Menorca, la última parada balear del eclipse y 18.000 personas mirando al cielo desde su playa más milenaria

Menorca se quedó pequeña. Fue la última parada balear del eclipse y, durante unos minutos, una isla acostumbrada a lidiar con los límites de su territorio tuvo que hacer sitio a una multitud llegada para mirar al cielo. Solo en Son Bou, la extensa playa del sur de Menorca, cerca de 18.000 personas se concentraron para contemplar cómo la Luna ocultaba el Sol sobre el horizonte. El escenario no podía ser más singular: a pocos metros del arenal se conservan los restos de una basílica paleocristiana del siglo V, testimonio de un asentamiento de hace unos 1.500 años. Durante unas horas, este paisaje milenario se convirtió en un gigantesco mirador y en una inesperada prueba de estrés para una isla que ya soporta una enorme presión durante el verano.

El fenómeno ya se había dejado notar durante los días previos en las calles de Menorca. En el casco antiguo de Ciutadella, una de las localidades de Menorca más privilegiadas para observar la totalidad del eclipse, Mariona Llopis regenta un local comercial. “Hemos tenido una semana bastante agitada: las gafas homologadas se nos agotaron en pocas horas y hasta hoy hemos recibido gente preguntando si teníamos más”, explicaba en conversación con este medio. Llopis confirma, además, la llegada de turistas que se han desplazado a la isla específicamente para observar el fenómeno. “Es cierto que hemos visto muchos fotógrafos y gente aficionada a la astronomía en los últimos días. Es bueno para la temporada, aunque no sé si nos llevará a saturar más la isla”, se pregunta mientras niega a otro cliente que entra en su bazar preguntando por unas gafas ISO homologadas.

Para hacer frente al desplazamiento masivo de turistas hacia los principales miradores de la isla, se constituyó un Centro de Coordinación Operativa integrado por ayuntamientos, Consell y Govern, además de Policía Local y Guardia Civil. Fuentes del Consell insular han destacado el amplio dispositivo de seguridad y movilidad, que incluye nueve zonas de observación y cuatro áreas restringidas al tráfico -El Toro, Camí de Tramontana, Punta Nati y Cavalleria-, además de cortes y controles en distintos municipios en función de la afluencia. Asimismo, se han habilitado tres líneas de autobuses y lanzaderas en algunos puntos para evitar el colapso de la única carretera que atraviesa la isla, que además se encuentra parcialmente en obras a la altura del kilómetro 13.

Lorena S., por su parte, es anilladora en una tienda de tatuajes y piercings del centro de Maó. Aunque la capital insular no es el punto desde el que mejor se ha podido observar el eclipse, miles de turistas abarrotaban sus calles desde hace días en busca del mejor mirador para asistir al evento astronómico. “Durante toda esta semana han entrado turistas a esta tienda a preguntar si teníamos gafas homologadas. Claramente, aquí no vendemos gafas”, reflexiona la tatuadora. La escasez de gafas ISO homologadas ha sido otra de las grandes anécdotas de la semana en Menorca.

Según ha podido constatar elDiario.es a través de fuentes del Centro de Coordinación Operativa, el punto donde mayor concentración de espectadores reunió fueron Son Bou y los miradores aledaños. Ubicada en el municipio de Alaior, es la playa más extensa de Menorca, con cerca de 2,5 kilómetros de arenal. Junto a su singular patrimonio histórico, convertido durante unas horas en uno de los principales miradores del eclipse, se congregaron cerca de 18.000 personas entre la arena, los acantilados y los alrededores de la zona.

Fuentes del Seprona confirman que se desplazaron unidades de la Guardia Civil por todo el litoral para prevenir hogueras y garantizar que la afluencia de espectadores hacia las zonas rurales se desarrollara respetando el territorio. “Estamos sorprendidos porque incluso en zonas muy alejadas la afluencia de coches y motos ha sido alta”, han asegurado a elDiario agentes de la Guardia Civil destacados en Cala Morell, en las afueras de Ciutadella.

Tras el eclipse, retenes de la Policía Local y la Guardia Civil se han desplegado por la única arteria central que atraviesa Menorca. La ME-1 ha sido el escenario donde más claramente se ha manifestado la presión que soporta la isla durante los meses de verano. Mientras el territorio mantiene unos límites físicos inamovibles, el número de vehículos que circulan por él sigue creciendo, sin una limitación efectiva que permita acompasar la movilidad a la capacidad de la red viaria. A pesar de que el Consell Insular de Menorca aprobó limitar a 120.000 el número de vehículos que circulan en la isla como parte de la Ley de Reserva de Biosfera, lo cierto es que la norma todavía no se ha aplicado debido a la “falta de reglamento definitivo”, cuya aprobación final está prevista para octubre de este año.

El resultado de esta masificación vehicular es una infraestructura cada vez más tensionada por coches de residentes, trabajadores, turistas y vehículos de alquiler, donde cualquier accidente, retención o incremento excepcional de la circulación puede repercutir sobre buena parte de la isla. El eclipse, con miles de personas desplazándose simultáneamente hacia los puntos de observación, se convierte así en una prueba de estrés para una carretera que durante todo el verano ya funciona al límite.

El eclipse

Javier Ares, divulgador astronómico y responsable de Polaris Menorca, explica a este medio que la excepcionalidad del eclipse del 12 de agosto radica en la estrechez de la franja de totalidad. La umbra -la banda donde la Luna oculta completamente el Sol- apenas tiene unos 200 kilómetros de ancho, aunque se extiende a lo largo de unos 12.000 kilómetros. Fuera de esa franja solo es posible observar un eclipse parcial.

“Un eclipse parcial y uno total no tienen nada que ver”, resume. Ares explica que “durante la totalidad se hace de noche durante unos minutos y es posible contemplar fenómenos que solo aparecen cuando el Sol queda completamente oculto, como las perlas de Baily, el anillo de diamante, la corona solar o la cromosfera”. Según este promotor del astroturismo, “solo durante esos instantes es seguro retirar las gafas de protección”, ya que con un 99,9 % de ocultación sigue llegando luz del Sol, no se hace de noche y las gafas siguen siendo imprescindibles.

Ares destaca que el recorrido del eclipse de 2026 apenas roza Islandia antes de atravesar el norte de España y Balears, por lo que afecta a una parte muy reducida de la población europea. “Llevamos más de cien años sin un eclipse total visible desde España. Para quienes estamos dentro de la banda de totalidad es un fenómeno que probablemente solo viviremos una vez en la vida.”

En el caso de Menorca, añade, la experiencia es todavía más singular porque la isla será el último territorio desde el que se observará la totalidad. “Aquí coincidiremos [las declaraciones fueron realizadas antes del eclipse] con la puesta de Sol, de modo que veremos cómo el Sol se oculta en el horizonte al mismo tiempo que la Luna lo cubre por completo. Será una escena muy dramática desde el punto de vista de la luz y muy diferente a la que se verá, por ejemplo, en Asturias o en Francia”. Y así fue: el eclipse coincidió con la puesta de Sol y dejó en Menorca una imagen excepcional, con el disco solar desapareciendo sobre el horizonte mientras la Luna lo ocultaba parcialmente.