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Opinión - De un tiempo, de un país. Por Rosa María Artal
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Matteo Messina Denaro, el último guardián de los secretos de Cosa Nostra

El jefe de la mafia Matteo Messina Denaro tras ser arrestado en Palermo, Sicilia, por los Carabinieri.

Mariangela Paone

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Matteo Messina Denaro era el último de los corleoneses, el último que quedaba en libertad después de la caída de los otros capos de la Cosa Nostra que habían participado en la planificación y ejecución de la estrategia de atentados de los años noventa que marcaron la historia de Italia. Con su detención este lunes en una clínica privada en el centro de Palermo, cae también el último guardián de los secretos que aún rodean aquella temporada que convulsionó a un país entero, con los asesinatos de los jueces Falcone y Borsellino en 1992 y las bombas en Florencia, Milán y Roma en 1993. Durante los 30 años que ha durado su huida, Messina Denaro se ha llevado consigo los secretos que compartió con los otros miembros de la cúpula de la organización mafiosa, a cuya cúspide llegó tras la detención de Totó Riina, hace justo 30 años, y de Bernardo Provenzano, arrestado en 2006 tras 43 años de clandestinidad.

“Que Matteo Messina Denaro guarde estos secretos está fuera de duda. Él ha sido uno de los ideadores de los atentados y sobre ese periodo sabe muchas cosas que ha heredado de los otros, especialmente de Totó Riina, que lo consideraba como su ahijado predilecto”, comenta Giovanni Tizian, periodista de investigación que lleva décadas analizando las conexiones entre mafia, economía y política en Italia. “También guarda los secretos más recientes, los de los negocios de la mafia financiera. Y de allí se llega a la parte más política. Es lo que más interesa, porque seguimos sin saber toda la verdad: si la estrategia de los atentados fue sólo una idea de Riina y de la cúpula de la Cosa Nostra o si hubo 'sugerencias' externas. Esta es la verdadera pregunta a la que Messina Denaro podría contestar”, añade.

Nadie puede garantizar que el último “jefe de los jefes” esté dispuesto a revelar lo que sabe, pero Tizian apunta a algunos datos revelados tras su detención en la estructura sanitaria palermitana (donde recibía tratamiento), unidos a elementos de su biografía: “Ahora sabemos que ha tenido un cáncer de colon y tiene metástasis en el hígado. Hablamos de alguien que no se encuentra en un estado físico óptimo y que quizá por eso podría empezar a colaborar con la justicia. Además, no está acostumbrado como los otros capos a la vida en la cárcel. Lleva viviendo libre en la clandestinidad toda la vida y esto puede ser también un elemento importante”.

Una red de apoyo para tres décadas de clandestinidad

Otra de las preguntas que hasta ahora se han quedado sin respuesta es cómo Messina Denaro ha podido sortear durante tres décadas la rendición de cuentas ante la justicia, convirtiéndose en la sombra que ha sobrevolado la lucha contra la mafia desde 1993. Un fantasma sobre el que pesaban varias condenas a cadena perpetua por crímenes atroces, desde el asesinato del pequeño Giuseppe Di Matteo, hijo de un arrepentido y disuelto en ácido tras dos años de cautiverio, hasta los atentados en Palermo del mayo y julio de 1992, en los que murieron el juez Falcone y su mujer, Francesca Morvillo, el juez Paolo Borsellino y sus escoltas. “Con las personas a las que he matado se podría llenar un cementerio”, confesó a un amigo el mafioso, que había empezado su carrera criminal muy joven siguiendo la estela de su padre, “Don Ciccio”, aliado de Riina.

El fantasma de Messina Denaro seguía manteniendo, en el imaginario colectivo, los rasgos juveniles con los que aparecía en las únicas fotos disponibles, de hace 30 años, las mismas sobre las que los investigadores han ido construyendo retratos robot que acababan siempre caducando. El último de ellos tiene un asombroso parecido con la imagen que ha dado este lunes la vuelta al mundo: la de un hombre envejecido, que aparenta más de los 61 años que cumplirá en abril y que ya no tiene el aire desafiante de las fotos de antaño. “¿Cómo te llamas?”, le preguntaron los agentes al detenerle. “Soy Matteo Messina Denaro”, contestó el boss, consciente de que su huida había terminado.

