Los otros actores de la guerra en Irán: quién participa y quién puede entrar en el conflicto
La madrugada del 28 de febrero, Estados Unidos e Israel emprendieron una ofensiva ilegal contra Irán que continúa casi tres semanas después. Si bien algún actor de la región ha decidido sumarse al conflicto, interviniendo directamente a favor de uno de los dos bandos, otros intentan mantenerse al margen de una guerra que está escalando, sin un final a la vista, y que podría expandirse a todo el golfo Pérsico y Oriente Medio.
Los bombardeos estadounidenses e israelíes han descabezado al régimen iraní, con asesinatos selectivos de sus dirigentes más destacados: Irán ha lanzado andanadas de misiles y drones contra Israel, su principal objetivo, pero algunos proyectiles han llegado hasta Turquía. También los vecinos árabes de Irán han sido blanco de numerosos ataques, que el miércoles se ampliaron a sus instalaciones energéticas después de que Israel bombardeara un gran yacimiento de gas iraní. La última escalada amenaza con arrastrar a las monarquías del golfo Pérsico a una guerra que ya se libra en sus territorios.
Estos son los actores que se encuentran involucrados en el conflicto, de forma voluntaria o involuntaria:
Hizbulá, el principal aliado de Irán
El grupo chií Hizbulá fue el aliado de Irán que reaccionó más rápidamente al comienzo de la ofensiva de EEUU e Israel y, dos días más tarde, empezó a atacar el Estado hebreo en Líbano para vengar a su mentor político y financiador. El lanzamiento de cohetes y drones desde Líbano contra Israel ha servido de detonante para una nueva ofensiva israelí a gran escala contra el país vecino, con intensos bombardeos y también operaciones terrestres.
El ejército israelí no había detenido sus ataques contra Líbano desde el alto el fuego con Hizbulá de noviembre de 2024 ni se había retirado por completo del sur del país, donde había advertido de que la milicia chií intentaba restablecer su presencia y sus capacidades militares.
Hizbulá salió muy debilitado de la guerra de 2024 con Israel, la mayoría de sus altos mandos fueron asesinados en ataques selectivos israelíes y sus arsenales, destruidos; además, la caída del régimen de Bashar al Asad en Siria, en diciembre de 2024, cortó la conexión directa entre Irán y la milicia y una de sus principales vías de suministros.
Aun así, Hizbulá ha reaparecido con fuerza en este conflicto, convirtiendo a Líbano en uno de los principales escenarios de la guerra, en el que el ejército israelí está actuando por aire y tierra y matando a un elevado número de personas. Según las autoridades libanesas, más de 1.000 han fallecido por los ataques israelíes desde el 2 de marzo: el recuento no distingue entre milicianos y civiles, pero entre las víctimas hay unos 120 menores.
El líder de Hizbulá, Naim Qassem, ha afirmado que sus hombres buscan “defender Líbano” frente a Israel, acusando al Gobierno de Beirut de no haber protegido ni a los ciudadanos ni la soberanía del país. Hanin Ghaddar, analista del Washington Institute for Near East Policy experta en el grupo chií, ha escrito que el objetivo de Hizbulá es “arrastrar a Israel a una guerra en Líbano, con la esperanza de distraer a las Fuerzas de Defensa de Israel de [su ofensiva en] Irán, abriendo un segundo frente” de batalla.
Las milicias proiraníes de Irak
Si bien las milicias proiraníes de Irak no son tan poderosas como Hizbulá, se han movilizado a favor de Irán cada vez que se ha visto amenazado o cada vez que EEUU e Israel han actuado en contra de sus intereses en la región.
Desde el comienzo de la guerra, las milicias –mayoritariamente chiíes– han sido acusadas de atacar bases militares estadounidenses en Irak, su embajada en Bagdad y otras legaciones diplomáticas e instalaciones occidentales. También han alcanzado Jordania, Israel y otros países árabes del golfo Pérsico, aunque sin causar graves daños, ya que disponen de un armamento menos potente.
