Crónica
Sin balcón y con antidisturbios: así acabó la moción con la que el PP echó a la izquierda de Lugo tras 27 años
Mientras Elena Candia posaba para la prensa con el bastón de mando, aguantando la sonrisa más allá de lo humanamente posible, los gritos que sonaban de fondo no eran de “alcaldesa”, sino de “Alcalde, alcalde”. Miguel Fernández, regidor hasta apenas unos minutos antes, había llegado a la calle y era recibido entre ovaciones por los cientos de personas concentradas ante el ayuntamiento en repulsa a la moción de censura.
Una de las mejores formas de desposeer de épica un día histórico –para bien o para mal– es cederle la palabra a la secretaria municipal. La de Lugo fue la encargada de explicar cómo se desarrollaría la sesión y, seguramente para evitar momentos de tensión como en el pleno anterior, exhortó a los presentes a comportarse de forma cívica. Aún no sabía que la nutrida presencia de medios de comunicación había impedido el acceso al público al sobrepasar el aforo del salón de plenos.
Lo comprobó poco después la presidenta de la mesa de edad, la popular Flor Rubinos, cuando pidió que se abriesen las puertas para que entrase el público que aún cupiese y nadie atravesó el umbral. La explicación a tanta insistencia llegó con el discurso de Elena Candia, cuando incluyó entre sus agradecimientos a “mi padre y mi padrino… que no pudieron entrar”.
Ahí podrían haberlo hecho porque, cuando se sustanció la moción –trece votos a favor y doce en contra, todos nominales y por orden alfabético–, los concejales de PSdeG y BNG abandonaron el pleno. Cuando leyó su primer discurso como alcaldesa, sólo estaban los suyos y la tránsfuga María Reigosa. Para no verse sola en su escaño, los populares le hicieron un hueco en su grupo. Mientras Candia repasaba su plan de acción para este escaso año de mandato, sus famosas cincuenta medidas, ella estaba más pendiente del móvil, hasta que acabó por guardarlo en el bolso. O ya se lo sabía o lo que sucedía en su pantalla era mucho más interesante que aquel día histórico.
La otra forma de quitar épica a un discurso es tratar de leerlo en un salón semivacío mientras desde la calle llega una invitación a través del megáfono de los convocados por la plataforma Transfuguismo non, democracia si: “Sal al balcóoooon, Candia sal al balcóoooooon”. A ese balcón habían salido antes de empezar el pleno, para ser vitoreados, Fernández y su teniente de alcalde, el nacionalista Rubén Arroxo. Candia no lo hizo.
La flamante alcaldesa hizo lo que pudo para tratar de despejar todas las sombras de intereses espurios tras su moción, que Arroxo había calificado de “golpe de estado municipal” y Fernández como un momento “que marca un antes y después en la historia de la ciudad”. Inconscientemente, Candia lo parafraseó para decir que será un día que quede en la memoria… pero en la suya propia.
Reivindicó los “valores y enseñanzas” de su familia “muy humilde pero muy honrada”. “Nunca trapicheé, ni trapicheo ni trapichearé”, afirmó con toda la dificultad que conlleva conjugar ese verbo. Cuando finalizó el aplauso con el que cerro su intervención, la calle volvió a resonar: “Reigosa, traidora”.
“En la oposición importa lo que dices; en el gobierno, lo que haces”. Candia citó esa frase de un libro “que acabo de leer”. Anunció que su primera reunión será con los trabajadores municipales y que afronta su año de mandato –“tiempo para dejar una profunda pegada”– desde la “ilusión” y la “cercanía”.
Con esas dos ideas, la alcaldesa recién nombrada intentó salir de la casa consistorial. Sus partidarios, sin sitio en el salón de plenos, habían cedido la plaza a la plataforma y se hicieron fuertes bajo los soportales. Allí estaban la número dos del PP gallego, Paula Prado, el delegado de la Xunta en la provincia, la líder de Nuevas Generaciones, un par de senadores lucenses y hasta el alcalde de Lalín, Xosé Crespo.
Sin embargo, cuando Candia puso un pie en la calle, los abucheos la hicieron retroceder en dos ocasiones como a la niña que grita “casa” mientras juega a la pilla. En ese momento, la docena de agentes de la UIP que se habían mantenido expectantes desplegaron un perímetro de seguridad en torno a la puerta principal del consistorio. Una forma muy gráfica de visibilizar el cambio de gobierno. Una hora después, cuando los manifestantes se habían cansado de esperar y hasta los antidisturbios habían regresado a la base, Candia abandonó por fin el ayuntamiento, después de organizar la cola de decenas de seguidores que la seguía. Como se oyó decir a una de sus colaboradoras a los pocos segundos de hacerse con el bastón de mando, “moito manda esta muller”.