Cierre de bares y restaurantes: sólo Catalunya y Melilla siguen la estela de Europa

La segunda ola de COVID-19 se acelera en Europa y a lo largo del continente los países están tratando de lograr el equilibrio entre controlar la explosión y evitar otro confinamiento total que debilite aún más sus economías. En la búsqueda de la mejor solución, los que se encuentran a la cabeza en incidencia en los últimos 14 días se están decantando en esa balanza por cerrar bares, principalmente, y restaurantes entre sus restricciones para intentar frenar los contagios.

El cierre total tanto de bares como de restaurantes se aplica ya en República Checa y Países Bajos –el último en sumarse a la medida–, el primer y tercer país con más incidencia de Europa. Bélgica –segunda en incidencia– ha optado por un cierre más localizado de bares –pero no restaurantes– en la capital, al igual que Francia –cuarta–, que lo ha aplicado en sus zonas de máxima alerta, incluida París, y Reino Unido, en las áreas con más contagios como Liverpool y alrededores.

La excepción en esta sucesión de cierres era hasta ahora España, quinta en incidencia. La mayoría de comunidades con elevado número de casos, que están a la cabeza en el ranking europeo por regiones, siguen apostando en la mayoría de su territorio por la reducción de aforos y la limitación de horarios de estos establecimientos, y no por el cierre, como están haciendo zonas con igual o incluso menor incidencia que las españolas más afectadas.

El anuncio de la Generalitat de Catalunya y el de la ciudad de Melilla del cierre de bares y restaurantes durante 15 días son la excepción junto a la ciudad de Ourense, que ha cerrado el interior de los bares, pese a que otras comunidades como Madrid o Navarra registran más contagios.

El guión se repite. No están siendo decisiones fáciles para los Gobiernos europeos y a menudo generan polémica. Las medidas están siendo recibidas con mucho malestar en el sector de la hostelería, ya tocado por las drásticas restricciones de primavera. Se suceden los mensajes de alerta sobre la pérdida de miles de puestos de trabajo y el riesgo de quiebra, así como la exigencia de medidas gubernamentales de apoyo para el sector. Muchas restricciones incluyen la prohibición de venta de alcohol por la noche.

Pero cada vez más voces expertas en salud pública reclaman una apuesta decidida por evitar la fórmula casi perfecta para el contagio: interiores con escasa ventilación, sin distancia y sin mascarilla. Los epidemiólogos difieren en las soluciones pero coinciden en que los locales de hostelería deberían apostar por centrar su actividad al aire libre.

El paradigma de ello es una ciudad como Nueva York y su apuesta radical por el aire libre. La ciudad mantuvo cerrado el interior de los restaurantes desde marzo hasta finales de septiembre y ahora ha abierto los espacios interiores de los restaurantes al 25% del aforo, mientras mantiene bares y teatros cerrados. 

También hay quienes consideran que una forma útil de luchar contra la COVID-19 sería identificar situaciones sociales típicas en las que surgen los brotes y unas pocas personas se convierten por estar en estos ambientes de riesgo en “supercontagiadores”, personas infectadas que tienen una capacidad mucho mayor para transmitirlo a las personas de su entorno que la mayoría de los infectados. El estudio de estos supercontagiadores lleva de nuevo a restaurantes, bares, gimnasios, iglesias y otros espacios concurridos donde se habla alto, se canta, hay contacto sin mascarilla o mala ventilación.

República Checa

El virus continúa su fuerte avance en República Checa, que, tras un primer intento de limitar horarios hasta las 8 p.m., ha optado por un nuevo endurecimiento de las restricciones a comienzos de esta semana. El Gobierno ha ordenado el cierre de bares, restaurantes y pubs desde este miércoles hasta el 3 de noviembre en todo el país, que en estos momentos lidera la incidencia de casos en Europa, 578 contagios por cada 100.00 habitantes, según los datos de la Universidad Johns Hopkins analizados por elDiario.es. Los restaurantes podrán operar a domicilio y para llevar. Sin embargo, las ventanillas de comida para llevar solo podrán funcionar hasta las 8 p.m. “Tenemos solo un intento que debe ser exitoso para controlar la epidemia como nación”, ha dicho el primer ministro.

Desde la Asociación de Hoteles y Restaurantes de República Checa han mostrado en un comunicado el “respeto pleno” a las nuevas medidas y consideran que el cierre es “una mejor solución que la reducción progresiva de los horarios de apertura y otras restricciones, que a su vez suponen el cierre de casi todas las operaciones”. En este momento, se encuentran negociando con el Gobierno medidas de compensación. “Después de la primera ola de la pandemia, las empresas están completamente agotadas económicamente y no mantendrán puestos de trabajo por mucho tiempo”, advierten. Antes de las nuevas restricciones, la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas y Autónomos también ha pedido apoyo al sector de la gastronomía, alertando del riesgo de quiebra y del posible despido de hasta 40.000 empleados. “La situación es, sin exagerar, crítica”, advirtieron la semana pasada, tras asegurar que entre enero y julio –y tras tres meses de cierre– los ingresos de pubs y restaurantes cayeron 30.000 millones de coronas checas, algo más de 1.000 millones de euros.