Uno de los principales objetivos en suelo iraquí ha sido la región autónoma del Kurdistán, en el noroeste del país, donde están desplegadas tropas internacionales en el marco de la lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico. Un soldado francés murió y varios resultaron heridos por un ataque con dron en el Kurdistán iraquí, reivindicado por un grupúsculo armado.
A su vez, las milicias iraquíes están siendo blanco de bombardeos de EEUU e Israel –e, incluso, de operaciones especiales sobre el terreno, según algunas fuentes–, y decenas de milicianos han muerto.
Por su parte, el Gobierno iraquí ha pedido en varias ocasiones que su territorio no se convierta en un campo de batalla en este conflicto, tratando de mantener el difícil equilibrio entre sus buenas relaciones políticas, económicas y de seguridad con Irán y su alianza con EEUU.
Los países árabes del golfo Pérsico
Irán siempre ha tenido relaciones tensas con las monarquías árabes del golfo Pérsico –excepto con Qatar y Omán– y en el actual conflicto los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo están siendo blanco de los ataques con drones y misiles de Teherán y sus aliados en represalia por los bombardeos de EEUU e Israel.
Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Qatar, Arabia Saudí, Kuwait y Omán son castigados por su alianza estratégica con EEUU y por la presencia de importantes bases militares de este país, que Irán considera “objetivos legítimos”. Además, Emiratos mantiene muy buenas relaciones con Israel y este podría ser uno de los motivos por los que está siendo blanco de la mayor parte de los ataques iraníes contra sus vecinos.
La cercanía geográfica ha convertido a estos pequeños países en el blanco más fácil, ya que Irán está reservando sus misiles de largo alcance para atacar Israel. En un primer momento, las monarquías del Golfo trataron de mantenerse al margen y prometieron que no se lanzarían ataques contra Irán desde sus territorios, pero a medida que el conflicto ha escalado, han sufrido más ataques y daños materiales, humanos y en su economía.
La semana pasada, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución que condena los ataques con misiles y drones lanzados por Irán contra Baréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Jordania. El texto fue impulsado por los países del Golfo y exige a Teherán que “cese inmediata e incondicionalmente cualquier provocación o amenaza contra los Estados vecinos”, sin embargo, no menciona los ataques de EEUU e Israel contra Irán.
Esta semana, los Gobiernos árabes del Golfo han subido el tono de sus declaraciones, después de que Irán haya atacado instalaciones energéticas en Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, en respuesta al bombardeo de Israel contra el yacimiento gasístico de Pars Sur el miércoles.
Haizam Amirah Fernández, director ejecutivo del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), ha afirmado a elDiario.es que “Israel está abiertamente queriendo arrastrar a las monarquías árabes del Golfo a su guerra”.
“Estos países son conscientes de que están en una posición muy baja en las prioridades de EEUU y esto los ha llevado a un terreno peligrosísimo en el que no querían estar. EEUU les ha llevado la guerra a sus casas, la guerra ya no está en el vecindario”, añade.
Estos son los actores que han decidido no intervenir, pero podrían hacerlo o se podrían ver arrastrados:
Los hutíes de Yemen
El grupo chií de los hutíes en Yemen es otro de los aliados de Irán, del que dependía para abastecerse de armamento hasta el actual conflicto. La escasez de drones y misiles, que Irán necesita ahora para sí mismo, podría ser una de las razones por las que los hutíes no han entrado en el conflicto a favor de su principal patrocinador, así como el temor a ser blanco de más ataques que debiliten demasiado al grupo, que tiene otros frentes abiertos a nivel interno.
Los hutíes no dudaron en involucrarse en un conflicto directo con Israel después de que el Gobierno de Benjamín Netanyahu lanzara su guerra genocida contra Gaza, atacando con drones y misiles el Estado hebreo y obstaculizando la navegación en el mar Rojo como forma de presión sobre la comunidad internacional.
