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“La paciencia tiene un límite”: los países del Golfo, atrapados en la represalia de Irán a la guerra de EEUU e Israel

Instalaciones de gas natural licuado (GNL) en Ras Laffan, en Qatar.

Icíar Gutiérrez

20 de marzo de 2026 22:21 h

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Desde que Estados Unidos e Israel comenzaron su guerra ilegal en Irán hace tres semanas, los países del golfo Pérsico se han enfrentado a la represalia diaria por parte de Teherán, que ya no se limita a apuntar a instalaciones militares de Washington y los ha atacado con proyectiles que han impactado en aeropuertos, hoteles, distritos financieros y otras instalaciones. Al mismo tiempo, el país persa interrumpe el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz, la arteria por la que se transporta aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y que sustenta las economías del Golfo, con repercusiones energéticas y económicas globales evidentes.

Sin final a la vista, Donald Trump y Benjamin Netanyahu sacan pecho de la operación que ha sembrado el caos y ha acabado con cientos de vidas en Irán. Mientras, evitan dar un plazo para acabar con un conflicto que ha escalado esta semana con el asesinato de más líderes iraníes destacados y el ataque perpetrado por Israel –y del que Trump ha intentado desligarse pese a las informaciones que indican que estuvo coordinado con EEUU– sobre Pars Sur, el mayor yacimiento de gas del mundo, que el país persa comparte con Qatar.

Irán respondió con furia, apuntando al corazón de la producción energética de sus vecinos. Un dron impactó en una refinería de la petrolera estatal saudí Aramco de Samref, dos de las principales refinerías de Kuwait fueron alcanzadas y Ras Laffan, la principal planta de gas natural licuado de Qatar, salió ardiendo y sufrió “daños graves” tras los ataques con misiles.

Los Estados árabes han suplicado a Irán que cese los ataques. Mientras la tensión se disparaba, los ministros de Exteriores de países árabes y musulmanes se reunieron en la capital saudí y emitieron un comunicado conjunto en el que sostienen que estas acciones, que Teherán enmarca en su autodefensa, “no pueden justificarse bajo ningún pretexto ni de ninguna manera”. También llamaron a “poner fin a la escalada, lograr la seguridad y la estabilidad en la región y promover la diplomacia como medio para resolver la crisis”.

Pero al terminar el encuentro, hubo quien elevó el tono y exhibió señales de hartazgo. En unas de las declaraciones más duras de Arabia Saudí en las casi tres semanas de guerra, la monarquía del Golfo dijo que se reservaba el derecho de emprender acciones militares si es necesario y que su paciencia “no es limitada”. “No va a funcionar, el reino no va a sucumbir a la presión. Esta presión de Irán tendrá un efecto contraproducente tanto política como moralmente”, dijo el ministro de Asuntos Exteriores saudí, el príncipe Faisal bin Farhan. “La paciencia que se está mostrando no es ilimitada. ¿Les queda [a los iraníes] un día, dos, una semana? No voy a revelar eso”.

Turquía, un país donde la OTAN ha interceptado varios misiles desde el inicio de la guerra el 28 de febrero, afirmó que está transmitiendo consejos “amistosos” a Irán para evitar que su conflicto se extienda por Oriente Medio. Hakan Fidan, el ministro de Asuntos Exteriores, reiteró que el principal responsable de la guerra es Israel, pero señaló que Irán tiene la “responsabilidad histórica” de no atacar a los países de la región.

Reacciones dispares

Las reacciones en la región son cada vez más enérgicas, pero siguen siendo dispares, según explica Hamidreza Azizi, experto en política exterior y de seguridad iraní y profesor visitante en el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP) en Berlín. Omán, por ejemplo, sigue abogando por la distensión, mientras que “Arabia Saudí y, especialmente, Emiratos Árabes Unidos están adoptando posiciones cada vez más beligerantes hacia Irán”, indica el analista en X. “Las tensiones entre Irán y Emiratos Árabes Unidos se han intensificado considerablemente. Las relaciones diplomáticas se están deteriorando, y la suspensión de visados, el cierre de instituciones iraníes y las noticias sobre el cierre de embajadas apuntan a una ruptura significativa de las relaciones”, dice Azizi.

Teherán ha respondido que no habrá “contención” en su represalia. Tras el bombardeo al importante yacimiento, el país persa, que con frecuencia había negado estar detrás de los ataques en el Golfo y aseguraba estar apuntando solo a intereses estadounidenses, publicó un listado de blancos que calificó de “legítimos” e incluía importantes complejos petroquímicos, refinerías, yacimientos de gas y plantas industriales en Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Qatar.

