Lo de Trump no es (solo) racismo, es eugenesia
El viernes Trump publicó en sus red social un fragmento de un vídeo en el que aparecían Barack y Michelle Obama como si fuesen monos. Lo que aquí hacen los hooligans neonazis en los campos de fútbol, allí lo hace su presidente. Resulta que, tras el escándalo, su portavoz denunció la “falsa indignación” y posteriormente le echó la culpa del vídeo a un trabajador de la Casa Blanca.
Sabíamos que Trump y su Gobierno son firmes creyentes en la teoría del gran reemplazo, sustento ideológico de la extrema derecha occidental —que está convencida de que la inmigración está eliminando nuestra identidad—, pero este último episodio es una prueba más de que el problema real es mucho más grave. No se trata solo del racismo cultural dominante en Europa, sino de eugenesia, superioridad biológica y racismo científico. Y no se trata solo de este ‘desliz’ con los Obama, sino que Trump tiene un largo historial y es hora de recordarlo.
Trump está obsesionado con los somalíes y ha dicho abiertamente que no los quiere en su país. Sin embargo, hay alrededor de 260.000 personas de origen somalí viviendo en EEUU y de ellos solo 98.000 son inmigrantes. El 83% de esos inmigrantes tienen la nacionalidad estadounidense. El mes pasado, en su discurso ante la élite mundial en Davos, Trump dijo: “Son personas con un cociente intelectual bajo, ¿cómo es posible que vayan a Minnesota y roben todo ese dinero? Y tenemos, ya sabes, a sus piratas. Son buenos piratas” —te recomiendo leer esta carta de respuesta que publicó Abdi Nor Iftin, uno de esos refugiados somalíes nacionalizado estadounidense, en la revista Time—. Tampoco es casualidad que Trump la liase recientemente con el ICE en Minnesota, donde vive la inmensa mayoría de las personas de origen somalí. Ya no es solo que los haitianos se coman a sus mascotas, tal y como afirma el presidente, sino que los inmigrantes que no le gustan son inferiores biológicamente.
Ahora abordaremos su obsesión con esto del cociente intelectual que, obviamente, está relacionado con la eugenesia, pero antes, más ejemplos. Durante su campaña electoral en 2023 dijo abiertamente: “[La inmigración] está envenenando la sangre de nuestro país. Es muy malo y la gente está viniendo con enfermedades. La gente viene con todo lo que te puedas imaginar”. Suelo evitar las comparativas con el nazismo, pero en este caso es necesario. En el capítulo 'Pueblo y raza'' de Mein Kampf, Hitler sostiene que “todas las grandes civilizaciones del pasado se volvieron decadentes porque la raza creativa original murió como resultado de la contaminación de la sangre”. Como ves, esto no es simplemente que los inmigrantes musulmanes nos van a sustituir en nuestros países; esto es un triple salto mortal hacia adelante.
Poco después, tan solo un mes antes de las elecciones de noviembre de 2024, Trump volvió a repetir que muchos inmigrantes son asesinos y delincuentes, añadiendo que ser asesino va en los genes. El presidente concluyó: “Tenemos en este momento [gente con] muy malos genes viviendo en nuestro país”.
Poniendo las cosas en contexto, Trump ha dicho pública y abiertamente que es un “creyente en los genes” y que para tener éxito “hay que tener buenos genes”. También ha expresado en medios de comunicación su apoyo a la teoría del caballo de carreras, que, básicamente, es una forma más suave de decir eugenesia. Los mejores caballos se crean juntando a los caballos superiores y lo mismo pasa con los humanos, dice Trump. “La teoría del caballo de carreras ¿pensáis que somos diferentes?”, dijo durante un mitin en 2020 en Minnesota. “Aquí tenéis buenos genes”. Ni la cita ni el lugar es casual, con Minnesota con un 77% de población blanca. En un momento en el mismo mitin arengó a su audiencia: “¿Os lo pasáis bien con vuestros refugiados?”.