¿Pero qué ha permitido que uno de los capos con el historial criminal más sangriento de Italia permaneciera huido tanto tiempo? La respuesta a esta pregunta, según Tizian, está vinculada a los secretos que guarda el último “jefe de los jefes”: “En los últimos 30 años ha habido muchísimos avances en términos de uso de tecnologías para las investigaciones, así que parece increíble que haya pasado tanto tiempo. Ya que no hablamos de las herramientas tradicionales que se empleaban hace 30 años, sino de medios extraordinarios con los que ha sido posible capturar a cualquiera, también en el extranjero. Es increíble también teniendo en cuenta la cantidad de personal y medios económicos que se han invertido en su búsqueda... Esto se debe probablemente a que Messina Denaro, siendo el guardián de tantos secretos, podía beneficiarse de muchas coberturas y apoyos que se investigarán ahora”.

Durante años se dijo que podía estar en el extranjero –y consiguió salir de Italia, como cuando, según los investigadores, viajó a Barcelona para una operación de ojos– o incluso que se había muerto y que su nombre se seguía usando como tapadera bajo la cual proteger los negocios mafiosos. Pero, como todos los demás capos, también Messina Denaro fue apresado en su tierra, allí donde podía contar con esa red que le protegía mientras él seguía construyendo un imperio económico y financiero. “En la historia de Messina Denaro hay muchas anomalías, muchas, como por ejemplo la detención fallida cuando se destapó hace años una de sus guaridas de la que consiguió huir antes de que se llegara a él”, añade Tizian, quien hace dos años recorrió Italia siguiendo los rastros de la red de apoyo de Messina Denaro. “Está luego el papel de los servicios secretos italianos en un intercambio epistolar que el capo mantuvo con un político local siciliano que era también un colaborador de los servicios, sin que este intercambio cree las condiciones para su arresto. Claramente hay muchos que temen lo que Messina Denaro podría revelar, precisamente porque él no está acostumbrado a vivir en cautiverio, no es como Riina o Provenzano, le gusta la buena vida y ama la libertad. Muchos creen que no conseguiría soportar la cárcel, más ahora que está enfermo”.

El “heredero” que decepciona a su padrino

El temor por lo que Messina Denaro podría contar tiene también que ver con el salto que él hizo dar a la Cosa Nostra, convirtiéndola en una organización emprendedora una vez cerrada la estrategia de tensión de los noventa. Un enfoque que, como cuenta el periodista del Corriere della Sera Giovanni Bianconi, llegó a enojar a Totó Riina.

En las conversaciones con sus compañeros de cárcel, interceptadas en 2013, el viejo padrino, que había admirado a aquel “heredero” que tan bien y tan rápido había aprendido de él, se quejaba del nuevo rumbo que Messina Denaro había tomado. “Me duele decirlo, este está fugado, pone los palos… eólicos para ganar dinero y no se interesa de…”, dice Riina, quien, escribe Bianconi, hubiera querido seguir con la estrategia terrorista contra el Estado. “Con Messina Denaro la mafia da un salto: de las empresas de construcción y hormigón, a una mafia que invierte en sectores nuevos y más lucrativos. Totó Riina se queja de esto... con él se cierra la temporada de la estrategia de los atentados y llega con Messina Denaro la de las grandes inversiones financieras en la grande distribución y las energías renovables”.

“Esto para Riina era incomprensible precisamente porque él representaba una mafia que ya no existe y que, con el ataque contra el Estado, fue en un cierto modo una anomalía porque el objetivo de la mafia es negociar, tejer relaciones con la política ofreciendo votos”, subraya Tizian. “Messina Denaro da un salto y se pone a la cabeza de una organización moderna si bien él procede de aquella época de atentados. Pero centrar la atención solo en aquello ha hecho que no se mirara a la connivencia con la política. Basta con recordar que el padre de Messina Denaro, también un capo mafioso, era el guardián de las propiedades de un ex viceministro de un gobierno de Berlusconi”.

La detención de Messina Denaro marca ahora una nueva fase en la que habrá que entender cómo se reorganizará la Cosa Nostra tras el final de la era de los corleoneses. Ante las reacciones de la política que habla de “victoria” de un “Estado que no se rinde”, como ha declarado la primera ministra italiana Giorgia Meloni, un grupo de activista este lunes en Palermo, con una pancartas ante la sede de la rueda de prensa de las autoridades sobre el arresto, ha recordado cuál sigue siendo la tarea pendiente después de 30 años: “Treinta años prófugo, protegido, ahora que Matteo Messina Denaro colabore con la justicia. La victoria será cuando sepamos los nombres de los instigadores externos de las masacres. No a la hipocresía del Estado”.

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