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Son Coletes, “el cementerio de las mujeres represaliadas” del franquismo que albergó los restos de la 'Pasionaria de Mallorca'

Julio López Ramón

Mallorca —
20 de agosto de 2026 21:21 h

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Las huellas que las necrópolis dejan tras de sí son un testimonio inmaterial nuestra historia y prueba de ello es Son Coletes. Ubicado en Manacor (Mallorca), es un cementerio que pasó de ser uno de los testigos mudos de la epidemia de peste durante el siglo XIX a convertirse en una de las zonas con mayor número de fosas comunes en las islas fruto de la Guerra Civil y el franquismo, junto al cementerio de Porreres. Un cementerio donde se hallaron los restos de símbolos de la represión franquista de tal relevancia como los de Aurora Picornell y el resto de las represaliadas conocidas como les Roges del Molinar. Un lugar que impide que se difumine la impronta que dejó la dictadura en las islas y en España, pese a la derogación de la Ley de Memoria Democrática en Balears, la cual, sin embargo, el Tribunal Constitucional suspendió el pasado 7 de julio.

Precisamente para resaltar la relevancia de Son Coletes en la historia de Balears, el historiador Toni Tugores publicó recientemente el ensayo Son Coletes: història de la mort a Manacor. De la pesta de 1820 a la repressió de la Guerra Civil, en el cual narra la evolución del camposanto manacorí y el reflejo de cómo los sucesos históricos resignifican el concepto de un lugar con un cambio tan drástico.

Tugores establece una línea cronológica de la evolución de este cementerio a través de tres etapas. En primer lugar, “cuando se inauguró en 1820, el cual era un trozo de tierra de 3.550 metros cuadrados, rodeados de pared seca y sin la más mínima iconografía funeraria con la finalidad de enterrar allí las víctimas de la peste que afectaba la zona del Llevant de Mallorca”. Una segunda etapa realiza un salto de más de un siglo y “sería la utilización de aquel espacio alejado de Manacor como lugar de represión y exterminio, entre agosto de 1936 y enero de 1937”. Finalmente, Son Coletes alcanza una fase final, “su inauguración como cementerio católico municipal en 1953, realizado con una cierta fastuosidad y debidamente ampliado”, detalla el historiador.

Pese a su vasta cronología, resulta prácticamente imposible hablar de Son Coletes sin incidir en que fue el testigo mudo de los asesinatos fruto de la Guerra Civil en Balears, hasta el punto de considerarse, junto al cementerio de Porreres, el epicentro de la represión en Mallorca.

El hecho de que esa zona de la isla concentrara la represión no se debe a un único motivo. “La Falange tenía mucha fuerza en Manacor y algunos falangistas se mostraban bien dispuestos a hacer el trabajo sucio”, afirma Tugores. Por otra parte, “no se puede olvidar que el desembarco republicano [desembarco de Mallorca] había comenzado en la costa manacorina y que había pánico al quintacolumnismo y a las tropas del capitán Alberto Bayo. Además, Son Coletes ofrecía una cierta 'discreción' porque estaba alejada del casco urbano y también un preso había estado cavando zanjas más que suficientes que ofrecían 'facilidades' a la hora de los enterramientos”, desgrana el historiador.

La Falange tenía mucha fuerza en Manacor y algunos falangistas se mostraban bien dispuestos a hacer el trabajo sucio. Además, Son Coletes ofrecía una cierta ‘discreción’ porque estaba alejada del casco urbano y también un preso había estado cavando zanjas más que suficientes que ofrecían ‘facilidades’ a la hora de los enterramientos

Exhumación e identificación de las víctimas

Tras la aprobación de la Ley de Fosas aprobada en junio de 2016 en Balears, Son Coletes ha estado presente en todos los planes de Fosas del Govern. La arqueóloga Almudena García-Rubio ha sido la coordinadora de los diferentes planes de fosas en Balears, junto a las entidades Atics y Aranzadi. “Hicimos una investigación de archivo donde encontramos unas fotos británicas de 1941 que reflejan el lugar exacto del cementerio antiguo debajo del nuevo, con los que se permitió que en 2020 se realizara la primera exhumación, en la cual se localizaron las tres primeras fosas y se identificaron a las primeras víctimas”, explica la investigadora. “Luego, a partir de 2021, trabajamos juntos y documentamos los primeros restos encontrados en las fosas”, añade García-Rubio.

Respecto a las víctimas, “el número de individuos recuperados es de 129; algunos los hemos recuperado de forma completa y otros solo de forma parcial. ”Sabemos que parte de las fosas que hemos documentado se quedan debajo de las tumbas modernas, por lo que es un mínimo“, detalla la arqueóloga.

El número de individuos recuperados es de 129; algunos los hemos recuperado de forma completa y otros solo de forma parcial. Sabemos que parte de las fosas que hemos documentado se quedan debajo de las tumbas modernas, por lo que es un mínimo

“El cementerio de las mujeres represaliadas

Las características físicas de esas víctimas concluyen que “hay principalmente individuos de sexo biológico estimado masculino”, corrobora García-Rubio. No obstante, la proporción de mujeres asesinadas encontradas en las fosas – Tugores afirma que se han encontrado a 14 de las 17 mujeres asesinadas en la isla– permite sostener que Son Coletes es el 'cementerio de las mujeres represaliadas'.