“Siempre he dicho que ganar es algo, tal vez, innato. Quizá sea simplemente algo que tienes; como el gen ganador. Francamente, sería maravilloso poder desarrollarlo, pero no estoy tan seguro de que se pueda. Sabes, estoy orgulloso de tener sangre alemana, de eso no hay duda. Es algo fantástico” dijo Trump en una entrevista en 2016.
Make Eugenics Great Again
Se ha discutido mucho del racismo de Donald Trump, pero muy poco de sus ideas eugenésicas. Shannon O’Brien, académica y autora del libro Eugenesia en la política americana, me dice qué esto es más peligroso que el racismo por etnia o color de piel. “Creen que hay grupos superiores a otros y que está bien promover acciones que dificulten la existencia de otros. Da mucho más miedo que el racismo”.
“Asistimos a un auge de la eugenesia y el racismo científico, pero lo que ha ocurrido es que términos como ‘eugenesia’ se han separado de las ideas al tiempo que estas últimas se han impulsado con fuerza. Es como un examen de rellenar los huecos en el que se ven las definiciones, pero no los términos. Hay que saber lo que significaban originalmente para entender lo que se dice, pero la mayoría de la gente nunca los ha estudiado realmente, por lo que no lo entiende. Estamos asistiendo a un resurgimiento del lenguaje y las acciones que implican la inferioridad de muchas personas”, explica.
El Tercer Reich utilizó esta justificación para privar de derechos a los grupos no arios. No eran de ascendencia alemana y, por lo tanto, eran súbditos. Creo que estamos viendo líneas de pensamiento similares sobre quién merece el derecho al voto en Estados Unidos, la ciudadanía o el derecho a un juicio justo. Las redadas y la detención de poblaciones que son súbditos según esta línea de pensamiento son muy diferentes de las redadas a ciudadanos. La Constitución estadounidense extiende sus derechos a las personas que se encuentran en nuestro territorio, no solo a sus ciudadanos, pero estamos viendo un intento activo de reinterpretar ese concepto
Trump is making eugenics great again, o al menos está tratando de reflotar una vieja idea racista que utiliza la ciencia para justificar y dar cobertura a políticas que fomentan la intolerancia, el odio, la segregación racial y la discriminación. La eugenesia nace en la década de 1860 de la mano de Francis Galton, primo de Charles Darwin. Para sorpresa de nadie, muchos de sus seguidores defendían el supremacismo blanco.
En EEUU, la eugenesia vivió su punto dulce en la década de 1920. Algunos de sus estudiosos estaban obsesionados con la genética noruega y tampoco es casualidad que Trump haya intentado prohibir la migración de países pobres o “sitios de mierda” al tiempo que pedía migrantes nórdicos. “¿Por qué no podemos tener algunos de Suecia, Noruega, Dinamarca…? Solo unos pocos ¿Os importa enviarnos a algunos. Enviadnos gente buena”, decía en un mitin en enero. En 2024, hizo unas declaraciones prácticamente idénticas mencionando los mismos países.
Durante toda su historia, EEUU había mantenido una política de fronteras abiertas con la migración, pero estas teorías sirvieron para justificar un cierre migratorio y el inicio de una persecución que hoy alcanza límites insospechados con el ICE convertido en la milicia política del presidente. En 1924, el Congreso aprobó la Ley de Inmigración, que limitaba la entrada a EEUU, establecía cuotas basadas en nacionalidad y prohibía a los migrantes asiáticos. Las naciones del continente americano, sin embargo, han pasado más parte de su historia con las fronteras abiertas que cerradas, incluso ensalzando este derecho en la Constitución, como es el caso de la Constitución de 1824 de la República Federal de Centroamérica, que declaraba toda la región como un “asilo sagrado para todos”.
Volviendo al tema del cociente intelectual, hace poco entrevistamos al historiador Quinn Slobodian y quiero recoger algunas de sus reflexiones. “Una de las características más llamativas de las apelaciones al cociente intelectual, sobre todo en la cultura política estadounidense, es que tiende a resurgir en momentos de movilización popular en favor de la igualdad”, decía. Es decir, lo utilizan para justificar con un argumento pseudocientífico y presentar como inevitables las desigualdades frente a minorías.
