Victoria Morell (Palma, 1986) es una cineasta, periodista y guionista especializada en documentales. Licenciada en Ciencias Políticas y formada en periodismo, ha desarrollado una trayectoria profesional marcada por el compromiso social, el feminismo y la exploración de la memoria y el territorio. NUDE, su último trabajo, se acaba de estrenar en IB3 (la televisión pública balear) en formato documental mientras que este 23 de septiembre lo hará en formato podcast mediante seis episodios. La producción pretende abrir el tema sobre cómo afecta la pornografía al deseo, a las relaciones, así como la manera en que jóvenes y adolescentes entienden el sexo. Así, el trabajo (producido por IB3 en colaboración con Espaitemps) se presenta como “una propuesta narrativa que huye de la estigmatización para abrir un espacio de reflexión urgente y necesario”.
Después de haber iniciado su carrera en Lavinia Barcelona, participando en la producción de documentales para TV3 y RTVE, ha dirigido otros trabajos en Balears como La Paca. Matriarca de la droga (IB3, 2019), Baltasar Samper. El ritmo amnésico (2018) y Prostitución y trata: Cuestión de poder y Semillas de futuro (IBDONA, 2019). En 2022 estrenó su primer largometraje, Petricor, en el Atlàntida Film Fest, con doble sold out. La película se emitió en IB3, fue distribuida internacionalmente y seleccionada en más de veinte festivales, donde recibió el Premio Ciudad de Palma. Actualmente desarrolla Las Pelvis, sobre un colectivo feminista mallorquín, así como el cortometraje de ficción Gallinita ciega (2024). Además, dirigió durante cuatro años el programa Dones en IB3 Ràdio. Es profesora visitante de cine documental en la Universitat Ramon Llull, delegada de CIMA en las Illes Balears y miembro del Consejo de Cultura del Govern.
¿Qué diferencias percibe entre los jóvenes que crecieron en los 90 y 2000, antes de la llegada masiva de Internet, y quienes lo hicieron a partir del 2010 hacia adelante? Los adolescentes ahora tienen acceso a la pornografía en cualquier momento a través de los teléfonos móviles.
La llegada de internet ha sido un punto de inflexión. En los 90 y principio de los 2000 el acceso a la pornografía estaba estaba mediado por barreras: una revista en un quiosco, o un vídeo alquilado en un videoclub o en DVD. Esto hacía que el consumo fuera más tardío, más puntual y también quizás más socialmente visible, porque implicaba exponerse, gastar dinero, superar la barrera de la vergüenza y yo creo que hoy todo esto ha desaparecido- Ahora tenemos un smartphone en el bolsillo y cualquier niño o adolescente tiene un acceso inmediato, gratuito y anónimo a miles de millones de vídeos, ¿no? Alejandro Villena, que es un investigador sobre la temática, dice que todos llevamos un pequeño cine porno en el bolsillo. El principal cambio es el acceso.
¿Cómo ha cambiado la forma en la que nos relacionamos sexoafectivamente?
Ya no es solamente el cambio en el acceso sino también el cambio en el imaginario. Antes la sexualidad se iba construyendo a partir de la experiencia del grupo de iguales o si tenías suerte con la familia y la escuela, pero ahora, en cambio, la pornografía se ha convertido en la principal y primera fuente de información sexual.
Hay un estudio realizado por la Universitat de les Illes Balears (UIB), dirigido por Valentina Milán y en el que colaboran expertos que también aparecen en el documental como Sandra Serrano, Lluís Ballester, Jaume Perelló, que muestra que el 90% de adolescentes de entre 13 y 18 años ya ha visto pornografía y que un 34% de los chicos la consume a diario.
Creo que eso significa que muchos niños y niñas aprenden sobre deseo, consentimiento —que es una palabra muy importante y a veces olvidada— o intimidad a través de imágenes que son profundamente violentas y desiguales. Entonces, la diferencia entre quienes crecimos antes de internet o quienes lo han hecho después del 2010 creo que es abismal porque para estos últimos la pornografía es parte de su socialización temprana.
