La OTAN reforzará sus posiciones militares frente a Rusia con el ingreso de Finlandia

Andrés Gil

Corresponsal en Bruselas —

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“Tú lo has provocado. Mírate en el espejo”. Es lo que el presidente de Finlandia, Sauli Niinistö, afirmó que le diría al presidente ruso, Vladímir Putin, si le preguntara por el ingreso de su país en la OTAN, un país con 1.340 kilómetros de frontera con Rusia e históricamente ajeno a la Alianza Atlántica. “La decisión de entrar en la OTAN no va contra nadie”, argumentaba Niinistö después de difundir un comunicado firmado con la primera ministra, Sanna Marin, en el que apoyaban el ingreso “urgente” en la Alianza Atlántica.

Así es la red de búnkeres de la que presume Finlandia

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Una encuesta realizada la semana pasada reflejaba que el apoyo en Finlandia al ingreso en la OTAN era del 76%, frente a un 12% en contra, cuando antes de la invasión rusa de Ucrania la posición atlantista era claramente minoritaria en el país, cuya adhesión a la OTAN duplicaría con creces la longitud de las fronteras de Rusia con la Alianza.

El ingreso de Finlandia, que se espera vaya de la mano del de Suecia (ambos países miembros la UE que hasta ahora no estaban en la OTAN), refuerza el volumen, las capacidades militares y la presencia en su flanco nororiental de la Alianza. Es decir, si lo que pretendía el presidente ruso, Vladímir Putin, con su invasión de Ucrania era empujar a la OTAN hacia el Oeste, después de haber ido creciendo desde la caída del Muro de Berlín con la incorporación de países del Pacto de Varsovia, lo que se está encontrando Putin dos meses y medio después es que sus kilómetros de frontera con la OTAN se multiplican.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha asegurado este jueves que la Alianza está dispuesta a integrar a Finlandia de forma “rápida” si solicita su ingreso, después de que hoy los dirigentes del país nórdico hayan dado su apoyo a entrar en la organización en el contexto de la invasión rusa de Ucrania.

“Acojo con satisfacción la declaración conjunta del presidente (finlandés, Sauli) Niinistö y de la primera ministra, (Sanna) Marin apoyando la solicitud de ingreso en la OTAN sin demora”, indicó Stoltenberg en un mensaje a la prensa, en el que hizo hincapié en que las puertas de la Alianza Atlántica “están abiertas”.

Rusia, por su parte, ha afirmado este jueves que el ingreso de Finlandia en la OTAN constituye una amenaza y no hace más estable ni más seguro el continente europeo.

“Sin duda” es una amenaza, ha dicho el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, en su rueda de prensa telefónica diaria al contestar un pregunta al respecto, y ha añadido que “una nueva ampliación de la OTAN no hace más estable ni más seguro nuestro continente”.

Así, ha explicado que, una vez que Finlandia entre en la Alianza Atlántica, Rusia analizará la situación para elaborar las medidas necesarias para garantizar su seguridad. “La OTAN se mueve hacia nuestro lado. Por eso todo esto serán elementos para un análisis especial que dé lugar a las medidas necesarias para equilibrar la situación y garantizar nuestra seguridad”.

Sí se ha pronunciado sobre esas medidas el Ministerio de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, que ha adelantado que la respuesta rusa incluirá acciones técnico-militares. “Rusia se verá obligada a adoptar medidas de respuesta tanto técnico-militares como de otra clase con el fin de contrarrestar las amenazas que han surgido para su seguridad nacional”, ha dicho en un comunicado. Horas después, la estatal rusa Gazprom anunciaba que dejará de suministrar gas a Europa a través de Polonia, tras incorporar a la gestora del gasoducto Yamal-Europa a su lista de sanciones.

Ingreso en Madrid

Hace un año, en junio de 2021, en Bruselas, cuando se convocó la cumbre de la OTAN en Madrid para este mes de junio, se programó un trabajo interno profundo para redefinir la Alianza Atlántica en un momento en el que, nacida por impulso de Estados Unidos frente a la URSS, se encontraba en “muerte cerebral”, como decía el presidente francés, Emmanuel Macron. La OTAN apuntaba entonces a China y Rusia, pero por su temor a la desinformación, los ataques informáticos, los problemas comerciales y los amagos. Tampoco se había producido aún otro fracaso de la OTAN: la caída fulminante de Kabul en manos de los talibanes, el 15 de agosto.

La OTAN en aquellos días seguía repensando su futuro, con una crisis de identidad agudizada por lo fácil que cayó el Ejército que tanto habían formado, entrenado y financiado en Afganistán.