Eso hizo que sufrieran repetidos bombardeos israelíes entre 2023 y 2025 (incluido un bombardeo que acabó con la mayoría del Gobierno de los hutíes en Saná); también EEUU y Reino Unido intervinieron en contra de los hutíes por sus ataques contra los barcos en el mar Rojo y, finalmente, forzaron un alto el fuego en 2025 para restablecer el tráfico marítimo por esa ruta comercial de gran importancia. Fuentes oficiales de Irán declaraban esta semana a elDiario.es que “quizá no ha llegado el momento para que se involucren” en la guerra, pero podría llegar.
Ahmed Nagi, analista experto en Yemen de International Crisis Group, ha señalado que la decisión de los líderes hutíes de distanciarse del conflicto es calculada y coordinada con sus aliados iraníes. “La decisión no se debe a la falta de voluntad para intervenir, sino al momento oportuno”, ha dicho Nagi a la agencia Associated Press, agregando que es probable que los hutíes intervengan si el conflicto se expande o si perciben una amenaza existencial para Irán como un deterioro significativo de sus capacidades militares.
Los hutíes se han declarado listos para intervenir y podrían hacerlo de diferentes maneras, desde atacar barcos en el mar Rojo –añadiendo inestabilidad al tráfico marítimo internacional, afectado por el bloqueo del estrecho de Ormuz– a atacar instalaciones energéticas en los países del golfo Pérsico, como ya han hecho en el pasado.
Turquía, escudo de la OTAN
Ankara se ha opuesto frontalmente a la guerra y ha denunciado la intervención de EEUU e Israel, pero no por cercanía o simpatía respecto a Irán, sino por miedo a una mayor desestabilización de la región, con una posible nueva crisis de refugiados. De hecho, Turquía ha sido uno de los países que ha visto con más recelos las ambiciones de Irán en Oriente Medio y su influencia en diferentes países a través de sus milicias aliadas.
En Siria, el ejército turco y los grupos armados locales respaldados por Ankara se han enfrentado a las milicias chiíes apoyadas por Irán y a las tropas de Bashar al Asad, asesoradas por Teherán.
Desde el comienzo de la ofensiva conjunta de EEUU e Israel, las defensas antiaéreas de la OTAN en Turquía han interceptado varios misiles lanzados desde Irán, pero Ankara no quiere elevar la tensión con Teherán y verse arrastrada al conflicto por su pertenencia a la Alianza Atlántica. También teme una movilización de los kurdos de Irán y un futuro escenario en el que los kurdos –contra los que el Estado turco lleva décadas luchando– cobren protagonismo y fuerza más allá de las fronteras iraníes.
Otros países de la región, como Egipto, que no se han visto directamente afectados por el conflicto, han abogado por el fin de las hostilidades que amenazan con desestabilizar todavía más una región que ya estaba sacudida por la guerra de Gaza desde 2023 y otras crisis políticas y humanitarias. El Gobierno de El Cairo se ha solidarizado con Jordania y las monarquías suníes del Golfo que son sus aliadas.
Jordania ha sido atacada, sobre todo al principio de la guerra, por su alianza con EEUU y la presencia militar estadounidense en el reino. No es la primera vez que el pequeño país se ve en el fuego cruzado por su posición política y también geográfica, entre Israel, Siria, Irak y Arabia Saudí.
El aún frágil Gobierno de Siria también trata de mantenerse al margen, a pesar de estar en el fuego cruzado entre Irán e Israel. Fragmentos de proyectiles han caído en territorio sirio matando e hiriendo a varias personas, según la ONU. Además, la ofensiva de Israel contra Líbano afecta inevitablemente al país vecino, con unas 140.000 personas que han cruzado la frontera de Líbano con Siria para huir de los bombardeos (mayoritariamente, sirios que se habían refugiado en el país vecino durante la guerra civil siria).
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