VÍDEO | Así vivió Mallorca el eclipse que convirtió la isla en un gigantesco mirador
Mallorca se convirtió este miércoles en un gigantesco mirador. Desde las playas hasta los acantilados, pasando por las embarcaciones que salieron a mar abierto, miles de personas buscaron un lugar desde el que contemplar el eclipse solar total, uno de los fenómenos astronómicos más excepcionales de las últimas décadas. Santa Ponça, Playa de Palma, el Molinar, Es Trenc, Es Marqués, Alcúdia o el cabo de Formentor fueron algunos de los escenarios elegidos para esperar al momento en que la Luna ocultó por completo el Sol.
Sobre las 19.35 horas, tal y como estaba previsto, la Luna comenzó a interponerse entre la Tierra y el Sol. El disco solar fue menguando progresivamente hasta que, alrededor de las 20.32 horas, llegó el momento esperado: durante cerca de un minuto y medio, la totalidad convirtió el día en noche. La luz se apagó de golpe, las temperaturas descendieron y, durante unos instantes, las estrellas pudieron hacerse visibles en pleno atardecer. Después, el proceso se invirtió y el Sol volvió a aparecer mientras descendía hacia el horizonte.
La escena se repitió en distintos puntos de Mallorca, aunque cada lugar tuvo su propia manera de vivirla. Santa Ponça, uno de los grandes núcleos turísticos de Calvià, se convirtió durante la tarde en uno de los principales puntos de observación del eclipse.
Las imágenes aéreas difundidas por la Guardia Civil muestran a centenares de personas agolpadas en la zona, una de las caras más reconocibles del modelo turístico de la isla. Desde horas antes, los espectadores se acomodaron pertrechados con sillas, toallas y neveras. Familias, grupos de amigos, turistas y aficionados a la astronomía esperaron frente al mar hasta que la luz comenzó a cambiar. Cuando llegó la totalidad, el silencio de la espera dio paso a gritos de emoción y aplausos ante un espectáculo que apenas duró unos minutos.
Aunque mantiene población durante todo el año, Santa Ponça multiplica su actividad en verano y se convierte en uno de los puntos de mayor afluencia de visitantes del municipio. La presión turística convive, además, con un mercado inmobiliario cada vez más exclusivo.
En la primera línea de mar de Palma la imagen fue similar. Entre la playa de Can Pere Antoni, s'Arenal y el Molinar, centenares de personas se apostaron frente a la bahía con sillas y cámaras, muchas de ellas preparadas desde primera hora de la tarde para no perderse ni un segundo. Más al este, la Playa de Palma soportó una afluencia todavía mayor: el Ayuntamiento calculó alrededor de 60.000 personas durante la jornada y estableció restricciones al tráfico desde primera hora para facilitar la movilidad y la seguridad.
Al sur de la isla, la concentración se extendió por la zona de la Colònia de Sant Jordi, Es Trenc y Es Marqués. La arena se fue llenando progresivamente de sombrillas, toallas, sillas y neveras mientras quienes no encontraban sitio se instalaban sobre las rocas. El mar se convirtió también en una grada improvisada: numerosas embarcaciones de recreo buscaron desde el agua una posición privilegiada para contemplar la desaparición momentánea del Sol.
Un eclipse desde el mar
En el mar, la experiencia adquirió otra dimensión. El Galaxie, el velero de la Fundació Joves Navegants desde el cual elDiario.es siguió el eclipse, salió a aguas abiertas para contemplar el eclipse lejos de las multitudes de tierra. A bordo, la espera transcurrió entre el movimiento de las olas y la expectación por un fenómeno que, durante unos minutos, transformaría también el paisaje mediterráneo.
Cuando llegó la totalidad, el paisaje mediterráneo quedó suspendido durante poco más de un minuto. Después, con el Sol ya de nuevo sobre el horizonte, el Galaxie emprendió el regreso a puerto. Ya amarrado, tocó recuperar fuerzas y celebrar una jornada que había exigido horas de navegación y en la que el mar también había querido tener su protagonismo.
En el Port d'Alcúdia, el mar volvió a ser uno de los lugares preferidos. Desde primera hora de la tarde, la zona de Aucanada fue recibiendo embarcaciones particulares, de alquiler y turísticas. A medida que se acercaba la hora señalada, muchas se desplazaron hacia el centro de la bahía para disponer de una perspectiva despejada del horizonte. La escena desde tierra mostraba una segunda línea de espectadores flotando frente a la costa.
En el cabo de Formentor, uno de los puntos que prometían mejores condiciones para contemplar el eclipse, centenares de personas se concentraron en los miradores y alrededores. Algunos tuvieron que completar a pie parte del recorrido después de que los autobuses los dejaran a cierta distancia. Entre los espectadores había también numerosos extranjeros que habían viajado expresamente hasta Mallorca para vivir el fenómeno.
No todos tuvieron la misma suerte. En Eivissa, las nubes acabaron ganando protagonismo cuando se acercaba el momento de la totalidad. Desde las murallas de Dalt Vila, donde se habían reunido numerosos espectadores, el cielo había permitido seguir la evolución del eclipse hasta que, alrededor de las 20.10 horas, la nubosidad comenzó a interponerse entre la Luna y el Sol. La espera de algunos terminó sin poder contemplar con claridad la totalidad.
El espectáculo astronómico fue así el resultado final de meses de preparación por parte de las administraciones y los expertos. El dispositivo especial movilizó alrededor de 2.000 efectivos en Balears y estableció medidas extraordinarias para hacer frente a una jornada de presión excepcional sobre el territorio. Entre las 00.00 y las 20.00 horas, el Centro de Coordinación de Emergencias 112 había contabilizado 26 incidencias relacionadas con el plan especial de emergencias, cifras consideradas normales para una jornada de agosto por los servicios de emergencia.
Pero durante unas horas, las cifras habituales del verano adquirieron otra dimensión. Las playas se transformaron en observatorios, los acantilados en balcones, las murallas en miradores y el Mediterráneo en una inmensa plataforma de observación. Mallorca esperaba al eclipse desde tierra y desde el mar. Y durante poco más de un minuto, cuando la Luna terminó de cubrir el Sol, toda la isla pareció detenerse para mirar al cielo.