Slobodian identifica tres oleadas importantes en los últimos 50 años en los que se ha utilizado el argumento del cociente intelectual. Primero, a comienzos de los 70, con el auge del movimiento por los derechos civiles y el feminismo; después, en la década de los 90, con el avance de la discriminación positiva y el avance del antirracismo; y, por último, en la década de 2010, en paralelo a movimientos como Black Lives Matter, MeToo y las reivindicaciones LGTBI.
“Las pruebas de cociente intelectual surgieron de este período de eugenesia en Estados Unidos. Un aspecto relacionado con su desarrollo fue que no se proporcionaban pruebas en idiomas distintos del inglés a las personas en la frontera para su admisión. Si no sabían hablar inglés, se les consideraba imbéciles y no se les permitía entrar (alrededor de 1917)”, cuenta O’Brien. “Cuando hoy alguien dice que otra persona tiene un cociente intelectual bajo, está tratando de llamarla estúpida de una manera que parezca que está presentando un argumento factual y no solo lanzando insultos”.
Todo esto tiene una derivada de derechos políticos, explica O’Brien. “Se vincula con la cuestión de los ciudadanos frente a los súbditos. Los ciudadanos participan en su sociedad mientras que los súbditos son gobernados. El Tercer Reich utilizó esta justificación para privar de derechos a los grupos no arios. No eran de ascendencia alemana y, por lo tanto, eran súbditos”, dice. “Creo que estamos viendo líneas de pensamiento similares sobre quién merece el derecho al voto en Estados Unidos, la ciudadanía o el derecho a un juicio justo. Las redadas y la detención de poblaciones que son súbditos según esta línea de pensamiento son muy diferentes de las redadas a ciudadanos. La Constitución estadounidense extiende sus derechos a las personas que se encuentran en nuestro territorio, no solo a sus ciudadanos, pero estamos viendo un intento activo de reinterpretar ese concepto”, advierte.
Es importante recordar que todos estos rollos teóricos de la eugenesia tienen un impacto en la vida real. En Canadá, por ejemplo, se realizaron legalmente esterilizaciones forzadas de mujeres, principalmente indígenas, hasta la década de los 70, pero una investigación pública reveló que estas continuaron incluso hasta 2010. En Suecia también se puso en marcha un programa de esterilización forzada entre 1934 y 1976 que afectó a entre 20.000 y 33.000 personas que el Estado consideraba débiles o no lo suficientemente inteligentes.
Tienes que escuchar...
La idea para este boletín surgió charlando con mi compañera Icíar Gutiérrez a raíz del infame discurso de Trump en Davos el mes pasado. De nuevo, volvió a salir el tema la semana pasada con el vídeo de Trump de los Obama como simios. Icíar me recomendó escuchar un capítulo del pódcast ‘Amiga date cuenta’, un descubrimiento buenísimo sobre “antropología pop que pone nombre a lo que tú piensas” dirigido por Noelia Ramírez y Begoña Gómez. Aquí te dejo el capítulo en cuestión.
La semana pasada, una lectora (gracias, Manuela) me hizo otro gran descubrimiento: Jesse Welles. Aquí os dejo Join ICE (únete al ICE), uno de sus temazos.
Arranca fuerte:
Well, if you're lookin' for purpose in the current circus
If you're seekin' respect and attention
If you're in need of a gig that'll make you feel big
Come with me and put some folks in detention
Just last week was kind of tough, I put a kid in cuffs
I zip tied a lady to a van
We can sneak around town, hunt workin' folks down
I hear they got a great benefit plan
Join Ice, boy, ain't it nice?
Join Ice, take my advice
If you're lackin' control and authority
Come with me and hunt down minorities
Join Ice
Gracias por llegar hasta aquí ¡Hasta la semana que viene!