Países Bajos

El Gobierno holandés ha anunciado una nueva tanda de medidas para frenar la propagación del coronavirus en un momento en que presenta una de las mayores incidencias del continente, 434 casos por cada 100.000 habitantes en las últimas dos semanas. A partir de este miércoles, los bares y restaurantes del país tendrán que cerrar durante al menos dos semanas. Se permitirán los servicios de comida para llevar y a domicilio. 

El Ejecutivo había sido reacio a volver a imponer restricciones más estrictas que podrían dañar una frágil recuperación económica, pero los expertos han elevado la presión para que tomara medidas que eviten sobrecargar el sistema de salud. “Si las cosas no van bien en las próximas semanas, avanzaremos hacia un confinamiento total”, ha dicho el primer ministro, quien ha defendido que “el martillo para matar el virus debe ser lo suficientemente grande”. “El endurecimiento de las medidas tendrá un impacto en nuestra sociedad y en la economía mayor del que nos gustaría, pero este paso es necesario para un nuevo panorama: una sociedad que tenga el coronavirus bajo control”, ha señalado el Gobierno.

La industria de la hostelería holandesa ha reaccionado con malestar a la noticia y ha hablado de “golpe final” para los empresarios de la restauración. “Es comprensible que el Gobierno esté tomando medidas excepcionales con miras a la salud pública, pero las consecuencias para la industria de la restauración son incalculables”, ha dicho Koninklijke Horeca Nederland (KHN), que representa a más de 20.000 empresas. Como en otras partes de Europa, reclaman medidas de apoyo financiero al sector, que estiman que durante 2020 perderá más de 12.000 millones en facturación.

Bruselas (Bélgica)

La explosión de casos llevó la semana pasada a las autoridades belgas a endurecer las medidas, principalmente en la región de Bruselas, epicentro de la pandemia en el país, que ya es el segundo en incidencia del continente. Entre las restricciones, el Gobierno regional ordenó el cierre de bares y cafés durante un mes en la capital, aunque solo vendan té o café.

Los restaurantes podrán seguir abiertos, lo que ha generado cierta confusión sobre lo que es o no un bar.

El alcalde de Bruselas considera que la medida es “dura” e “injusta” pero “necesaria”. “Lo más sencillo es cerrar todo, pero eso no es lo que queremos, y es cierto que hicimos una distinción entre restaurantes y bares, basada en el hecho de que pensamos que los protocolos se pueden respetar mejor en los restaurantes”. La incidencia de la región de Bruselas es ahora de 845 casos por 100.000 habitantes en 14 días, según los datos de las autoridades belgas. En Navarra esta tasa es de 776 y en la Comunidad de Madrid, 462.

Hay 1.652 cafés y bares en la capital, según la Radio Televisión Belga Francófona, con datos de la Oficina de Estadística de Bélgica. Ya en verano, la Federación de la Industria de Servicios de Alimentación de Bruselas (FHB) dijo que el sector temía una ola de quiebras en otoño, estimando que al menos el 30% de los restaurantes cerrarán definitivamente. Los hosteleros llevan días mostrando su descontento con la decisión y reclamando ayudas. “La hostelería, los restaurantes y los cafés son el mayor empleador de la región, no debemos olvidarlo”, ha advertido el representante de la federación. Según sus cifras, hay 30.000 empleos en el sector y se perderá un 10%, es decir, entre 3.000 y 4.000 puestos de trabajo. El Gobierno de Bruselas ha acordado otorgar una ayuda específica de 3.000 euros a bares y cafés obligados a cerrar.

En el resto del país, se ordenó limitar el horario de los bares hasta las 11 p.m. El Ejecutivo belga ha afrontado críticas por apuntar a estos establecimientos, pero insiste en el riesgo de contagio. “Sabemos que el virus encuentra un semillero allí”, ha dicho el ministro de Salud belga. “Son verdaderos puntos calientes. No todos los bares, pero, lamentablemente, demasiados”. La Federación Belga del Café también ha criticado lo que considera un trato diferencial respecto a los restaurantes y asegura que “la situación se hace simplemente insoportable”.

Liverpool e Irlanda del Norte (Reino Unido)

El Gobierno de Irlanda del Norte ha anunciado este miércoles que cerrará durante cuatro semanas los bares y restaurantes. La incidencia del territorio es de 353 infecciones por cada 100.000 habitantes en la última semana, según cálculos de elDiario.es.

