Identifican los restos de Antoni Sitges, asesinado por el franquismo tras no reunir las siete firmas que “podían salvarle”

Esther Ballesteros

Mallorca —
27 de abril de 2026 15:10 h

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“Lo metieron enseguida en una furgoneta y desde ese día no lo volví a ver”. Décadas después de que, el 28 de agosto de 1936, Antoni Sitges Febrer fuese detenido por varios falangistas en Son Macià (Mallorca), uno de sus hijos recordaba con esas palabras el día en que se llevaron a su padre. Casi 90 años después, el Govern balear ha identificado sus restos en el cementerio de Son Coletes, en Manacor, tal como ha anunciado este lunes la directora general de Relaciones Institucionales, Francesca Ramis.

Antoni Sitges, conocido como Morret o des Clot, tenía 46 años, era foraviler -campesino-, estaba casado con Teresa Antich Bisquerra -con quien tenía tres hijos- y ejercía como delegado municipal en Son Macià durante la Segunda República. Un papel modesto, sin apenas poder, pero suficiente para convertirlo en objetivo tras el golpe franquista de 1936. El 28 de agosto de aquel año fue arrestado en su casa y asesinado el 7 de septiembre en Son Coletes. No hubo juicio ni acusación formal.

El relato de su detención y desaparición ha quedado preservado en proyectos públicos de memoria democrática como el Memorial de la Paraula, que recoge el testimonio de Jaume Sitges Antich, uno de sus tres hijos, ya fallecido. Como relata en el documento, varios hombres armados llegaron a su casa, lo obligaron a subir a una furgoneta y nunca regresó.

Su familia intentó salvarlo: al igual que otros dos macianers que junto a él habían sido encerrados en la cárcel de Manacor, Lluís y Tomeu, necesitaba reunir siete firmas que acreditaran que era “persona de bien”, pero solo consiguió seis. El clima de miedo en el pueblo hizo imposible recabar la última. En el caso de Lluís, su madre encontró a siete personas que firmaron por él. No así en el caso de Antoni: “Mi madre encontró seis firmas, entre ellas la del cura”, cuenta Sitges Antich.

Una tarde en que su madre hablaba con el cura en la calle, pasó a su lado l'amo en Martí Vives. El religioso le dijo: “¿No firmarías para ver si sueltan a Toni Des Clot?”. A unos metros de ellos se encontraba el nuevo alcalde, jefe de la Falange, quien, al ver dubitativo al vecino, le espetó: “Bastarán seis, ¡no importa que firme!”. “No firmó, y no encontramos a nadie más que lo quisiera hacer. Al día siguiente mataron a mi padre”.

Sin embargo, su asesinato se conoció mucho más tarde. Tras la detención, la familia recibió informaciones contradictorias sobre su paradero y, durante meses, las autoridades franquistas comunicaron que Antoni Sitges había sido trasladado a Can Mir, un antiguo almacén de maderas reconvertido en cárcel franquista.  Allí se implementó y normalizó la práctica de las 'sacas': los presos eran 'liberados' y, conducidos bajo engaño por grupos de falangistas, acababan asesinados en las cunetas de las carreteras.

“Nadie nos quería decir nada, y así pasamos los meses sin saber seguro si estaba muerto o vivo. Hasta que yo cumplí 16 años, siete años después. Nos llegó la fe de muerte, el primer papel que certificaba que a mi padre lo habían matado”, relataba Sitges Antich.

La represión que no terminó con la muerte

El testimonio familiar describe también las consecuencias que siguieron al asesinato. Sus hijos crecieron marcados por el estigma. “Los otros chavales no querían que jugara con ellos ni al escondite. Me decían: 'Porque eres rojo, igual que tu padre, que por eso lo mataron'”, recordaba Sitges Antich. Las autoridades locales intentaron imponerles símbolos del régimen, y la familia vivió bajo vigilancia y marginación social.

Un día -prosigue el relato-, el cura le dijo a su abuela: “Tengo que darte un paquetito”. Iba dirigido a su hija, Teresa, viuda de Antoni Sitges. “Eran los seis reales que habíamos enviado a mi padre para comprar tabaco en la prisión, y alguna cosa más, ahora no me acuerdo. El cura, que lo confesó antes de morir, lo guardó. Pasaron años antes de que esto llegara a casa”.

Con el paso del tiempo, la familia intuía que Antoni Sitges había sido enterrado en Son Coletes, uno de los principales escenarios de la represión en Mallorca: “Sale su nombre en algún libro y sabemos que es en Son Coletes, dentro de una fosa, pero no sabemos ni el lugar. Esto es lo duro. Por Todos los Santos no sabríamos adónde llevarle un ramo de flores”, relataba Sitges Antich.

La identificación mediante ADN pone fin ahora a esa incertidumbre. Con este caso, ya son 14 las víctimas identificadas en Balears desde el inicio de la legislatura.

El anuncio coincide con el inicio de nuevas excavaciones en el cementerio de Son Servera, dentro del V Plan de Fosas, donde los equipos buscan nuevas evidencias de enterramientos vinculados a la represión franquista. Las primeras intervenciones han sacado a la luz criptas con restos óseos en muy mal estado de conservación y han abierto una nueva línea de investigación en una zona ajardinada donde podría existir una fosa común con milicianos republicanos.

El Govern señala que continuará con los trabajos de exhumación para devolver los restos a las familias.