La guerra contra las discotecas flotantes en Ibiza: casi cien euros por ver el atardecer a bordo de una 'party boat'
El calendario de fiestas de Eivissa comienza el 1 de junio y termina a finales de octubre. En esa horquilla temporal, es fácil encontrar en la isla cualquier tipo de evento donde ingerir alcohol mientras en los oídos retumba música electrónica. No solo en las discotecas tradicionales, sino también en alta mar, donde las party boats llevan por lo menos una década irrumpiendo en la calma mediterránea a pesar de las críticas de vecinos y las denuncias del sector del ocio nocturno. Los empresarios han protestado por un trato desigual respecto a las discotecas convencionales y reclaman a las administraciones, una vez más, que pongan coto.
La página que oferta actividades en las Pitiusas Ibiza Spotlight, una de las más consolidadas que recoge este tipo de servicios, ofrece todos los días de la semana viajes en este tipo de catamaranes, a lo largo de toda la temporada turística, a la hora de la puesta de sol. Los puntos para embarcar, acicalados, a uno de estos barcos que prometen cuatro horas de experiencia idílica son el puerto de Sant Antoni y Platja d’en Bossa, con opción de elegir entre varias compañías.
“Primero por tierra (en una fiesta previa junto a la piscina) y más tarde por mar, mézclate con otros fiesteros afines todos los lunes, viernes y domingos desde Playa d’en Bossa”, vende uno de los anuncios. Y añade: “Tú y el resto de asistentes crearéis vínculos mientras compartís una pista de baile flotante sobre las tranquilas aguas del Mediterráneo”. A todo esto, le acompaña una barra libre de cerveza, sangría y otras bebidas durante las tres horas de navegación.
Una de estas empresas, que opera desde la primera de estas dos zonas, da además la posibilidad de añadir, como extra, una entrada abierta para ir al O Beach -un híbrido entre discoteca y beach club con espectáculos incluidos ubicado en la bahía de Sant Antoni-, que la iniciativa ecologista Salvem Sa Badia ha denunciado recientemente al Ayuntamiento por contaminar con plásticos y serpentinas la playa vecina de s’Arenal. Desde O Beach rechazan dar declaraciones al respecto a elDiario.es.
El pack también incluye el acceso cualquier noche a elegir por el visitante a Amnesia, ubicada en el mismo término municipal. El abanico es aún más amplio: otra compañía ofrece una excursión para llegar hasta la paradisíaca Formentera sin necesidad de desaprovechar cualquier momento de fiesta por 180 euros en una excursión que dura desde las diez y media de la mañana a las nueve de la noche. El resto de tickets van desde los 50 hasta los 90 euros por un paseo marítimo de cuatro horas, en función de la experiencia.
Uno de los anuncios, que ofrece barra libre durante las tres horas de navegación, asegura: 'Primero por tierra (en una fiesta previa junto a la piscina) y más tarde por mar, mézclate con otros fiesteros afines todos los lunes, viernes y domingos desde Playa d’en Bossa. Tú y el resto de asistentes crearéis vínculos mientras compartís una pista de baile flotante sobre las tranquilas aguas del Mediterráneo'
Una batalla institucional
El alcalde de la ciudad de Eivissa, Rafael Triguero, trasladó su preocupación por la situación de las party boats el pasado octubre durante una reunión mantenida con la Marina Mercante -con competencias sobre seguridad, navegación y ordenación del tráfico marítimo- para intentar limitar la actividad de estas embarcaciones. El primer edil puntualizó que se trata de barcas autorizadas para hacer excursiones marítimas, pero no “fiestas en su interior”.
Por lo tanto, no existe una licencia específica para esta actividad, sino que los barcos dedicados a ella deben estar inscritos en el Registro Insular de Empresas, Actividades y Establecimientos Turísticos del Consell d'Eivissa; un registro público que puede consultarse en la web oficial de la institución y donde actualmente solo aparecen once embarcaciones. La Conselleria de Turismo del Govern también tiene potestad para conceder estas licencias.
De los cinco ayuntamientos de la isla, tan solo el Consistorio de Sant Antoni tendría competencias para sancionar este tipo de actividades a través del Decreto de Excesos (ahora, Decreto por el turismo responsable y la mejora de la calidad de las zonas turísticas, desde la modificación de 2024), al tratarse del único término municipal de Eivissa que se encuentra dentro de esta normativa.
Por medio de esta modificación quedó prohibido el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública y las embarcaciones con fiestas o eventos multitudinarios; así como la venta de alcohol a bordo. Sin embargo, este tipo de servicios se siguen promocionando.
Únicamente el Ayuntamiento de Sant Antoni tiene competencias para sancionar este tipo de actividades a través del Decreto de Excesos. Los barcos deben estar inscritos en el Registro Insular de Empresas, Actividades y Establecimientos Turísticos del Consell d'Eivissa, donde solo aparecen once embarcaciones
Modelo turístico de excesos
El desarrollo de estas experiencias en el litoral ibicenco forma parte de un turismo de excesos que se está intentando dejar de lado sin conseguirlo. De hecho, los dos puntos principales de partida de este tipo de barcos -Sant Antoni y Platja d’en Bossa- son los más entregados desde hace décadas a este modelo turístico.