Mientras, en Inglaterra, el primer ministro Boris Johnson ha anunciado un nuevo sistema de medidas basado en tres niveles de restricciones: medio (nivel 1), alto (nivel 2) y muy alto (nivel 3). De momento, Liverpool y sus alrededores son el único territorio que ha entrado en el nivel más alto, que implica entre otras medidas el cierre de todos los pubs y bares. Los bares tienen la opción de permanecer abiertos si pueden operar como restaurantes, “lo que significa que sirven comida abundante, como el almuerzo principal o la cena”. “Solo pueden servir alcohol como parte de dicha comida”, aclara el Gobierno. En la localidad de Liverpool la incidencia en estos momentos es muy elevada, con 472 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos siete días.

La Asociación de Hostelería de Liverpool ha publicado una carta en la que piden medidas de apoyo, recordando que su sector ha sido uno de los más perjudicados por la COVID-19. Según sus datos, dan trabajo a 50.000 personas en la región de Liverpool y contribuyen con más de 4.000 millones de libras –unos 4.400 millones de euros– a la economía local de media cada año. “Estamos luchando para mantener a nuestro personal en sus puestos de trabajo, para poder aguantar”, dicen.

Reino Unido mantiene una incidencia inferior a la de España, 278 infecciones por cada 100.000 habitantes, pero los pubs, bares y restaurantes ingleses llevan tres semanas teniendo que cerrar a las 10 p.m. para reducir los contactos sociales y disminuir los contagios. La industria ha pedido al Gobierno que levante esta restricción. Un informe de la consultora Oxford Economics ha concluido que 291.000 puestos de trabajo, un tercio del total en el sector, están en riesgo de desaparecer, y que las personas menores de 25 años se pueden ver especialmente afectadas. El sector calcula que el 25% de los pubs pueden cerrar. En el peor de los casos, prevén una pérdida de 7.400 millones de libras, cerca de 8.160 millones de euros, en la producción.

París y otras zonas en alerta máxima en Francia

El aumento de los niveles de transmisión forzó a París a cerrar todos los bares por completo, esto es, “los establecimientos cuya actividad principal es la venta de bebidas alcohólicas” desde el 6 de octubre. La medida, que vino tras una reducción de horario hasta las 10 p.m., está vigente hasta el 19 de este mes.

“Hay un riesgo cuatro veces mayor de contagio de COVID-19 cuando has estado en un bar en los días anteriores”, ha defendido el ministro de Sanidad francés. El cierre de bares viene contemplado en el sistema del Gobierno galo para las zonas en máxima alerta, aquellas que superan una incidencia de 250 casos por 100.000 habitantes en siete días (y otros dos indicadores más). En la ciudad de París, esta tasa es actualmente de 423. Además de la capital y sus suburbios, hay varios territorios más en este nivel, entre ellos Marsella y Lyon. Este miércoles Emmanuel Macron ha anunciado un toque de queda entre 9 p.m. y 6 a.m. en la región parisina y otras ocho áreas y anticipará a esta hora el cierre de restaurantes.

Cuando París entró en máxima alerta, las autoridades permitieron que los restaurantes –establecimientos que venden comida como actividad principal– permanecieran abiertos en horarios habituales si cumplían un protocolo sanitario: respetar la distancia de al menos un metro con el objetivo de “reducir la densidad de personas en un espacio cerrado para limitar la aerosolización”, la obligación de llevar mascarilla mientras no se sirvan platos, un máximo de seis personas por mesa y un libro de registro en la entrada para facilitar las tareas de rastreo. El Gobierno reculó así en lo decretado solo unos días antes, cuando ordenó el cierre de los restaurantes en Marsella, provocando una ola de protestas de hosteleros y tensiones entre el ayuntamiento marsellés y el Ejecutivo. 

Las nuevas reglas han sido polémicas. Como en Bélgica, han generado confusión sobre lo que es un bar y un restaurante, con varios establecimientos que son una combinación de ambos, como los cafés. El Gobierno los diferencia por su número de registro comercial, y precisó que los bares “que ofrecen la venta de bebidas como accesorio de la comida pueden permanecer abiertos”. Muchos, además, se han preguntado el porqué de la distinción. El ministro de Sanidad los diferenció en septiembre, sugiriendo que en los bares no es tan fácil cumplir las pautas de comportamiento como en los restaurantes, donde la gente permanece sentada.

A todo ello se suma el profundo descontento del sector de la hostelería, uno de los más afectados por la crisis. Los hosteleros han redoblado la presión tras dos meses con la persiana bajada en primavera y se han reunido con el Gobierno para evitar un nuevo cierre. La organización patronal Unión de Industrias y Oficios Hosteleros (Umih) alerta de una situación “extremadamente crítica” y estima que para diciembre de 2020, el 15% de los cafés, hoteles, restaurantes y discotecas pueden cerrar. Calculan que cerca de 200.000 personas pueden quedarse en paro. Según los medios franceses, el sector hostelero emplea a casi un millón de personas en el país galo en 168.000 restaurantes y 38.800 bares o cafés, así como miles de hoteles y clubes nocturnos.