Muchos niños y niñas aprenden sobre deseo, consentimiento —que es una palabra muy importante y a veces olvidada— o intimidad a través de imágenes que son profundamente violentas y desiguales
La principal diferencia sería que antes las primeras experiencias sexuales se vivían a través de la propia experiencia mientras que ahora esas primeras experiencias están condicionadas y atravesadas por el consumo previo de la pornografía. El otro día escuché en un podcast que habla sobre sexualidad a la actriz Ester Expósito decir que en las experiencias heterosexuales ella notaba mucho cuándo un hombre había sido educado en el porno y cuándo no.
El porno no nos enseña sobre consentimiento, afecto e igualdad. Y si tú te socializas sexualmente con la pornografía no tienes todos estos inputs interiorizados. Internet y el 5G marcan el punto de inflexión en cuanto a que ahora el acceso es ilimitado, gratuito y anónimo y el imaginario: porque construye un imaginario a través de lo que ves y lo que ves es violencia, violencia y violencia.
Aunque hace 20 o 25 años no había acceso ilimitado a la pornografía como ahora, tampoco había apenas había educación sexual: ni en el ámbito familiar ni tampoco en los colegios e institutos. ¿Sigue habiendo falta de educación sexual en las familias? Y en la educación, ¿se están dando suficientes herramientas?
En referencia a la primera pregunta, creo que sí sigue faltando educación sexual en las familias. La mayoría de los adolescentes reconoce que en sus casas apenas se habla de sexualidad y mucho menos de pornografía. Un estudio reciente sobre el impacto de la pornografía —dirigido Lluís Ballester y coordinado por Sandra Sedano— explica que la mitad de los jóvenes nunca ha hablado de sexo con sus familias y más del 80% tampoco lo ha hecho sobre pornografía. Los padres muchas veces sienten que es demasiado pronto o no tienen herramientas para saber cómo abordar esta temática, pero creo que es importante tener claro que el silencio no protege. Si los niños se topan con la pornografía desde los 8 años y en casa no se les ofrece un acompañamiento afectivo y crítico, el porno se convierte en su manual de referencia. Por eso creo que es fundamental dotar a las familias de recursos y de confianza para poder hablar con naturalidad del deseo, del consentimiento, del respeto y sobre todo del placer compartido.
Si los niños se topan con la pornografía desde los 8 años y en casa no se les ofrece un acompañamiento afectivo y crítico, el porno se convierte en su manual de referencia
En cuanto a los institutos, sí que es cierto que una gran mayoría de jóvenes han recibido charlas sobre sexualidad, pero muchos de ellos consideran que ha sido insuficiente. Estas charlas, normalmente, se reducen a prevención de embarazos o a explicar la reproducción, pero se dejan fuera temas claves como el consentimiento —en lo que yo insisto mucho—, la igualdad, la masturbación femenina, la diversidad o el impacto de la pornografía. Yo creo que sí que se dan herramientas, pero muchas veces son limitadas.
Aún así, sí que lanzo un mensaje de optimismo y es que en los dos últimos años, desde que el tema de la pornografía, se ha puesto encima de la mesa, se están ofreciendo muchas charlas concretas con figuras de referencia en Balears: Silvestre del Río, Lluís Ballester, Sandra Sedano o Jaume Perelló, que visitan muchos institutos para hablar de esta temática concreta.
Según la investigación que lleva años haciendo, no solamente inscrita en la pornografía, sino al sexo en general, ¿cree que podemos establecer una relación directa entre el consumo violento de pornografía en los jóvenes y la violencia sexual?