“Se han encontrado un grupo importante de mujeres, que son las que ya se han podido identificar al 100%, que son Francesca Llull y Francesca Salas (madre e hija), además del grupo de Aurora Picornell, Belarmina González y las Roges del Molinar [Antònia y Maria Pascual Flaquer], que también pudieron identificarse”, agrega la investigadora.

“Además, encontramos un conjunto de esqueletos femeninos que aún no han podido identificarse por ADN, pero que la hipótesis de identificación es que sean las milicianas-enfermeras de Bayo, ya que es el único grupo de mujeres que falta por encontrar en Mallorca, pero todavía es solo una hipótesis”, especifica. Asimismo, según destaca Toni Tugores, también “fue clave contar con el ADN de la familia Picornell y encontrar la pluma estilográfica de Aurora, junto con el excelente trabajo de los técnicos, así como de los centros de investigación genética”.

Otras de las particularidades del cementerio manacorí es “su ubicación y la convivencia entre víctimas locales y víctimas frentes, es decir, los milicianos que fueron fusilados y enterrados allí”. “Una peculiaridad de Son Coletes respecto a lo que hemos encontrado hasta ahora”, detalla García-Rubio. Además de en Porreres, se han encontrado también algunos cuerpos en zonas como Calvià, Marratxí o el Pou de s'Àguila (Llucmajor).

Víctimas sin filiación política

Respecto a las características de las víctimas, “el patrón común era la ideología, pero hay muchas víctimas que no tenían ninguna filiación política y que, hoy en día, desconocemos los motivos de su muerte violenta”, explica Tugores quien, asimismo, desecha la idea de que los cuerpos enterrados en las fosas solo pertenecían al bando republicano. “La gran mayoría de víctimas corresponde a civiles que no tenían nada que ver con el desembarco de Mallorca. Hay un pretexto –totalmente falso– de una fantasmagórica revolución comunista preparada para finales de julio de 1936, que se empleó para eliminar de manera arbitraria a personas que no tenían nada que ver con ningún tipo de complot, ni tan solo con la política”, expone el historiador.

La gran mayoría de víctimas corresponde a civiles que no tenían nada que ver con el desembarco de Mallorca. Hay un pretexto –totalmente falso– de una fantasmagórica revolución comunista preparada para finales de julio de 1936, que se empleó para eliminar de manera arbitraria a personas que no tenían nada que ver con ningún tipo de complot, ni tan solo con la política

Por otra parte, desgranar el origen de los cuerpos hallados en el cementerio ha sido sencillo: “En Son Coletes se distingue perfectamente los restos antiguos del siglo XIX de los restos de las fosas [de la Guerra Civil] porque los restos del siglo XIX están en tumbas individuales y en posiciones totalmente ritualizadas, es decir, con las manos sobre el tórax o sobre el abdomen y, cada persona con su propio enterramiento”, asevera García-Rubio.

Algo que dista radicalmente de las víctimas represaliadas: “Están enterradas en fosas comunes, son enterramientos colectivos en los que hay varios individuos enterrados con simultaneidad al mismo tiempo, en posiciones que no son las 'adecuadas' –boca abajo, de lateral, con las manos atadas a la espalda– y, por supuesto, con signos de muerte violenta”, añade la investigadora.

Proceso de investigación y dignificación

Para poder llegar a la conclusión de que los restos hallados se trataban de víctimas de la Guerra Civil, el equipo llevó a cabo los desenterramientos de las fosas ubicadas en Son Coletes, formado por arqueólogos, antropólogos y genetistas que han trabajado en distintas campañas, con un total de 30 personas.

Este proceso de exhumación se compone de distintas fases: “La primera es la de la información histórica o ante mortem de las víctimas que buscamos; es decir, a quiénes estamos buscando, qué edad, qué signos identificables o característicos físicos tenían, de dónde eran, qué se saben de su detención o desaparición y si fueron detenidos de forma individual o en grupos”, detalla Almudena García-Rubio. “Por ejemplo, en el caso de Aurora Picornell, sabemos que de la cárcel salieron cinco mujeres juntas y hemos encontrado cinco mujeres juntas… O la saca del Castell de Bellver, de la que también se identificó un grupo en Son Coletes”, añade la investigadora.

García-Rubio sostiene que, tras el siguiente paso, que sería la fase arqueológica –en el que se encuentran fosas e individuos, además de hallazgos de restos relativos a los cuerpos– se procede a la fase de laboratorio. “Ahí las antropólogas tenemos que recabar la estimación de sexo, edad, altura, documentación de patologías, documentación de estado dental y causas y circunstancias de muerte”, explica.

Posteriormente, se procede a la 'materialidad', es decir, “el estudio de los materiales que aparecen, de la balística, de los objetos que encontramos; por ejemplo, en Son Coletes hallamos medallas religiosas, vestimenta, la pluma estilográfica de Aurora Picornell… distintos elementos que nos hablan de estatus y de la persona que hemos encontrado”, desgrana García-Rubio.