Ni Omán, ni, sobre todo, Qatar esperaban ser objeto de ataques tan virulentos por parte de un régimen con el que mantenían relaciones cordiales

Ignacio Álvarez-Ossorio Catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense

La ira de los países del Golfo se ha intensificado con los ataques, que aumentan la presión sobre sus dirigentes, y algunas fuentes apuntan a que existe la sensación generalizada de que Irán ha cruzado todas las líneas rojas. Sin embargo, se cree que los líderes de la región siguen temiendo una conflagración más amplia e incontrolable, y los expertos dudan de que se involucren militarmente. Países como Qatar han apostado por medidas diplomáticas. Tras sufrir la represalia iraní del bombardeo israelí contra el yacimiento de gas, que había condenado como “peligroso e irresponsable”, el país expulsó a los agregados militares y de seguridad de la embajada de Irán y les dio 24 horas para marcharse.

Esta decisión pone de manifiesto la creciente preocupación incluso entre los Estados que han mantenido lazos relativamente estables con Teherán, que ha visto tradicionalmente con profunda desconfianza a sus vecinos del golfo Pérsico, estrechos aliados de Estados Unidos, pero ha mantenido relaciones menos tensas con Qatar y Omán, por lo general.

“Hay algunos países que no se esperaban sufrir ataques de esta envergadura. Aquí está claro el caso de Qatar, que siempre había apostado por la mediación y la diplomacia, que muchas veces había acudido en ayuda de Irán”, dice a elDiario.es Ignacio Álvarez-Ossorio, catedrático de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense. “No se esperaban recibir el mismo trato que Baréin o Emiratos Árabes Unidos, que sí habían normalizado relaciones con Israel con los acuerdos de Abraham y están sufriendo muchos ataques, entre otras cosas porque albergan bases militares norteamericanas y también se les quiere hacer daño a su sector energético. Ni Omán, ni, sobre todo, Qatar esperaban ser objeto de ataques tan virulentos por parte de un régimen con el que mantenían relaciones cordiales”.

Los equilibrios del Golfo

Alvarez-Ossorio recalca que las acciones iraníes suponen un “golpe importantísimo” para la economía de todos los países del Golfo. “Ya se está hablando de que en muchos casos van a tener que revisar sus cuentas, incluso también podría tener un impacto con los compromisos que habían adquirido con Estados Unidos para invertir en la industria, sobre todo en inteligencia artificial, centro de datos, también compra de armamento, compra de aviones en el caso de Qatar, para renovar la flota de Qatar Airways”.

El director ejecutivo de QatarEnergy ha explicado que los ataques iraníes han dejado fuera de servicio el 17% de la capacidad de exportación de gas natural licuado del país, lo que ha provocado una pérdida estimada de 20.000 millones de dólares en ingresos anuales y amenaza el suministro a Europa y Asia. Según ha indicado, dos de las 14 plantas de gas natural licuado cataríes han resultado dañadas en los ataques y las reparaciones impedirán el suministro de 12,8 millones de toneladas anuales de gas natural licuado durante un periodo de entre tres y cinco años.

Según apuntan varios analistas, la estrategia de Teherán –que ha querido demostrar fuerza tras el asesinato de su líder supremo en la agresión de Israel y EEUU– pasa por imponer costos en lugar de buscar una victoria decisiva en el campo de batalla. Para ello, se centra en explotar puntos de presión regionales como la infraestructura energética, las rutas marítimas y las instalaciones militares estadounidenses. Al presionar a otros actores regionales, el país persa espera aumentar los costos económicos y políticos de una guerra prolongada.

Hasta ahora, en un momento de riesgo para las infraestructuras críticas, las rutas marítimas y mercados energéticos, los países del Golfo han priorizado públicamente la estabilidad: aun expresando su preocupación por los ataques iraníes, las declaraciones de las autoridades, por lo general, han sido moderadas, apuntando a evitar una mayor escalada y verse involucrados en la guerra. Países de la región incluso habían estado intentando mediar entre Teherán y Washington, como Omán, y han llevado a cabo una intensa labor diplomática para evitar una confrontación militar más amplia.

Los países de la región se encuentran en una situación estratégica delicada: no son combatientes en el enfrentamiento de Israel y EEUU contra Irán, pero tampoco lo observan desde la barrera, ya que se encuentran atrapados en el fuego cruzado de una guerra por la que están pagando un alto precio. 

Y en este contexto, los Estados del Golfo están intentando equilibrar la amenaza de los ataques iraníes con el enorme riesgo de verse arrastrados a la guerra liderada por Estados Unidos e Israel, según explican los analistas. Es una contención calculada, en la que estos países –gobernados por monarquías autoritarias con diferentes niveles de apertura y control político– procuran defender su soberanía y señalar líneas rojas sin entrar en una guerra que no controlan y los expondría a más represalias. 



