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ENTREVISTA

Sara Bazoobandi, investigadora iraní: “China lleva años usando a Irán para meter el dedo en el ojo a EEUU”

En medio de los cálculos geoestratégicos de las viejas y nuevas potencias a cuenta de la guerra de EEUU e Israel contra Irán y el futuro del estrecho de Ormuz, la analista económica iraní Sara Bazoobandi (Teherán, 1979) echa en falta una mayor atención al sino de la población persa, reducida a mera “nota al pie de página” en la lista de preocupaciones de las élites internacionales, pese a las declaraciones iniciales de solidaridad que precedieron a los bombardeos.

Especialista en el golfo Pérsico e Irán, Bazoobandi acumula una trayectoria académica cosmopolita que hoy la divide entre su puesto de investigadora visitante en el Arab Gulf States Institute de Washington DC o los de investigadora no residente en el Instituto de Política de Seguridad de la Universidad de Kiel y el Instituto Italiano de Estudios Políticos Internacionales de Milán. También ocupa varios cargos en instituciones internacionales de enseñanza y dirige su propia empresa de consultoría.

La experta no prevé una resolución limpia del conflicto, entre unos EEUU sin rumbo claro que modifican sus objetivos tácticos “en cada rueda de prensa” y un Estado iraní cuya noción de la resistencia a toda costa es un imperativo existencial, por mucho que la guerra y la crisis previa hayan dejado una situación económica “mortal” para sus ciudadanos. A Madrid acude para participar en una conferencia en Casa Árabe, en cuya sede atiende a elDiario.es.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación en el golfo Pérsico ahora que Trump ha dicho que el alto el fuego con Irán está en “estado crítico”? ¿Cree que habrá algún tipo de acuerdo o vamos camino de un conflicto prolongado?

Por desgracia no veo un acuerdo en el horizonte, solo un duelo a ver quién se mueve primero. Cada parte intenta sacar el máximo partido a esta crisis y que el adversario ceda antes. El Gobierno iraní está sometido a una gran presión, muy superior a la que sufre el Gobierno Trump, sobre todo debido a la situación económica del país, donde la inflación es mortal para la gente.

Hablo con familiares y amigos con regularidad; a pesar de los cortes de Internet, de vez en cuando conseguimos mandarnos breves mensajes de texto. Las condiciones de vida se están volviendo muy difíciles, lo que para el régimen es, por un lado, como una bomba de relojería socioeconómica. Pero por otro, al régimen no le importan mucho las dinámicas socioeconómicas, que llevan mucho tiempo deteriorándose sin que haya ninguna concesión a nivel internacional para mejorar las cosas en el país. Así que no espero que ahora lo hagan de forma significativa.

Al mismo tiempo, la administración Trump sufre presiones internacionales y nacionales. En el plano interno, no ha cumplido muchas de sus promesas electorales y a nivel internacional Trump por sí solo está llevando la economía mundial al borde de la recesión debido a la crisis de los precios de la energía.

Me imagino que habrá cierta reticencia a volver a una operación militar a gran escala, pero esto va a convertirse en un conflicto congelado. De vez en cuando habrá ataques puntuales entre todas las partes implicadas.

A nadie le importa el futuro de los iraníes, solo el precio del petróleo

¿Cree viable que Irán establezca un sistema de peajes en el estrecho de Ormuz? ¿Podría llegar a suceder o volveremos simplemente a la situación anterior de libre paso?

Los iraníes pueden exigir lo que quieran, pero la cuestión es quién estará dispuesto a aceptar esa exigencia. Cuando se empezó a plantear esta posibilidad, el Gobierno de Singapur, por ejemplo, dijo sin rodeos que no lo haría, por la importancia que tiene para la energía mundial este cuello de botella. ¿Se repetirá esto en otros países? No estoy segura. Pero creo que esta es la mejor carta que Irán tiene en la manga para ejercer presión sobre la comunidad internacional y sobre EEUU. No renunciarán a ella fácilmente.