Totalmente. Creo que la relación es directa. La pornografía no es un producto aislado, es parte del mismo engranaje que la prostitución. Al final, desde mi opinión, lo que vemos en pantalla es prostitución filmada, ¿no? En ambos casos hablamos de cuerpos de mujeres convertidos en mercancía y atravesados por dinámicas de poder y de desigualdad. El estudio sobre prostitución en Balears ya señalaba la pornografía actual como la pedagogía del sistema prostitucional porque enseña a millones de jóvenes que los cuerpos femeninos están siempre disponibles y que el consentimiento puede omitirse, que la violencia es excitante, ¿no?
Creo que por eso hablamos de prostitución filmada. El porno graba, distribuye y normaliza las mismas lógicas de cosificación y explotación que sostiene el sistema prostitucional con varias diferencias. Una de ellas creo que es que mientras la prostitución se desarrolla en un espacio físico, la pornografía circula sin límites en internet. Belén Matesanz, que fue coordinadora de Médicos del Mundo en las Illes Balears, explicaba cómo muchas mujeres en situación de prostitución y de trata les narraban cómo les da más miedo ver a un joven acceder al consumo de prostitución que no a una persona mayor porque las referencias que tienen los jóvenes muchas veces son de pornografía. Van con el móvil y dicen: “quiero hacer esto, te pago por hacer esto”, enseñando prácticas de vídeos sexuales de pornografía para reclamar el consumo de la mujer prostituida.
El porno graba, distribuye y normaliza las mismas lógicas de cosificación y explotación que sostiene el sistema prostitucional
Respecto a este acceso a la pornografía a través de internet, hay un proyecto de Ley Orgánica para la protección de menores en entornos digitales, que pretende para restringirlo a través de sistemas de verificación de la edad. Sin embargo, muchos menores distribuyen contenido pornográfico a través de plataformas de mensajería que no son pornográficas. ¿Es realmente viable esta regulación?
España ha planteado un proyecto de ley para limitar el acceso de los menores a la pornografía como han hecho países como Francia o Reino Unido. La idea es obligar a las plataformas a implementar sistemas de verificación de edad de manera que un menor no pueda acceder a los contenidos y además se prevén sanciones económicas si se incumple.
Ahora, tú entras en una página web y te pregunta si eres mayor de edad. Si pones que no, te la bloquea, pero vuelves a entrar y si dices que sí, puedes acceder. Por tanto, tiene que haber una propuesta de control real. Pero el problema es que, aunque esta medida es necesaria, yo creo que tiene un alcance limitado, porque la pornografía no solo circula en las páginas clásicas, también circula en redes sociales, en plataformas de vídeos, en chats, en videojuegos… Esto hace casi imposible blindar el acceso por completo.
Tú entras en una página web y te pregunta si eres mayor de edad. Si pones que no, te la bloquea, pero vuelves a entrar y si dices que sí, puedes acceder. Por tanto, tiene que haber una propuesta de control real
Los expertos insisten en un enfoque que sea combinado con regulación y educación: regular para frenar la disponibilidad inmediata y poner límites a la industria y, por otra parte, educación para dar herramientas críticas a niños y adolescentes que les permitan entender y cuestionar lo que ven. Creo que solo así se puede retrasar esta exposición y evitar que el porno sea la única fuente de educación sexual.
En el documental se toca otro tema interesante, que es un hombre ex adicto a la pornografía que cuenta cómo ha sido su proceso de recuperación. Cuando hablamos de adicción a la pornografía, ¿a qué nos estamos refiriendo exactamente? ¿Hay similitudes con la adicción a otras drogas como el tabaco o el alcohol o a otro tipo de drogas ilegales?
Los expertos señalan que, cuando hablamos de adicción a la pornografía, nos referimos a un consumo compulsivo. Un consumo que activa los mismos circuitos de recompensa que drogas como el alcohol, el tabaco o la cocaína y que provoca que el cerebro segregue dopamina. Esto genera que la persona cada vez tenga más tolerancia a lo que está consumiendo y necesite consumir cada vez más.
