara la guerra.

“Pase lo que pase, seguirán siendo Estados de primera línea. Irán está justo al otro lado del estrecho y ellos no son una fortaleza”, agrega. “Así que, una vez que cesen los combates, los Estados del Golfo tendrán que decidir: '¿Hay formas de empujar a este régimen en otra dirección?”.

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