Pero su economía no ha llegado a un punto de ruptura, entiende usted.

Para las élites, la dimensión económica crítica es la que permita seguir financiando las operaciones militares. A lo largo de las últimas décadas han priorizado el gasto en el entramado militar y sus capacidades cibernéticas. Creo que en ese plano pueden resistir. Cuentan con el apoyo de Rusia y de China y se valen de canales alternativos que les permiten eludir las sanciones, con criptomonedas, empresas ficticias o la compra de oro. Así que siguen teniendo un colchón, que no es ilimitado, pero que no creo que se agote a muy corto plazo.

Pero el pago de los sueldos de los funcionarios y de las pensiones pueden venirse abajo si se mantiene el bloqueo y la presión económica y el Gobierno no puedo exportar hidrocarburos. Tendrá que haber recortes. Y el sector privado está completamente paralizado. El transporte, el turismo, el ocio, la restauración, nada se mueve ya. El apagón de Internet también está afectándolo muy duramente a las pymes y la gente de a pie.

¿Vamos camino de una recesión global o todavía se puede evitar? Usted ha dicho que el centro de gravedad del suministro energético mundial podría desplazarse del golfo Pérsico. ¿A qué se refiere?

Eso es lo que intenta EEUU. El centro de gravedad se está desplazando hacia Venezuela y el propio EEUU. Pero algo muy importante que no debemos olvidar sobre el petróleo venezolano es que es muy caro de producir, unos 30 dólares por barril frente a los cinco a 10 que cuesta el del golfo Pérsico. Así que para que la inversión tenga sentido es necesario que el precio en el mercado internacional sea muy alto. Si no baja, si el estrecho de Ormuz sigue bloqueado, veremos ese desplazamiento. No creo que estemos muy lejos de ese escenario.

¿Cree posible una transición energética?

Quiero ser optimista y pensar que este tipo de crisis pueden fomentar la inversión en energías renovables, pero a corto plazo no creo que esa sea la solución. A largo plazo, bien podría serlo. Todo esto me recuerda a la crisis a la que nos enfrentamos tras el 7 de octubre [de 2023, tras los ataques de Hamás a Israel y la reacción genocida israelí] en el Mar Rojo, cuando los hutíes atacaron petroleros y provocaron un incendio en uno de ellos en medio del Mar Rojo. Entre drones y misiles, las aseguradoras dijeron de repente que no querían cubrir el paso de mercancías y hubo que cambiar las rutas comerciales.

Fue una situación de emergencia que se resolvió porque EEUU pactó con los hutíes.

Sí, pero nunca volvimos al mismo nivel que antes de la crisis. El comercio en el mar Rojo nunca volvió al nivel que tenía antes de la crisis, y esto ha afectado a países, concretamente a Egipto, que ha perdido ingresos que solía generar a través del canal de Suez. Siempre hay muchos perdedores y ganadores en este tipo de crisis, y la comunidad internacional tiende a buscar soluciones rápidas y a adaptarse.

El éxito de Irán fue bastante rotundo, y los países del Golfo están ahora muy enfadados con EEUU, además de más debilitados que nunca. Irán ha menoscabado su reputación, su prestigio y su marca

Y esto nos trae a colación su pregunta anterior sobre si Irán va a conseguir implantar su sistema de peaje y cobrar a los barcos. No creo que EEUU lo permita tan fácilmente. O podría darse el caso de que el mundo renuncie a Ormuz e intente encontrar alternativas, por costosas que sean. Y posiblemente se combinaría con inversiones en energías renovables y demás.

Los Estados del golfo Pérsico parecieron, de entrada, reacios a responder militarmente a los ataques iraníes en sus territorios, que fueron a su vez una respuesta a los bombardeos estadounidenses e israelíes. Ahora vemos informaciones como que Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, ha atacado algunos objetivos iraníes. ¿Cómo cree que va a evolucionar la situación, ahora que se está haciendo evidente que los distintos países del Golfo están adoptando estrategias diferentes?