Para que podamos entenderlo con un ejemplo: se puede consumir un vídeo pornográfico donde a una mujer se le da un ‘cachete’ en el culo. Cuando ese vídeo lo has visto 10 veces, ya no te resulta tan excitante, por lo que empiezas a ‘subir de nivel’. Y eso hace que el contenido cada vez sea mayor, como pasa con las drogas. Tú puedes consumir una raya de cocaína, pero cuando ya no te hace efecto consumes otra y así vas escalando, ¿no? Con la pornografía pasa lo mismo: ves un vídeo, haces click, se activan mecanismos de recompensa, segregas dopamina y la tolerancia cada vez tiene mayor resistencia y necesitas consumir más y más extremo para sentir placer.
Tú puedes consumir una raya de cocaína, pero cuando ya no te hace efecto consumes otra y así vas escalando, ¿no? Con la pornografía pasa lo mismo: ves un vídeo, haces click, se activan mecanismos de recompensa, segregas dopamina y la tolerancia cada vez tiene mayor resistencia y necesitas consumir más y más extremo para sentir placer
¿Y este hecho tiene una relación directa en la vida real, en la forma en la que luego uno se relaciona sexualmente?
La adicción al porno, al final, distorsiona la forma de vivir la sexualidad. Muchas personas adictas tienen dificultades para tener citas en relaciones reales porque su cerebro está acostumbrado a estímulos externos y constantes. Y esto genera frustración y también deteriora la intimidad en pareja porque condiciona las expectativas: se asocia con dinámicas de poder o violencia que no tienen nada que ver con una relación que es sana. El estudio de la UIB sobre el impacto de la pornografía alerta que la primera práctica sexual en adolescentes son las felaciones y relaciones sexuales anales entre niñas de 13 años que todavía no han descubierto el placer.
La adicción al porno, al final, distorsiona la forma de vivir la sexualidad
Antes hablábamos de cómo ha cambiado la forma en que se puede acceder a contenidos sexuales debido a internet. Ahora, además, existen otro tipo de plataformas como OnlyFans en las que también se puede visualizar contenido sexual. ¿Este tipo de plataformas profundizan en las dinámicas que comentábamos?
OnlyFans se presenta, en muchas ocasiones, como una plataforma de empoderamiento de la mujer, pero en realidad reproduce las mismas lógicas del sistema prostitucional. Al final OnlyFans es prostitución. El 97% de las personas que suben contenido son mujeres y es contenido sexualizado. Y los hombres que consumen OnlyFans tienen entre 25 y 44 años, según un informe de la Federación de Mujeres. Es decir, la desigualdad estructural donde los cuerpos se convierten en mercancía y los hombres siguen ocupando el lugar de consumidores se traslada también a esta plataforma.
Creo que el problema es que muchas jóvenes acceden atraídas por la promesa de dinero rápido y de autonomía, pero los riesgos son brutales porque hay una dependencia económica, hay una pérdida de intimidad y hay un concepto que es la sextorsión: luego estas imágenes se distribuyen en webs pornográficas con el logo de OnlyFans.
Creo que es importante hablar de pornografía porque es la principal fuente de educación sexual de los niños. No es un entretenimiento inocuo: en más del 80% de los vídeos aparecen insultos, violencia verbal, en más de un 35% violencia física y creo que también es importante hablar de pornografía para ser conscientes que detrás de las pantallas hay una explotación real a mujeres.
Mujeres que trabajan bajo engañadas y coaccionadas y plataformas que obtienen beneficios millonarios a partir de esto. Una mujer que sufre una agresión en pornografía la sufre de forma real. A una mujer que le golpean los genitales en pornografía la golpean de forma real. A una mujer que la escupen en la cara la escupen de forma real. Una mujer que llora en pornografía llora de forma real. ¿No?
Entonces creo que hablar de porno significa abrir un espacio social y educativo importante también donde podamos cuestionar y contextualizar y dar alternativa. Hay que evitar que el porno siga siendo esta escuela silenciosa que educa a toda una generación en desigualdad y en violencia.