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Opinión

La crisis del agua en EEUU es mucho peor de lo que se imaginan: no busquen autorización para actuar

Agua del grifo

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Cuando era pequeña, mi padre siempre me cantaba canciones sobre el agua. Podíamos estar jugando en un arroyo y él se inventaba unos pequeños versos: "See that lovely water, trickling down the stream, don’t take it for granted, someday it might not be seen" [mira esa agua maravillosa, que fluye por el arroyo, no la des por sentada, algún día puede desaparecer".

Mi padre trabajó muchos años como ingeniero para Texaco y, después, para el Departamento de Transporte. Antes de morir me dijo que a lo largo de mi vida la escasez transformaría al agua en un recurso más valioso que el petróleo o que el oro. Desgraciadamente, creo que tenía razón.

Nuestra agua se ha vuelto tan tóxica que las ciudades la están enviando embotellada a los residentes o publicando anuncios de emergencia para que la hiervan antes de consumir. En 2016, cuando empecé la investigación para mi nuevo libro ‘Superman no va a venir: nuestra crisis nacional del agua y lo que nosotros, el pueblo, podemos hacer al respecto’, a los miembros del Congreso en Washington les cortaron el agua por los niveles inseguros de plomo.

Nuestra crisis del agua es mucho mayor de lo que se pueda imaginar. Hay contaminación y toxinas por todas partes debido a los residuos peligrosos de la industria y de la agricultura. Hoy en día tenemos más de 40.000 productos químicos en el mercado, con solo unos pocos cientos regulados. Llevamos años desechando derivados industriales en nuestros suelos y fuentes de agua. Se trata de una crisis que afecta a todos: ricos, pobres, blancos, negros, republicanos y demócratas. Todos piensan que están a salvo, pero no lo están.

Los problemas son diferentes en cada sistema hídrico, pero entre los componentes más tóxicos figuran el cromo hexavalente (un agente anticorrosivo), el PFOA (utilizado para hacer las sartenes de teflón), el PFOS (un ingrediente clave en el quitamanchas Scotchgard), el TCE (se usa para la limpieza en seco y para la refrigeración), el plomo, los productos químicos de la extracción de gas y petróleo, las cloraminas (desinfectantes del agua) y más. Muchos de estos químicos son indetectables para la gente que bebe el agua, muchos provocan problemas de salud irreversibles y hay personas en comunidades de todo el país lidiando con estas repercusiones.

Como en los análisis de sangre, sólo se puede encontrar lo que se busca. Sin pedir un test específico para estos químicos, es imposible saber si están o no ahí. Y no es posible tratar el agua sin antes saber qué contiene. Me imagino lo que pueden estar pensando: ‘¿Qué pasa con la Agencia de Protección del Medio Ambiente? ¿Qué pasa con los departamentos de tratamiento de contaminantes de las empresas? ¿Acaso no están dirigidos por expertos?’. La respuesta corta es no.

Todo esto comienza con pequeños engaños que se siembran como semillas y van sumándose durante meses y años hasta convertirse en problemas serios. Nuestros recursos están agotados; la corrupción es desenfrenada; las autoridades están tratando de borrar sus huellas; y la gente no está siendo capaz de ver en conjunto la gravedad de esta crisis. Recibo llamadas de senadores y de médicos que me preguntan qué hacer.

Como si el envenenamiento del agua no fuera un tema lo suficientemente grave, los últimos seis años (2013-2019) han sido los más calurosos de los que hay registro. A medida que cambia el clima y sufrimos más sequías, inundaciones, supertormentas, derretimiento de glaciares y aumentos en el nivel del mar, vemos mayores tensiones en nuestra infraestructura hídrica y suministros de agua.

Superman no va a venir. Si están esperando que alguien venga a salvarles y a limpiar su agua, este es mi mensaje para ustedes: nadie va a venir a salvarlos. Ha llegado el momento de que nos salvemos a nosotros mismos.

Pero antes de que se desesperen, quiero recordarles que estamos juntos en esto. Ninguna persona debe ni puede arreglarlo por su cuenta. Ningún senador, ningún miembro de la comunidad, ningún gerente de una empresa, ninguna mamá y ningún papá. Tenemos que trabajar juntos.

Incluso en la película que lleva mi nombre como título tuvimos un equipo trabajando las 24 horas del día. Fui de puerta en puerta hablando con los residentes que estaban preocupados y hacían buenas preguntas. Organizamos reuniones comunitarias. Trabajamos con algunos de los mejores equipos legales, académicos e investigadores de California. No fue un trabajo de una sola mujer o de un solo hombre. Luchamos todos juntos.

Después de años visitando pueblos y trabajando con la gente he notado que la primera cosa que todos parecen necesitar es autorización. Buscan a alguien que les diga que está bien dar un paso adelante o hablar.

No siempre es fácil. Desde pequeños nos han enseñado a buscar autorización. Para dejar la mesa o para usar el baño durante la clase. Cuando somos adultos, para construir una ampliación de la casa. O con nuestros hijos, cuando firmamos los permisos que el colegio necesita para que salgan de excursión. Es una acumulación de pequeños actos que termina haciéndonos pensar: ‘¿Quién soy yo para ponerme de pie en un pleno del ayuntamiento y hacer una pregunta?’. Todos tenemos estas dudas y preguntas. Al final, creo que antes que permiso lo que buscamos es apoyo. Queremos saber que, si tomamos medidas, lo conseguiremos y recibiremos el apoyo de nuestra comunidad.

Considere estas palabras como su permiso personal. Sí, usted tiene permiso para hacer preguntas. Sí, usted tiene permiso para indagar sobre los profesionales responsables del agua de su zona y comprobar si tienen o no las credenciales adecuadas. Sí, usted tiene permiso para iniciar un grupo en Facebook que permita a más gente conocer su pelea. Usted tiene permiso para defenderse a sí mismo cuando se trata de su salud, su familia y su vida.

Una posible primera acción es formar parte del que espero sea el primer registro nacional de informes generados por la comunidad. Se trata de un mapa creado de manera colectiva donde los particulares y la sociedad civil pueden informar y consumir información sobre problemas de salud y sobre temas medioambientales divididos por área geográfica y por tema de salud (el cáncer es el más frecuente). El objetivo de la investigación es destapar las relaciones entre enfermedades y riesgos medioambientales en diferentes comunidades y regiones del país. Si usted o alguien que usted conoce está enfermo o sufriendo, por favor dígalo.

Para proteger nuestro derecho al agua limpia, ninguno de nosotros necesita un doctorado o una licenciatura en ciencias, como tampoco necesitamos ser políticos o abogados. Juntos tenemos el poder de luchar para que la legislación de seguridad medioambiental sea aplicada, para redactar nuevas leyes y para atosigar a nuestros ayuntamientos hasta que escuchen lo que tenemos que decir y logremos para todos una agua que no sea peligroso beber.

Fragmento adaptado del libro 'Superman's not coming'. Erin Brockovich es activista medioambiental y en 1993 fue una pieza fundamental para levantar un caso contra Pacific Gas and Electric Company. En el año 2000 se estrenó una película sobre su historia.

Traducido por Francisco de Zárate.

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Publicado el
26 de agosto de 2020 - 20:55 h

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