Washington ha estado presionando a los Estados del Golfo para que se unan a su guerra conjunta con Israel, según publicó a principios de semana la agencia Reuters citando varias fuentes diplomáticas, algunas de las cuales apuntan a que Trump quiere demostrar el respaldo regional a la campaña. Según algunas informaciones, al inicio de la guerra, la Administración Trump se enfrentó a un creciente descontento por parte de sus aliados del Golfo Pérsico. Fuentes de dos países indicaron a la agencia AP que sus países no fueron avisados con antelación del ataque estadounidense-israelí. Una incluso aseguró que había enfado y frustración en la región porque el ejército estadounidense no los había defendido lo suficiente.

“Estos países son conscientes de que están en una posición muy baja en las prioridades de EEUU y esto los ha llevado a un terreno peligrosísimo en el que no querían estar. EEUU les ha llevado la guerra a sus casas, la guerra ya no está en el vecindario”, decía hace unos días a elDiario.es Haizam Amirah Fernández, director ejecutivo del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC). 

Mientras tanto, recientemente ha trascendido que estos mismos países parecen estar animando a EEUU e Israel a que concluyan la guerra de forma contundente. Según informó también Reuters a comienzos de semana, a medida que los ataques se han intensificado, los países del Golfo han pedido a Washington que no se quede a medias, dejando que Teherán “siga siendo capaz de amenazar el suministro de petróleo y las economías que dependen de él”. Una fuente del Golfo afirmó que el sentir general entre los líderes de la región era inequívoco: que Trump debe debilitar por completo la capacidad militar de Irán.

Algunos medios estadounidenses han escudriñado el rol que puede estar jugando Mohammed bin Salman, el príncipe heredero de Arabia Saudí, principal rival de Irán por la influencia regional. Según el New York Times, el consejo que le ha dado a Trump es que siga actuando con dureza contra los iraníes. Un artículo del Washington Post al inicio de la guerra de Irán fue más allá, señalando que el príncipe heredero saudí había mantenido varias conversaciones telefónicas privadas con el presidente de EEUU en las que abogó por un ataque estadounidense, a pesar de su apoyo público a una solución diplomática. 

“Según algunas informaciones, algunos Estados vecinos que acogen a las fuerzas estadounidenses y permiten los ataques contra Irán también están fomentando activamente esta matanza. Es necesario que se aclaren sin demora sus posiciones”, dijo en X el pasado lunes el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi. 

¿Arrastrados por la guerra?

Hasta el momento, los países del Golfo han optado por una estrategia defensiva. Sus sistemas de defensa aérea han interceptado la mayoría de los miles de drones y misiles disparados por Irán, aunque algunos proyectiles han alcanzado su objetivo, causando daños a infraestructuras críticas y víctimas. Más de una decena de civiles han muerto y más de 200 han resultado heridos, la mayoría trabajadores migrantes, según fuentes gubernamentales del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) citadas por Human Rights Watch. Su imagen como refugio seguro de la región se ha visto afectada.

La mayoría de los analistas coincide en que sigue habiendo una reticencia generalizada a entrar en la guerra, y creen que las probabilidades de que reconsideren su postura y pasen a la ofensiva son bajas. “Hay mucha sorpresa, también mucho malestar, pero en mi opinión no van a ser arrastrados a una guerra en la que tienen mucho más que perder que ganar”, dice Álvarez-Ossorio. A su juicio, Emiratos Árabes Unidos “podría haberse tentado” porque es “una gran potencia militar –la más importante junto a Arabia Saudí en términos militares del Consejo de Cooperación del Golfo–, pero la proximidad geográfica desalienta que adopten una política más belicista por el temor a que lo que han sido ataques muy esporádicos por el momento se conviertan en el día a día y dañen las infraestructuras energéticas”. 

En su opinión, Israel sería el “gran interesado” en un escenario “de cuanto peor mejor” en el que pueda “armar un bloque suní-israelí para golpear” a Irán. “Sería el escenario ideal para Israel, pero es algo poco factible”, agrega. En esta línea, Haizam Amirah Fernánde cree que Israel “está abiertamente queriendo arrastrar a las monarquías árabes del Golfo a su guerra”.

Álvarez-Ossorio subraya que los ataques están cohesionando a los países del Golfo, “que se ven amenazados en conjunto”. Destaca el caso de Arabia Saudí, que “está coordinándose más con todos los países del Consejo de Cooperación del Golfo, incluso con Emiratos Árabes Unidos, que era un país con el cual las relaciones se habían deteriorado notablemente”.

“No es solo un actor o un país que esté siendo bombardeado, de tal manera que les cohesiona mucho más, tanto a los que habían apostado por el poder blando, como Omán, Kuwait o Qatar, como a los que habían apostado por el poder duro, como Emiratos, Arabia Saudí y Bárein. Todos están haciendo un frente común para lo que perciben que es una amenaza vital y a Irán como el principal desestabilizador en la región”, concluye el catedrático.

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