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La soledad no deseada acecha más a los menores tutelados: “Esa vulnerabilidad exige trabajar más la pertenencia”

Valentín Escudero, profesor de Psicología; Ludmila Sanches, una joven que fue tutelada por la Xunta; y Carlos Rosón, director de la ONG Igaxes.

Beatriz Muñoz

Santiago de Compostela —

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El caso de Ludmila Sanches ilustra cómo funciona: ella vivió en un piso con otros menores tutelados hasta que se trasladó a A Coruña para hacer un ciclo formativo en Integración Social y ahí fue cuando se topó con una soledad que antes no había vivido y que ella no buscaba. Cuenta que los primeros meses estaba bien, pero poco a poco fue ganando espacio en sus pensamientos la comparación, tanto con sus compañeros como con las vidas ajenas que intuía a través de las redes sociales: “Yo el fin de semana, al final, me quedo aquí, mientras que ellos se van con la familia, hacen churrascadas...”. Se metió en un bucle en el que sentirse aislada hacía que se aislase más y se quedase encerrada en su habitación.

Aunque está más instalada socialmente la idea de que la soledad no deseada es un problema sobre todo de personas mayores, es “un fenómeno muy importante ahora mismo” entre los jóvenes, explica el profesor de Psicología y director de la Unidad de Investigación en Intervención y Cuidado Familiar (UIICF), vinculada a la Universidade da Coruña. “Es un factor de riesgo de salud mental, de situaciones de depresión e incluso de riesgo de suicidio”, expone durante un descanso entre los encuentros del think tank sobre soledad no deseada organizado en Santiago de Compostela por Igaxes, una ONG de apoyo a la infancia y la juventud en riesgo, coincidiendo con su 25 aniversario. Este experto indica que quienes han pasado por una infancia o juventud “con una adversidad muy grande”, como en el caso de los menores tutelados, son más vulnerables y su situación hace necesario mucho trabajo para reforzar el sentimiento de pertenencia.

Igaxes, que tiene como una de sus insignias el programa Mentor, de apoyo a jóvenes tutelados en la etapa en la que pasan a ser mayores de edad y tienen que afrontar la emancipación, ha empezado a detectar el fenómeno de la soledad no deseada entre quienes están en el sistema de protección a menores. Carlos Rosón, el director de esta ONG, recalca el impacto que tiene en estos casos: “Las consecuencias son más intensas que en quienes tienen un entorno familiar o escolar más acogedor”.

“Muchas veces vienen de una situación traumática, han tenido ya un abandono muy profundo. Y un nuevo abandono social tiene una influencia transversal en su vida, que afecta a la toma de decisiones, a la motivación, a la salud mental o a la formación”, expone Rosón. La necesidad cada vez más evidente que general el impacto de la soledad no deseada llevó a Igaxes a convocar a varios expertos en la materia a las jornadas por su aniversario. También a jóvenes, como Ludmila Sanches, que han pasado por el sistema de protección a menores en riesgo.

Sanches relata que ella estuvo muchos meses aislada y terminó por dejar el ciclo que estaba estudiando cuando solo le faltaban dos asignaturas para terminarlo. Considera que tuvo suerte de darse cuenta de que tenía que dejar de alimentar ese aislamiento. Cree que ese es un paso fundamental y que el siguiente es no tener vergüenza para pedir ayuda. “A mi yo del pasado le diría que no tenga miedo, que deje el ciclo y siga adelante, que ya lo continuará”, dice.

Ella identifica la fase crítica: fue tener que dejar el piso en el que convivía con otros jóvenes que también estaban dentro del sistema de protección. Asegura que en esa vivienda ni ella ni sus compañeros tenían la sensación de estar solos, pero al salir afrontaron el miedo de tener que hacer una vida adulta -con 18 años o en, en algunos casos, en los primeros de la veintena- en la que todo dependía ya de ellos mismos, sin red que amortiguase posibles reveses. Sanches opina que es importante prepararse para ese momento y también saber dónde hay recursos si necesitan ayuda psicológica.

La paradoja de la sociedad conectada

Valentín Escudero señala el contrasentido del aumento de la soledad no deseada en una sociedad que tiene medios para conectarse de manera inmediata y constante: “La sensación subjetiva de no formar parte es un fenómeno creciente, precisamente por esa paradoja. El mundo ofrece tal inmensidad de conexiones que hace que, a veces, te sientas perdido”.

Un estudio realizado en 2024 por Fundación Once, con la colaboración de Ayuda en Acción, se centraba en la soledad no buscada entre los jóvenes en España y llegaba a la conclusión de que una de cada cuatro personas de 16 a 29 años se sentía sola y que, entre estos, la mayoría (un 75%) decía que se encontraba así desde hacía más de un año. A la pregunta de si lo habían experimentado alguna vez en su vida, el 69% respondía que sí.

Ampliar el sistema de protección después de los 18

Escudero pone en foco en las circunstancias que añaden dificultades para quienes están en el sistema de protección de menores: “Han tenido una adversidad muy grande en su crianza y haber tenido una experiencia compleja en los primeros años, una experiencia de apego que no les ha aportado la seguridad suficiente, crea una base de vulnerabilidad que hace que todo el trabajo con estas personas deba poner especial atención en construir seguridad, en que formas parte, que perteneces. Conectar con otros, con el grupo, con la sociedad, es fundamental. Es el concepto de integración”.

Ante esta situación, el director de Igaxes subraya que “nada se puede hacer sin buenos recursos” y defiende que estos deben ser públicos, en especial cuando se trata de menores en riesgo. Tanto él como Escudero y Sanches ponen el foco en el desfase que hay entre la realidad social actual y esperar de un joven de 18 años que se emancipe y tenga un proyecto de vida independiente, como se espera de los menores tutelados. Piden programas personalizados que vayan más allá de la mayoría de edad. “En la sociedad más normativa no hay una expectativa de que a los 18 años nadie vuele por su cuenta y se emancipe”, insiste Escudero. Rosón abre otra posibilidad: permitir que quienes se emancipan puedan volver al sistema de protección “si hay un revés”.

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