Pero empezó a crecer la crisis de Ucrania, Rusia no paraba de acumular tropas en las fronteras, empezó a subir la tensión, se celebraron reuniones entre EEUU y Rusia en las que no estaba invitada la UE para hablar de la seguridad en Europa. Rusia pedía que la OTAN retrocediera, que desarmara a los países que integraron el Pacto de Varsovia y que abandonara posiciones en su flanco oriental.

Y llegó el 24 de febrero, y llegó la invasión de Ucrania por parte de Rusia y, con ella, los temores de países que, como Ucrania, no tienen el paraguas de la OTAN y, como Ucrania, son frontera con Rusia. Por ejemplo, Finlandia.

A partir de ahí, no dejó de crecer el apoyo en el país a la Alianza Atlántica, de la mano del temor. Un temor alimentado también por Rusia, que no ha dejado de alertar con una reacción si Finlandia da el paso que ha anunciado este jueves y que, con toda probabilidad, se culminará en la cumbre de Madrid del 29 y 30 de junio, una semana después de que, también con toda probabilidad, la Comisión Europea haya concluido su evaluación sobre la solicitud de adhesión de Ucrania a la UE.

Ambas noticias, contrarias a lo que buscaba Putin con su invasión de Ucrania, además, se verán acompañadas del ingreso a la OTAN, también, de Suecia, que tiene previsto pedirlo a la vez que Finlandia.

Así, la cumbre de Madrid, con Pedro Sánchez y Margarita Robles como anfitriones, que parecía programada para pensar qué quiere ser la OTAN de mayor, a sus 73 años, se va a convertir en la cumbre en la que se refuercen sus capacidades militares, se reafirmen los compromisos de incremento en gasto militar, se actualice su concepto estratégico en plena guerra en suelo europeo y, además, se abran las puertas con bombo y platillos a dos nuevos países, uno de ellos con más de 1.300 kilómetros de frontera con Rusia.

“Tú lo has provocado. Mírate en el espejo”. Es lo que el presidente de Finlandia, Sauli Niinistö, afirmó que le diría al presidente ruso, Vladímir Putin, si le preguntara por el ingreso de su país en la OTAN, un país con 1.340 kilómetros de frontera con Rusia e históricamente ajeno a la Alianza Atlántica. “La decisión de entrar en la OTAN no va contra nadie”, argumentaba Niinistö después de difundir un comunicado firmado con la primera ministra, Sanna Marin, en el que apoyaban el ingreso “urgente” en la Alianza Atlántica.

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Una encuesta realizada la semana pasada reflejaba que el apoyo en Finlandia al ingreso en la OTAN era del 76%, frente a un 12% en contra, cuando antes de la invasión rusa de Ucrania la posición atlantista era claramente minoritaria en el país, cuya adhesión a la OTAN duplicaría con creces la longitud de las fronteras de Rusia con la Alianza.

El ingreso de Finlandia, que se espera vaya de la mano del de Suecia (ambos países miembros la UE que hasta ahora no estaban en la OTAN), refuerza el volumen, las capacidades militares y la presencia en su flanco nororiental de la Alianza. Es decir, si lo que pretendía el presidente ruso, Vladímir Putin, con su invasión de Ucrania era empujar a la OTAN hacia el Oeste, después de haber ido creciendo desde la caída del Muro de Berlín con la incorporación de países del Pacto de Varsovia, lo que se está encontrando Putin dos meses y medio después es que sus kilómetros de frontera con la OTAN se multiplican.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha asegurado este jueves que la Alianza está dispuesta a integrar a Finlandia de forma “rápida” si solicita su ingreso, después de que hoy los dirigentes del país nórdico hayan dado su apoyo a entrar en la organización en el contexto de la invasión rusa de Ucrania.

“Acojo con satisfacción la declaración conjunta del presidente (finlandés, Sauli) Niinistö y de la primera ministra, (Sanna) Marin apoyando la solicitud de ingreso en la OTAN sin demora”, indicó Stoltenberg en un mensaje a la prensa, en el que hizo hincapié en que las puertas de la Alianza Atlántica “están abiertas”.

Rusia, por su parte, ha afirmado este jueves que el ingreso de Finlandia en la OTAN constituye una amenaza y no hace más estable ni más seguro el continente europeo.

“Sin duda” es una amenaza, ha dicho el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, en su rueda de prensa telefónica diaria al contestar un pregunta al respecto, y ha añadido que “una nueva ampliación de la OTAN no hace más estable ni más seguro nuestro continente”.