Irán trató de arrastrar rápidamente a la crisis a los países del CCG [Consejo de Cooperación del Golfo, formado por Baréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos], pese a que anunciaron que no apoyarían la operación estadounidense. A Irán esto le dio igual, e incluso atacó al país que trataba de mediar, Omán, y a Qatar, que es uno de sus aliados más próximos en el Golfo. Se trataba de demostrar que son vulnerables y no podían repeler la agresión, y así afectar a la relación del GCC con EEUU, que es su protector desde hace décadas.

El éxito de Irán fue bastante rotundo, y los países del Golfo están ahora muy enfadados con EEUU, además de más debilitados que nunca. Irán ha menoscabado su reputación, su prestigio, su marca. Algunos como los Emiratos están más molestos que otros, pero lo que todos quieren es que se den garantías para que esto no se vuelva a repetir.

Esta vulnerabilidad que se ha hecho patente sirve a algunas voces del establishment estadounidense para interpretar que en realidad EEUU ya ha perdido la guerra, en cierto modo.

Es difícil declarar un vencedor. Ambos cantan victoria. El portavoz del Ministerio de Exteriores de Irán dijo esta semana que son “una superpotencia”. Ser capaz de resistir ante EEUU les da pie a declarar que lo son. Con no tener que rendirse, ya ganan, según lo ven ellos. Pero para considerar realmente que EEUU ha perdido hay que esperar a ver qué pasa en adelante. Si [Trump] considera que no le compensa seguir, porque tiene elecciones y no puede hacer frente a la presión interna —Trump ya dice que en Irán ha habido un “cambio de régimen”— sí que diría que la República Islámica sería la ganadora: el daño que haría al poder disuasorio estadounidense en todo el mundo sería enorme. Pero no me parece que esa salida vaya a ser inmediata, sino que el frente se reactivará en el futuro próximo. Creo que Trump quiere sacarles un acuerdo a los iraníes, pero no me parece que lo vaya a lograr.

La guerra entre EEUU e Irán se va a convertir en un conflicto congelado

¿Por qué no?

Estudié los discursos del ayatolá Ali Jamenei entre 2011 y 2021. La palabra que más usaba en ellos era “resistencia”. Es una palabra que en la política iraní tiene tantos significados y manifestaciones que les ha permitido levantar en torno a ella una ideología, instituciones, capacidad cibernética, capital social y financiero con el que mantener esa resistencia. No creo que los estadounidenses lo comprendieran cuando se metieron en esto. Pensaron que la cosa se resolvería fácilmente, pero la idea de resistencia es intrínseca a las instituciones y personalidades de la República Islámica.

¿Los israelíes tampoco lo entendieron o es que les daba igual? Han sido los que más han presionado a favor de la guerra.

Eso le preguntaron al [primer ministro israelí, Benjamin] Netanyahu en el programa 60 minutes esta semana y no dio una respuesta muy clara, sinceramente. Ya había analistas israelíes que desde el principio de la crisis decían abiertamente que esto iba a reforzarla, que no se puede cambiar de régimen “desde el cielo” [sin intervención terrestre].

¿Cómo analiza el rol de China en Irán y su creciente acercamiento?

China lleva años usando a Irán para meterle el dedo en el ojo a los estadounidenses. Al ayudarlos a eludir las sanciones, transfiriéndoles energía y de otras maneras. Pero no tuvieron la relación económica, estratégica y política que tenían con los países del Golfo, por ejemplo, en materia de asociación estratégica. Arabia Saudí y Emiratos Árabes son dos ejemplos. El único acuerdo que tenían con Irán es uno a 25 años cuyo contenido es confidencial, en su mayor parte. Ha sido una relación unidireccional en la que Irán suministraba petróleo barato a las pequeñas refinerías chinas. Nada más.