Finalmente, la investigadora detalla una fase final: “La realización de pruebas genéticas, la búsqueda de familiares, aparte de aquellos que ya se han puesto en contacto con nosotros porque están en búsqueda activa de sus desaparecidos, y el análisis genético de los restos para llegar a la identificación”.

El hecho de que Son Coletes fuera un testigo mudo de las muertes fruto de la represión de la Guerra Civil ha convertido este espacio en un escenario de dignificación y recuperación de la memoria histórica, aunque Tugores matiza que “quizá de manera insuficiente”. “Desde 1984 se vienen celebrando actos periódicos de homenaje a las víctimas, gracias al comité de Son Coletes. En 1985 se instaló un pequeño monumento alusivo a los muertos de la guerra y en 2016 se erigió un impresionante mural de hierro de grandes dimensiones, que hoy en día es el emblema de diversos colectivos memorialísticos”, señala el historiador.

La reclamación de los restos por parte de los familiares forma parte también de esta dignificación de las víctimas: “Hay muchísimos casos en Mallorca, Eivissa y Formentera. En los casos de los represaliados en El Penal de Formentera, la mayoría de las familias, si se llega a la identificación, quieren la recuperación de esos restos y enterrarlos con sus familias”, relata Almudena García-Rubio. “En Son Coletes, se han realizado también actos de homenaje, actos de devolución digna de restos, y en el que las instituciones y el equipo que formamos acompañamos a los familiares de las víctimas, quienes los entierran en el lugar que han elegido”, añade la arqueóloga.

Contra el olvido

El historiador Toni Tugores asegura que su obra Son Coletes: història de la mort a Manacor. De la pesta de 1820 a la repressió de la Guerra Civil es “un libro contra el olvido”: “Había un desconocimiento general del papel de este cementerio tanto en el siglo XIX como en el XX. El libro no solo habla de Son Coletes, sino también del protagonismo del cementerio del Jardí del Rector los primeros días después del desembarco de Mallorca, donde se fusilaron a entre 100 y 200 personas, que fueron quemadas en tres montones. Es un hecho que a menudo se olvida, como si Son Coletes hubiera sido el único lugar de exterminio masivo”, sostiene.

Un olvido contra el que quiere luchar que también se ha hecho patente en las instituciones públicas tras la derogación de la Ley de Memoria Democrática el pasado mes de marzo –que finalmente fue anulada por el Tribunal Constitucional el 7 de julio– y la expulsión en 2024 de dos diputadas socialistas del Parlament tras mostrar una instantánea de Aurora Picornell y las Roges del Molinar y la posterior ruptura de la fotografía por parte del presidente del Parlament, Gabriel Le Senne (Vox), hecho que todavía sigue siendo investigado.

Algo que Tugores considera de gravedad, ya que “es un agravio que comete la persona que preside la institución democrática más importante de las islas, la que representa el pueblo”, asevera. “Y, además, la vejación afecta a personas y familias que padecieron persecuciones, humillaciones y la muerte, y que no merecen ser menospreciadas en un acto de arrogancia y falta de empatía que no ha tenido ningún tipo de consecuencia. Por no hablar del delito de odio –veremos lo que dicen los juzgados– y la misoginia”, agrega el investigador.

Para el historiador Tugores, que el presidente del Parlament, de Vox, rompiera una fotografía de la víctima franquista Aurora Picornell es una 'vejación' que 'afecta a personas y familias que padecieron persecuciones, humillaciones y la muerte y que no merecen ser menospreciadas en un acto de arrogancia y falta de empatía'

Una tarea parcialmente acabada

Respecto al proceso de exhumación en Balears –el cual incluye Son Coletes–, Almudena-García Rubio celebra que están “en un momento positivo”. “Estamos muy cerca de poder decir que en Balears se han buscado todas las fosas de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura”, añade. Sobre Son Coletes en particular, la investigadora sostiene que ya han acabado “con la parte arqueológica”, ahora solo están trabajando “con la parte genética”. “Nos queda mucho por identificar, así que a nivel de genética e identificaciones todavía nos queda un recorrido por delante”, comenta.

Asimismo, Toni Tugores indica también que falta “continuar trabajando en la difusión del trabajo realizado entre 2020 y 2023, especialmente entre la gente joven, señalizar los espacios más icónicos y, si es posible, crear en Son Coletes un espacio en el que se puedan exponer documentos, fotografías y objetos que se hayan ido encontrando al lado de las víctimas y que demuestren que el cementerio se convirtió en un auténtico epicentro de la represión fascista en Mallorca”.

Pese al camino que aún queda por recorrer, García-Rubio destaca “lo fructífero que es todo cuando colaboran los investigadores y las asociaciones memorialísticas con los equipos técnicos”. La arqueóloga agradece la implicación de Toni Tugores en las exhumaciones en Son Coletes: “Su colaboración desde el primer minuto ha sido vital, nos ha compartido su información y ha sido un miembro más del equipo para las visitas guiadas, para los trabajos con los institutos, y he tenido, además, el honor de escribir el prólogo de su libro”, concluye.