Así, ha explicado que, una vez que Finlandia entre en la Alianza Atlántica, Rusia analizará la situación para elaborar las medidas necesarias para garantizar su seguridad. “La OTAN se mueve hacia nuestro lado. Por eso todo esto serán elementos para un análisis especial que dé lugar a las medidas necesarias para equilibrar la situación y garantizar nuestra seguridad”.

Sí se ha pronunciado sobre esas medidas el Ministerio de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, que ha adelantado que la respuesta rusa incluirá acciones técnico-militares. “Rusia se verá obligada a adoptar medidas de respuesta tanto técnico-militares como de otra clase con el fin de contrarrestar las amenazas que han surgido para su seguridad nacional”, ha dicho en un comunicado. Horas después, la estatal rusa Gazprom anunciaba que dejará de suministrar gas a Europa a través de Polonia, tras incorporar a la gestora del gasoducto Yamal-Europa a su lista de sanciones.

Ingreso en Madrid

Hace un año, en junio de 2021, en Bruselas, cuando se convocó la cumbre de la OTAN en Madrid para este mes de junio, se programó un trabajo interno profundo para redefinir la Alianza Atlántica en un momento en el que, nacida por impulso de Estados Unidos frente a la URSS, se encontraba en “muerte cerebral”, como decía el presidente francés, Emmanuel Macron. La OTAN apuntaba entonces a China y Rusia, pero por su temor a la desinformación, los ataques informáticos, los problemas comerciales y los amagos. Tampoco se había producido aún otro fracaso de la OTAN: la caída fulminante de Kabul en manos de los talibanes, el 15 de agosto.

La OTAN en aquellos días seguía repensando su futuro, con una crisis de identidad agudizada por lo fácil que cayó el Ejército que tanto habían formado, entrenado y financiado en Afganistán.

Pero empezó a crecer la crisis de Ucrania, Rusia no paraba de acumular tropas en las fronteras, empezó a subir la tensión, se celebraron reuniones entre EEUU y Rusia en las que no estaba invitada la UE para hablar de la seguridad en Europa. Rusia pedía que la OTAN retrocediera, que desarmara a los países que integraron el Pacto de Varsovia y que abandonara posiciones en su flanco oriental.

Y llegó el 24 de febrero, y llegó la invasión de Ucrania por parte de Rusia y, con ella, los temores de países que, como Ucrania, no tienen el paraguas de la OTAN y, como Ucrania, son frontera con Rusia. Por ejemplo, Finlandia.

A partir de ahí, no dejó de crecer el apoyo en el país a la Alianza Atlántica, de la mano del temor. Un temor alimentado también por Rusia, que no ha dejado de alertar con una reacción si Finlandia da el paso que ha anunciado este jueves y que, con toda probabilidad, se culminará en la cumbre de Madrid del 29 y 30 de junio, una semana después de que, también con toda probabilidad, la Comisión Europea haya concluido su evaluación sobre la solicitud de adhesión de Ucrania a la UE.

Ambas noticias, contrarias a lo que buscaba Putin con su invasión de Ucrania, además, se verán acompañadas del ingreso a la OTAN, también, de Suecia, que tiene previsto pedirlo a la vez que Finlandia.

Así, la cumbre de Madrid, con Pedro Sánchez y Margarita Robles como anfitriones, que parecía programada para pensar qué quiere ser la OTAN de mayor, a sus 73 años, se va a convertir en la cumbre en la que se refuercen sus capacidades militares, se reafirmen los compromisos de incremento en gasto militar, se actualice su concepto estratégico en plena guerra en suelo europeo y, además, se abran las puertas con bombo y platillos a dos nuevos países, uno de ellos con más de 1.300 kilómetros de frontera con Rusia.

“Tú lo has provocado. Mírate en el espejo”. Es lo que el presidente de Finlandia, Sauli Niinistö, afirmó que le diría al presidente ruso, Vladímir Putin, si le preguntara por el ingreso de su país en la OTAN, un país con 1.340 kilómetros de frontera con Rusia e históricamente ajeno a la Alianza Atlántica. “La decisión de entrar en la OTAN no va contra nadie”, argumentaba Niinistö después de difundir un comunicado firmado con la primera ministra, Sanna Marin, en el que apoyaban el ingreso “urgente” en la Alianza Atlántica.

Así es la red de búnkeres de la que presume Finlandia

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Una encuesta realizada la semana pasada reflejaba que el apoyo en Finlandia al ingreso en la OTAN era del 76%, frente a un 12% en contra, cuando antes de la invasión rusa de Ucrania la posición atlantista era claramente minoritaria en el país, cuya adhesión a la OTAN duplicaría con creces la longitud de las fronteras de Rusia con la Alianza.