Creo que esta crisis sí va a suponer que se acerquen, no porque China lo busque, sino porque la República Islámica lo necesita. Están convenciendo a los chinos, que ya los apoyan con combustible para misiles o datos de satélite para fijar objetivos (también los rusos los han ayudado). Sea cual sea el objetivo de EEUU —parece que cambia a cada discurso o rueda de prensa [de Trump]— no creo que China y Rusia permitan que EEUU los logre fácilmente. Claro que ahora están en Pekín negociando.

Se habla de que en una componenda entre EEUU y China entre en juego la situación de Taiwán como contrapartida.

No lo sabemos, pero no es imposible que acuerden algo al respecto de Irán.

Usted ha trabajado en la cuestión del apagón digital en Irán, que lleva meses sin Internet. ¿Cree que China ha colaborado en ese aspecto?

Irán ha tomado prestado y ha mejorado ligeramente el sistema de bloqueo chino. Se distingue de otros modelos represivos porque es selectivo. En Irán existe lo que se denominan “tarjetas SIM blancas” que dan acceso al Internet libre, lo que permite que, de dos personas en una misma habitación, una tenga acceso y otra no.

La idea de resistencia es intrínseca a las instituciones y personalidades de la República Islámica. No creo que los estadounidenses lo comprendieran cuando se metieron en esto

¿Quién recibe la tarjeta blanca? Quien esté dispuesto a difundir la propaganda del Estado, que es gente de todo tipo, periodistas, activistas, académicos, empresarios, políticos... Es la misma estrategia que emplean con los medios occidentales. La CNN y la BBC entran y salen de Teherán, pero solo tienen acceso a partidarios del régimen. ¿Y el resto? Es una estrategia en la que no buscan un aislamiento completo del resto del mundo, pero sí que solo se oigan los mensajes que les interesan.

La propaganda se ha sofisticado mucho, algo que los enemigos de EEUU no habían empleado en guerras previas como las de Afganistán o Irak. ¿A qué se debe?

A la inteligencia artificial, muy principalmente. Ha sido una revolución. Si lees cualquier mensaje en X de un cargo iraní, casi al 100% ha sido editado, creado o ajustado con ayuda de la IA.

El segundo factor es la experiencia. El llamado eje de la resistencia lleva décadas usando canales online para difundir propaganda de diversas maneras. Lo he estudiado en profundidad. Las estrategias se han ido refinando. En la década de los 2000, el foco eran los suníes y chiíes de Irak. Después fue perdiendo el carácter sectario y adquirió un sentido de movimiento regional. Más tarde, antiimperialista, antiocupación, proliberación. Esto último tiene eco entre la izquierda europea. Apelan a una audiencia mucho mayor que antes.

¿Qué hay de los propios iraníes? ¿La guerra ha permitido al régimen recuperar algo del apoyo que habían perdido entre la población, que se manifestó masivamente desde finales del año pasado? ¿Se ve un auge del sentimiento patriótico o nacionalista?

Lo que yo entiendo es que los detractores del régimen lo son aún más y además están perdiendo la esperanza que llegaron a tener de que estos bombardeos y asesinatos los iban a librar de la República Islámica. Ahora se ven aplastados entre un régimen represivo y una comunidad internacional que los trata como una nota al pie dentro de los cálculos estratégicos sobre el estrecho de Ormuz. Nadie habla de ellos ni a nadie le importa el futuro, solo el precio del petróleo. Es triste, pero es la realidad.

Luego hay un sector de la población —que yo creo que cada vez era menor— que simpatizaba con el régimen y que ahora está más dispuesto a expresarlo frente a un enemigo poderoso. Así que cooperan y salen a la calle y participan en manifestaciones. Pero no creo que haya trasvase entre los dos grupos, que cada vez son más distantes.