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Los líderes del G7 apoyan el plan de Biden para un alto el fuego en Gaza que no ha logrado avances

Los líderes del G7 reunidos este jueves en el resort Borgo Egnazia, en Fasano, Apulia.

Mariangela Paone

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Tener todo atado, cuidar hasta el último detalle, vigilar que nada pueda salir mal. Giorgia Meloni llegó el lunes a Borgo Egnazia, en Apulia, para controlar que todo estuviera listo para la cumbre del G7 que empezaba este jueves bajo la presidencia italiana. Llevaba en el equipaje la victoria conseguida en las urnas el domingo, cuando su partido, el ultraderechista Hermanos de Italia, volvió a ser el más votado en unas elecciones europeas de las que los líderes de Alemania y Francia —las otras potencias de la UE presentes en la reunión— salieron magullados. Olaf Scholz y Emmanuel Macron llegaron a la cita inevitablemente debilitados, lo mismo que el británico Rishi Sunak, candidato ya dado por perdedor een las próximas elecciones en Reino Unido. Tampoco el presidente de EE UU, Joe Biden, acudía a la cumbre en su mejor momento. Ni el canadiense Justin Trudeau, en plena caída de popularidad.

Con este panorama, Meloni, única mujer a la cabeza de un país del G7, buscaba en la cumbre su consagración internacional y demostrar que bajo su batuta, el G7 más débil en años sería capaz de “ofrecer resultados concretos y mensurables”, como dijo en el mensaje de bienvenida a sus homólogos sentados alrededor a una mesa de madera de olivo, el árbol elegido para el logo de la reunión. “El olivo centenario de raíces sólidas y follaje proyectado hacia el futuro”, explicó Meloni. 

Pero el equilibrismo entre el pasado y el futuro falló en el preámbulo de la reunión, cuando, mientras los líderes llegaban al resort de lujo elegido para la reunión, seguía montando la polémica, estallada el miércoles, por la desaparición de la referencia a la protección al aborto del borrador de las conclusiones finales de la cumbre. Un cambio atribuido a la presidencia italiana, aunque el Gobierno de Roma se apresuró a decir que nadie había pedido un cambio y que las conclusiones finales serían fruto de un acuerdo. 

El compromiso del G7 con Kiev

La polémica acabó acaparrando muchos titulares y ensombreciendo al menos en parte el primer resultado concreto e importante del encuentro: el acuerdo para entregar nueva ayuda financiera a Ucrania, a través de un préstamo por un total 50.000 millones de euros que se financiará con los intereses generados por los activos rusos congelados, en su mayoría en bancos europeos. El dinero servirá a financiar la compra de armas y empezar a reconstruir las infraestructuras dañadas del país. Un resultado importante para el presidente de Ucrania, Volodimir Zelesnky, en un momento en el que Rusia está consiguiendo avances en el frente militar poniendo a prueba la defensa ucraniana. Zelesky viajó a Apulia para participar en persona en la sesión del encuentro dedicada a Ucrania y que este viernes será uno de los 10 jefes de Estado que se verán para un encuentro bilateral con el papa Francisco, el primer pontífice en participar en la cumbre, que en 2025 celebrará su edición número 50.

“Se trata de una clara señal al presidente ruso para que entienda que no puede esperar que por problemas fiscales cese nuestra ayuda a Ucrania”, dijo, en una declaración sin preguntas a los medios, el canciller alemán Olaf Scholz, quien calificó de “histórica” la decisión de la cumbre. “Ahora tenemos que trabajar en su implementación”, añadió. En la misma línea se expresó la presidenta de la Comisión europea, Ursula Von Der Leyen. “Es una fuerte señal que estamos enviando a Ucrania de que los apoyaremos en su lucha por la libertad el tiempo que sea necesario, pero también para (el presidente ruso, Vladimir) Putin, que no puede prevalecer sobre nosotros”, celebró al término de la primera jornada de la cumbre. “El mensaje también es que no son los contribuyentes europeos los que están pagando por el daño que Putin está causado con su guerra de agresión, porque serán las ganancias extraordinarias de los activos congelados en Europa las que contribuirán a este préstamo de 50.000 millones de euros para Ucrania”, agregó.

Meloni, confirmando al término de la jornada que se había logrado el acuerdo, dijo: “Han transcurrido 841 días desde el inicio de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania. Durante este largo período, la heroica resistencia de los ucranianos ha impedido a Putin llevar a cabo su plan, y la unidad y la unidad de propósito de Occidente han garantizado que la nación agredida reciba la ayuda que necesita para defender su libertad”

En un mensaje en X, acompañado por las fotos de la reunión con los otros líderes, Zelensky comentó así el espaldarazo financiero recibido: “Cada reunión sirve para dar a Ucrania nuevas oportunidades de victoria. Estoy agradecido a todos nuestros socios”. Poco después firmó con Biden un acuerdo bilateral de seguridad para los próximos 10 años.

Apoyo al plan de EEUU para la tregua en Gaza

El acuerdo sobre Ucrania dejó en un segundo plano el otro asunto importante de la agenda del primer día de la cumbre: Gaza. Al finalizar la primera jornada, fue la misma Meloni quien confirmó lo que circulaba con las primeras filtraciones del borrador de las conclusiones del G7 sobre Oriente Medio: “Confirmo el apoyo unánime a la propuesta de Estados Unidos para un alto el fuego, la liberación de los rehenes y el respaldo y la protección de la población civil”. La propuesta es la que presentó el pasado 31 de mayo el presidente Joe Biden y que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas apoyó el lunes pasado con la aprobación de una resolución para un alto el fuego presentada por EEUU. El texto salió adelante con 14 votos a favor y la abstención de Rusia.

“Hemos coincidido en no escatimar en esfuerzos para evitar una escalada y una solución política duradera de la crisis con el objetivo de los 'dos pueblos, dos Estados'”, dijo la primera ministra italiana, desde el campo de golf de Borgo Egnazia, donde los líderes tomaron la segunda foto de familia del día, antes de participar en la cena ofrecida por el presidente de la Repubblica de Italia, Sergio Mattarella. Desde allí, fue el mismo Biden, quien no participará al convite por estar demasiado cansado, quien alejó la posibilidad de que se logre pronto un alto el fuego. Preguntado al respecto por los periodistas presentes, contestó con un lacónico “no”.

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