En el caso de Platja d’en Bossa -donde están las discotecas Hï y Ushuaïa-, la primera línea de playa está cada vez más plagada de beach clubs elitistas para pasar el día. El crecimiento de la zona despegó, aún más, con la apertura de la discoteca diurna y al aire libre propiedad de la familia Matutes. Su escenario acoge verano tras verano a artistas internacionales como Ozuna, Martin Garrix o Dimitri Vegas & Like Mike y las entradas superan en temporada alta los cien euros por persona.
El nuevo formato hotel-discoteca que supone Ushuaïa (inaugurado en 2011) significó una revolución del ocio en Eivissa y durante unos años este nuevo modelo convivió con sesiones de dj’s al atardecer en la playa, en chiringuitos como Bora Bora. A pesar de no ser un entorno protegido, sí es una de las zonas recreativas más cercanas al aeropuerto y al Parque Natural de ses Salines, ubicado solo a seis kilómetros y diez minutos en coche, aunque no por eso ha dejado de explotarse.
El problema de las party boats no es nuevo ni en esta parte del litoral ni tampoco en Sant Antoni, donde recién estrenada la tarde el paisaje empieza a incorporar grupos de turistas, la mayoría británicos, vestidos al estilo resort wear y preparados para subirse a uno de los barcos de las infinitas compañías que ofrecen este servicio.
La demanda de este tipo de turismo impide en horario nocturno el descanso de los vecinos del casco antiguo y sus alrededores, porque cuando bajan del barco la fiesta no cesa, sino que continúa en los bares de la bahía o en el histórico West End, una especie de meca del ocio nocturno del pueblo. El edil del municipio, Marcos Serra, intentó en vano reformular esta arteria principal con la obra de arte horizontal de Okuda bautizada como ‘Arcoíris Infinito’, sin que por el momento la acción política haya dado resultados.
La demanda de este tipo de turismo impide en horario nocturno el descanso de los vecinos del casco antiguo y sus alrededores, porque cuando bajan del barco la fiesta no cesa, sino que continúa en los bares de la bahía o en el histórico West End
Un ocio descontrolado
Las party boats en Sant Antoni las promocionan relaciones públicas que reparten flyers en el paseo marítimo. Aún así, los puntos de venta de tickets ocupan buena parte del puerto. Del mismo salen otras embarcaciones hacia las calas más populares de Sant Josep -municipio fronterizo-, como Cala Bassa, Cala Tarida o Cala Comte, todas ellas masificadas en temporada alta.
La Conselleria de la Mar ha aclarado que en el caso de las party boats, para poder comercializarse, deben contar con una autorización, ya que no se trata de una actividad libre ni que pueda desarrollarse al margen de los permisos sectoriales exigidos. Respecto a la venta de comida y bebida a bordo sólo puede autorizarse en embarcaciones habilitadas para ello, como las llamadas golondrinas de lista segunda.
Además, cuando la actividad incluye entretenimiento a bordo, debe contar con la autorización o etiqueta específica de ‘Excursión con Entretenimiento’, cuya expedición corresponde al Consell competente. Es decir, el servicio debe disponer de la autorización turística correspondiente y, además, cumplir con los permisos vinculados a la actividad que desarrollan a bordo, especialmente si incluyen estos servicios de ocio.
Las party boats no están prohibidas, pero deben contar con distintas autorizaciones, entre ellas, para vender comida y bebida a bordo
“Discotecas flotantes”
La Asociación Empresarial de Ocio Nocturno de Ibiza (AEON) ha reclamado recientemente al Govern, al Consell d'Eivissa y a los diferentes ayuntamientos que regulen estas “discotecas flotantes” a las que acusa de operar sin estar sometidas a las mismas exigencias legales que los locales de ocio.
La patronal sostiene que estas embarcaciones generan una competencia desleal al ofrecer música, barra, restauración y fiestas a bordo sin cumplir, según denuncia, con las mismas obligaciones en materia de licencias, seguridad, aforos, fiscalidad o inspecciones.
La AEON -conformada para actuar en contra de este nuevo modelo de ocio que nació y creció al amparo de la Ley Turística de 2012, que piden que se modifique- también ha reprochado a las administraciones que no se haya desarrollado la regulación que se comprometieron a impulsar.
Además, ha recordado el impacto de estas fiestas sobre la convivencia vecinal, la contaminación acústica, la seguridad y el medio ambiente. En el caso de Platja d’en Bossa, Hazel Morgan, portavoz de Amics de la Terra, reconoce que en el área externa al Parque Natural “ya no queda mucho rastro de vida”, mientras que en el caso de la bahía de Portmany, donde sí queda posidonia viva, el fondeo es lo que más preocupa.
Pero el problema es que estas embarcaciones llegan, desde allí, hasta zonas protegidas como es Vedrà, donde se han percibido restos de basura derivada de la actividad de estos barcos, como vasos de plástico, esto es lo que tiene “más impacto”, lamenta.